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Presentes de lucha, pasados de gloria: Un viaje a través del tiempo, la resistencia y la libertad
Escribe: osorojo
La mística y el sentir revolucionario de una Bolivia que resiste y construye. El impacto frente a esa maravilla que es el Lago Titicaca. La sensación de quedarse sin palabras en cada centímetro del magnánimo Cusco. Sus calles esconden una historia y una cultura riquísimas. Machu Picchu, qué más agregar. Sólo contemplarlo con ojos bien abiertos, corazones dispuestos a latir y alas desplegándose para volar. Un sinfín de imágenes junto a la persona que más amo en el mundo. Un...
Trashumantes de la historia
Copacabana, Bolivia — jueves, 29 de enero de 2009
Estaba partiendo una lancha a las 10:30 (seguramente a las 11 debido a la búsqueda de pasajeros que lograsen completar la embarcación) sin detenerse en el sector Sur, lo que hubiese alargado el viaje y retrasado la llegada a Copacabana, pronosticada para nuestro supuesto horario de partida inicial. Positivo porque podríamos disfrutar un rato más de la ciudad costera y no llegar tan presionados temporalmente para la ida a Cusco.
Con un leve aumento de 5 bolivianos per cápita y tras comentar el asunto con Maru, decidimos darle el okey y despedirnos más pronto de la Isla del Sol. En la puerta del hostel, ya habiéndolo abandonado, nos encontramos a Nacho Topke y a Nico (alias Tiburón) que esa misma tarde se iban para La Paz. Además de los saludos y algún breve anecdotario, nos recomendaron - dándonos el volante del lugar - un hostel en Cusco. Sería clave. El desayuno - americano en vez de continental - superó al de ayer (y en nada tiene que ver eso el cambio de lugar) debido excluyentemente a la muy rica fruta y al exquisito licuado. Después de un par de idas y vueltas sobre si nuestra lancha salía o no, pasaditas las 11 comenzamos a alejarnos lentamente de la Isla.
Compartimos el viaje con el insoportable cuarteto al que criticamos la mañana anterior, la Osa leyó la prensa boliviana, el Oso se puso media pila con este diario, el mp3 no llegó a mitad de camino, se repitió el granizo, también el encanto, más allá del cambio que significó estar abajo - tanto como ayer, pero en el marco de una decisión antagónica, la duda no dio el presente para nada - y la menor atención al paisaje laguno. Una gran noticia fue la revancha en el truco donde efectivamente hubo revancha. Un 2 a 0 que no dejó lugar a discusiones y que forzaría a Maruchi a desnudarse a la hora del chapuzón pacífico en Lima.
Faltaba bastante para ese capítulo. ¿Cumpliría? Cerca de las dos llegamos a Copacabana y fuimos derecho a la agencia de turismo a dejar las mochilas hasta la hora de partir. Nos conectamos un rato a Internet, me sentí estafado, aunque terminé comprobando que los precios de la conexión eran medianamente altos en todos los locales de la ciudad. Luego del típico episodio calentón-malhumorado de este viajero, diluido en minutos, hicimos unas últimas compras aquí, almorzamos clásicamente con el aliciente de que el famoso "segundo" era la enamoradiza trucha al limón, dimos un pequeño paseo por la costa donde volvimos a encontrarnos con el perro del día anterior quien cariñosamente se recostó a los pies de Maru, siendo bautizado con el nombre de "Evito".
Nos relajamos una media hora con el Titicaca de fondo antes de iniciar el lento adiós que incluyó: llamados sin éxito de ambos a Baires, un triunfazo estomacal del oso en un restaurant cuyo baño era delicioso, la compra de provisiones para la larga travesía que se aproximaba (agua, pan, frutas y un sandwich de pollo y queso) y un nuevo cruce con Topke y el Tibu. A la hora señalada nos subimos a un minibus que en 15 minutos nos depositó en la frontera de Kasani, adonde realizamos el doble trámite migratorio: el chau a Bolivia y el hola a Perú, con 150 metros de diferencia y el simbolismo del cambio de país. Subida a un micro en el que, como es habitual por estos parajes, se me dificultó el estiramiento de mis largas piernas.
El mismo nos llevó a la localidad de Puno (lugar donde muchos frenan por una o más noches) y allí nos repartieron los tickets (ya pagos) para el cambio de carro. Ingresamos a la terminal donde hubo que abonar una ínfima tasa de embarque de un sol a la cual, en primera instancia, nos negamos pasando el control policial - femenino - sin problemas y poco más tarde, habiendo reingresado y observado un policía de sexo masculino un tanto más rudo a la vista, decidimos que lo mejor era cumplir la ley por si acaso. Mucho más sabiendo que gran parte de los viajantes la había gatillado (excepto los dos argentinos amigos a los cuales parecimos, únicamente en ese aspecto particular, llevarles la corriente).
La empresa Libertad era la indicada, la que nos llevaría a ese lugar de ensueño, aún desconocido, intitulado Cusco. Demoras irritantes, muchas paradas y la incomodidad normal fueron las características centrales de un viaje poco agradable, salvo en el momento del sueño. El destino inmediato revertía ese diminuto malestar. Las satisfacciones estaban al alcance de la mano. Sólo era cuestión de paciencia.
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Últimos comentarios
martindaco dice:
Bueno, pues aquí tampoco termina....
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