Llegamos muy tempranito, con nuestras mochilas y un listado de hostales. buscamos un teléfono y nos pusimos a llamar. En uno de ellos nos dijeron que habían lugares disponibles, así que para allá marchábamos cuando a la salida de la terminal se acerca una chica ofreciéndonos lugar en su hostal, que recién habían inaugurado con su novio.
Muy confiadas nosotras decidimos aceptar esta otra opción. Ofrecieron llevarnos en un taxi, ya que ellos volvían. Cuando llegamos, nos mostraron la casa, que antes había sido centro cultural, y nos confesaron que eramos sus primeras huéspedes!!.
El Hostel se llama Tzolkin
No me arrepiento para nada de haber confiado en estos chicos. Su hospitalidad nos dió el puntapié inicial perfecto para comenzar este viaje.
Ya ese mismo día llegaron más viajeros, con los que nos sentamos a charlar de nuestros destinos, y nos dieron consejos y piques para el resto del camino. Nos recomendaron ir a Cuesta Blanca, cosa que hicimos el segundo día.
Estuvimos dos días allí y seguimos viaje.
En Córdoba recorrimos a pie la ciudad, el centro histórico jesuítico, el museo de arte, la universidad de Córdoba. De noche nos quedamos un rato por el centro y luego en la casa charlando con los demás viajeros y tomando unas cervezas.
La ciudad me gustó mucho, me sentí como en casa, es muy parecida a Montevideo en su esencia.