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Los templos perdidos de Ankor, Camboya
Escribe: Andras
El sudeste asiático siempre me atrajo, éste es un viaje que siempre quería hacer, había viajado muchas veces solo pero ésta vez había encontrado un compañero, Paco que supo hacerlo de la misma...
Los templos perdidos de Ankor, Camboya
Ciudad de Siem Riep, Camboya — jueves, 25 de octubre de 2007
Volamos de Madrid a Singapur y luego a...... 07 de agosto a las 08:50 (vuelo:MI0622) Silk Airline salida a Siem Reap, Camboya.
http://www.youtube.com/watch?v=zqZOPdHywOs
Tenemos gran expectativa, porque en realidad la aventura comienza aquí! El aeropuerto en Siem Reap es más un aeroparque, bajamos del avión y tenemos una intensa ola de calor que nos sacude, con ella tendremos que vivir los próximos días.
Cola para tramitar el visado, nos cobran 20 dólares americanos y nos registran en una cámara de video. Todo es lento. Muchos policías uniformados para hacer nada, son curiosos, nos estudian el pasaporte, hacen las típicas preguntas y Paco tiene dificultades para ser aceptada la fotografía del pasaporte con cinco años menos, sin barba y el pelo corto.
Paco dice:"It´s me!!!" y le dejan pasar. En mi caso el policía de turno se interesa sobre si ya tenemos alojamiento, le dije que no y me propone un hotel barato (very cheap!), me pide el nombre que lo toma del pasaporte, lo escribe en su teléfono móvil y me dice que a la salida me estará esperando su primo con un cartel con el nombre y gratuitamente nos llevará al hotel que tiene designado, eso sí, sin compromiso ("just to look").
Nos juntamos en el hall de salida, desde allí pudimos ver a un grupo de "cazaclientes" haciéndonos señas con los brazos para ofrecernos alojamiento, uno de ellos con un papel donde decía ANDREAS, todo estaba como combinado.
Cambiamos dinero en el banco que allí mismo había (la moneda es el riel y el cambio: 1dól.=4.000riels) y nos decidimos a ir por el camboyano que nos estaba esperando. En su coche nos llevó hasta la ciudad de Siem Reap (por la nacional 6) pasando por arrozales y mucho verde, empezábamos a acostumbrarnos a éste color.
Durante el viaje le di a entender que teníamos un hotel seleccionado pero si él conocía algún otro no teníamos problemas en verlo, siempre y cuando se encontrara en una zona cercana al centro de la ciudad. Nos llevó al "Mekong Ankor Palace", pese a estar situado en la zona de más ruido se encuentra como escondido dentro de un pasaje, cosa que al verlo nos hizo asegurar que sería un lugar con tranquilidad (así lo confirmamos). El precio de la habitación doble, con aire acondicionado era de 20 dólares, se veía todo muy limpio, pero porqué no regatear?, el precio final quedó a 18. (·-021, Silvutha St. Group 1, Svay Dangkum Commune, Siem Reap- Tel/Fax: 855-63-963636.
Después de una buena ducha salimos a descubrir Siem Reap. Una constante comenzaba a producirse, era el acoso de los vendedores, todos nos ofrecían lo que fuera en su mínimo y estructurado inglés-camboyano. Frases como:"you by me?", "look to my shop", "mineral water?", "cold drink?", "I ´ve more colours inside", y un largo etcétera que debimos comenzar a ignorar si queríamos avanzar en nuestro camino. Para Paco todo esto era un shock!, en mi caso llevaba el aprendizaje de los viajes por la India, sabía como manejarme...
Siem Reap es una pequeña ciudad, pero su importancia radica en que es el "felpudo" para visitar las famosas ruinas de los templos de Ankor. Sus calles están plagadas de bicicletas y motos, un caos que es digno de admirar.; muchos hoteles nuevos y un sin fin de tiendas con artículos para que los turistas se lleven a casa y luego no sepan qué hacer con ellos.
En nuestro primer paseo dimos con el ("Cho") Mercado Central, un lugar que merece la pena perderse por él, es como encontrarse en la edad media. Pequeños espacios entre las tiendas y miles de productos amontonados en un perfecto órden de equilibrio.
Tanto en Camboya y en Vietnam hemos admirado el sentido del equilibrio o balance, ver bicicletas cargadas hasta con cinco bolsas llenas de cereales, o cinco personas en una moto con tiempo de alzar una mano y saludar, el transporte de comida suspendida en dos cestos en los extremos de una madera haciendo equilibrio sobre uno de los hombros y manteniendo un ritmo acompasado al caminar nos hacía detener la marcha y deleitarnos con la naturalidad en que se movían.
Durante la visita en el Mercado Central vivimos nuestra primera lluvia del monzón, fueron unos veinte minutos donde el agua cayó a raudales, era como que todo se paralizara y se esperara a que terminara.
La gente vive en contacto con el agua, la lluvia les es familiar, es un componente más de la naturaleza, cuando ésta llega nadie se alarma, si hay que mojarse se moja. Como que todo está preparado para recibir éste evento en cualquier momento del día. mekong-leak@hotmail.com
Siem Reap
Siem Reap es Ankor. Con más precisión, Ankor es todo y Siem Reap es el apeadero de los monumentos, del bosque de piedra tallada que forma una ciudad entera de templos y palacios extendidos entre la jungla y los pantanos.
No es mi propósito explicar, tampoco sabría hacerlo, el desarrollo de ésta cultura, del imperio, del arte, de la gloria de los reyes khemeres desde que, a principios del siglo IX, el rey Jayavarman II escogió éste lugar para establecer la capital de su reino. En éste lugar se desarrolló una civilización "hidráulica", basándose en la cultura del arroz. Era evidente que el caudal del río Mekong con sus subidas y bajadas de nivel impedía la creación de los campos de arroz. Para los khemeres es el equivalente del Nilo para los antiguos egipcios.
Una alternativa era la creación de grandes depósitos (barays) en donde almacenar el agua aportada por los cientos de afluentes que vienen del norte. Desde éstos grandes barays se fueron creando otros y conectados entre sí, creando un laberinto de canales que distribuían y llevaban las aguas. Así nace éste complejo que por entonces llegó a concentrar una población humana de un millón de habitantes.
La mayoría de los soberanos de Ankor quisieron erigir sus propios monumentos, lo que provocó la proliferación de templos esparcidos en una amplia franja de tierra al norte del lago Tonlé Sap. El corazón de ésta civilización lo constituía la villa fortificada de Ankor Thom, donde se ubica el Palacio Real y la famosa Terraza de los Elefantes y el templo de Bayon.
No lejos de allí se encuentra, para nuestro gusto, el más admirado conjunto arquitectónico el templo de Ta Prohm y el mítico Ankor Wat (la Roma de los Cristianos), construido por el emperador Suryavarman II, a principios del siglo XII, quien gobernó con energía expandiendo el imperio y estableciendo relaciones diplomáticas con China. Muere en 1150, posiblemente asesinado y se cree que fue enterrado en Ankor Wat.
Le sucedió Jayavarman VII, que se convertiría en el soberano más importante de Ankor, un místico budista que libró guerras, extendió el imperio e impuso el pago de tributos. Son admirables sus estatuas que lo representan sonriendo con los ojos semi cerrados y ajeno a las cosas mundanas pese a haberse embarcado en proyectos de construcción para su propia gloria para lo cual utilizó miles de trabajadores, muchos de ellos esclavos. Jayavarman VII murió de forma misteriosa por el año 1220 y con su muerte la civilización de Ankor entra en decadencia.
Hacia 1430 Siam invade el país y los khemeres abandonaron Ankor para fundar la nueva capital en Phnom Penh. Así, el bosque implacable vuelve a ganar terreno y los templos comienzan a perderse entre los brazos de las raíces de inmensos árboles (higueras de agua), una lucha entre la vegetación y la piedra, donde el más débil llega a ser el más fuerte. Este es uno de los aspectos que atrae de éste lugar.
Caminar entre las murallas mezcladas con las raíces y los troncos que con su fuerza y el tiempo van modificando los templos, es algo alucinante. Sentíamos la naturaleza vigente entre ese amasijo de piedras, caminar por los senderos y sentir la humedad de la selva, el olor agrio de los frutos parecidos a las ciruelas (por lo visto no comestibles), es algo que no podremos olvidar.
Nos hacíamos a la idea de cómo habría sido aquello en los siglos IX o X en todo su esplendor. No encontrábamos las palabras, el silencio y el sonido de los pájaros, insectos y el caer de la lluvia cuando se producía era el mejor acompañamiento.
Hay varias formas de visitar el complejo de Ankor. Se lo puede hacer "a la japonesa"... en un día a gran velocidad. Nosotros escogimos un pase por dos días (20 dólares), alquilamos un par de motos con conductor que sabían muy bien lo que queríamos ver y de ésta manera nos despreocupábamos de encontrar los caminos para llegar a cada lugar, aunque todo está muy bien comunicado por unos caminos asfaltados pero encontrábamos la falta de indicadores como para poder hacer la visita por cuenta propia.
Cada día por la mañana los motoristas nos buscaban en el propio hotel y a partir de allí pasábamos todo el día visitando las ruinas (todo el complejo se encuentra distribuido en 200 km2) también se puede alquilar bicicleta, o un rick-shaw, o un coche con conductor y aire acondicionado, en fin, hay para todos los gustos.
Sostenemos que la mejor manera es con la moto cuando no se cuenta con mucho tiempo, además es una manera de oler y sentir aquella naturaleza y en el momento de la lluvia dejarse mojar y luego secarse bajo el húmedo sol que abrasa. Por tanto: buen sombrero, ropa cómoda que se pueda mojar y secar, no olvidar un plástico para proteger la cámara fotográfica y el dinero.
El agua embotellada se compra a cualquiera de los niños que se acercarán y le dirán: "Sir! Sir! ...¿cold drinks? .you . buy me".- y postales y pequeñas artesanías que hasta el cansancio nos seguían con su esmerada persistencia oriental que tanto admiro.
Con los últimos treinta años de guerra y los disturbios provocados por los khemeres rojos han cobrado un caro peaje a los templos de Ankor. Fueron escenario de tiroteos y sembrados de minas. Pero más que el daño provocado por la guerra el del pillaje es tremendo.
Por ejemplo, en Ankor Wat pocas estatuas conservan su cabeza y otras han desaparecido en su totalidad. En los años 80, el gobierno camboyano retiró la mayoría de las esculturas expuestas a ser robadas y las almacenó en un depósito custodiado en Siem Reap, pero aún así el pillaje llegó a éste almacén.
Actualmente el pillaje existe, pero en los templos más apartados y que se encuentran cerca de la frontera con Thailandia. Cómo podemos entender éste pillaje sin control. Veamos que Camboya es uno de los países más pobres del mundo y azotado por hambrunas periódicas, por tanto un campesino pobre que encuentre una escultura en sus campos o algún guardia que la robe de noche de algún templo, sabe que si la vende a un contrabandista podrá alimentar a su familia por varios años.
Toda ésta "dacapitación" de esculturas se justifica (entre paréntesis), cuando ha sido producida por aquellos ignorantes, necesitados y desamparados, pero no hay justificación cuando han sido producidas por algunos personajes de la diplomacia o con altos cargos en el gobierno.
Camboya ha sido y sigue siendo un país con un gobierno donde la corrupción siempre ha estado al orden del día, por tanto es un tema donde la solución estaría a muy largo plazo. Nosotros no tuvimos la oportunidad de ver a alguien robando piedras o esculturas, pero si lo hubiéramos querido hacer lo hubiésemos hecho sin problemas.
Según Javier Nard en su "Viaje al Mekong", dice que el proceso de conquista de la vegetación sobre las ruinas se inició en el vientre de los pájaros, donde la semilla de los frutos que constituían su alimento fue expulsada con las heces, en los tejados, en los puntos más altos de los monumentos. Allí, gracias al abono natural del excremento y la humedad germinaron y crecieron, hacia arriba las ramas y hacia abajo las raíces aéreas, hasta alcanzar el suelo. La base de éstos edificios se estableció sobre laterita y arena para estabilizar el peso de las piedras (que fueron transportadas por elefantes), así las raíces penetraron sin problemas por debajo de éstos conjuntos arquitectónicos.
Así se configuró uno de los espectáculos más extraordinarios que se pueden ver. La naturaleza compartiendo arquitectura o la arquitectura compartiendo naturaleza. Nos atrapó la belleza de Ta Prohm, las piedras cayendo en desorden en algunos lugares, sostenidas o aplastadas por inmensas raíces, lianas y ramas colgando con grandes troncos que surgen de no se sabe donde.
Caminamos sin darnos cuenta que nos agotábamos, pensamos que los arquitectos tendrían piernas de acero, porque algunas escaleras medirían un palmo de ancho por dos de altura, de manera que el subir aquello agotaba y la bajada era un contínuo pensar: "Y ahora me rompo la crisma..." Todo era amortizado con el impagable espectáculo. Gran cantidad de bajorrelieves, es de destacar el que se encuentra en los largos corredores en el templo de Ankor Wat, representando las escrituras hindúes del Ramayana .
A 37 kilómetros de distancia está el templo de Banteay Srei, el largo viaje valió la pena para poder observar en detalle, los bajorrelieves en sus paredes y portales, un complejo dedicado a la mujer
Hubo otro bajorrelieve que buscamos con dificultades, lo habíamos observado en una foto de la guía y nos había quedado aquella imagen de una hilera de bailarinas en diferentes poses, sabíamos en qué templo estaba (Preah Khan) pero no exactamente el lugar.
Durante su búsqueda nos sorprendió una lluvia monzónica que contemplamos al reparo de las pesadas piedras y raíces, sentíamos el olor de la lluvia, su sonido al chorrear el agua entre las grietas dejándonos mojar como si formáramos parte de esa naturaleza. Nos sentíamos como Indiana Jhones en "Busca del arca perdida", más o menos.
Cuando el agua cesó seguimos con la búsqueda de las bailarinas, ahora todo estaba absolutamente inundado y su encanto era muy especial. Las encontramos en el final de la tarde, pese a la poca luz que teníamos, allí nos quedamos contemplándolas.
Era el segundo y último día de exploración del complejo de Ankor. Fue normal encontrar a algún monje budista, con su cabeza rapada, en algunos de los altares donde por lo general se encuentra un "linga", falo de piedra que representa la fertilidad, entre otras cosas (un elemento hindú)
http://www.youtube.com/watch?v=zqZOPdHywOs
Esa tarde estuvimos con uno quien nos cogió la mano y nos ofreció hacer ofrendas encendiendo algunas varillas de incienso a cambio de algunas monedas. La comunicación era escasa, creo que nos entendíamos sólo por sonidos y señas. Una turista francesa se apareció y le invitamos a participar, pero su respuesta fue:" Sorry, I´m not budist"... como si le estábamos invitando a integrar una secta, no sé. Para nosotros era una forma de vivir el momento con más participación.
Después de las ofrendas, el monje que resultó ser monja (por su voz) y que cada tanto emitía una risa como de ultratumba, se sentó en el suelo y cortaba unas hojas verdes, yo pienso que eran de bethel, mezcladas con un ungüento blanco que machacaba dentro de un pequeño tubo de metal y luego se la metía en la boca. Fuimos invitados a tomar ésta "droga alucinógena", o no, pero no era el caso de arriesgar nuestro buen funcionamiento estomacal que nada de problemas habiamos tenido hasta entonces. Le agradecimos de alguna forma que nos entendiera y nos despedimos dejando a la monja/e en su recobijo del altar del templo a la espera de algún otro grupo de turistas que se interesaran por sus ceremonias.
Fue normal encontrar a algún grupo de música, sentados en el suelo, interpretando la música camboyana, que para nuestros oídos era difícil de masticar. Los instrumentos muy curiosos, unos sonidos muy especiales. Por lo general, éstos grupos están formados por incapacitados (por las minas)o ciegos. Donde encuentran una manera de ganarse la vida. Cuando encontrábamos a alguno de ellos, con Paco nos poníamos a hacer los movimientos típicos de las bailarinas khemers, la postura de los brazos y la posición de los dedos arqueados, les hacía mucha gracia. A esto lo habíamos visto la misma noche de llegar a Siem Reap cuando vimos un espectáculo de danza khemer en un restaurante (al aire libre)de comida típica camboyana donde celebramos mi 50 cumpleaños. (Kulen II Restaurant Tradicional dance Performance.)
Era común, que de vez en cuando se nos acercara algún policía uniformado e intentara vendernos su placa, lógicamente que alguien estaba haciendo el agosto con unas imitaciones, pero realmente no era de nuestro interés traernos algún recuerdo de éste tipo.
En conclusión, los dos días para recorrer las ruinas de Ankor fueron suficientes para poder ver lo esencial; Para alguien que se interese en profundidad, creo que una semana basta.
Nosotros contábamos con tres semanas en total para hacer Camboya y Vietnam, había que medir muy bien el tiempo y no podíamos relajarnos, por tanto compramos un par de billetes (20 dól. c/u) para el "speed boat" que nos llevaría a Phnom Penh, capital de Camboya.
Saldríamos el día10 de agosto, por el hotel pasaría un autobús a recogernos a las 7 de la mañana para llevarnos a unos 15 kms. de Siem Reap donde partía el barco. Con nuestras mochilas estábamos 10 minutos antes de la hora, observando como amanecía en los alrededores, el autobús apareció casi una hora más tarde y un día después nos dimos cuenta que aún conservábamos la hora de Singapore (una hora menos), esto fue motivo de risa (como de muchas otras cosas).
El autobús fue recogiendo más pasajeros por otros hoteles, después tomamos un camino que no se lo podía llamar de tal manera, estaba inundado de baches, sin asfalto y donde dos coches a la vez no se podían cruzar.
Llegando al supuesto puerto a orillas del lago " (llamado "Vietnamese Floating Village") no existen palabras para describir aquella pobreza que podíamos observar a través de las ventanas, pequeñas chozas hechas de caña de bambú, sobre pilares para ailarse del agua y la humedad, familias numerosas viviendo en unos habitáculos de reducidas dimensiones, niños desnudos, personas a las que le faltaba algún miembro, en fin, algo muy fuerte.
El embarcadero era un caos de gente y de barro, un olor penetrante a pescado y cada uno pretendía vender lo suyo. Descargamos las mochilas y haciendo equilibrio sobre una madera era la forma de llegar al que supusimos que era el "speed-boat". Alguien me cogió los billetes y me empujó para que subiera, las mochilas se apilaron en popa y como observamos que la gente se sentaba sobre el techo de la nave los imitamos, seguramente que viajar allí arriba se podría apreciar de mejor manera el paisaje del lago Tonlé Sap.
El barco era como un tubo, todo de metal, el techo en forma cilíndrica y con una fina barra de metal para sostenerse. Pensamos que si en algún momento del viaje nos apetecía, podríamos instalarnos en su interior, pero de momento estábamos muy bien aunque con el estómago vacío, la hora pedía poner algo dentro.
Una mujer vendía unas barras de pan al estilo francés, unos quesitos fundidos de forma triangular, algunas bananas y una botella de agua mineral, lo devoramos antes de partir. Las "baguettes" de pan es lo que han heredado de la época en que estuvieron los franceses en éstas tierras, aparentemente se las ve tentadoras y ocurre que un occidental siempre busca algo parecido a lo que conoce en su tierra porque en todo lo demás referente en comida, no hay nada similar. El morder éste pan es como masticar un chiclets sin poder encontrarle algún gusto parecido a algo, en fin, creo que lo fabrican con harina de maíz. De todas maneras sirvió para que nuestros estómagos se entretuvieran un rato.
El "speed-boat" inicia su marcha por el canal que lo conduce al lago, es remolcado y con poca velocidad podemos observar ese mundo que existe a orillas, un pueblo con casas flotantes, donde se mueven con barcas a remos y otras a motor, la que vende la fruta va de casa en casa, podemos ver el interior de las mismas y a su gente, la madre lavando a los niños o la ropa en las aguas color marrón; alguien durmiendo en la hamaca tejida (siempre tienen una).
Espacios reducidos y familias numerosas, siempre muchos niños, los niños camboyanos nos resultaron muy especiales, sonríen de una forma muy tierna; gente pescando, yendo a algún lado en su barca y todos saludan y gritan algo en camboyano, en inglés solo "by, by!" y de vez en cuando alguna barca se acerca ofreciendo vender algo para comer. Un momento en la vida de toda ésta gente que se mueve en el agua.
Lógicamente que no paramos de hacer fotos, pero llegado un momento era más importante observar, dejarse llevar por todo aquel mundo tan diferente, tan precario, donde en casi ningún techo faltaba una antena de televisión.
Llegamos al lago y el remolcador se desenganchaba para que el "speed-boat" comenzara a funcionar por sus propios medios. Alguien que sería el encargado (uniforme no llevaba) pidió a todos los que estábamos sentados sobre el techo de pasar al interior de la nave. Lo intentamos (he de reconocer que con Paco éramos unos de los últimos). Pues, el barco iba sobrecargado, los pasajeros no entraban todos en el interior, por tanto unas 15 personas viajamos sobre el techo, donde habíamos estado hasta hace un momento.
El "speed-boat" comienza a tomar velocidad, por tanto el viento castigaba, de un lado nos daba el agua que salpicaba de las olas, el ruido del motor taladraba los oídos. Paco y yo nos miramos y entendimos que esa postura sería la que debíamos soportar durante unas seis horas, así fue. De momentos dejaba de estar nublado y el sol "picaba", llegaba a secarnos la ropa empapada, luego nos mojábamos otra vez pero ésta era con lluvia.
Tuvimos la suerte de tener la crema protectora solar (factor 35) a mano, pero había gente que no la tenía y el color que llegó a ganar era indicio de que por varias noches no dormirían con tranquilidad.
El gran lago de Tonlé Sap era interminable, de vez en cuando nos cruzábamos con pescadores que estaban entretenidos con sus redes, la costa se veía a lo lejos y el color que predominaba era el marrón, unas aguas que están muy cargadas de minerales. sorprendidos y contentos dispuestos a disfrutar del hotel y sus jardines. Allí mismo en recepción se podía hacer reservas de viajes, alquiler de motos, coches con conductor y todo lo que se necesitara...................................................
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Puedes seguir la aventura con CAMBOYA (II) Phnom Penh
Gracias por leerme!
http://www.youtube.com/watch?v=yRwMaqmotzI
Tips:
http://www.youtube.com/watch?v=zqZOPdHywOs http://www.youtube.com/watch?v=yRwMaqmotzI
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Últimos comentarios
PARVATY dice:
Gracias a tu fabuloso relato e conocido este pais tan sorprendente , y sus impresionantes monumentos , quiero que sepas que me llegastes a animar a cojer un avion y dirigirme a esas tierras lejanas lleno de leyendas que tu tan bien has sabido relatar .
Gracias de todo corazon , y espero que leas mi diario y veas las fotos que en unas horas estara colgado para que lo puedan disfrutar.
Publicado
PARVATY dice:
Si señor .....muy buen relato!!!! voy a ver la segunda parte .
Publicado
rosarino83 dice:
Muchas gracias por tu relato!...en Enero del 2009 andaré por ahí.
Publicado
catalinao dice:
Tù relato es maravilloso, la forma como lo describes, me hace sentir en mi piel esa lluvia torrencial y luego el olor a tierra mojada es increible,
Me gustò mucho tu diarìo, veo has viajado mucho.
Tengo para largo en tu pàgina.
Hasta pronto.
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1
Los templos perdidos de Ankor, Camboya
Ciudad de Siem Riep, Camboya | 25 de octubre de 2007
En Ciudad de Siem Riep...
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