Volando con EMIRATES siete horas desde Dubai se llega a
Colombo, capital del país. La mayoría de las guías recomiendan al viajero ni siquiera pernoctar, en mi opinión sí merece la pena emplear al menos unas horas en conocer un poco la ciudad.
Desde el aeropuerto los taxis hacia la ciudad son muy caros y por la noche no hay autobús. Si a eso le sumas que el alojamiento en la ciudad es insusualmente caro, la llegada no es muy grata.
La ciudad es muy extensa, cuenta con bastantes distritos enormes, es caótica con un tráfico intenso; por otra parte, como cualquier capital latina o asiática.
En mi caso, tras pagar casi 20 euros por el taxi y alojarme en una guesthouse ciertamente básica, recorrí el distrito de
Pettah y
Fort, donde está parte de lo interesante: mezquitas muy coloridas, el mercado de artesanías de Laksala, la iglesia cristiana Wolvendaal de la época holandesa, comercio minorista por todos lados… Un recorrido marcado por el calor que llega a ser intenso, la gran presencia policial pues por la zona centro está la residencia presidencial, y los poquísimos turistas que se alcanzan a ver. De hecho aún se quedan mirando al turista como algo extraño.
Mi viaje fue de dos semanas por el país, en noviembre-diciembre de 2011, época de lluvias, y cuando
un euro equivalía a 149 rupias cingalesas.
Es un país a recorrer en bus o tren, con parajes de lo más variopinto: playas idílicas, plantaciones de té, templos medievales y templos modernos de todo tipo, mansiones y chabolas… donde la gente es muy amable, sonriente y habla inglés, lo cual es importante. Un país para dedicarle unas vacaciones, bien lo merece.