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Por las tierras de los incas...

Escribe: tupos
Nuestro principal objetivo al empezar este viaje era conocer la mítica ciudadela de los incas, Machupicchu... pero en el camino encontramos lugares maravillosos, y nos convencimos una vez más de que viajar y tener la oportunidad de conocer otras culturas y realidades te hacer crecer... No incluimos muchas impresiones ni sensaciones, más que nada dato útiles para otros viajeros, ya lo verán ustedes con sus propios ojos y lo disfrutarán con sus propios sentidos...

 

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Copacabana y la Isla del Sol...

Copacabana, Bolivia — miércoles, 24 de marzo de 2010

Al amanecer despertamos en Puno, y por la carretera podíamos apreciar lo increíble que se veía el lago desde esa zona del Perú. Con sus paisajes llenos de verde, rodeados de cerros y de fondo el lago en todo su esplendor. Después de un par de horas aparece un auxiliar del bus que nos informa que las personas que se dirigen a Copacabana debían bajarse en un punto de la carreta para hacer una especie de transbordo, cosa que nos resultó algo extraña. En fin, nos bajamos con un grupo de argentinos y una señora aymara que nos llevó hasta el furgón de transbordo, el cual estaba lleno de gente local hablando sus lenguas originarias que claramente no entendíamos y con sus vestimentas típicas.

En la zona fronteriza cambiamos los soles que nos quedaban por bolivianos, además de algunos dólares. Luego fuimos a la aduana peruana donde necesitábamos una serie de documentos y fotocopias de todo, así que volvimos al lugar donde habíamos cambiado el dinero, que tenía también fotocopiadora y logramos hacer todos los trámites. Nos llamó la atención que en la aduana boliviana ni siquiera nos revisaran las mochilas, y que con suerte miraron nuestra tarjeta migratoria.

Cruzando un arco ya estábamos en Copacabana. Lo primero que hicimos fue buscar alojamiento, junto al grupo de argentinos que habíamos conocido anteriormente. Después de preguntar en varios hoteles, que por cierto eran bastante caros, llegamos a un hotel que si bien no estaba al lado del lago, tenía una bonita vista hacia éste y era considerablemente más barato. La pieza era bien cómoda y espaciosa, teníamos baño privado y cable, además de una gran ventana.

Después de descansar un rato y ducharnos, salimos a buscar algún lugar para comer. Decidimos tomar desayuno, porque aún era temprano y optamos por un pequeño y rústico local a orillas del lago. Por 12 bolivianos comimos unas tostadas con margarina y distintos tipos de mermelada, además de una paila con huevos y un chocolate caliente. 

Luego caminamos por el borde costero, apreciando la belleza del lugar y la inmensidad del lago, que no notaríamos totalmente sino hasta el otro día. Después de eso subimos (Porque las calles van en subida, lo que hacía agotador caminar por la altura), fuimos a una oficina turística donde no obtuvimos más que un mapa, pero al frente estaban los locales donde te ofrecían ir a la Isla del Sol y la Isla de la Luna. Después de comprobar que los precios eran iguales (25 bs, pero normalmente lo rebajaban a 40 bs p/p), tomamos uno hacia la Isla del Sol, que ya nos habían recomendado.

El resto del día lo pasamos recorriendo el pueblo, almorzamos en uno de los lugares más baratos, pero la comida no era muy rica. Fuimos nuevamente a la orilla del lago y en un carrito que había por ahí nos compramos una cerveza local cuya botella pasaría a formar parte de nuestra colección. El ambiente en aquel lugar era bastante grato, habían distintos grupos de personas, algunos tocando música, muchos cantando y otros simplemente conversando.

Mas tarde y para variar, recorrimos las ferias artesanales llevándonos más de alguna cosa, y nos gustó mucho la iglesia, que tiene aspecto de ser mezquita por fuera, todo era blanco, y con esas nubes tan características de Bolivia te hacía sentir en otro lugar. Por dentro no era menos impresionante, tenía algunos detalles en madera y el altar era completamente dorado. No permitían sacar fotos, pero aun así los turistas, incluidos nosotros sacamos algunas, naturalmente sin flash.

Por la noche fuimos a comer nuevamente, pero esta vez nos aseguramos con una pizza, que si mal no recuerdo nos costó 40 bs. El restaurant era muy bonito, las mesas estaban decoradas con velas y la atención buenísima, además de que las pizzas eran muy ricas.
Al día siguiente nos levantamos temprano, ya que a las 8:30 partía el barquito que nos llevaría a la isla. Tenía asientos cubiertos en la parte de abajo, y arriba unos bancos, pero aún con eso no alcanzaba a sentarse toda la gente. Optamos por irnos arriba porque veríamos mejor y podríamos sentir la brisa, pero ya avanzado un poco el trayecto el tiempo se tornó complicado y la lluvia terminó por hacerlos bajar a todos saturando el primer nivel de la embarcación.

Un poco apretados finalmente llegamos a la parte norte de la Isla del Sol. Ya no llovía, pero hacía mucho frío. Nos recibió un guía que nos mostró un pequeño museo mientras nos contaba algo de la historia del lugar. Luego, él mismo nos llevó a recorrer la parte norte de la Isla, relatando diferentes sucesos y el modo en que ahí se vivía. A medida que caminábamos, nos dio calor rápidamente, y además íbamos de subida, lo que sumado a la altura nos cansaba bastante. 

Pasamos por un portal de mucha antigüedad que era el comienzo de la caminata a las ruinas preincaicas, literalmente al atravesar este arco nos trasladamos en el tiempo. El camino estaba intacto, el lugar lleno de terrazas de cultivo que los lugareños aún utilizaban. Cuando llegamos a una de las vistas principales logramos ver de forma panorámica el gran lago Titicaca, y pasamos por unos montículos de piedra ceremonial. También existía una gran piedra que representaba al místico dios Viracocha, y después de una extensa cátedra de nuestro guía acerca de eso, fuimos a unas ruinas que estaban muy bien mantenidas, la data de éstas era de mucho tiempo antes que Machupicchu y tenía una cercanía muy marcada a la cultura Inca, pero éstas pertenecían a la llamada cultura Tiwanaku. Al terminar, el guía pidió a todo el grupo una colaboración monetaria, no obligatoria, pero si recomendando el monto del aporte y después nos dio la libertad de recorrer las ruinas.

Luego de esta espectacular visita a estos antiguos templos teníamos que regresar al barco, y rápidamente, porque tenía una hora determinada para zarpar y como existía la opción de quedarse en la isla, no nos esperarían. Finalmente pudimos abordar el barco, que se dirigía a la parte sur de la isla. Los que quisieran podían llegar a la parte sur caminando, donde los recogería nuevamente el barco para volver a Copacabana, aunque era una bonita alternativa para conocer completamente la isla siendo realistas no alcanzaríamos a llegar a tiempo, sobre todo porque aún no nos acostumbrábamos completamente a la altura y eso hacía que nos cansáramos excesivamente. Así que llegamos en barco a la parte sur, donde había una especie de muelle para desembarcar.

Lo primero que hacen los lugareños al bajarte es cobrar por subir la bella escalera que te da la vista de la parte norte de la isla y comienza el camino para llegar a la parte sur a pie. Muchos turistas se molestaron un poco y se negaron a pagar pasando por los costados o simplemente quedándose abajo. A nosotros tampoco nos agradaba la idea de pagar cada vez que nos bajáramos, de todas formas lo hicimos, aunque ni siquiera pudimos llegar al final de la escalera porque el tiempo no era mucho y debíamos volver a la embarcación.
Sin duda esta isla en particular fue uno de los lugares más increíbles y mágicos de todo nuestro viaje, el regreso en el barco lo hicimos en la parte panorámica y la verdad es que fue espectacular, un sol muy fuerte acompañó la travesía que contaba con personas de todas partes, muchos argentinos, pero también europeos, chilenos y personas de Bolivia.

Llegamos a las islas flotantes de totora y la verdad es que eran muy llamativas y nos deja en evidencia que los artesanos del lugar son muy buenos. La isla era completamente de este totora y tenia pequeñas chozas e incluso una mini parroquia del mismo material. Nosotros no bajamos por que había que pagar también, pero la verdad es que desde el barco se podía ver muy bien el lugar y tomar fotografías de buena calidad. Ningún turista extranjero quiso bajar, sí lo hizo una familia boliviana que aprovecho para comer y tomar fotos. Después de este último tramo regresamos a Copacabana y naturalmente el viaje en este barco fue precioso en cada minuto que pasaba. Al llegar a la playa del lago fuimos en busca de algo de comer, era muy tarde (5 PM) y no comíamos desde las 8 de la mañana, encontramos un local que era pequeño donde vendían unas hamburguesas muy ricas y baratas. Este tentempié logró calmar nuestra hambre y fuimos en busca de nuestras mochilas y comprar los pasajes con destino a la Paz.

Al tener los pasajes esperamos el bus en la Plaza de la ciudad y una vez más estábamos acompañados de muchos turistas, el costo de este tramo es bajísimo y no exento de aventura.

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Últimos comentarios

Norkamor dice:
Te sigo, pero deberías darnos pistas, como recomendar el hotel y el nombre de los sitios donde se puede comer
Publicado

shadetva dice:
Bueno lamento decirte que por no pagar el ingreso te perdiste de un museo, la piedra del sacrificio, el pie de dios y todo el circuito de pie que es buenísimo, el costo del tickete no es mucho comparado con lo que se paga en otros países y sirve para el mantenimiento del lugar, y por cierto se paga uno solo después puedes mostrar el tickete para entrar a las ruinas en la isla del sol. Para Norkamor tengo detalles de precios y lugares en mi diario http://www.viajeros.com/diarios/copacabana-3/copacabana-por-fin
Publicado

tupos dice:
Sí pagamos para ver las ruinas de la isla, no sé si son las mismas que nos comentas tú.. lo que no hicimos fue caminar desde la parte norte a la parte sur, y no pagamos para bajar en una pequeña isla flotante de totora ...
Lo que no pudimos hacer si, fue ir a Tiwanaku.. una lástima, veo que tú sí lo hiciste!

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