Norte Argentino: Salta y Jujuy

Escribe: punger
Recorrer el norte argentino, atravesar esas ciudades y pueblos mínimos dónde la cultura ancestral de sus poblados aún permanece casi intacta - y que más allá de los hermosísimos paisajes que los circundan, resulta ser el gran diferencial a la hora de elegir un destino - era un deseo que hacía mucho tiempo se imponía en mi lista de lugares a conocer.

 

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Salta a primera vista

Ciudad de Salta, Argentina — sábado, 27 de marzo de 2010

Recorrer el norte argentino, atravesar esas ciudades y pueblos mínimos dónde la cultura ancestral de sus poblados aún permanece casi intacta - y que más allá de los hermosísimos paisajes que los circundan, resulta ser el gran diferencial a la hora de elegir un destino - era un deseo que hacía mucho tiempo se imponía en mi lista de lugares a conocer.
 
Parto en la noche del  26 de Marzo desde Montevideo rumbo a Buenos Aires, vía Buquebus y tras unas cuantas horas de viaje (esta vez elijo el buque Eladia Isabel que demora tres horas en cruzar desde Colonia del Sacramento), llego bien temprano en la mañana a la ciudad de Buenos Aires, con el tiempo justo para tomar un taxi hasta Aeroparque y allí mi avión a Salta que salía cerca de las 11 hs.
Inicialmente había considerado la opción de viajar por tierra a Salta, pero finalmente, aprovechando a canjear unos kilómetros acumuladas en Lan Chile, decidí viajar en avión y así ahorrar 23 horas de un viaje que hubiese sido interminable y agotador.
 
Arribo a Salta (1.187 msnm) luego de dos horas y poco más de vuelo y tomo un taxi oficial del aeropuerto por $AR 30.- hasta la ciudad. Las tarifas de un taxi cualquiera que se tome en el centro de la ciudad hasta el aeropuerto rondan los $AR 23, lo que me confirmó al regreso que la tarifa de los taxis que ofrece el aeropuerto no es excesivamente más cara.
 
Siento en mi piel el calor de un mediodía húmedo, tormentoso, pesado, mientras viajamos hacia la ciudad disfruto del aire que entra por mi ventana y me alivia del sofocón. Le pregunto al taxista qué tal el clima en estos días, y me responde que muy inestable, con algunas lluvias, tormentas amenazantes que se forman por las mañanas y se disipan por las tardes, y algunas noches en las que se descuelgan torrentes de agua durante media hora y cesan repentinamente para dejar un cielo cubierto de estrellas.
Bueno, eso no me preocupa. Sí me preocupan los cismos que la zona ha sufrido desde el gran terremoto en Chile, pero el taxista me tranquiliza y me cuenta que en Salta casi no se han advertido estos movimientos.
 
Voy con la dirección anotada del único hostel dónde había hecho una reserva previa, el resto se vería, pero a Salta quería llegar con un destino fijo, es una gran ciudad para salir a recorrerla con mi pesada mochila al hombro. Mi ruta de viaje iniciaba en Salta, pero seguiría por Jujuy, Bolivia y Chile durante 25 días. Imposible para mí llevar un equipaje liviano para un viaje tan largo y sí que se hace sentir.
Llego al hostel Los Cardones muerta de calor y cansancio por el viaje y me felicito de haber tomado la decisión de la reserva previa. Si bien no me habían recomendado este alojamiento, es más, la sugerencia fue: no vayas allí!, me convencieron sus tarifas y ubicación. Decidí vivir la experiencia, después de todo, qué tan malo podía ser? Viajaba con un presupuesto muy ajustado y buscando en la web me encontré con que los precios en Salta son un poco más altos que en Jujuy, por ejemplo, y opté por este hostel que finalmente entró en la categoría de “aceptable”. La habitación con baño privado ($AR 40) está bien, un poco deterioradas las sábanas pero limpias. En una breve expedición por las instalaciones descubro una cocina un tanto desprolija, pero no la necesito así que no me preocupo pero es un detalle a tener en cuenta para quienes van con la idea de cocinar.
Pero el balance perfecto lo encuentro en la atención que recibo de su gente, en especial de parte del encargado, un chico alemán que hace años llegó a Salta y enamorado del norte argentino decidió quedarse para siempre. Me pregunto si alguna vez y en algún lugar me sucederá lo mismo, si tendré el valor para dejarlo todo y comenzar una vida en otra parte, un lugar que posea ese magnetismo irresistible que hace que no te quieras ir jamás. Y te quedes…..
 
Estoy muy cansada, no tengo idea de hacia adónde ir, pero necesito comer algo. Entonces salgo y camino las seis cuadras que me separan de la Plaza 9 de Julio en busca de algún lugar donde pueda sentarme a comer y observar. Mientras camino esas cuadras por la calle Zuviría nada me llama especialmente la atención, esta ciudad se me hace muy parecida a otras ciudades del interior uruguayo, no hay gran diferencia. Pero todo cambia al llegar a la plaza principal. La Catedral, los edificios con sus balcones de madera tallados, los arcos, las calles de adoquín. Me encanta lo que veo y encuentro mi lugar: el bar de Juana Manuela, justo frente a la plaza, y me instalo en una de las mesas de la acera. Ordeno sin dudarlo unas empanadas salteñas y de queso de cabra riquísimas por $AR 2.50 cada una y una gaseosa. Y dejo transcurrir el tiempo. Estoy finalmente aquí, en Salta, la linda, la tantas veces imaginada. La tarde ya está en su plenitud y la plaza desborda de gente que va y viene, que llega a ella para reunirse junto a la fuente, alimentar palomas, conversar, con ese ritmo pueblerino que pese a ser una gran ciudad, aún persiste.
 
Decido caminar un rato y me detengo frente a la Catedral, clara, vestida de rosa y amarillo pálido, señorial, orgullosa. Me gusta. No siento especial atracción por la iglesias, pero me gusta. Embellece, atrae, dice. Dice que ella es la más linda, que es hacedora de milagros, que guarda orgullosa los restos del Gral. Martín de Güemes, y otros héroes del norte, luchadores de la patria, soldados también sin nombre que se identifican en el panteón como "desconocido", héroes sin nombre. Y siento una mezcla de emoción y tristeza.
 
Bordeo, camino, sigo mirando. Dejo atrás el Cabildo, el Museo de Arqueología de Alta Montaña, galerías, peatonales, bares, agencias de turismo, gente, mucha gente concentrada en su entorno. La cámara fotográfica se empieza a animar, las ganas están ahí esperando en la esquina de Caseros y Córdoba, frente a la Basílica de San Francisco, roja y oro, imponente, rebuscada, recargada. Imposible ignorarla. Imposible no querer fotografiarla. Quien diría? Mi falta de fe religiosa seducida por un templo de Dios. Aunque solo fuera su rostro, no su corazón, no ese que aún no comprendo, pero la admiro, me hace callar, detenerme por un buen rato. Hermosa por fuera, hermosa y triste por dentro, muda, oscura, sucia, a pesar de ser Monumento Histórico Nacional. En algo me recuerda a la decadencia montevideana. Pero también me gusta, reconozco, lo decadente, lo que queda detenido de alguna forma sin pretender esconder el paso del tiempo.
 
Sigo. Tengo que seguir, tengo que salir de los templos, encontrar la gente, encontrar el alma de la cuidad. Pero estoy agotada, sedienta. Necesito cerrar los ojos, dormir, vaciar mis pensamientos cargados de oficina, rutina, de días alocados, de preguntas, de incertidumbres. Necesito irme por un rato y abrir los ojos cuando sienta que he llegado a donde quiero llegar, que voy a encontrar en este viaje lo que he venido a buscar.
No tengo idea qué es. Pero sé que algo estoy buscando y aún no lo encuentro.

Opiniones:

Mi calificación promedio:
  •  
Servicio    
Ubicación    
Limpieza    
Precio/calidad    

Los Cardones

Alojamiento: Hostel en Ciudad de Salta, Argentina

El hostel está bien ubicado, muy cerca de la zona de bares de la calle Balcarce y a seis cuadras de la plaza principal. La atención del personal es muy buena, son muy amables, bien dispuestos y brindan servicios de tours, información turísitca, taxis, etc. Hay internet, wi-fi, buenos desayunos, agua caliente 24 horas. El hostel es lindo y es una pena, pero está un poco descuidado. Si bien las habitaciones estaban limpias, habían algunos detalles a mejorar como el estado de las sábanas, la limpieza de la cocina, etc. En líneas generales, el hostel está de acuerdo al precio y es una opción económica de alojamiento que tiene más que nada el plus de la buena atención del staff y la ubicación.

Tipo de viaje: Placer | Ideal para: Con amigos, Solos y solas


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