México y Guatemala (Nov 2009)

Escribe: Camillia
En construcción del capítulo 6 en delante.Arranqué mi par de semanas de desenchufe en el DF, adonde tuve que ir por temas laborales... Arranqué mi par de semanas de desenchufe en el DF, adonde tuve que ir por temas laborales. Como un par de años atrás, volví a quedarme en el Hostel Catedral, detrás de la Catedral Metropolitana...

 

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Cruzando la frontera a guatemala por ciudad cuauhtemoc – la mesilla

Comitán, México — jueves, 26 de noviembre de 2009

Del centro de Comitán fue fácil conseguir un bus que  me dejara en la terminal de buses. Salí en el primer ómnibus a Ciudad Cuauhtémoc, donde llegué luego de unas dos horas de viaje. Lo que no estuvo muy bueno del viaje fue que un señor (con sombrero de vaquero) que me había preguntado, en una mezcla de inglés y español bastante confusa, por el bus a Cuauhtémoc, se me sentó casi al lado y empezó a preguntarme de dónde era y con quién viajaba. La única forma de alejarlo fue inventar un esposo en Buenos Aires que se había quedado trabajando  J.Ya llegando a Ciudad Cuauhtémoc (que en realidad no es una ciudad, si no solamente un paso fronterizo con un puesto de aduana y de migraciones) se veía el típico movimiento de una frontera: muchos vendedores ambulantes, que comenzaron a hacerse notar ya desde la ruta. Luego de hacer migraciones en la frontera mejicana pagué $ 10 por un taxi colectivo que nos llevó hasta La Mesilla, ya del lado de Guatemala. Es asombroso como cruzando una línea imaginaria, como lo es la frontera en este punto, puede cambiar tanto todo, desde la limpieza al tipo de transporte… La Mesilla resultó ser un caos de comerciantes ambulantes todo a lo largo de la calle principal, muy sucia y desordenada, con gente por todos lados y ya no recuerdo si había que ir por la calle porque no habían veredas ó porque estaban llenas de vendedores… El cambio brusco al pasar de Méjico a Guatemala puede causar un poco de miedo y ganas de querer pegar la vuelta para no complicarse la vida, pero vale la pena superar esa primer reacción y seguir adelante (aunque todos los lugares de Guatemala que conocí a posteriori es más de La Mesilla, sobre todo en la forma de comercio, el caos y la mugre). Lamento si esto hiere a alguien pero trato sólo de ser objetiva… los encantos de Guatemala pasan por otro lado y no por la planificación urbana…En la oficina de migración guatemalteca cobran aproximadamente 4 dólares por el trámite. En la calle es fácil conseguir cambio de pesos mejicanos ó dólares a Quetzales (conviene tener una idea aproximada de la cotización para regatear el cambio). Desde la frontera a la “terminal de buses de La Mesilla” (que en realidad es un terreno descampado donde están los micros del tipo con trompita y con el portaequipajes a la intemperie en la parte superior, aunque muy limpios!) se puede tomar un “triciclotaxi” (son rojos e inconfundibles). De Le Mesilla se puede tomar un bus para Huehuetenango por Q 20 directo a Ciudad de Guatemala (bus convencional por algo más de Q 100, esta compañía a cerca de una cuadra de la oficina de migraciones). Como mi intención era ir directo a Antigua y me dijeron que desde Huehuetenango podía hacerlo, opté por la primer opción.El camino desde La Mesilla a Huehuetenango es, como en casi toda Guatemala, constantemente entre montañas, con unos paisajes realmente hermosos, aunque también da un poco de vértigo la osada forma de conducir de los choferes. Digamos que el recorrido es de por sí una aventura JLlegué a Huehuetenango apenas pasado mediodía a una avenida que era un completo caos. Supuestamente se trataba de la terminal, pero miraba para todos lados y no veía ningún edificio grande… Luego de preguntar encontré “la terminal de buses”: un gran descampado de hormigón rodeado de una feria tan mugrienta y desordenada como los buses que estaban ahí estacionados. Había gente limpiando los buses y tirando la basura que sacaban de los mismos al costado, mujeres cocinando y también tirando los residuos en el lugar. Además pululaban los vendedores que trataban incluso de llevarte a donde no querías ir… Me dijeron que los buses a Antigua salían del final de la hilera de buses estacionados. Fui hasta el mostrador donde pregunté a qué hora salía el bus para Antigua y me dijeron que a más tardar en una hora (lo que sería cerca de las 14 horas) y que costaba Q 60. La salida se demoró hasta las 16:30 y fue estando ya arriba del bus que me enteré que en realidad ese bus iba hacia Ciudad de Guatemala, y que no entraba a Antigua, y que me iba a tener que bajar en Chimaltenango para tomarme otro bus! Me tuve que bajar pasadas las 9 de la noche en ese lugar, que era casi que una zona de ruta poblada… Por suerte sólo tuve que cruzar una calle para encontrar la parada del bus hacia Antigua y había una señora esperando, que se asombró de que anduviera sola en esa zona “tan peligrosa”. Justamente ella trabajaba en Antigua y vivía a pocas cuadras de ahí, pero estaba esperando que su esposo la pasara a buscar para no caminar sola… (en el correr de los días siguientes me enteré de los altísimos índices de violencia en Guatemala: a modo de ejemplo en el año iban asesinando a más de 100 conductores de transporte público!)Luego de esperar una media hora salió el bus, que me dijeron que me dejaban en el centro de Antigua. Atravesamos zonas completamente oscuras y con mucha vegetación (no tenía idea de por donde estaba yendo) y luego de unos 20 minutos comenzó a parecer que entrábamos a una ciudad, justamente, muy antigua JCuando ya sólo quedábamos 3 personas en el bus, paró en una zona descampada, completamente oscura (algo así como el predio de una feria ó de una estación, muy grande y con puestos cerrados y con alguna persona que se perdía en algún rincón oscuro) y me dijeron que ahí me tenía que bajar. Reconozco que me entró el pánico… Ya eran pasadas las 22 horas, yo estaba con TODO arriba (incluyendo efectivo) y era un blanco más que tentador para cualquier ladrón (y ni tanto) que estuviera a la vuelta. Le dije al conductor que por favor no me dejara ahí, pero me dijo que de ahí daban la vuelta y que sólo tenía que caminar unas 4 cuadras para llegar al centro. Frente a esa respuesta, corrí con mochila y todo hacia uno de los muchachos que acababa de bajar y que se alejaba rápidamente del bus. Me acerqué y le pregunté si iba hacia el centro y si le molestaba que caminara junto a él, porque no conocía la zona y me daba miedo caminar en un lugar tan oscuro.Mi ángel de la guarda me había deparado que el muchacho fuera buena gente y que me permitiera acompañarle esas fatídicas cuatro cuadras. Realmente el centro apareció enseguida, con poca gente por la hora, pero por lo menos bastante iluminado.Empecé a caminar buscando un hostel y un muchacho se me acercó ofreciendo distintas opciones. Había un hostel por Q 40 que quedaba a tres cuadras de ahí y hacia ahí me condujo. En un momento me dio un poco de miedo porque a cada vuelta las calles eran más oscuras y menos pobladas, y el hostel (disculpas, pero no recuerdo el nombre!) justamente estaba en un callejón.El hostel (que queda en un callejón que se encuentra a media cuadra de la esquina de las calles Santa Lucía, que es la del mercado, y Don Roberto Portocarrero) resultó ser de un muchacho italiano, que le había puesto al lugar toda la onda. El único defecto era que sólo había un baño con ducha y otro social, pero después de los sustos que me costó llegar a Antigua, me pareció un paraíso terrenal.  J


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