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Una inscripción en la pared - Historia de un viaje a la Toscana

Escribe: Malakay
Historia de un viaje a la Toscana

 

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Toscana para cinéfilos

Cortona, Italia — martes, 15 de noviembre de 2011

Nos alojábamos en El Hotel Montaperti que estaba en la "aldea" de Cassetta a unos 17 km de Siena lo cual, en principio, tenía sus ventajas e inconvenientes, más que nada porque pensábamos salir por Siena alguna nochecita a ver el ambiente.

Sin embargo, este problema quedó en un segundo plano ya que con el coche se tardaba poquito en llegar. Por otra parte su ubicación resultó perfecta como punto de partida para las rutas toscanas que teníamos pensadas, con unas instalaciones y habitaciones en muy buenas condiciones y barato para lo que habíamos podido ver por Internet.

En definitiva, estábamos contentos con nuestro alojamiento.

Después del desayuno salimos en dirección a Arezzo, famosa por haberse rodado en sus calles la película "La Vida es Bella" de Roberto Begnini. Llegando a Arezzo empezamos a no hacerle caso al GPS y a seguir las indicaciones de centro ciudad, a día de hoy no sé si acertamos. Aparcamos el coche en  una zona de aparcamientos en los límites de la antigua muralla medieval, o lo que queda de ella, muy cerquita del anfiteatro romano. Arezzo er una ciudad grande y desde allí a la parte medieval tuvimos que dar un paseíto, aunque resultó agradable.

Mi plano impreso en casa nos llevó a la Catedral, el punto más alejado de la ruta con la idea de ir regresando hacia el coche a la vez que turisteábamos por la ciudad. No resultó demasiado impresionante, al menos para mi. 

En segundo lugar llegamos a la Piazza Grande donde los coloridos escudos heráldicos colgaban de las fachadas como si en cualquier momento fuese a celebrarse una justa o torneo. Descubrimos se celebra una fiesta en esta plaza que la llaman "Giostra del Sarracino"

 Todo el pueblo participa vestidos con trajes medievales, y los caballeros libran una justa a caballo lanza en mano contra un muñeco que hace de Sarraceno o moro.. 

Desde allí buscamos el Corso  Italia, por el que haríamos el camino de regreso a nuestro coche rectito, rectito. En esta calle y junto a la piazza grande está la Iglesia de Santa María
della Pieve, cuya fachada despista un poco porque no es la de una iglesia al uso. Parece más un edificio civil (medieval eso sí) si no fuera por su torre, que a mi me llamó poderosamente la atención.

Su interior me descubrió una estructura diferente respecto de las iglesias que había visto hasta el momento. Consistía en un primer nivel a la entrada de la iglesia desde el que se accedía a un nivel inferior y otro superior ambos a distinto nivel del principal, de modo que no al entrar no me encontré un altar mayor como esperaba sino estos dos niveles. El
nivel inferior venía a ser como una pequeña iglesia dentro de la principal, con un pequeño bosque de pequeñas columnas tras la que sí pude encontrar un pequeño altar. Puro medievo. En la parte de arriba también había un altar y el órgano.

Antes de abandonar Arezzo vistamos las ruinas del anfiteatro romano de la ciudad, del que no queda gran cosa pero resulta interesante para cualquier amante de la arqueología y el imperio romano.

Seguimos nuestra ruta que estaba impregnada de tintes cinéfilos. Nuestro destino era Cortona, el pueblo donde se había rodado la película "Bajo el Sol de  la Toscana". La primera toma de contacto con Cortona fue la piazza Garibaldi desde la que disfrutamos de una magnífica del Lago Trasimeno donde nuestra ruta nos llevaría después. En seguida nos metimos de lleno en Cortona paseando por la Via Nazionale. Paseando por ella mi mirada se desviaba hacia los callejones que nacían de ella, estrechos y empinados. En muchos de ellos había exposiciones de pintura, así como galerías de arte. Me pregunté si aquel influjo artístico provenía de la influencia que la película habría tenido en el pueblo, llenándolo de artistas frustrados que, inspirados por la película emigraron a la Toscana en
busca de una vida mejor.

En cualquier caso, en Cortona también disfruté del carácter medieval de los pueblos Toscanos, practicando en sus calles el deporte más recomendable si estamos en esta región italiana, caminar sin rumbo y sin miedo, porque en sus calles es difícil perderse. Durante nuestro paseo sin rumbo por las calles de Cortona localizamos un restaurantito con muy buena pinta donde degustamos buenos platos de pasta y como, una botellita de Chianti.

Volvimos a la carretera en busca del lago Trasimeno donde pensaba darme un bañito, tratando de revivir la agradable experiencia de sumergirse en agua dulce que viví en el Lago Como, una sensación diferente para quien como yo vive cerca del mar y está acostumbrado a sentir el salitre en su piel. La tarde se puso fresquita y cuando llegamos al lago no apetecía el baño, aunque no nos quedamos con las ganas de mojarnos los pies en sus aguas.

Desde allí, condujimos nuestros neumáticos hasta Montepulciano, la tercera parada de cine del día. En la plaza Grande de este pueblo se rodó una de las escenas finales de la famosa trilogía de Crepúsculo lo que al parecer provocó una auténtica peregrinación de fans. Esta plaza está presidida por el Palazzo Comunale, al igual que en el resto de pueblos toscanos, aunque en cada uno de ellos recibe un nombre distinto dependiendo del modelo político que tuviera cada ciudad.

Una vez más tocó perderse por el entramado de calles medievales, donde podemos ver ejemplos de las luchas entre las ciudades toscanas por el poder, como por ejemplo la columna Marzocco que albergaba los símbolos de los dominadores de la ciudad, primero la loba de Siena y actualmente el de Florencia. También es curiosa la torre de Pulcinella sobre la que podemos ver la imagen del personaje Polichinela.

La tarde avanzaba y seguimos nuestro camino, ahora buscando la población de Pienza, patrimonio de la humanidad. Había leído que esta ciudad surge del capricho de un Papa que quiso convertir su pueblo natal en lugar emblemático. A diferencia de el resto de pueblos toscanos, Pienza está en una llanura. Su centro histórico es pequeño, lo que viene siendo una calla para arriba y otra para abajo, siendo la plaza Pío II (en honor el Papa que la fundó) el enclave sobre el que se crece el pueblo. Tal vez por las expectativas que yo mismo me había creado, quizá por lo que ya llevábamos visto, la plaza Pio II me dejó un
poco fresquete, como que ni fu ni fa.

Las calles de Pienza mantienen el espíritu medieval y el paseo me resultó agradable, aunque la capacidad de sorpresa ante este tipo de arquitectura se había minimizado mucho visto lo visto.El atardecer estaba empezando a cambiar la luz, pero aun así nos animamos a visitar la localidad de Bagno Vignoni, donde las familias poderosas toscanas, como los Medici, se desplazaban a disfrutar de sus aguas termales. Aun existen estas aguas y uno puede disfrutar de ellas, tanto en balnearios como en unas piscinas naturales que no pudimos localizar.

La piscina original ya no se encontraba abierta al baño, pero si era visitable y la verdad es que es un lugar precioso. Me hubiera gustado verlo en invierno cuando, por lo que pudimos ver en postales, el vaho que desprenden las aguas termales crean una imagen espectacular. Aun así, es un lugar realmente hermoso. Frente a ellos pudimos ver la población de Castiglione D`Orcia completando un entorno digno de ver.

Antes de llegar, la luz del atardecer nos brindó la posibilidad de disfrutar de un paisaje toscano de postal, con los cipreses y los campos de maíz recortados, donde la combinación de luz que realzaba el amarillo de los campos de maíz convirtiéndolo en dorados se combinaba con las sombras provocando un efecto único. Después de Bagno Vignoni volvimos al hotelito. Volvimos siguiendo las instrucciones del navegador, que nos llevó hasta el pueblo de Buonconvento y Asciano. Menos mal que sabíamos por donde íbamos gracias al mapa de carreteras con el que comprobábamos por donde nos llevaba el aparato del diablo, y no era mal camino, pero el cacharro consideró que habíamos llegado a nuestro destino, justo a la salida de Asciano cuando todavía quedaba un buen trecho hasta el hotel. Como digo no era preocupante porque sabíamos que el camino era correcto.

Lo malo es que la carretera era pequeñita, con curvas y con subidas y bajadas constantes. Era una ruta preciosa, pero después de un día tan largo y anocheciendo como que no la disfrutamos mucho. Recomiendo hacer este trayecto con más luz y más tiempo porque es muy bonito, además, descubrimos la Abazzia di Monte Oliveto Maggiore, una abadía enorme en un enclave precioso que no pudimos visitar porque andábamos más preocupados de llegar al hotel que de seguir haciendo turismo. A pesar de todo, esta parte del trayecto fue un auténtico descubrimiento. Llegamos al hotel contentos de poder tomarnos un descanso tras un buen rato de conducción nocturna por carreteras secundarias.

Al día siguiente no esperaba Siena, la segunda ciudad de la Toscana.

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