Diarios de viaje > Bolivia, América del Sur
Mi viaje a Bolivia - primavera 2010
Escribe: A-Orihuela
Una cronica de mi viaje a Bolivia en la primavera del 2010
De Rurenabaque a Coroico. La carretera de la muerte
Coroico, Bolivia — domingo, 9 de enero de 2011
Mientras Claudio ponía el coche en orden cambiamos unos travels cheques y alquilamos una moto por un par de horas y dimos vueltas por Rurrenabaque hasta un mirador por encima de la ciudad con las consiguientes vistas de la misma y del rio Beni. Busque a Nico, nuestro primer guía y cumpliendo lo prometido le di unos mapas de Bolivia llevados de España dado que ellos no tienen y sentí cierta frustración en el trato que recibido. La amabilidad, rayando el servilismo, que nos habían dispensado en el rio se había vuelto en poco menos que indiferencia. Ingenuos nosotros pensamos que se había forjado una gran amistad y no éramos más que unos turistas más. Tal vez tengan razón.
Por fin a las doce nos poníamos en marcha, en el coche además de nosotros dos iban Claudio, un amigo suyo mayor y que nos acompañaría por nombre D. Pilo que según decía era un antiguo camionero y por tanto conocedor de aquellas carreteras. Concluimos Sergio y yo que D. Pilo no tenía nada que hacer y como había gringos por el medio se aseguraba un par de días distintos, con comida y tal vez una propina, así son las cosas por estos países. No nos importaba , si habíamos llevado a una embarazada de siete meses por pleno rio cinco días esto era pecata minuta.
La primera etapa era llegar hasta Yacumo. Un cruce de carreteras, mejor de caminos, por cuanto eran de tierra las pistas. A partir de este momento, las carreteras (aunque sean de tierra así las llamare) se empinaban hacia arriba y es que Bolivia tiene un gran escalón geográficamente hablando. Íbamos a pasar de apenas cuatrocientos metros de altitud a casi cuatro mil. Se quedaban atrás las tierras bajas inundadas año tras año y que tenia a la ganadería como principal sustento y en el que poco a poco el turismo se iba haciendo un hueco dado que era por éste sector por donde salían muchos de los productos que la pachamama ofrecía a los agricultores.
Quizá sea momento de decir, que una de las reformas que Evo Morales ha acometido , apoyado en un referéndum que lo refrendó, es que no se pueden tener en propiedad fincas de más de -creo recordar, mil hectáreas- salvo que sean productivas socialmente (cría de ganado, labradas adecuadamente...). En caso de que no cumplan con tales requisitos cualquier familia se puede instalar en las mismas, dándosele un numero de metros cuadrados (no recuerdo cuantos) según los miembros de la familia pasando a formar una nueva comunidad. Es una socialización de la tierra y es que allí (segundo país más pobre de Sudamérica) muchas tierras vírgenes no son de nadie y se las ha ocupado el cacique de turno aprovechando que pasaba por ahí. La contrapartida a todo eso, a que la gente encuentre tierra para cultivar y comer, es que se están moviendo masas de gente de uno sitios a otros del país dejando su cultura atrás ó arrasando con la suya allá donde vaya homogeneizándose el rico bagaje cultural boliviano.
A lo largo del camino de casi ocho horas que tardamos en hacer los doscientos cincuenta km desde Rurre a Caranavi vimos infinidad de pequeños asentamientos a lo largo de la carretera que obedecían a lo antes contado. No estaban muy contentos con todo ello ni éstos ni nuestros anteriores guias.
Desde Caranavi a la Paz se va por la llamada Carretera de la Muerte está considerada la más peligrosa del mundo, es una pista de tierra de un solo carril colgada de las laderas que va serpenteando entre cerros a uno de sus lados y tremendos barrancos de vértigo al otro, atraviesa lugares en los que las vistas son impresionantes y quien padece de vértigo lo puede pasar realmente mal. De vez en cuando las lluvias originan charcos y cascadas que hay que atravesar, así como frecuentes derrumbes.
Continuamente se hacen pequeños ensanchamientos para cuando se cruzan los grandes vehículos y uno de ellos se pueda apartar un poco. Un trayecto desde Canavari a La Paz de apenas doscientos cincuenta kilómetros puede tardar quince horas. Es la unica carretera que une esas partes del país y las mercancías no tienen más remedio que pasar por esa carretera. Los accidentes son frecuentes. Poco a poco tratan de hacer una nueva carretera, de éste modo a la altura de Coroico hay unos treinta kilómetros nuevos, de asfalto quedando la vieja para que los turistas hagan unos cuarenta kilómetros bien en bicicleta bien andando como haríamos nosotros al siguiente día. Llegamos a Coroico a la una de la madrugada trece horas después de salir de Rurre.
Coroico, capital de Las Yungas, está ubicado entre altas montañas invadidas de exultante vegetación, cuenta con una cierta infraestructura hotelera que allí se considera como de las mejores del país. El pueblo en sí no tiene demasiado a ver, a no ser sus moradores, la mayor parte aymaras que visten al modo tradicional de su etnia. La gran riqueza de Coroico son los cultivos de coca que se plantan en las terrazas que han construido en las laderas.
Quedamos con Claudio a las 8,30 horas del día siguiente para que nos llevara al inicio de la carretera que había quedado para los turistas. Nos llevamos una sorpresa al ver cómo nos quería cobrar -y nos cobró- , más dinero por acercarnos hasta el inicio de nuestra excursión , unos treinta kilómetros por la carretera buena. No nos sorprendió , continuamente tratan de sacar dinero cuando se ven en posición ventajosa. Al día siguiente yo pague la mitad cuando camino del bus que me llevaría a La Paz me encontré con otro chico y cogimos un taxi para los dos por no esperar al bus, no recuerdo cuanto pagamos pero sí que era la mitad y eso que hacia veinte kilómetros mas.
Iba a empezar una de las razones del viaje, caminar la Carretera de la Muerte. En realidad la carretera son los doscientos cincuenta km hasta Coroico ya referidos, lo que íbamos a caminar eran los más peligrosos por lo que fueron los primeros en arreglar. Hoy día no está permitido a los vehículos transitarla.
Salvamos un desnivel en bajada de 1.700 metros en 35 kilómetros entre constantes curvas, espeluznantes barrancos, hilos de agua cuando no cascadas a cada revuelta del camino. El recorrido es impresionantemente bello y sus peligros lo evidencian la multitud de cruces que llenan sus márgenes y es que por los barrancos del recorrido han sido cientos las personas que han encontrado la muerte por los habituales accidentes. Hoy día son los ciclistas los que la utilizan en forma de excursión organizada y más de uno muere al caer por los precipicios como le pasó a una holandesa según vi unos días más tarde en las noticias de la tele, al parecer era relativamente frecuente.
Nos encontramos a lo largo del camino con grupos organizados de ciclistas, de motoristas argentinos que despacio, querían pasar por la carretera mítica, con nativos borrachos hasta el culo… Tengo que decir que mi amigo Sergio sufrió más de lo deseado para completar el recorrido, llegó muy cansado. Si quieres ver más busca en internet por carretera de la muerte. Las fotos asustan.
Ese día nos cruzamos con un catalán que había aparecido por Bolivia cambiando de aires liándose con una boliviana y se había montado un pequeño hotel en las que se apañaban más que bien y nos advirtió de que para los bolivianos los extranjeros somos ante todo, dólares con patas. Ya lo habíamos comprobado.
Al día siguiente nos separaríamos unos días, Sergio ya conocía La Paz y quería ir a San Ignacio del Moxo y ver donde realizaban su trabajo una Ong médica canaria. Otra razón no menos importante era que años atrás había sufrido un infarto y tenía prohibido subir a mas de 3.000 metros de altitud .Quedamos para vernos en Uyuni días más tarde, esos días cada uno anduvo por su cuenta, el desandó camino llegando hasta Yacumo y yo me iba al día siguiente camino de La Paz.
Por fin a las doce nos poníamos en marcha, en el coche además de nosotros dos iban Claudio, un amigo suyo mayor y que nos acompañaría por nombre D. Pilo que según decía era un antiguo camionero y por tanto conocedor de aquellas carreteras. Concluimos Sergio y yo que D. Pilo no tenía nada que hacer y como había gringos por el medio se aseguraba un par de días distintos, con comida y tal vez una propina, así son las cosas por estos países. No nos importaba , si habíamos llevado a una embarazada de siete meses por pleno rio cinco días esto era pecata minuta.
La primera etapa era llegar hasta Yacumo. Un cruce de carreteras, mejor de caminos, por cuanto eran de tierra las pistas. A partir de este momento, las carreteras (aunque sean de tierra así las llamare) se empinaban hacia arriba y es que Bolivia tiene un gran escalón geográficamente hablando. Íbamos a pasar de apenas cuatrocientos metros de altitud a casi cuatro mil. Se quedaban atrás las tierras bajas inundadas año tras año y que tenia a la ganadería como principal sustento y en el que poco a poco el turismo se iba haciendo un hueco dado que era por éste sector por donde salían muchos de los productos que la pachamama ofrecía a los agricultores.
Quizá sea momento de decir, que una de las reformas que Evo Morales ha acometido , apoyado en un referéndum que lo refrendó, es que no se pueden tener en propiedad fincas de más de -creo recordar, mil hectáreas- salvo que sean productivas socialmente (cría de ganado, labradas adecuadamente...). En caso de que no cumplan con tales requisitos cualquier familia se puede instalar en las mismas, dándosele un numero de metros cuadrados (no recuerdo cuantos) según los miembros de la familia pasando a formar una nueva comunidad. Es una socialización de la tierra y es que allí (segundo país más pobre de Sudamérica) muchas tierras vírgenes no son de nadie y se las ha ocupado el cacique de turno aprovechando que pasaba por ahí. La contrapartida a todo eso, a que la gente encuentre tierra para cultivar y comer, es que se están moviendo masas de gente de uno sitios a otros del país dejando su cultura atrás ó arrasando con la suya allá donde vaya homogeneizándose el rico bagaje cultural boliviano.
A lo largo del camino de casi ocho horas que tardamos en hacer los doscientos cincuenta km desde Rurre a Caranavi vimos infinidad de pequeños asentamientos a lo largo de la carretera que obedecían a lo antes contado. No estaban muy contentos con todo ello ni éstos ni nuestros anteriores guias.
Desde Caranavi a la Paz se va por la llamada Carretera de la Muerte está considerada la más peligrosa del mundo, es una pista de tierra de un solo carril colgada de las laderas que va serpenteando entre cerros a uno de sus lados y tremendos barrancos de vértigo al otro, atraviesa lugares en los que las vistas son impresionantes y quien padece de vértigo lo puede pasar realmente mal. De vez en cuando las lluvias originan charcos y cascadas que hay que atravesar, así como frecuentes derrumbes.
Continuamente se hacen pequeños ensanchamientos para cuando se cruzan los grandes vehículos y uno de ellos se pueda apartar un poco. Un trayecto desde Canavari a La Paz de apenas doscientos cincuenta kilómetros puede tardar quince horas. Es la unica carretera que une esas partes del país y las mercancías no tienen más remedio que pasar por esa carretera. Los accidentes son frecuentes. Poco a poco tratan de hacer una nueva carretera, de éste modo a la altura de Coroico hay unos treinta kilómetros nuevos, de asfalto quedando la vieja para que los turistas hagan unos cuarenta kilómetros bien en bicicleta bien andando como haríamos nosotros al siguiente día. Llegamos a Coroico a la una de la madrugada trece horas después de salir de Rurre.
Coroico, capital de Las Yungas, está ubicado entre altas montañas invadidas de exultante vegetación, cuenta con una cierta infraestructura hotelera que allí se considera como de las mejores del país. El pueblo en sí no tiene demasiado a ver, a no ser sus moradores, la mayor parte aymaras que visten al modo tradicional de su etnia. La gran riqueza de Coroico son los cultivos de coca que se plantan en las terrazas que han construido en las laderas.
Quedamos con Claudio a las 8,30 horas del día siguiente para que nos llevara al inicio de la carretera que había quedado para los turistas. Nos llevamos una sorpresa al ver cómo nos quería cobrar -y nos cobró- , más dinero por acercarnos hasta el inicio de nuestra excursión , unos treinta kilómetros por la carretera buena. No nos sorprendió , continuamente tratan de sacar dinero cuando se ven en posición ventajosa. Al día siguiente yo pague la mitad cuando camino del bus que me llevaría a La Paz me encontré con otro chico y cogimos un taxi para los dos por no esperar al bus, no recuerdo cuanto pagamos pero sí que era la mitad y eso que hacia veinte kilómetros mas.
Iba a empezar una de las razones del viaje, caminar la Carretera de la Muerte. En realidad la carretera son los doscientos cincuenta km hasta Coroico ya referidos, lo que íbamos a caminar eran los más peligrosos por lo que fueron los primeros en arreglar. Hoy día no está permitido a los vehículos transitarla.
Salvamos un desnivel en bajada de 1.700 metros en 35 kilómetros entre constantes curvas, espeluznantes barrancos, hilos de agua cuando no cascadas a cada revuelta del camino. El recorrido es impresionantemente bello y sus peligros lo evidencian la multitud de cruces que llenan sus márgenes y es que por los barrancos del recorrido han sido cientos las personas que han encontrado la muerte por los habituales accidentes. Hoy día son los ciclistas los que la utilizan en forma de excursión organizada y más de uno muere al caer por los precipicios como le pasó a una holandesa según vi unos días más tarde en las noticias de la tele, al parecer era relativamente frecuente.
Nos encontramos a lo largo del camino con grupos organizados de ciclistas, de motoristas argentinos que despacio, querían pasar por la carretera mítica, con nativos borrachos hasta el culo… Tengo que decir que mi amigo Sergio sufrió más de lo deseado para completar el recorrido, llegó muy cansado. Si quieres ver más busca en internet por carretera de la muerte. Las fotos asustan.
Ese día nos cruzamos con un catalán que había aparecido por Bolivia cambiando de aires liándose con una boliviana y se había montado un pequeño hotel en las que se apañaban más que bien y nos advirtió de que para los bolivianos los extranjeros somos ante todo, dólares con patas. Ya lo habíamos comprobado.
Al día siguiente nos separaríamos unos días, Sergio ya conocía La Paz y quería ir a San Ignacio del Moxo y ver donde realizaban su trabajo una Ong médica canaria. Otra razón no menos importante era que años atrás había sufrido un infarto y tenía prohibido subir a mas de 3.000 metros de altitud .Quedamos para vernos en Uyuni días más tarde, esos días cada uno anduvo por su cuenta, el desandó camino llegando hasta Yacumo y yo me iba al día siguiente camino de La Paz.
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