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Recorrido express por Bolivia

Escribe: damadq
Este es el relato de mi primer viaje sola. Siempre quise probar como sería. Sabía de los beneficios de no tener que negociar los destinos, pero dudaba de mi capacidad de interrelacionarme con el género humano. Las dudas se acumulaban : ¿Sería capaz de afrontar todos los obstáculos del camino? ¿Era lo suficientemente sociable para "bancármela sola"? Lo único que daba por seguro era que me gustaba el desafío.

 

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La carretera de la muerte

Coroico, Bolivia — jueves, 12 de agosto de 2010

Conocer la carretera de la muerte era uno de los ejes de mi viaje. Esta ubicada en las afueras de La Paz, más exactamente a unos 96 Km. La bicicleteada comienza en La Cumbre, el punto más alto (unos 4650 Metros de altura ) y culmina en Yolosa, luego de dos horas de descenso por un sinuoso camino lleno de abismos donde se pasa de La Sierra a una zona subtropical. Son 60 Km de recorrido. Cerca de Yolosa se encuentra Coroico, todo un pueblo construido prácticamente como una terraza hacia los valles de Los Yungas.

Ya estaba levantada, para cuando vinieron a despertarme, estaba prácticamente detrás de la puerta con el bolso preparado. Fui hasta la agencia de viajes del hotel, donde había contratado la excursión, y muy amablemente el empleado de ahí me llevo hasta otra agencia, que eran quienes realmente me llevarían. Bueno, hubiera preferido elegir yo con quien iba, pero se ve que al no llegar a un mínimo te mandan con otra agencia.

En el grupo eran mayoría alemanes, más tres franceses si no me equivoco y yo la única hispanoparlante. Así que todo en Ingles. El guía era estadounidense , así que no quedaba otra opción que entender. Desayunamos algo, luego subimos todos a una camionetita parecida a un paquete de pan lactal (agradezco la metáfora a un amigo) nosotros adentro, las bicis arriba. Emprendimos nuestro viaje hacia la cumbre

El día no estaba muy lindo, las nubes cubrían todo el cielo y sospechábamos fuertemente que llovería. Una vez en La Cumbre probamos las bicicletas, tomaron las fotos de rigor y comenzamos el descenso.

La excursión costo cerca de 75 dólares. Ofrecían dos tipos de bicis: unas con suspensión hidráulica ( más cara) y otra normal. Me dijeron que no se notaba la diferencia entre una y otra, así que elegí la segunda opción, la más barata. El primer tramo es tranquilo, la ruta es de asfalto hasta llegar a la verdadera carretera de la muerte. Nuestro único problema, o el mío al menos, el resto de las personas parecía bastante tranquila, fue que la rueda de adelante al girar hacia que toda el agua de la ruta fuera a parar a mis ojos. Ya había comenzado a llover y ya habíase acumulado una cantidad de agua como para provocarme esta molestia. Así que de a ratos tenía que cerrar los ojos mientras descendía en el resbaladizo terreno. Pensaba para mis adentros: quien me mando a hacer esto! Pero allí estaba, y disfrutándolo en realidad.

Pasamos por un puesto de control donde anotamos nuestros nombres, ubicado cerca de un cartel con números móviles que indicaban cuántos muertos se había cobrado la carretera en lo que iba del año. Sumaban 22.

Llegamos a la primer parada, nos metimos en el pan lactal y nos dieron unas barras de cereales y bebidas para reponer las primeras energías gastadas. Allí comenzaba realmente la aventura. Montamos nuestras bicis y bajo una llovizna que había mutado en lluvia persistente, iniciamos la parte mas difícil.

Primera dificultad: el ripio. Uno pierde un poco el control de la bicicleta si va a cierta velocidad en descenso y sobre ripio. Eso hizo que yo y mi inexperiencia ( o mi miedo, o mis ganas de disfrutar un poco más el paisaje, quien sabe) nos alejemos un poco del resto. Al punto que siempre iba detrás de todo y lejos junto al guía que cerraba el grupo.

La carretera era mejor de lo que me imaginaba, los abismos llegan a los 300 metros, la angostura del lugar hacen impensable el hecho de que allí alguna vez hubieran pasado dos autos juntos. El clima frio y la aridez del suelo en La Cumbre dejaban paso a nuevos colores en la vegetación, todo se volvía mas verde e intenso, se escuchaban ríos que no veíamos por la neblina, escuchábamos pájaros cantar y hasta los aromas eran diferentes.

Todo olía a frutas y flores, mientras las temperaturas ascendían de a poco, lo que hizo que nos atemos las camperas a la cintura. La camioneta nos acompañaría detrás, pero la lluvia provoco derrumbes que impedirían más adelante su cruce. Así que el conductor tomo la nueva carretera, que se encuentra en frente, para esperarnos en Yolosa. Y con él se fue mi camara, ya que llovía tanto que era imposible no mojar la cámara al sacar una foto, y como no era mía, decidí preservarla, además no podía quedarme sin cámara todo el resto del viaje.

Los músculos de mi brazo sufrían los saltos que resistía el manubrio, a esto se sumaba el hecho de que iba apretando el freno el 80 % del tiempo, no quería aumentar el número de aquel cartel de números movibles. Pero pensaba lo mucho que valia la pena, mientras veía cascadas que caían sobre la ruta. Incluso un rio que pasaba sin pedir permiso para seguir su sendero hacia abajo.

Logre que el guía se apiadara de mí y me dio su bici con suspensión hidráulica. Que descanso para mis brazos! A esa altura del camino ya estaba embarrada y mojada, pero feliz! Solo me faltaba poder disfrutar un poco más el camino, todo mi grupo avanzaba velozmente y yo quería parar más tiempo para ver el paisaje.

Pasando una de las tantas curvas, noto algo extraño donde tenía que pasar. Un derrumbe había copado parte del camino tal cual lo habían predicho. Los derrumbes son comunes en las rutas bolivianas, pero creo que este era particularmente inoportuno. Todo el grupo ya lo había pasado, solo restaban dos compañeros, el guía trasero y yo. El barro del derrumbe había cubierto más de ¾ de la carretera y desde lo alto aun caían piedras. Para pasar había que alzar la bicicleta sobre los hombros, transitar ese cuarto restante y cercano al abismo lo más rápido que se pudiera, antes de que una piedra rebotara en tu cabeza.

Desde el otro lado mis compañeros me alentaban : “Vamos Argentina!” Yo reía de los nervios, mientras llamaba al guía para decirle que me cruce la bicicleta porque hasta ahí habían llegado mis agallas.

Una vez atravesado el derrumbe respire aliviada, y observaba como se lavaban en un charco todo el barro que nos cubría a algunos ( los mas petisos) hasta la cintura. Continuamos viaje hasta llegar a Yolosa, el clima ya era cálido y la presencia de la selva se hacía sentir en cada lugar donde la mirada se posara. Habíamos llegado enteros!

Nos acercaron hasta Coroico, ya en camioneta. Allí almorzamos en un gran hotel, yo tuve un amor a primera vista con el pueblo, así que fui a comprarme unos pantaloncillos rosas cortos bastante ridículos que fue lo primero que encontré para cambiarme las ropas mojadas ya que había decidido quedarme un día al menos.

Bolivia es muy barato para recorrer y tiene lugares increíbles como este. EL hotel en el que me hospede esa noche tenia piscina, sala de juegos, comedor, masajes, y hasta una pequeña sala de cine. Y no pague más de 5 dólares ¡ Ese día recorrí un poco el pueblo, es pequeño y parece una gran terraza, desde donde te asomes podes ver el valle, profundo verde y distante.

Las calles a veces terminan en escaleras descendentes, la vida pasa en forma apasible y hay días, como ese, en el que la tormenta corta las comunicaciones y quedan aislados del restodel país prácticamente

Al otro día cuando ya dejaba este paraíso en medio de las montañas, tome un bus en la terminal que tuvo que intentar varios caminos antes de poder salir. El primero que tomo estaba cubierto de barro y las ruedas resbalaban con cierta atracción hacia el abismo. Los pasajeros iban aumentando su voz y sus quejas contra el conductor para que tomara otro camino, señalándole que si había un camión con acoplado estancado ahí tampoco nosotros íbamos a poder pasar. Así que luego de un par de maniobras mas en las que hubiera preferido bajarme, retomamos el regreso por otro camino.

La carretera nueva es la que los autos usan ahora, ya que la otra les aseguro es intransitable en auto. Los paisajes son bellísimos también, y los derrumbes están presentes, pero aquí si llegan rápido las topadoras para arreglar cualquier contrariedad Volvi a La Paz, ya tengo que empezar el retorno a mis pagos…

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Últimos comentarios

berny2 dice:
Muy buen relato, mucha adrenalina.
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damadq dice:
Uy sii y todo el merito es del lugar ! gracias por leerme!
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eduardobalderrama dice:
Un experiencia al limite en esos caminos, hace mucho no me animaba, creo que ahora se suma a una de las experiencias que quiero vivir. Te escribi en privado justamente comentandote una experiencia sobre ese camino. Saludos
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