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En la selva peruana: entre la belleza y la barbarie
Escribe: PabloyPilar
Nunca habíamos ido a la selva baja peruana, a ese espacio inmenso y mítico que a veces parece ser otro mundo muy remoto, otro país y que sin embargo es la parte más grande de este lugar en el que estábamos mochileando y que se llama Perú. Como ya nos habíamos perdido por cerros y ruinas, por punas y puertos costeros pensamos que era hora de cruzar los andes y ver qué hay detrás de ellos...
Contamana: el barco va...ra
Contamana, Perú — domingo, 12 de diciembre de 2010
En el trayecto hacia Contamana tuvimos la suerte de ver algunos delfines rosados, lo cual fue una agradable sorpresa ya que los creíamos casi extintos. El barco paró en varios pueblos ya para bajar un mototaxi o una refrigeradora, ya para hacer subir más mercancía, pero menos mal que no se demoraron mucho en estos trámites. En los puertos de los pequeños caseríos hombres y mujeres sonrientes, niños desnudos, todos se agolpaban para ver la llegada del barco como quien ve llegar una buen noticia largamente esperada: con alegría lo ven como el acontecimiento que rompe la monotonía inevitable del aislamiento; la embarcación es el puente con un mundo lejano y pretérito.
31 de julio, 2 de la tarde: Contamana ha crecido a la sombra de unos cerros de tierra rojiza, cosa curiosa ya que debe ser una de las poquísimas estribaciones en un territorio que no es sino una planicie infinita que avanza inalterable hasta los andes o, en la dirección este, hasta el Atlántico. Al verlo desde el barco impresiona lo grande que aparentemente es este pueblo amazónico al que imaginábamos pequeño e insulso.
Aquí solo se puede llegar en barco o en avioneta desde Pucallpa por 50 dólares, aproximadamente. Tras desembarcar en el puerto nos fuimos a buscar un hotel. Hay varios en el puerto, bastante baratos pero muy elementales. Luego encontramos, muy cerca a la plaza, el hostal Venus (calle Buenaventura marquez 124). La habitación doble con ventilador cuesta 25 soles. El hambre apremiaba así que de inmediato almorzamos en el restaurante - tienda Jaimito (Jr. Mariscal Castilla, primera cuadra, a unos metros de la portada) el menú cuesta 6 soles y es bastante bueno y el servicio rápido y amable, aunque los baños podrían estar mejor, así que decidimos hacernos habituales tanto en comidas como en cenas.
Contamana es una sorpresa agradable por ser un pueblo muy bonito. Fuera de los clásicos circuitos turísticos, se presenta como gran alternativa para aquellos viajeros ávidos de lugares poco comunes, de hecho solo vimos un par de parejas extranjeras caminando por la plaza. Muchos bajan un rato en el puerto cuando el barco que viene, o va, hacia Iquitos para aquí pero lo interesante está en el interior del pueblo.
Luego nos fuimos a caminar por la plaza que es encantadora y animada; tiene un ambiente, un sabor como de plaza de algún pueblo caribeño. También paseamos por el malecón Alfredo Vargas, considerado el más grande de la selva peruana. Más tarde subimos por la escalera que va al lado de la comisaria, siempre en la plaza, y nos perdemos un poco premeditadamente por el tranquilo barrio de Jerusalen, en la parte alta; allí fuimos al mirador de Chiringal que es uno de los varios que hay en el pueblo, cosa inteligente porque al estar Contamana en uno de los pocos cerros que se ven en la selva las vistas que tiene son privilegiadas, llegar allí cuesta un sol en mototaxi. Desde ese mirador vimos uno de los atardeceres más bonitos de nuestras vidas: la sonata roja del sol, cayendo en el silencio incendiado del más inmenso de los ríos.
1 de agosto: Nuestra idea era conocer las “Aguas Calientes” y La Collpa de papagayos, que por la poca información que encontramos en la red era un sitio que se veía de maravillas, lo único malo es que en las páginas web que leímos no encontramos nada que nos indicara cómo llegar allí así que decidimos ir al municipio o ayuntamiento a ver si había una oficina de información turística; tuvimos suerte porque pese a ser domingo el encargado estaba trabajando; pero, ojo, no es que trabajen los domingos sino que ese día tenían una celebración, así que a no confiarse.
Por fin apareció Cristian Hidalgo, el joven encargado de la oficina de turismo de Contamana que, según él, tiene que promocionar los atractivos del pueblo con un presupuesto de 800 soles al año. Es un muchacho muy simpático, amigable y ambicioso, conocedor de la historia de su tierra, es una referencia obligada en caso planees conocer este pueblo. Como ya dijimos nuestra intención era llegar a las Aguas Calientes pero por esos días se había desatado la lluvia, cosa rara en época seca, que había sido producido por un “friaje” (grandes masas de aire frío que vienen del sur) y el deteriorado camino que lleva a la zona de las aguas calientes estaría más que horrible, “además, dijo Cristian, mirando el horizonte como quien lee el cielo, va a seguir lloviendo y mucho”. Eran casi 20 kilómetros que teníamos que hacer en mototaxi, pagando 30 soles. Pero nadie se animaba a llevarnos, una moto se podía quedar atascado en medio del fango y si nos agarraba la lluvia regresar iba a ser imposible. En las “aguas calientes” hay una especie de refugio que no es sino una choza sin comodidad alguna (información que nos dieron algunos pobladores) donde no vive nadie y donde uno puede pernoctar si es que tiene la piel lo suficientemente dura para no sentir picaduras o encantadoras cositas por el estilo. Así que ya saben, si quieren ir (y a juzgar por las fotos el sitio está muy guay) no olviden preguntar si los días anteriores ha llovido, si es así es mejor no ir, todos nos recomendaban eso. Una pena que no haya camioneta que pueda llegar hasta allí, no se entiende cómo las autoridades promocionan el lugar como su principal atractivo y que no haya modo de acceder a él.
Cambio de planes, Cristian nos recomendó ir a uno de los sitios más encantadores que hemos visto en nuestros viajes: Canan de Tipishca. Fuimos hacia el embarcadero donde tomamos una barquita que cruza el Ucayali, 2 soles por persona y en la otra orilla hay mototaxis que por 4 soles (por persona) te llevan adentro, hasta Canan; nosotros preferimos caminar durante unos 45 minutos por una trocha ancha que se abre entre la selva. En el camino nuestro nuevo amigo de ruta nos iba comentando las propiedades de cada planta, sus sueños, las movidas políticas del pueblo, sus planes, la historia rebelde de Contamana, sus antipatías hacia Lima y hasta nos cantó el famoso vals “La Contamanina” en tres versiones, como se dice en Perú, “para qué más”; hasta que el canto se convirtió en gritito cuando vimos a unas mujeres a la puerta de una choza sacrificando un motelo del tamaño de un perro ¿y qué es un motelo? Una tortuga con cuya carne se hace exquisiteces, dicen.
El camino pasa por varias comunidades shipibas que viven de la pesca, la artesanía y la ayuda internacional. Allí conocimos a una mujer cuya hija era una niña muy guapa llamada Tracy. La mujer vendía artesanías muy bonitas pero son más caras de lo que habíamos visto en otros pueblos, aparentemente no los hacen allí. Hasta que llegamos a la laguna de Tipishca que es un inmenso espejo en cuya superficie el cielo se refleja al mínimo detalle: cada nube, cada pájaro y hasta los árboles más altos que se erguían en las orillas. No pecaría de entusiasmo facilista al decir que ha sido uno de los lugares más hermosos que haya visto en este viaje. Es bueno saber que hay otro sitio llamado Canaan pero de Cachiyacu, al sur de Contamana, a donde se llega en canoa pagando 3 soles por persona, hay tránsito fluido y es un lugar de artesanos.
Al regreso, la lluvia que había predicho Cristian cayó con tal fuerza que el camino se enlodó terriblemente y entre patinadas y caídas pudimos apenas llegar hasta la casa de las mujeres que habíamos encontrado sacrificando el motelo, nos dieron cobijo en su casa y allí, al calor del fogón sobre el cual una olla en la que seguramente hervía el animal, esperamos que la tormenta menguara. Nos invitaron a comer pero Cristian tenía que hacer algunas cosas en el pueblo y por eso nos apuramos… perdimos una gran oportunidad de comer tortuguita con pasta, algo que en Italia seguro ni imaginan.
Ya en Contamana subimos al mirador de Jerusalen, un sol en moto, aunque es cerca de la plaza y se puede ir caminando por la calle amazonas, que tiene una leve pendiente. Unos metros más arriba del mirador hay unas escaleras que llevan hacia un barrio donde está la cruz del pueblo y desde donde hay fabulosas vistas de la selva. Son barrios más populares y nada turísticos pero bastante tranquilos, en aquella tarde dominguera los vecinos socializaban y mataban el tiempo jugando al futbol, al vóley y al bingo. Volvimos tarde y ya no había restaurantes abiertos, sirven la cena desde la 07 pm lo que es bueno tener en cuenta. En caso de urgencia y de querer ahorrar, en el malecón hay señoras que venden juane y otros platos tradicionales desde un sol. En la noche nos fuimos con Cristian al puerto a ver si había algún barco para el día siguiente, no había información…
2 de agosto, lunes: Después de que calmara la lluvia nos fuimos a la quebrada de Maquia, 1 sol en moto, a 15 minutos del pueblo. Es un lugar tranquilo, al menos el lunes en la mañana porque seguro que es todo lo contrario los fines de semana al ser esta la zona de fiesta, bares y recreos turísticos. Cerca hay un puente colgante desde donde vimos a la quebrada que desemboca en el río Ucayali, allí los meandros forman unos pequeños bancos de arena donde algunas personas se ponían plácidamente a lavar la ropa. Empezó a llover de nuevo y esperamos hasta que apareciera un mototaxi para volver al pueblo. Más tarde volvimos a subir al mirador de Chiringal y desde allí nos animamos a volver por el puerto por una ruta menos conocida por lo que bajamos por la calle Pucallpa que casi divide a Contamana ya que separa el barrio más antiguo del moderno, moderno en cuanto a tiempo de construido porque en realidad es un barrio pobre, andar por sus calles fue toda una experiencia: los niños con pies descalzos caminaban por los charcos que se habían formado después de la lluvia, otros cagaban tranquilamente al lado de sus casas mientras los amiguitos jugaban y desde lo alto de las casas los gallinazos buscaban tétricamente un poco de carroña. Las viviendas, adornadas con las banderitas peruanas a modo de participar del espíritu de las fiestas patrias, han sido construidas a modo de palafitos para que no se hundan cuando el río suba su caudal. Es algo digno de verse, sinceramente. El barrio aunque populoso y pobre no nos pareció peligroso, sin embargo siempre es bueno ir a sitios como éste acompañado y de día.
Ya en el puerto, al que por obras que durarán 6 meses, habían movido a la altura del famoso “Arco” del pueblo, averiguamos que ese día iba a llegar una embarcación a las 05 pm. Usualmente solo los barcos grandes tienen radio y comunican a los puertos su llegada, los barcos pequeños no lo tienen por eso puede que aparezca de improviso uno en el que te puedas subir, de haber espacio… Para nuestra sorpresa, de nuevo con inesperada puntualidad inglesa, llegó el Pedro Martín II (25 soles a Pucallpa). Al subir nos dimos con la sorpresa que este inmenso barco estaba casi vacío así que esta vez no había que pelear por espacio para colgar la hamaca y todo parecía que iba a ser un viaje más cómodo por el espacio que tendríamos para movernos. La razón por la que estaba vacío era debido a que la embarcación había varado un par de veces la gente no quiso esperar más y se había pasado a otro barco.
Habían puesto parlantes en ambos pisos del navío y nos recibió una bulla de cumbia atronadora, fondo sonoro que nos acompañaría durante todo el viaje y que solo nos daría tregua a las 9 de la noche cuando apagaban la música para poner alguna película de Chuck Norrys o algún hombre de paz parecido y entonces había que sufrir la bulla de los disparos, explosiones y gritos de guerra hasta la media noche en que los sonidos de la selva, y alguno que otro ronquido, dominaran la noche.
El Pedro Martin II, haciendo honor a su nombre, varó 2 veces más por lo que nos costó casi 2 días llegar a Pucallpa, como les diremos líneas abajo en la parte de consejos, el tiempo es muy relativo y mañana puede ser cualquier día así que viajen sin apuro porque seguro siempre llegaran a donde quieran pero con mucho retraso. La gente inventa modos de sobrevivir al aburrimiento de un viaje inesperadamente largo así que cuando los temas de conversación se acaban se ponen a jugar a las cartas, a hacer crucigramas, a recoger cualquier periódico del suelo con la esperanza de que sea uno que no se ha leído aún, a buscar piojos a los niños o a mirar la nada o hacer amistades que durarán lo que dura el viaje.
Una pareja que tendría como mínimo 6 hijos nos quiso vender una taricaya (pequeña tortuga) para llevarlo como mascota y hasta le habían hecho un huequito en el caparazón para llevarlo de allí cuando lo saquemos a pasear, sí, como a un perrito; también nos quisieron vender un paiche (pescado de la selva) “asisote de grande” nos dijo el hombre estirando los brazos y dejando entre ellos un espacio donde entraría una escopeta. Pilar se hizo amiga de Sabrina, una guapa chiquilla que viajaba de regreso a Pucallpa con su madre.
Las reservas de alimento se acababan en el barco así que las raciones empezaron a empequeñecer pero para fortuna de todos un hombre que transportaba su carrito de hacer palomitas de maíz se puso a preparar toneladas e hizo su “agosto” justo cuando empezaba ese mes; el padre de los 6 niños pudo encontrar en la cocinera de la barca una buena compradora del paiche así que los riesgos de inanición se esfumaron, pero si se fue el hambre vino la sed porque ese pescado es demasiado salado así que es mejor tener mucha agua a mano.
Así pasaron las horas hasta que en el horizonte el puerto de Pucallpa empezaba a aparecer primero pequeñísimo, un punto tragado por la selva hasta aparecer grande, como grande era el hambre y el cansancio por lo que nos fuimos una vez más a hospedarnos al Guest House, suponiendo que la aventura por fin había acabado. Ilusos de nosotros, nada nos hacía imaginar que la aventura… recién empezaría…
Aquí les damos unos tips, que son el resumen de nuestros dos viajes en barco Pucallpa – Contamana y viceversa, y que esperamos les sirvan para cuando se animen a viajar por los ríos de la selva.
Los barcos usualmente tiene 2 cubiertas, la de abajo es el almacén, cuarto de máquinas y baño (en caso de los barcos grandes) y el de arriba es el sitio donde los pasajeros entran… como pueden.
El momento de la partida casi siempre depende de que se haya llenado el almacén con toda la mercadería y en el vocabulario del puerto la palabra “mañana” no es necesariamente lo que significa para la Academia sino que hace alusión a futuro y como bien sabemos el futuro es muy, muy, muy ancho… e impredecible.
El tiquete incluye las comidas que sin ser malas tampoco son la gran cosa; al menos no nos enfermaron. Es bueno guardar el recibo porque con eso se pide "el rancho" cuando suena la campanita. Es absolutamente necesario llevar tus platos, vasos y cubiertos, de no tenerlos hay gente que los vende en el puerto. El agua es fundamental y si tienes un paladar muy nivel “gourmet” es mejor que lleves tu propia comida porque la cosa no pasa de sopa casera, plátano, pescado y arroz. Hay una tienda en los barcos que vende algunas cosas básicas para comer, pero se agotan rápido y los precios más que de barco parecen de avión.
Es bueno llevar jabón en gel, pastillas para diarrea, resfríos o fiebre, ya que no vimos botiquín; además de repelente, obviamente. También es elemental llevar papel higiénico, una linterna, una cuchilla suiza, tapones para oídos cuando duermes porque el motor no se apaga nunca y el sonido es molesto. Anteojeras por si se toca dormir cerca de un punto de luz ya que hay focos que no apagan en toda la noche, además esos mismo puntos, y quienes estén cerca, son una gran tentación para los mosquitos.
Pese a estar en la selva, la noche es muy fría y ventosa por lo que es mejor tener a mano una prenda suficientemente abrigadora, créannos cuando decimos esto.
Como ya dijimos todos viajan en hamacas pero también es posible usar bolsa de dormir, pero eso sí es ideal llevar también una “matra” para no sentir ni la dureza ni la humedad del suelo del barco
Cuando el río está bajo (normalmente en temporada seca, es decir invierno del hemisferio sur) los viajes son más largos y más si es contracorriente por lo que los barcos en esta temporada pueden demorarse el doble o salir con tardanza así que si estás con tiempo justo mejor tomar avioneta que también pueden ser impredecibles. Hay casos en los que te venden un pasaje y puede que no salgas el día planeado porque ya vendieron tu espacio a otro pasajero que tenía un enganche en la empresa aérea.
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Últimos comentarios
PILARRR dice:
Creo que fuiste demasiado generoso con el tema comidas en el barco "sin ser malas" yo creo que peor no podían ser!!! como sería que yo opté por pasar de varias, algo insolito en esta glotona ![]()
Hablando del Paiche yo no estoy segura que sea un pescado salado, más bien creo que estaba en sal para su conserva y no lo desalaron el tiempo suficiente ...
En todo caso un viaje en barco por la amazonía es una experiencia alucinante, única, pero tb muy dura, a claro salvo que se opte en esos cruceros de lujo que han inventado ahora para el buen y rico turista ... pero en este ultimo caso la experiencia seguro será igual de buena pero con una realidad disfrazada al menos en lo que se refiere al aporte humano que generosamente te regala la convivencia con la población local ...
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Capítulos de este diario
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1
Pucallpa: estar en la selva sin estarlo
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2
Contamana: el barco va...ra
-
3
Aguaytia: Kafka y los cocaleros
En Contamana...
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