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Brava Roma, o brava?

Escribe: carios
Adoré Roma, lo que no sé si lo de brava era por buenísima o porque realmente es brava la ciudad...

 

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Cerca de Dios o el Vaticano

Ciudad del Vaticano — martes, 16 de noviembre de 2010

Es lunes, me preparo para ir temprano al punto de encuentro, pero por alguna razón sigo enojada, no sé si con toda Roma o conmigo misma por no lograr desentenderme y disfrutar. Es que 2 días en Roma y ¿tiene que llover?. Entonces decido que lo mejor es ir sola a misa. Porque además, pretendo quedarme escuchando la misa, tomar la comunión y confesarme, sin tener que depender de nadie, ni que mis ganas de hacer/no hacer incomoden a otros. Asique me tomo el bus hasta el Vaticano para tranquilizar mis demonios internos con el paisaje.

Llego al lugar y ya las columnas se me imponen, haciéndome olvidar de todo. Pienso lo afortunada que soy, por tener esta posibilidad de estar en San Pedro!. Con todo lo que eso significa. Tantos años de historia, tantas historias reales, ficticias, tanta fe acumulada. No sé, el agua, la gente con sus paraguas, las columnas y las cúpulas imponentes me sensibilizan. Y una vez más le hablo a El, disculpándome por haberlo dejado tantas veces, pidiéndole que no me deje.

Después de la misa paso por la tumba de Juan Pablo II, la gente ahí es increíble, atónica, llorando, de emoción o agradecimiento. Las miradas de todos los orígenes y culturas se detienen con pupilas grandes, vidriosas en la misma dirección: Juan Pablo II. La imagen me maravilla. Como el hombre puede hacer el bien y puede transmitirlo.

Finalmente la cúpula, después de subir por incontables escaleras, de manera circular, por momentos tan angostas que apenas quepo. Después de todos eso se muestra Roma, bajo agua, pero Roma al fin. Una vista panorámica, de postal. Allá arriba casi no dan ganas de hablar, solo contemplar. La lluvia se vuelve intensa, la vista de Roma se desvanece y la gente corre a un lado y otro, para refugiarse del agua. Creo que es una tormenta importante, al menos lo dan hasta en las noticias de la tarde, en la RAI. Pero yo me quedo ahí, el tiempo no corre, la lluvia y su sonido, el paisaje, la sensación vivida en la tumba del Papa. No sé, estoy emocionada.

Ya bajada la noche y yo bajada de nuevo a la tierra -después de aquella experiencia-, me encuentro entre cervezas y papas fritas, con amigos latinoamericanos. Estamos en el hostel una pareja de colombianos, un ecuatoriano, un chileno y 2 argentinas. Tratamos de solucionar los problemas de Latinoamérica, la droga, la política y los ideales de cada uno. En definitiva tratamos de entender nuestras diferencias y agradecemos nuestras similitudes.

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