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Cumplir un sueño

Escribe: aldanita
Una vez lei que viajar responde a la necesidad interna de olvidar el pasado...y si...¿¿quién soy yo para discutirlo??

 

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Córdoba, España — lunes, 4 de julio de 2005

Luego de dejar las valijas en el hostel, nos fuimos a comer tapas (como no podía ser de otra manera). Entramos en un restaurant que de afuera parecía muy pequeño pero adentro era enorme y con una decoración re linda. Como estábamos un poquitín desorientadas, el mozo nos trajo las tapas que a él le parecía nos iban a gustar más. Un amor de persona, no se equivocó. Mi vieja se trajo la botellita de soda y le mangueó al mozo un póster que tenía en la pared con la propaganda de un concierto de guitarras. Volvimos al hostel y a la cama. A la mañana siguiente desayunamos y a las 8 y media de la mañana nos adentramos a la Mezquita. Jamás pensé que vería lo que ví allí adentro. A uno le puede gustar el arte o no, puede sentir atracción por lo árabe o lo católico o no, pero jamás podría dejar de asombrarse por la maravilla que esos hombres fueron capaces de hacer. La recorrimos en silencio, no podíamos hablar, éramos muy pocos a esa hora de la mañana. No hubiese querido irme. En el patio de naranjos el aroma comenzaba a perfumar. De allí al Alcázar y sus jardines. Primeras lecciones sobre la importancia del agua para los árabes. Llegamos a la Plaza del Potro, nos refrescamos en sus aguas e imaginando que sancho panza andaba por ahí nos sacamos fotos en la Posada del Potro. Almorzamos bocadillos (de tortilla!!!!). Por la calle de la Judería llegamos al Zoco, una especie de paraíso donde nuestros euros corrían serio riesgo de desaparecer y convertirse en anillos, pulseras, broches.... Seguimos caminando hasta darnos cuenta que necesitábamos descansar. Nos fuimos al hostel y dormimos una siestita reparadora. Al levantarnos, el sol ya se estaba escondiendo y decidimos cruzar el Guadalquivir. Otra vez la Mezquita vestida de ese color. El espectáculo de pájaros volviendo al los árboles que crecían en medio del río fue atrapante. En minutos tiñeron el verde de blanco y silenciaron la tarde para irse a dormir en las ramas. Sobre el puente un chico cambiaba monedas por una música triste mientras su caballo agradecía respetuosamente agachando la cabeza cuando alguien lo recompensaba. No puedo explicar porqué llorábamos. Quizás Córdoba te hace sentir así cuando sabe que te vas.

Tips:

La mezquita en horario veraniego abre temprano pero las guías comienzan a las 9 y no son gratuitas. Consigan un buen folleto del lugar y con la traquilidad que ofrece el hecho de que muy poca gente acude temprano, pueden aprender mucho y disfrutar de igual manera.

En Córdoba, España


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