Diarios de viaje > Copenhague, Europa

Copenhague: vikingos, castillos y bicicletas (Parte I)

Escribe: Divagante
En una isla llena de edificios históricos y con bicisendas por todos lados, la capital de Dinamarca brilla por su desarrollo y la variedad de circuitos turísticos que ofrece. Desde allí se puede conocer el resto del país fácilmente, aunque la ciudad en si puede llevar varios días disfrutarla y conocerla.

 

  Enviar a un amigo   Imprimir

 
Capítulo 1
 

Copenhague: vikingos, castillos y bicicletas (Parte I)

Copenhague, Dinamarca — sábado, 20 de marzo de 2004

Historia vikinga

Los historiadores consideran que existe presencia humana permanente en Dinamarca hace unos 120.000 años, aunque las primeras pruebas de asentamientos que se pueden considerar como concluyentes datan de una época cercana al año 12.500 a.C. Se calcula que hasta el Neolítico, allá por el 3.900 a.C, no surgió una sociedad agraria como tal. Sin embargo, no se puede asegurar que haya asentamientos que se puedan considerar como aldeas.

Ya alrededor del año 700 d.C, puede hablarse de un primer reino de Dinamarca bajo un poder central, que culminó con la unificación de todos los territorios en el año 987 por parte de Harald I “Diente Azul”. En aquellos tiempos ya existían poblaciones como Ribe (en el suroeste de la Península de Jutlandia), a la que se considera la ciudad más antigua de Dinamarca y tiene la vida normal de cualquier ciudad pequeña de la región.

Una de las cosas con las que se asocia a Dinamarca en todo el Mundo son los vikingos. La llamada era vikinga se extiende desde alrededor del año 800 hasta el 1100 y se caracteriza por un fuerte poder real. Durante este tiempo, los navegantes vikingos daneses se hicieron famosos en el mundo y fueron los impulsores de la conquista de Inglaterra, que tuvo lugar alrededor del siglo XI. Además, los vikingos daneses alcanzaron en sus expediciones puntos extremos de las costas europeas y se especula con la posibilidad de que incluso consiguieran alcanzar el continente americano antes que Cristóbal Colón.

En la actualidad en Dinamarca todo parece estar al alcance de la mano. Todo el país tiene apenas 43.069 kilómetros cuadrados, lo que no le impide tener más de 500 islas y, por lo tanto, 7.500 kilómetros de costas. No lleva mucho tiempo atravesarlo de punta a punta: Dinamarca mide unos 360 kilómetros de norte a sur, unos 400 de este a oeste, y no hay ningún lugar que diste más de 50 kilómetros del mar. Sin embargo, esta pequeña superficie puede ser una caja de sorpresas. Después de llegar, no hay que preocuparse ni por el transporte -.las rutas son impecables, los aviones puntuales y los trenes de otro planeta, al menos para los parámetros del otro hemisferio– ni por el idioma: después de un amable “Velkommen til Danmark” (Bienvenido a Dinamarca) dicho en danés, el resto de la conversación puede seguir fácilmente casi siempre en inglés, con el alemán y francés como opciones también comunes. En cuanto al castellano, muchos daneses tienen alguna idea porque cuando son ellos los que viajan no es raro que elijan pasar sus vacaciones en España, el país donde encuentran el sol tan deseado.


Dinamarca está situada en Europa septentrional, entre el mar del Norte y el mar Báltico. Se extiende, además, por el Atlántico norte con las Islas Feroe y Groenlandia, a las que dedicamos dos fascículos independientes de la serie Datos sobre Dinamarca. La parte principal de Dinamarca la constituye la península de Jutlandia, que nace en el continente europeo y tiene una frontera con Alemania de apenas 68 km. El resto del país lo integran 406 islas, 78 de ellas habitadas, con lo que el litoral danés alcanza un total de 7.314 km, lo que equivale a una sexta parte del perímetro terrestre. El punto más elevado se encuentra a 173 m sobre el nivel del mar. En Dinamarca, la distancia máxima desde cualquier lugar hasta el mar no supera los 50 km. El clima es oceánico templado, con enero y febrero como meses más fríos con una temperatura media de 0,0 ºC, y agosto como mes más cálido con una temperatura media de 15,7 ºC..

Copenhague y Estocolmo son las dos ciudades más cosmopolitas de Escandinavia. En la capital danesa, los nativos de otros países saltan a la vista entre las moles rubias descendientes de vikingos, pero no hay problema a la vista: dio pruebas el segundo hijo de la reina, Joachim, cuando se casó con Alexandra, una joven nacida en Hong Kong y de inconfundibles rasgos chinos. No es un detalle menor en un país donde la primera frase que suele decirse a los recién llegados en las oficinas de turismo es que “Dinamarca es un reino, y tiene mucho cariño por sus reyes”. Ese es uno de los rasgos del feroz orgullo danés: otro, muy evidente, es la multiplicación ad infinitum de los colores de la bandera: la cruz nórdica blanca sobre fondo rojo– en las calles, vidrieras y, en resumen, en cuanto lugar puedan aplicarse.

Copenhague –Köbenhavn– está construida en el este de la mayor isla danesa, Seelandia, que en uno de sus extremos está casi pegada a Helsinki, la capital finlandesa: la separa un estrecho de sólo cuatro kilómetros de ancho. Cuando se sale de Helsinki en ferry rumbo a Copenhague, una de las primeras vistas es la del brumoso castillo de Elsinor, donde quiere la leyenda que vague todavía el espíritu atormentado del príncipe Hamlet.

Copenhague, sin embargo, está muy lejos del tormento: es una ciudad muy agradable para recorrer a pie, llena de flores, incluso cuando las plazas todavía están cubiertas por las últimas nieves, y con un parque de diversiones famoso en todo el mundo. Tanto que su nombre, Tívoli, se convirtió en Europa en el sustantivo común de este tipo de parque de atracciones, con juegos, autos chocadores, montañas rusas, fuentes y ferias estacionales. Una de las más famosas es la de Navidad: en diciembre, cuando atardece muy temprano, los copos de nieve que caen blandamente sobre las marquesinas iluminadas y los sonrientes Papá Noel crean una atmósfera cordial y feérica que culmina algunos anocheceres con un impresionante espectáculo de fuegos artificiales.

La Sirenita

Después de dedicarle el tiempo que merecen al menos dos museos –la Ny Carlsberg Glyptotek, una joyita que guarda la colección de arte y antigüedades de los riquísimos cerveceros Carl y Ottilia Jacobsen, y el Museo Nacional, que ofrece un importante recorrido por la prehistoria nórdica y la era vikinga– es momento de ir en busca del mito. La peregrinación peatonal que lleva a la mayoría de los turistas hacia el lugar donde se levanta la famosa estatua de la Sirenita, símbolo de Copenhague, permite atravesar los principales lugares de la capital en una mañana o una tarde de paseo tranquilo. Se puede empezar en la Plaza del Ayuntamiento (Radhus), uno de los principales puntos céntricos y comerciales, y subir al edificio para apreciar desde lo alto las cúpulas verdosas de la ciudad. Allí comienza una de las calles más importantes, la Stroget, que lleva hacia Kongens Nytorv, el corazón histórico de Copenhague, bordeado de edificios bancarios y museos. A pocos pasos, junto al canal de donde parten algunos ferries a Suecia, está Nyhavn, uno de los lugares más pintorescos y agradables para hacer un alto en el camino, gracias a sus tabernas y bares, antiguos reductos de mala fama hoy reconvertidos por obra y gracia del turismo.
Lo que queda por ver aún es mucho: el imponente palacio de Amalienborg, residencia de la familia real, que cada mediodía es escenario del tradicional cambio de guardia, la antigua ciudadela hoy convertida en parque público, y finalmente la Sirenita, una silueta pequeña y triste que le da la espalda a ese mar perdido para siempre. Hay quienes se decepcionan, tal vez esperando una estatua imponente, pero casi siempre enternece esta figura un poco desvalida recostada sobre un peñasco, especialmente bella cuando en pleno invierno el mar y los árboles cercanos a la costa forman un solo manto de hielo blanco que rodea la figura de “Den lille Havfrue”, el nombre danés de la Sirenita.

Un detalle barrio por barrio

La City


El centro de Copenhague, lo que llaman la City, reúne la mayor parte de las atracciones turísticas de la ciudad. Podemos delimitar lo que llamamos el centro en una zona de alrededor de cuatro kilómetros de este a oeste y dos de norte a sur aproximadamente. Un paseo de punta a punta del centro de la ciudad nos lleva alrededor de una hora, aunque al turista, con todos los rincones interesantes que tiene por visitar, le puede suponer bastante más tiempo.

Podemos decir que la City es la zona que va desde la estación central- límite oeste- hasta la estatua de la Sirenita y el Kastellet- al este-, y desde la zona de los Lagos en el norte, hasta el barrio de Christianshavn en el sur. Aquí se concentran casi todos los atractivos de la ciudad.
Comenzando por el oeste, llegamos a la Estación Central, que es un bonito edificio en el que lo que más destaca es la decoración y las vigas de madera de los techos del vestíbulo central. La estación es el punto de referencia principal de los ferrocarriles daneses, ya que de ella parten todos los trenes nacionales e internacionales, los regionales de la isla de Zelanda y los S-Tog de cercanías.

Después de salir de la estación, al otro lado de la calle se encuentra una de las principales atracciones de Copenhague: los Jardines Tívoli. Se trata de un parque de atracciones, situado en el corazón de la ciudad, con 169 años de vida y una gran tradición. Se trata de un recinto pequeño- no ocupa más de una manzana del centro de la ciudad-, pero cuyo interior hace que merezca la pena la visita. El Tívoli es una combinación de elementos de ocio para todos los gustos. Allí se pueden encontrar pequeños teatros y auditorios, en los que, durante los meses de apertura del parque, hay representaciones culturales de todo tipo y para todos los públicos; además de jardines por los que pasear y zonas en las que sentarse a la orilla de un pequeño lago; y las atracciones propias de cualquier parque como montañas rusas o tiovivos, entre las que destaca una en la que hay una caída libre de varias decenas de metros y que, desde lo alto, tiene una vista privilegiada de la ciudad. El parque posee también varios restaurantes desde los que se puede disfrutar de la iluminación nocturna o la vista de las atracciones.

Es posible que, para quien sólo quiera dar una vuelta por el parque, no le resulte rentable pasar por taquilla. El precio de la entrada es de 40 a 55 coronas- depende del día- pese a que en determinadas épocas del año hay promociones especiales. Especialmente recomendables son los conciertos de los viernes por la noche. Precisamente la noche- o la puesta de sol- es el mejor momento para visitar el parque, ya que las luces le dan unas vistas espectaculares. De todos modos, el parque sólo abre desde la primavera al final del otoño y una época muy reducida alrededor de Navidad. Conviene tenerlo en cuenta.

A la salida del Tívoli se encuentra Rådhuspladsen, la Plaza del Ayuntamiento, que es el centro neurálgico de la ciudad. El edificio alrededor del que se organiza todo es el Ayuntamiento, que bien merece una visita por dentro y, para el que tenga ganas de ver una buena vista, una subida a su torre en una de las visitas guiadas que se organizan.
Desde la Plaza del Ayuntamiento, el mejor camino que se puede seguir es la Strøget, la calle peatonal del centro de la ciudad que se prolonga hasta Kongens Nytorv, donde están el Teatro Real y Nyhavn.
La Strøget es la gran calle comercial de Copenhague y, a su alrededor, se mueve gran parte de la vida de la ciudad. A lo largo de sus cerca de dos kilómetros se pueden encontrar las tiendas más exclusivas de la ciudad, grandes almacenes o las sucursales en la ciudad de las grandes cadenas de ropa europeas. En ella, y especialmente en las pequeñas calles que parten de ella o van en paralelo, hay también varios cafés, bares y discotecas. Además de ser uno de los mejores lugares de la ciudad para pasear cuando sale un poco el sol- no recomendado para quien no le gusten las multitudes, por cierto- la zona sirve también como punto de encuentro improvisado donde puede aparecer cualquier persona conocida.

Durante su trayecto, la Strøget atraviesa plazas como la de Nytorv, donde está el tribunal de la ciudad; Højbro Plads, una de las más bonitas de la ciudad, desde la que se pueden ver tanto el Parlamento como el edificio de la bolsa, a las que se puede llegar con un paseo de apenas cien metros, y de ella sale, además, otra calle comercial y peatonal que se dirige hacia el norte y que pasa junto a la Rundetårn o Torre Redonda, un bello edificio desde cuya terraza hay una maravillosa vista de la ciudad.

Al final de la calle peatonal aparece Kongens Nytorv, una plaza en la que se juntan varios de los edificios más interesantes de Copenhague y que supone el centro del recorrido turístico de la ciudad. En ella están tanto el Teatro Real, como la sede de la Agencia Europea del Medio Ambiente o los bonitos edificios del Hotel D´Anglaterre o los almacenes Magasin.

Sin embargo, lo mejor de la plaza se encuentra en Nyhavn, el Puerto Nuevo, un pequeño canal de unos quinientos metros alrededor del cual hay inconfundibles edificios de fachadas con muchos colores diferentes. Es, principalmente, un lugar para turistas, con restaurantes y terrazas en la calle- bastante caras, por cierto-, aunque eso no quita que, en cuanto sale un poco el sol, los daneses se sienten en el borde del canal para tomarse una cerveza o simplemente para dar un paseo.
Es un lugar ideal para dar una vuelta y hacer las mejores fotos de la ciudad. Para quien quiera ver Copenhague desde los canales- que son escasos, pero desde los que se pueden ver algunas de las vistas más bonitas de la ciudad-, desde allí sale el barco turístico que recorre tanto el canal que separa la ciudad de la isla de Amager como los más pequeños que recorren el barrio de Christianhavn y rodean el Parlamento.

Desde Nyhavn apenas hay diez minutos de caminata hasta Amalienborg, el palacio donde vive la familia real danesa. Está situado en una plaza con una estructura simétrica y que está custodiada por los típicos guardianes daneses del gorro de piel alto. Si se tiene suerte, se puede coincidir con la ceremonia del cambio de la guardia que, no es excesivamente espectacular como en otros países, pero siempre resulta curiosa.
Copenhague

Si se sigue un poco más hacia el este -alrededor de un kilómetro- aparecerá la famosa estatua de la Sirenita que todo el que pase por Copenhague no puede dejar de ver. Durante el paseo, quedan un lado el museo de la Resistencia, inconfundible con su vehículo militar a la puerta, y la zona del Kastellet, una antigua fortaleza militar por la que hoy en día se puede pasear tranquilamente.

Que nadie se sorprenda cuando vea la estatua de la Sirenita. Desde aquí advertimos que tiene un tamaño muy reducido. Es posible acercarse a ella salvando la escasa distancia que separa la piedra sobre la que reposa la escultura de la orilla, aunque para el que quiera acercarse demasiado debe tener en cuenta dos cosas: que las piedras resbalan y una caída desde el pedestal de la Sirenita tiene como muy probable destino final las aguas del Báltico; y que hay que tener cuidado con las olas que levantan los barcos turísticos que pasan cerca del monumento, porque pueden salpicar al que se atreva a subir en él.

Este que hemos descrito es el paseo turístico por excelencia de la zona central de la ciudad, sin embargo, a lo largo del camino hemos dejado de lado otros atractivos que merece la pena tener en cuenta.
Uno de ellos es el castillo de Rosenborg y los jardines que lo rodean. El castillo en sí es bastante pequeño y alberga únicamente una exposición de joyas de la corona, pero los jardines, pese a no ser demasiado amplios, son un espectáculo en el centro de la ciudad. Especialmente durante el verano, cuando cientos de personas descansan sobre la hierba al sol.
A cinco minutos pie desde el castillo está también el Jardín Botánico, con unos jardines muy agradables y un invernadero central digno de visitar.

Cerca de la zona del Parlamento, merece un visita la Biblioteca Nacional. El edificio tiene dos partes: una antigua, muy tradicional, de ladrillo; y una ampliación de la década de los 90 a la que se conoce como El Diamante Negro y destaca por sus formas y sus cristales junto al canal principal de la ciudad. Por la zona están también situados el Museo Nacional- visita obligada para quien quiera saber un poco más de la historia de Dinamarca- y, un poco más al norte, una catedral que no tiene nada que ver con lo que estamos acostumbrados en el Sur de Europa y que, posiblemente, nos deje un poco fríos. No podemos olvidarnos tampoco de la Gliptoteca Carlsberg, en la zona del Tivoli y la plaza del Ayuntamiento, que en mi opinión es el mejor museo de la ciudad y guarda una impresionante colección de escultura y pintura.
También conviene visitar, al otro lado del canal principal, el barrio de Christianshavn, donde es especialmente interesante el canal que atraviesa una de sus calles principales. La zona esconde, además, uno de los grandes atractivos turísticos de la ciudad: Christiania.

Christiania es una zona alternativa dentro de la ciudad de Copenhague. Nació en los años 60, con la ocupación de unos terrenos del ejército y se mantiene con más o menos polémica hasta hoy. Sus habitantes son lo que queda de los hippies y consiguen mantener un ritmo de vida ajeno completamente al del resto de la ciudad dentro de la zona. No pagan impuestos y no tienen una autoridad determinada. En principio, el barrio no es una zona turística, sino la residencia de estas personas, pero los turistas son demasiado numerosos para evitarlos. La curiosidad de la venta pública de hachís -ilegal en todo el país, pero con la que la policía hace normalmente la vista gorda en aquella zona, en la que sólo entra de vez en cuando- lleva a muchos curiosos al barrio. Pero que nadie se engañe, Christiania es mucho más que eso. En ella se pueden encontrar interesantes cafés e, incluso, un par de clubes como el Loppen o el Opera, en los que se baila hasta altas horas de la noche o se escuchan conciertos.

Vesterbro

Vesterbro es una zona interesante dentro de Copenhague. Comienza en la estación central de Copenhague y se prolonga hacia el oeste de la ciudad en un espacio delimitado por Frederiksberg al norte y la línea de la costa del sur. Para más de uno de los que lean estas páginas será un lugar de residencia, ya que en este barrio está la mayoría de los hoteles de la ciudad.

Es difícil decir, si no se tiene un plano a mano, dónde acaba el centro de la ciudad y dónde comienza Vesterbro. Como gran referencia se tiene a la estación de ferrocarril y el comienzo de la gran calle de la zona, Vesterbrogade, pero la vida comercial y la animación del centro se prolongan unos cientos de metros hacia el oeste de la ciudad.
Vesterbrogade es una calle principalmente comercial. Como Nørrebrogade en Nørreport, Østerbrogade en Østerbro o Falkoner Allé en Frederiksberg. Especialmente durante sus primeros metros tiene un buen número de tiendas interesantes- especialmente de ropa- y restaurantes de todo tipo.

A partir de la plaza de Vesterbro Torv la calle se hace algo más estrecha y, aunque no pierde su carácter comercial, resulta algo menos atractiva según se va alejando del centro. La plaza es interesante por la iglesia situada en ella. La fachada es más interesante que el interior, pero no por ello deja de ser la más interesante del barrio.

Sin embargo, en Vesterbrogade y sus proximidades hay varios lugares que son dignos de visitar. El primero de ellos es el Det Ny Teater, el Teatro Nuevo, que aparece al final de una pequeña bocacalle y que sorprende por su fachada y su arco sobre la calzada. Se trata de un edificio inaugurado en 1908 y que en la actualidad presenta obras de muy alto nivel de calidad.

Un poco más hacia el oeste se encuentra también la sede del Museo de la Ciudad, que merece una visita si se tiene tiempo y curiosidad por conocer la evolución de Copenhague en el pasado. No es un gran museo, pero tiene curiosidades que a más de uno le resultarán interesantes.

Junto al final de los lagos y ya en el límite con Frederiksberg, encontramos el pintoresco edificio del planetario Tycho Brahe. Y ya al final de esta parte del barrio, al otro lado del Søndermarken, el parque que marca el límite de nuevo con Frederiksberg y el barrio de Valby, se puede encontrar la fábrica de cervezas de Carlsberg, en la que se organizan visitas guiadas.

Entre Vesterbrogade y las vías del ferrocarril hay pequeñas calles tranquilas- salvo una Istedgade que también tiene cierto movimiento comercial con sectores no tan considerados (como la prostitución y los sex-shops) como los de la calle principal- en las que hay numerosos hoteles de calidad media que suponen una alternativa muy interesante para alojarse en la ciudad, ya que ni son excesivamente caros, ni están demasiado alejados del centro. Ya junto a las vías, merece la pena destacar el centro DGI, con sus piscinas cubiertas, que también sirve para organizar otros actos culturales y deportivos.
Al otro lado de las vías del tren, tan sólo merece la pena destacar la presencia del centro comercial Fisketorvet. Nada de particular en él, salvo que es uno de los mayores de la ciudad y el más cercano al centro de sus características.

Nørrebro

Nørrebro es un lugar pintoresco para visitar. Como todos los barrios que rodean el centro de la ciudad, comienza en los llamados lagos, pero nada más llegar a su calle principal, uno se da cuenta de que ha entrado en un ambiente completamente distinto de lo que se espera de Copenhague.

Nørrebro es una zona multicultural. Si por algo se caracteriza en Copenhague es por ser un barrio residencial con una altísima presencia de inmigrantes, especialmente procedentes de países musulmanes. Sin embargo, esto no quiere decir que sea una zona prohibida para los daneses, que también viven en ella de un modo completamente normal.
Este hecho le da al barrio un ambiente completamente diferente que el del resto de la ciudad. La gente de Nørrebro se caracteriza por ser más abierta y tolerante, ya que convive con muchas otras personas de diferentes lenguas, credos y procedencias. Es completamente normal encontrar carteles en las calles escritos tanto en danés como en árabe o en inglés y en sus tiendas se pueden encontrar toda clase de productos.
El barrio tiene un ambiente especial al que no se puede permanecer indiferente: o gusta, o se odia. Hay daneses que consideran que es una zona poco segura y que los extranjeros casi la han robado, mientras que otros valoran mucho el ambiente internacional y lo visitan frecuentemente para comprar o, simplemente, para dar una vuelta.

La calle principal del barrio se llama Nørrebrogade y discurre desde los lagos hasta la estación del S-Tog de Nørrebro. Es el eje que recorre el barrio de norte a sur y en el que se puede encontrar toda la vida comercial- que la tiene y mucha- del mismo. Junto a las sucursales de varias cadenas de moda o supermercados, podemos encontrar otras muchas pequeñas tiendas de frutas, verduras y alimentos procedentes de los países árabes o mediterráneos. Nørrebro no es la única zona de la ciudad en la que se pueden encontrar estas tiendas, pero sí es en la que hay más y mejores. En ellas podemos encontrar, además de mucha y variada fruta, cosas que quien viene de España suele echar de menos en los supermercados tradicionales daneses: desde envases enormes de diferentes tipos de aceitunas, hasta pistachos y pipas de girasol pasando con algo tan clásico como las lentejas.

Además de estos artículos, hay muchas cosas típicas de otras regiones del mundo que pueden sorprender al que las pruebe. Personalmente, me gusta dar una vuelta por la zona, comprar fruta, algunos productos españoles y diversos tipos de pan que no se encuentran frecuentemente en los supermercados.
Nørrebrogade es el punto de mayor interés del barrio. Un paseo por ella es una agradable manera de pasar un día de compras, en el que uno puede pasar de los grandes supermercados a las minúsculas tiendas en pocos minutos o puede relajarse en alguno de los cafés o comer en los muchos restaurantes de comida rápida que la jalonan.

La principal zona verde- por llamarla de alguna manera- del barrio es el Assistens Kirkegaard, un cementerio situado en la esquina de Nørrebrogade y Jagtvej, que cruza el barrio de este a oeste. Los cementerios daneses son algo menos desagradables que los españoles y están estructurados de manera que muchos de ellos parecen más un parque que otra cosa.

Para las personas que les gusten los temas "políticamente incorrectos", igual no es mala idea que le echen un vistazo a la Ungdomshuset de la Jagtvej, que es una casa ocupada en la que organizan actos y talleres, algo así como un centro cultural alternativo. Desde luego, no es un lugar turístico, sino para quien esté verdaderamente interesado en este modo de pensar y estos centros sociales, por lo que recomiendo a los que no lo estén que se conformen en verlo desde fuera.

Publicado el 24/oct/2008, 15.56
Modificado el 18/feb/2010, 15.13
Leído 11678 veces

  Enviar a un amigo   Imprimir

Capítulo 1
 
 


Últimos comentarios

Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o

 

Capítulos de este diario

  • 1

    Copenhague: vikingos, castillos y bicicletas (Parte I)

    Copenhague, Dinamarca | 20 de marzo de 2004