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Aprendiendo a viajar: el Noroeste Argentino

Escribe: noritacecilia
Un recorrido por la Quebrada de Humahuaca y los puntos más relevantes de Salta. Siempre viajé sola, aunque hacia algún destino donde tuviera un amigo que me recibiera. Este fue mi primer viaje parando en hosteles y sin tener conocidos en destino. Es la historia de un viaje a sitios sorprendentes a los que espero regresar; y una confirmación de aquel dicho de que "mejor solo que mal acompañado"

 

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Epílogo: lo que yo no me perdí

Ciudad de Salta, Argentina — sábado, 28 de enero de 2006

Desperté ese día sola, feliz, satisfecha. Y me tomé el tiempo para ir al centro a caminar por última vez, comprar algunas cosas para llevar, despedirme de la ciudad. De regreso, compré una planta para regalarle a la señora María Eugenia en agradecimiento por el afecto y la contención que me dio. Me había dado cuenta cuánto le gustaban, y por eso me pareció un regalo adecuado, porque además no era comprometedor. Recuerdo que la elegí en el mercado y pedí alguna que fuera fácil de cuidar y resistente a todo; quería que le durara, porque yo nunca la olvidé. Desde entonces quiero volver a Salta para visitarla. Tal vez le escriba una carta, imagino que recordará el episodio de la chica que se volvió a Buenos Aires y dejó a la otra pagando sola.

Cuando me subí al Balut y salí de Salta, recordé el sacudón de Paula el día que llegamos, y me di cuenta la cantidad de cosas que había vivido en tan pocos días, todo lo que había aprendido.

No bajé en San Miguel de Tucumán, se notaba que hacía un calor de locos; nadie se subió a mi lado, así que el asiento quedó vacío y me pude estirar a mis anchas. Al otro lado venía un matrimonio de Tandil, con quien compartimos mates mientras caía la tarde en el monte santiagueño. En la bodega llevaban un cajón de cerveza negra Salta.

En Pinto, Santiago del Estero, paramos para comprar comida, en mi caso, un terrible sándwich de milanesa. Nunca olvidaré que cuando el micro estaba por salir, se me metió un escarabajo por la botamanga del pantalón, de suerte tal que yo lo sentía rozarme la pierna cuando caminaba hacia arriba por la tela. Creo que nunca corrí al baño tan rápido; no soy aprensiva, pero tampoco era una situación agradable.

Nadie sabía en Buenos Aires que volvía, fue la gran sorpresa, como todo este relato. Nada de lo sucedido me desanimó, al contrario, me dio ánimo para trabajar duro y planificar un viaje - revancha al verano siguiente.

Pero si me lo preguntan, tengo una deuda pendiente con el Noroeste. Algún día volveré, haré las cosas que no hice y lo disfrutaré a fondo. Pero sobre todo, tomaré muchas fotos!!

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