Diarios de viaje > Bolivia, América del Sur
El Viaje II: Bolivia
Escribe: viajaconmigo
Los invito a compartir El Viaje; en este caso, la parte dedicada a Bolivia. No sé cuando terminará, ni por donde nos llevará exactamente. Pero mientras dure, viajen conmigo.
Asi nace este diario. Pensando en mantener informada a la gente querida de los lugares en donde iré pasando, tratando de reflejar en palabras ciudades y personajes que me vaya encontrando en el camino. Los invito a viajar conmigo.
La Isla del Sol
Copacabana, Bolivia — sábado, 25 de julio de 2009
Copacabana es también una ciudad netamente turística, y por ello, la vida “real” de quienes viven allí es un poco más difícil de conocer.
Aquí hay muchos turistas que viajan sin un peso, y se quedan a trabajar por un tiempo, o de gente que le gustó el lugar y se quedó por algunos años.
Buscando donde almorzar conocí al Pelado… (nota: acá seguro algún lector de mente soez va a hacer algún chiste, pero bueno, uno no elige su público), un argentino que está hace ya bastante tiempo aquí, y que trabaja atrayendo gente para que coma en un restaurant. Converso un rato y se me ocurre preguntarle si suelen hacer algo a la noche, con sus conocidos. Me contesta que se juntan siempre en lo de Tom. Le digo que esa noche lo veo allí y me despido, ya que el comedor del Pelado no llena mis expectativas.
En los días que pasé en Copacabana, aproveche a comer trucha. La trucha Arco Iris y el Pejerrey fueron introducidos artificialmente en el lago, la primera se adaptó mucho mejor y es más frecuente, la mayoría de las truchas que se sirven son de criaderos que están en el mismo lago.
Uno puede comer una trucha entera, con su guarnición, por 18 Bvs. en los comedorcitos que hay en el muelle, o por 15 en el mercado.
Volviendo de allí, se me da por entrar en la Catedral. La verdad es que les estoy escapando un poco a las iglesias, me interesa la parte histórica, pero no me impresionan demasiado las iglesias en sí mismas.
La figura de la virgen de Copacabana, tiene de todos modos, una linda historia.
Resulta que un nieto del emperador Inca Tupac Yupanqui, (cuyo nombre fue Francisco Tito Yupanqui), se las daba de artista, e hizo en arcilla una figura de la virgen que era realmente un mamarracho. La cosa es que los pobladores no tuvieron demasiados pelos en la lengua y directamente le dijeron que no iban a poner “eso” como la figura de la virgen. Lo raro, es que don Tito, en lugar de desanimarse, viajó a Potosí, en donde se dedicó a perfeccionar sus conocimientos en escultura, y así fue que volvió a la carga con otra imagen de la virgen, esta vez en madera.
Así fue como llegó a Copacabana La Virgen Morena del Lago. Una vez que estaba instalada en su altar, los milagros comenzaron a suceder, así que se decidió construirle una iglesia alrededor, que terminó siendo la actual catedral de Copacabana. De todos modos, la Virgen no es la que ven en la foto de picasa y que ocupa el altar mayor, ya que se encuentra en una sala especial, subiendo unas escaleras. Dicen que si la virgen es movida de su lugar, el lago tendrá una devastadora crecida inundando la ciudad.
Continuando con lo de la catedral, tiene en la parte exterior un cierto estilo morisco, y el altar principal es muy suntuoso, detrás y al costado del mismo se pueden observar varias obras de arte que (obviamente) alguien mejor preparado que un servidor, seguramente encontraría fascinante. También tienen 2 loros en la puerta principal, uno en cada reja, los loritos dicen un par de cosas y presentan para mí toda una rareza en la entrada de una catedral tan importante como esta.
Al salir de allí, pude presenciar la “bendición de movilidades”, que es básicamente cuando los dueños de los coches piden a la virgen que los proteja en sus viajes. Es también algo muy colorido, ya que embellecen los autos con flores y cintas, y también chayan pidiendo la
bendición a la virgen y a la Pacha. Como diría Llocatel, sincretismo puro.
Llega la noche y me dispongo a ir a lo de Tom, que es el pub “Nemo´s”. Encuentro una atmósfera interesante. Como asiduos, están Eloísa y Andrés (ella argentina y él alemán). El pelado, Willy (un ecuatoriano que trabaja por allí) y por supuesto… Tom; un inglés que hace ya 8 años que pasó por allí y ya no se fue. No se guíen por la cara de serio de Tom. Es un muy buen tipo.
Si pasan por allí, pidan el “té con té”, que es básicamente un té con un vaso de singani (una bebida local). Para los lectores cordobeses… Tom tiene fernét Branca; lo tiene un poco caro, pero bueno…
Además, pueden también pedir cartas, dados, o alguna otra cosa para pasar el tiempo. Por último, allí pueden pedirse una pizza que la traen del local contiguo “La Posta”. La mejor pizza que comí en Bolivia y Perú, y tampoco tan cara, aunque en mi viaje entre en la categoría de “gustos dados”.
Durante los días que estuve, me estuve fijando si no encontraba a Lala y a María, mis amigas de Coroico, ya que sabía que ya debían de haber cruzado a Perú hacía rato, y tenían intención de quedarse unos días en Copacabana antes de que María emprendiera su regreso a Argentina, y Lala volviera a Coroico para el bautismo de su próximo ahijado. Bueno, será que finalmente no se quedaron por acá, pensé.
Al día siguiente decidí que ya era hora de ir a la isla del sol. Ya tenía mi itinerario definido. Iría a la parte norte, pasaría allí una noche, y caminaría luego hacia la parte sur, tranquilo, y quedándome 1 o 2 noches si me gustaba. Preparé todo, le dije a mi casero que me despertara a las 7:30 (8:30 salen los barcos) y me fui a lo de Tom a hacer sociales, como corresponde.
No contaba con que esa noche Andrés estuviese más conversador que de costumbre, y con más ganas de beber. Después de los 2 fernets que yo tenía planeado tomar (que fácilmente se hicieron 3), Andrés pidió una ronda de singani, que por supuesto tuve que devolver. La cosa es que salí de allí a las 3 de la mañana y con la primera (y única hasta aquí) borrachera del viaje. Imaginarán lo que sucedió cuando mi casero me tocó la puerta a las 7:30… ni siquiera pude ubicar el punto al que le grité que iría mas tarde.
Me desperté a las 11 y con una batucada en la cabeza y el estómago. Abrí la puerta y salí al torbellino de luz y ruidos que me pareció la mañana. Consulté con Daniel (el casero), quien me dijo que había otro barco a las 13:30.
El tiempo que tenía lo invertí en buscar durante 40 minutos algún lugar que vendiese una coca cola fría. Algunos entenderán la necesidad imperiosa que yo sentía, de apagar el incendio de ese modo. El tema es que gracias a la altura, aquí se vive casi como en un freezer, así que es raro conseguir alguien que tenga heladera, la mayoría toma las cosas “al tiempo”. Finalmente pagué 8 Bvs. por una coca de litro… fue carísimo y no la terminé, pero cuando necesitás algo… lo necesitás.
Volví a tiempo para dejar mi mochila grande en el hotel, y comprarle a Daniel el pasaje. Discutimos un rato porque me decía que no podía ir a la parte norte, que allí no había hostels. Como yo sabía que eso no era así, no cedí, y le dije que me vendiera para la parte norte si o si. Finalmente salí orgulloso con mi pasaje hacia la parte norte de la isla del sol, el dinero para estar unos 2 o 3 días, y mi mochila pequeña hacia el embarcadero. Solo para encontrarme que en el barco me dijeron
- A esta hora no vamos hasta la parte norte de la isla.
-Grrrr…bueno, si el universo quiere llevarme a la parte sur, iremos allí, pensé un poco fastidiado.
El trayecto hacia la isla fue interesante. El Titicaca es muy bello, y los paisajes se suceden dispuestos a asombrarte. De todos modos, cuando ya llevas una hora en el catamarán, es como que la magia se va disipando un poco. Llegamos a la isla luego de unas 2 horas y algo de navegación.
Ya me habían avisado que en la isla del sol, me cobrarían 3 veces, unos 25 Bvs. en total. Ni bien bajé del barco pude confirmar eso, ya que había gente cobrándote los primeros 5 bolis apenas tocas tierra firme.
Yo la verdad estaba bastante renegado con algunas de estas situaciones en las que te cobran sin saber muy bien por que, así que me dije que lo pagaría después y pasé por atrás de una europea que estaba pagando, cuando esté más tranquilo me van a cobrar y a informar debidamente, me dije.
Así encaré las escaleras de la parte sur. De a poco y con paciencia fui subiendo, disfrutando de las espectaculares vistas que ofrece la isla. Aquí el lago, mas allá la isla de la luna, y de fondo, la cordillera del tunari… increíble. La lonely planet de Fer, me decía que desde el hostel “el palacio del inca” tendría una vista hacia ambos lados de la isla. Obvio, ello significaba no quedarme en alguno de los bellos hostales de la ladera, sino que debía llegar a la cima de la parte sur de la isla. Con mi bastón en mano y descansando en casi cada recodo fui subiendo hasta que pude ver el otro lado.
Preguntando varias veces, obtuve al fin la localización del famoso hotel. Antes de llegar, pasé por uno que estaba muy bien, tenía vista a la parte menos conocida del lago, y podías ver algunas habitaciones desde las que ni siquiera tenías que salir de la cama para contemplar el Titicaca al amanecer. El precio era de 30 Bvs. sin regatear, así que supuse que podía quedar en 25. No obstante, no decidiría hasta tanto no llegara al (ya a esas alturas mítico) Palacio del Inca.
NACHO Y PATO
Cuando llegué me decepcionó un poco. El patio no estaba para anda bien arreglado, tenía la mitad ocupado por un gran pozo, como que estuviese en obras, y se adivinaba bastante básico. Solo las habitaciones, ninguna linda terraza con mesas, como si había visto en otros hostales, ni indicios de que hubiese cocina. Además, no había nadie…; pero nadie. No estaba quien atendía ni ningún huésped a la vista. Ya me estaba volviendo, poniendo de nuevo en su lugar un tronco cortado que hacía las veces de tranquera, cuando veo que una joven pareja se acerca.
- Hola amigo!, ¿andás buscando alojamiento?. La tonada me indicaba que había encontrado un argentino, pero no de Buenos Aires.
- Si, estaba viendo, ¿de donde son? – pregunté.
- De Córdoba.
- ¡No! – jajá, enseguida hubo una muy buena conexión con Nacho y Patricia. Nos sentamos a tomar unos mates mientras atardecía, a contarnos que andábamos haciendo y yo a averiguar cómo era el hotel.
- ¿Cómo hacen con las comidas? – pregunté - ¿Compran algo por acá?
- Mirá, a la noche solemos hacer un fueguito y nos cocinamos algo, hoy pensábamos hacer una sopa y algo de puré, si te gusta, comé con nosotros.
Fue todo lo que necesitaba para decidirme por quedarme allí, saber que estaba con gente generosa y abierta con los demás viajeros.
- Bueno, tá. Pero me gustaría poner algo yo también.
- Bueno, si te querés comprar un vinito…
-¡Siiiiii!… había encontrado mi lugar en la isla del sol.
El hotel resulto básico en algunos sentidos, pero las habitaciones estaban muy bien, una cama de 2 plazas cómoda, buenos acolchados, y una vista del lago que yo aprovechaba cada mañana cuando me quedaba despierto durante una hora, antes de levantarme, solo escuchando música y mirando hacia afuera. No tenía enchufes en las habitaciones, y había que pedirle a don Dionisio que dejara afuera un prolongador cuando se fuese a trabajar; para poner a recargar pilas o cosas por el estilo.
Esa noche, estábamos haciendo la sopa y Nacho decía lo bueno que hubiese estado tener unos saquitos de té para después de la cena. Al rato llegó una parejita de Santacruceños que habían calculado mal y estaban volviendo de la parte norte, ya a oscuras. El estaba descompuesto, y venían bastante cansados. Nacho los recibió igual que a mí, ofreciéndoles agua, sopa caliente para mitigar el frío, que compartiéramos la cena… en fin. Los chicos solo aceptaron el agua, ya que él, no estaba en condiciones de comer nada, descansaron un rato y se fueron; no sin antes dejarnos de regalo unos saquitos de té en agradecimiento.
- ¿Ves? Pedile a la pacha en voz alta y ella te va a dar lo que necesites.
La comida fue realmente básica, pero para mí la sopa fue como comerme un asado con amigos. Charlamos de Córdoba, de lo que cada uno hacía, y de un montón de lugares en común. Bueno, ustedes se imaginarán.
El despertar en el hostel fue espectacular, abrí las cortinas y desde la cama podía ver el lago, la isla de la luna y la cordillera del tunari (que no recuerdo como se llama).
Ese día conocí a Alejandro Espíndola, y si es uno de los pocos que nombro con apellido, es porque creo que en algún momento le llegará el reconocimiento artístico por lo que hace.
Alejandro vive en Bolivia hace tres años, forma ya parte de la comunidad que está al sur de la Isla. Le pregunto que hace y me cuenta que pinta, y que hace carteles y cosas por el estilo para poder pagar el alojamiento allí. Mientras tanto, desarrolla su propio estilo en plástica. Me muestra algunas cosas en las que trabaja, y me parecen súper interesantes, independientemente de mi ignorancia casi total en la materia. Me cae bien Alejandro. Me he preguntado mucho el porqué, ya que en un montón de aspectos estamos en extremos opuestos. Creo que es porque hay algo esencial en las personas, que no tiene que ver con su profesión, ni ideas políticas, ni estilo de vida. Todas estas cosas son capas de pintura, que seguramente agregan cosas, pero que también ocultan cosas a quien no consiga ver debajo de ellas.
El segundo día en el hostel también es muy bueno para mí. Converso con alguna gente del lugar, intercambio algunas historias con Nacho, y conozco a Jocelyn y a Reina. Dos bellas hermanitas que tienen su casa detrás del hotel, son súper curiosas, y pasada la vergüenza inicial nos llaman a mi o a Nacho cada vez que nos ven, aunque mas no sea para intercambiar saludos.
Uno les pregunta cosas triviales, como que van a comer, o a que van hasta la tienda, y ellas responden que a comprar huevos, o un poco de pollo. Se las continúa notando tímidas, ya que nunca vienen hasta el patio del hotel para charlar, pero no pierden ninguna oportunidad para al menos decirte chau, y la verdad es que me fascina poder charlar y saber un poco más como es la vida allí.
Es la noche de San Juan, y las hogueras se multiplican a medida que la luz se va desvaneciendo. Se me está acabando el dinero, así que planeo salir al otro día hacia la parte norte, y tomar allí el barco de regreso. La verdad es que me apena irme, ya que me siento muy cómodo con la gente que encontré allí. Pienso bastante en si viajo a través de los paisajes que veo o a través de las personas que me encuentro.
Llega Alejandro para que hagamos la cena que nos prometimos comer durante la charla de la mañana.
Hablando del viaje, le cuento de mis dos amigas “coroiqueñas” de las que no tengo ninguna foto, y de mis vanas esperanzas de volver a encontrarlas por Copacabana. Cuando le digo el nombre me dice..
- Están acá.
- ¿Cómo? – le respondí sorprendido
- María y Lala están acá, en el mismo lugar donde me alojo yo, en la parte sur, pero no en el embarcadero principal, sino del otro lado.
Rápidamente pensé en que no me daría el tiempo para visitar el lugar en donde estas muchachas estaban, y al mismo tiempo ir a la parte norte. Así que decidía que al otro día bajaría hacia el hostal de Alejandro y directamente me volvería desde allí. Inmediatamente Nacho y Pato se sumaron a la idea, y dijeron que nos visitarían, así almorzábamos algo, así que aún más contento me puse. Nos fuimos a dormir bastante tarde, después de 2 botellitas de vino argentino que tomamos con la cena. Al otro día me esperaba una linda caminata. Lo que no sabía era que también el lago me tenía deparada una sorpresa…
|
Publicado |
|
Últimos comentarios
Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o inicia sesión aquí
Capítulos de este diario
-
1
De Còrdoba a Villazòn
-
2
Villazón - Uyuni
-
3
Uyuni
-
4
Potosí y el Cerro Rico
-
5
Potosí: La fiesta del Espìritu
-
6
Sucre
-
7
Cochabamba
Cochabamba, Bolivia | 2 de junio de 2009
-
8
La Paz: una ciudad tomada
-
9
Viajando hacia "Los Yungas"
-
10
Rurre - Las Pampas - día 1
Rurrenabaque, Bolivia | 13 de junio de 2009
-
11
Rurre - Las Pampas - día 2 y 3
Rurrenabaque, Bolivia | 15 de junio de 2009
-
12
Copacabana - Lago Titicaca
Copacabana, Bolivia | 24 de junio de 2009
-
13
La Isla del Sol
Copacabana, Bolivia | 25 de julio de 2009
-
14
Isla del sol - adios a Bolivia
Copacabana, Bolivia | 27 de mayo de 2009
En Copacabana...
¡Compártelo con tus amigos!
¿Quieres compartir tu capítulo “La Isla del Sol” con tus amigos en Facebook?