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Por los caminos del Inka

Escribe: AntoNa
Embotada en mi vida cotidiana resolví darle un respiro a mis ganas... Decidí aventurarme y volar. Volar por aquellos senderos que antaño fueron esplendor. Recorrer paisajes mochila al hombro de lo que fueron tierras testigo de historias milenarias, de guerras y conquistas, de victorias y lealtad. Simplemente, dejarme llevar por las sendas que antiguamente anunciaron el paso de aquellos, hoy, viejos Inkas.

 

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Cerca del sol...

Copacabana, Bolivia — jueves, 18 de febrero de 2010

Partimos hacia Copacabana desde el cementerio, a las 10:30 hs mediante la empresa 2 de febrero, a 15 bs cada pasaje.

            El día estaba gris...bastante frío.  Llovía tímidamente.

            El trayecto fue de lo más variado.     Primero, ascendimos por la carretera alzándose ante nuestros ojos aquel gran conglomerado de casitas en tonalidades naranjas fundidas entre el pesado cielo, quien orgulloso nos celaba el majestuoso Illimani.  Luego, fue una amplia planicie de moradas apartadas, a veces secundadas por estrechos riachos, hasta que orgulloso por fin emergió esplendoroso el ansiado Titicaca.

            Era magnífico verle, incluso ante la bruma -la cual le daba un toque cuasi místico-; a estas alturas, la lluvia volvió, pero de forma aguda.

            Bajamos para hacer trasbordo -a 1,50 bs- y tomamos una pequeña embarcación.  No logramos ponernos todos bajo techo, sin embargo, aunque estaba toda empapada y con mucho frío; el recorrido me pareció excitante.  El suave oleaje, el lago, la bruma, la lluvia; todo contribuía a que aquello pareciera salido de un cuento.

            Concluido el trayecto, esperamos a que llegue el cole, de allí a seguir nuestro viaje.  La lluvia no nos daba tregua.

            Cerca de las 13:30 hs empezó a divisarse aquel mágico pueblito, entre curvas y más curvas de la carretera.  El viaje estaba siendo insoportable, ya no podía más con mi estómago revuelto.  Por suerte, el agua había cesado.

            La parada, era en uno de los lados de la plaza.  Allí bajamos y comenzamos a caminar en busca de un hospedaje que nos habían recomendado.  Seguimos por la avenida 6 de agosto, encantadora y colorida.  A cada lado se disputaban numerosos puestos, la venta de sus hermosas artesanías.

            Proseguimos unas cuadras más hasta ver un lavarropas y un cartel que anunciaba servicio de Laudry, era sin dudas allí donde se encontraba el alojamiento - no recuerdo ahora el nombre del mismo-.  Preguntamos por la disponibilidad de camas, solo logramos conseguir una matrimonial, baño privado, sin desayuno a 40 bs las dos.  Habitación limpia, pintoresca.

            Como teníamos mucha hambre y en todo nuestro viaje, el último plato fuerte fue en Jujuy - ya que transitamos Bolivia con tremenda descompostura-, decidimos buscar un comedor para volver a saborear algo que no sean galletas con queso!!! Que por cierto, ya habían perdido su encanto...  Decidimos entrar al comedor Vicuña -allí por la 6 de agosto-, donde los platos fueron prometedores.  El menú, 25 bs - milanga de pollo, ensalada, arroz y jugo licuado; para los amantes de los peces, truchas en mila con ensalada al mismo precio.

            El resto del día lo pasamos recorriendo la ciudad y comprando presentes.  Fuimos hasta la costanera... totalmente increíble; botes, lanchas, botecitos a pedales, personas; todos aglutinados dando vida a ese lugar.  El lago, continuaba dueño de grandiosa belleza.  A nuestra vuelta, recorrimos la Plaza y ante creciente incertidumbre nos cruzamos la calle para ver una ceremonia que hacían frente a la Iglesia:  No podíamos creer, los coches eran adornados con guirnaldas de flores, luego, rociados con sidra, acompañados de petardos.  Preguntamos a qué se debía aquello; nos contestaron que era una bendición para el viaje de éstos.

            Como estábamos frente, ingresamos al templo a conocer a la virgen de Copacabana.  De allí al hotel.

            Por la noche, salimos a comer, pero esta vez frente al comedor del mediodía.  El precio del plato no varió demasiado. No pudimos dejar de acompañarlo con una paceña - cómo íbamos a despedirnos de Bolivia sin probarla!!-.

            A la mañana siguiente, debíamos estar a las 8 a.m. en la costanera para embarcarnos en Andes Amazonía con el fin de hacer el recorrido a la isla del sol parte N y S -compramos todo el paquete, ya que nos salía 20 bs; 5 más que hacer solo la parte sur-; teníamos un despelote con los horarios.... No llevamos reloj y mi celular cambiaba automáticamente de hora cada vez que nos acercábamos a frontera; por suerte Lili llevó un MP4 que nos sacó de dudas ya que si nos guiábamos por mi teléfono de seguro perdíamos el viaje.

            Partimos cerca de media hora después, hacía mucho frío y lloviznaba cada vez con más intensidad.  El lago estaba todo crespo.  Subimos al bote, todos abajo, y arrancamos el trayecto.  De pronto, empecé a sentirme muy mal; la barca se había convertido en un sube y baja... como odiaba eso!!, estaba tan mareada y mi estómago solo pedía basta.  Decidí aguantar un poco más... no me imaginaba que quedarían cerca de 2 horas.  Que tortura!!

            Me aconsejaron que vaya afuera, el aire me haría bien; pero, no podía ni pararme, temblaba como perro asustado.  Por suerte logré hacerlo y el resto de mi viaje fue allí en la parte trasera, totalmente desarmada, soportando los retos del chofer que quería que vaya dentro porque el motor se ahogaba.

            Cuando llegamos a la isla, el clima estaba delicioso, un sol radiante partía la tierra y las nubes se habían escondido.  Con justo derecho llevaba ese nombre!!.  Al bajar, uno puede acceder a un boleto por 10 bs para el acceso a las ruinas y a un pequeño museo que alberga materiales arqueológicos de -como dicen- la antigua ciudad sumergida.

            La isla era dueña de unas playas increíbles -nosotras no sabíamos que podía acamparse allí mismo.  Si tienen la posibilidad háganlo-.  Volviendo al recorrido, el museo era bastante pobre, solo unas pocas vitrinas en una pequeña habitación y un guía ansioso que no dejaba que terminemos de ver los materiales.  El trayecto hacia las ruinas estaba circundado por los más bonitos paisajes.  El lago, de diferentes tonalidades azules bañaba las costas.  Pequeñas islas emergían, algunas apenas perceptibles.  Nuestro guía contaba su historia haciendo algunas paradas.

            A las 15:30 hs, salía el bote hacia la parte sur.  Faltaba un poco más de media hora y aún estábamos en las ruinas.  Teníamos comprados pasajes a Cusco a las 18 hs, por lo que empezamos a apresurar la marcha.  Llegamos a tiempo para partir, pero la barca no salió hasta entrada las 4.  Por ello, decidimos no parar en la parte sur.  Sin embargo, me molestó mucho que ya hayan hecho de esto todo un negocio.  La barca paró igual obligándonos bajar y pagar una tarifa de 5 bs.  No era mucho dinero, pero la actitud jorobaba.  Así que al igual que otros turistas que tenían pasajes comprados, esperamos en la costa hasta que salga algún otro móvil.

            Dimos unas cuantas vueltas preguntando ya que no encontrábamos nuestra flota, cuando por fin lo hicimos ésta antes de llegar a Copa haría parada en las islas flotantes.  Nos queríamos morir, no sabíamos como íbamos a estar con el tiempo.  Las islas flotantes, son una burda imitación de los uros.  Una pequeña explanada de totora con unas mínimas sombrillas y 3 casitas haciendo juego -una de éstas, a punto de desmoronarse-  no había nada allí, salvo que quieras dar una vuelta en una barcaza construida del mismo material, lo demás conocido:  para bajar a estirar las piernas 2 bs.

            Llegamos a Copa a las 17:15 hs, fuimos por nuestros bolsos al hospedaje y de allí a la empresa donde habíamos comprado pasajes (La misma donde compramos la excursión a isla del sol, a 90 bs).  Nos subieron a unas combis y nos dieron los formularios para aduana, que se encontraba a escasos kilómetros.

            Allí entregamos nuestros formularios obtenidos al ingreso de Bolivia y caminamos hasta el otro puesto, donde nos recibían los nuevos.  El trámite fue rápido, allí también cambie dinero en una casa de cambio frente a la  duana (1 U$S - 2, 85 S).  Todo listo, solo restaba esperar al bus Panamericano hacia Puno, que llegaría un poco más tarde justamente por el nuevo cambio horario.

            A puno, llegamos a los 23:30 hs.  Ya estaba oscuro y nuevamente llovía a cantaros.  Nos bajaron frente a la Terminal, por lo que debimos correr bajo el agua.  Allí, nos hicieron cambio de pasajes con la empresa power que nos dejaría en Cusco.  El contingente de pasajeros era grande, por lo que algunos salieron antes y en otras empresas.

            Nuestro horario era a las 23:30 hs.  Cansados y con mucho frío, esperamos el cole, no veía las horas de dormir un rato... - no olviden cambiar dinero y comprar su tasa de embarque -1S-, sino tampoco les dejarán tomar el bus en el andén-.  Pero, me había tocado la última fila de asientos, me quería morir!!, no se inclinaban,  como iba a sufrir por mi espalda ahora, pero bue; la recompensa valdría así que a descansar como se pueda!!

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Últimos comentarios

carolag dice:
Que tal Antona?? quisiera saber si es conveniente viajar con pesos o dolares, voy a hacer aproximadamente el mismo viaje pero comenzando desde La Paz, aguardo tu respuesta!!!
MuchaS gRACIAS
Carola

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Majestuoso emergía ante mis ojos, don Titicaca.

   

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