Diarios de viaje > Estado Falcón, América del Sur
Coro, Patrimonio de la Humanidad y primer obispado de Sur América
Escribe: AbrahamQ
Coro y su puerto, La Vela de Coro, fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Ambas ciudades tienen gran significación histórica, no sólo para Venezuela, sino para América del Sur. Santa Ana de Coro fue erigida sede del primer obispado del subcontinente en 1531. En 1806 Francisco de Miranda desembarcó en La Vela para traer la libertad. Tiene interesantes museos y verdaderas joyas de la arquitectura colonial venezolana, entre muchos otros atractivos.
El centro histórico, sus templos y museos
Coro, Venezuela — sábado, 4 de septiembre de 2010
Comencé por la Casa o Balcón de los Arcaya, sede del Museo de Alfarería y Loza Popular. Lamentablemente, la exposición del museo estaba cerrada el público por mantenimiento. Es de notar que la mayoría de las edificaciones importantes de Coro son de adobe cocido al sol (o bahareque), y que las lluvias las afectan. 2010 ha sido muy lluvioso. La casa es verdaderamente hermosa con un amable patio sembrado de xerófilas, entre ellas un añoso cují. Nos recibe en el corredor una escultura de loza tamaño natural que nos invita a visitar la exposición.
En la próxima esquina, en dirección oeste, se encuentra la Casa de las Ventanas de Hierro, que aún mantiene las primeras ventanas de hierro que se instalaron en Venezuela. En el siglo XVIII venezolano las rejas de las ventanas eran de madera o no existían. Las de esta casa fueron importadas de Europa. La ciudad de Calabozo, en los llanos del Guárico, llegó a tener muchas de estas ventanas, pero desaparecieron en 1814. La casa sigue siendo propiedad de la familia Tellería que mantiene en ella un museo familiar. La entrada cuesta BF 10 destinada al mantenimiento de la casa e incluye una visita guiada. Conserva mobiliario doméstico de los siglo XVIII y XIX, objetos de arte, libros, retratos y hasta un carruaje antiguo. La colección es excelente y bien conservada. Un detalle arquitectónico de importancia son las columnas panzudas que están en el corredor; unas de las pocas que se conservan en Venezuela. En el patio, nos da la bienvenita un olivo de casi 300 años.
En este museo se coordina la visita guiada al cementerio judío, uno de los más antiguos del continente americano a través del guardián-guía del museo de la Casa de las Ventanas de Hierro.
En la misma cuadra hay varias casas de interés, entre ellas la Casa del Tesoro o Casa del Obispo (del Tesoro porque la gente no se explica qué se hizo la fortuna de su propietario a fines del siglo XVIII, y del Obispo por ser la casa natal del Mons. Mariano de Talavera y Garcés, Obispo de Trícala y IV Obispo de Guayana). La familia de Talavera era republicana, mientras la Provincia de Coro era leal a la causa del rey. Lo más probable es que el señor de Talavera utilizara su fortuna para adquirir armas y pertrechos para la República. En 1806, Francisco de Miranda se alojó por unos días en esta casa. No está abierta al público.
Regresamos sobre nuestros pasos hasta la Ermita de San Clemente, la Iglesia de San Francisco y el antiguo convento franciscano de La Salceda, hoy sede del Museo Diocesano de Coro.
La Ermita de San Clemente (Cuarto Obispo de Roma, después de Pedro, Lino y Cleto) es una construcción del siglo XVIII sobre la ubicación del primer templo de la ciudad, mandado a edificar por Juan de Ampíes. Conserva su techo mudéjar de pares y nudillos, un buen retablo colonial y tiene detalles del barroco holandés en su fachada. Su planta cruciforme, es única en la arquitectura colonial venezolana. Es capilla de la congregación de las Siervas del Santísimo y abre los jueves para la exposición del Santísimo.
La Iglesia de San Francisco sufrió numerosos cambios a lo largo del siglo XIX y principos del XX, cuando se le hicieron cambios neogóticos en la estructura, se demolió la antigua torre (que era a la vez entrada al convento) y se construyó una nueva. Conserva su techo de pares y nudillos. En la restauración, los arquitectos descubrieron, para la ilustración de los visitantes, detalles tales como la cripta, elementos de construcción, una falsa cúpula barroca y la antigua puerta que unía al convento con el templo.
Durante el período republicano, el antiguo convento franciscano tuvo diversos usos, desde escuela hasta Gobernación del estado Falcón. Hoy alberga al Museo Diocesano de Coro, obra de de Mons. Francisco José Iturriza, Obispo de Coro por muchos años, quien se dedicó a rescatar y recolectar valiosas piezas de arte sacro que corrían peligro de perderse. La colección original fue enriquecida con donaciones y regalos. Contiene no sólo piezas religiosas coloniales, sino también piezas más antiguas, como una Virgen de factura catalana del siglo XIII, un cáliz toscano del siglo XV (regalo del escritor Miguel Otero Silva), platería, joyas, muebles y enseres domésticos, piezas precolombinas, porcelana, y cristalería. Como indiqué anteriormente, el costo de entrada es de BF 5, con derecho a visita guiada. Altamente recomendable por la calidad de la muestra y su disposición en las diversas salas. El museo ocupa no sólo el antiguo convento, sino que tiene un área construida sobre la antigua casa de los Capriles, también conocida como Tribu de los Capriles, prolífica familia hebrea.
Otro museo a visitar es el de Arte Contemporáneo de Coro, que tiene como sede la Casa de los Senior (o Balcón de Bolívar, por haber servido de alojamiento a El Libertador en diciembre de 1826). El día de la visita exhibía una muestra de pintura infantil dedicada al Bicentenario de la Independencia y parte de su colección permanente de autores venezolanos del siglo XX. La entrada el libre y el visitante puede pasearse por el local. Es de destacar el patio central con sus columnas semi-panzudas acanaladas y el trabajo de romanillas para aislar las habitaciones del calor exterior. Su balcón es muestra típica de los balcones corridos característicos de Coro, si bien es una reposición reciente. El inmueble fue propiedad desde el siglo XIX de una distinguida familia hebrea de apellido Senior. El guardián es amable y gustosamente da indicaciones sobre sitios de interés. La entrada es libre.
En la acera de enfrente se encuenta el Museo Alberto Henríquez. En esa casa, propiedad de la familia Curiel, funcionó en el siglo XIX la primera sinagoga de América Latina (conocida oficialmente como Oratorio Hebreo de Coro). Este lugar de culto fue restaurado y amoblado al estilo de la época. El piso es de arena de los médanos de Coro, como la sinagoga de Curazao. El museo está administrada por la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda. Estaba cerrada por mantenimiento. Esto me decidió a dejar para una próxima ocasión una visita detenida al Cementerio Judío, la Iglesia de San Nicolás de Bari y su Cementerio y otros atractivos al sur del centro histórico.
La Catedral de Coro es digna de ser visitada. Es un templo estilo plateresco, con planta basilical a tres naves. Conserva su techo mudéjar de pares y nudillos, sus retablos originales en muy buen estado de conservación. Su aspecto exterior es de gran sobriedad, caracterizada por enormes contrafuertes que dan impresión de peretenecer a una fortaleza. De interés son las placas adosadas a las paredes, que son muestra de la historia de ese venerable templo.Recomiendo pasearse por ellas, tales como la conmemorativa a la muerte del Felipe de Utre (estilo renacimiento alemán, copia de un original existente en su pueblo natal), la placa de bronce en honor a Clemente VII, y un escudo nobiliario tallado en piedra, entre otras.
Luego de esta jornada, no queda sino almorzar en un restaurant típico de la región. Frente al Museo Diocesano hay un pequeño restaurant simple y sin pretenciones, con aire acondicionado, que ofrece un menú de cocina regional y cerveza bien fría. Recomiendo la asaduras de chivo, servida como en casa coriana.
El último día me dediqué a visitar varias calles aledañas y a preparar el regreso a Caracas. Me he prometido volver para terminar de conocer las maravillas de Coro y realizar una excursión a los pueblos antiguos de la Península de Paraguaná, los médanos de Coro y el Cerro Santa Ana. En verdad, Coro enamora.
Tips:
Para comprar artesanías y productos de la región, en la calle Zamora frente al Museo Diocesano, hay un centro artesanal. Para los dulces típicos como la conserva de leche, es mejor ir directamente a los productores. En la recepción del hotel le pueden indicar dónde comprar los dulces. Por indicación del guardián del Museo de Arte Contemporáneo de Coro, compré mis dulces en Dulcería Katty, calle Colón N° 10.
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Últimos comentarios
luisgc dice:
Saludos...
De verdad muy explicativo tu viaje, muy buenos detalles, espero sigas disfrutando de nuestra hermosa geografia venezolana..
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beatrichea dice:
Coro es una hermosa ciudad.De sus habitantes me quedó la sensación de que parecen más andinos,que costeños.
Excelente la información sobre los museos.
Me quedo a la espera del diario sobre los pueblos antiguos de la Península de Paraguaná.
Publicado
AbrahamQ dice:
Así es. Son como más retaidos que el resto de la gente de la costa (se morirían de vergüenza de actuar como un sucrense o un zuliano... Jajaja) Yo lo atribuyo a su historia difícil y al clima áspero. El próximo paseo a Falcón espero hacerlo más adelante en este año. Ahorita estoy un poco complicado. Gracias por tomarte el tiempo para leer el diario.
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Capítulos de este diario
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1
Llegada a Coro y paseo por el centro histórico
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2
Visita a La Vela de Coro, Tara Tara y El Carrizal
La Vela de Coro, Venezuela | 3 de septiembre de 2010
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3
Tres monumentos fuera del casco colonial
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4
El centro histórico, sus templos y museos
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5
Desastre en Coro
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