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Presentes de lucha, pasados de gloria: Un viaje a través del tiempo, la resistencia y la libertad
Escribe: osorojo
La mística y el sentir revolucionario de una Bolivia que resiste y construye. El impacto frente a esa maravilla que es el Lago Titicaca. La sensación de quedarse sin palabras en cada centímetro del magnánimo Cusco. Sus calles esconden una historia y una cultura riquísimas. Machu Picchu, qué más agregar. Sólo contemplarlo con ojos bien abiertos, corazones dispuestos a latir y alas desplegándose para volar. Un sinfín de imágenes junto a la persona que más amo en el mundo. Un...
Lago en el cielo
Copacabana, Bolivia — martes, 27 de enero de 2009
Compramos una agua grande, si no me equivoco unas Mabel, el termo se había caído golpeándose duramente y se complicó su funcionamiento, aunque con paciencia se pudo lograr una buena cebada (de cualquier manera, no circuló una cantidad exorbitante de mates). Tardó una media hora en arrancar el micro y ni bien se sintió el ruido del motor acelerando, se armó un truco entre los osos, con una apuesta helada: aquel que perdía se metía (primero) al Lago Titicaca. Como corresponde, se hizo al mejor de 3. Tremenda falta envido de Maru 33 a 32 (cantada por mí) estando en malas para el 1 a 0; ya en un duelo más conservador, Seba consiguió el empate, aunque en el definitivo, la osa le sumó a su táctica de "cantar el envido siempre" mucho número del estilo 7 de espada o ancho de espada para liquidarme sin concesiones. Llegamos al estrecho de Tiquina y tuvimos que cruzar en lancha contemplando la inmensidad del lago más alto del mundo, impecablemente azul.
El micro se subió a otro barco y en 15 minutos nos volvimos a encontrar del otro lado del lago para continuar viaje. A las 16 llegamos finalmente a la ciudad de Copacabana. Mochilas a la espalda, vistazos generales de la feria de la Plaza y de la arábiga Iglesia, y a buscar la data impresa del Hostel Emperador (a priori, más barato y con mejor calificación web que el clásico Brisas). Repitiendo la calle que nos hospedó en La Paz, Murillo nos recibió de cara a la única noche copacabanense. Era un lindo hostel con patiecito, cama matrimonial y tal como venía la rotación (que recién se rompería en Cusco, aunque a lo largo de la estadía habría un empate clavado), era el turno del baño privado.
También tenía una vista extraordinaria desde los balcones y principalmente, subiendo a la terraza. Fuimos a caminar un rato por la ciudad, pispeando la feria (sería el lugar donde comenzaría la andanada de regalos propios y ajenos) y nos encaminamos hacia la costa, pero con el objetivo central de almorzar. Eran casi las 5 de la tarde y era posible que se complicara el asunto, pese a ser una zona - la cuadra central por la que se baja a la playa - preponderamente gastronómica y con ambientes hermosos de mucha madera y mucha magia, más aún - lo cual sería efectivamente comprobado - al caer la noche. Sin embargo, hallamos un restaurant donde pudimos comer, lo cual se disfrutó notablemente. Medio lomo para cada uno (de más está decir las papas fritas y el arroz acompañando, agregando el huevo frito que el oso probó sin ton ni son) que nos revivió el espíritu después del viaje. Ahora sí: camino a la orilla del lago en busca del atardecer.
La Osa descubrió que tenía un poco de frío y sintió que necesitaba un abrigo, con lo cual volvimos al hostel y rápidamente retornamos hacia uno de esos instantes que pueden volverse imperdibles. Pasear cautivados (de la mano, besándonos, acariciándonos) por ese Lago mientras el sol comienza a despedirse - brindándonos un atardecer brillante y furiosamente amarillo - es una de esas sensaciones irrepetibles que merecen ser vividas. Los barquitos anclados en la orilla, otros navegando (a lo Rosedal), un perro acompañante (lindo, juguetón, de esos que me encantan aunque ciertamente me fastidian un poco), fotos que serían un reflejo contundente de la belleza del lugar. El Titicaca se entregaba manso, transparente e inmenso a nuestros abrazos y adoración. Lentamente se aproximó la noche y con ella, la vuelta al pueblo. Cambiamos plata, aseguramos los viajes a la Isla del Sol (parte Norte) y a Cusco y apareció entre los osos la fiebre del consumo.
Campera fascinante para el Oso (naranja y negro lujuriosos), hermoso bolsito para la Osa, aguayo para la mesa del patio, llamador de ángeles, bufanda de alpaca para Chris y un sinfín de azucareritas, que iniciaban su imparable camino de encandilamiento maruchistico. Como no podía ser de otra manera, teniendo en cuenta el horario, fuimos en busca de la segunda comida del día. Había una opción casi excluyente, que nos llamaba a gritos: la elegante señora "trucha". Y en el lugar donde nos sentamos a cenar hicimos una combinación poderosa. Un menú de los habituales más una trucha al ajillo que compartimos entre los dos, tomándonos una Bock. Un antes y un después en lo que a gustos respecta. El escritor se volvió desesperadamente fanático de ese manjar laguno, que nunca había tenido el exquisito placer de probar. Con las pancitas llenas, el lago que arrastraba una suave ventolina y la certeza del horario mañanero de la lancha al norte de la Isla soleada nos encaminamos hacia el hostel.
Andrés aún no había abandonado a la Osa y por lo tanto, habría que esperar para disfrutar de ese acto maravilloso denominado "hacer el amor". Por supuesto, nada es exactamente lo que parece. Desde que comenzó este inolvidable recorrido, ni un instante hizo que se detenga la pasión. Si el amor se hace y se siente volando, estos compañeros se viven graduando en artes aladas. El vuelo les encanta y los seduce. Y en este capítulo, un lago en el cielo fue su regalo.
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Últimos comentarios
elisabethcarreraspaz dice:
Gracias por compartir tu diario.... me gustó muchisimo como escribes sobre mi tierra....gracias amigo
Publicado
martindaco dice:
Bueno he llegado hasta el final, y tengo que decir:
¡Bendita juventud!
Me has recordado el mismo entusiasmo que tuve recorriendo Nicaragua justo después de su revolución....era el año 1981, lleno de proyectos y promesas, en plena campaña de alfabetización...
Hoy son solo unos cuantos sueños rotos
Felicidades por tu viaje y gracias por contárnoslo
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Pasajero(s) en trance
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Cuando la noche es más oscura, se viene el día en tu corazón
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Lago en el cielo
Copacabana, Bolivia | 27 de enero de 2009
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En Copacabana...
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