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Frida Kahlo en el Casco Antiguo de Panamá

Escribe: jimenez225
Fuimos de los primeros en llegar. Cargué mi cámara como si se tratara de un revolver. Quería sacar unos buenos disparos de esta extraña mujer, pero ya dentro, los del museo me advirtieron, so pena de expulsión; ?Señor, No Se Permite Fotografiar A Frida Kahlo.? Lo único fotografiable era el lente del abandonado Faro (1884) de Isla Grande de Gustav Eiffel. Y por la forma como nos siguieron, vigilaron y espiaron por todo el museo como a un peligroso terrorista, supe que no creyeron en mi promesa.

 

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Capítulo 1
 

Frida Kahlo en el Casco Antiguo de Panamá

Ciudad de Panamá, Panamá — jueves, 8 de enero de 2009

Por primera vez en Panamá exhibían una colección fotográfica y pictórica de la intrigante vida de la mexicana Frida Kahlo en el Museo del Canal Interoceánico. Por lo tanto era mi obligación asistir por que a mi juicio, esta mujer era una madeja de contradicciones.

Fuimos de los primeros en llegar. Cargué mi cámara como si se tratara de un revolver. Quería sacar unos buenos disparos de esta extraña mujer, pero ya dentro, los del museo me advirtieron, so pena de expulsión; “Señor, No Se Permite Fotografiar A Frida Kahlo.” Lo único fotografiable era el lente del abandonado Faro (1884) de Isla Grande de Gustav Eiffel. Y por la forma como nos siguieron, vigilaron y espiaron por todo el museo como a un peligroso terrorista, supe que no creyeron en mi promesa. A cambio, les dí varios sustos cuando me les perdía. Concluido el tour “Frida Kahlo”, salí convencido que era una mujer de pantalones, de arrestos y fuera de serie. Ya fuera del museo nos propusimos recorrer el Casco Antiguo de San Felipe de la ciudad de Panamá. Dejé entonces que el corazón y los recuerdos guiaran nuestros pasos por las estrechas y adoquinadas calles del pasado. He aquí el resumen de este revitalizante tour:

LE GRAND HOTEL (1869). Un hermoso edificio que me roba el corazón. Mi imaginación levita y se carga de fantasías de vida bohemia cuando la tengo en frente. Y cuando contemplo las buhardillas, sobre el techo tipo “mansard”, recuerdo que nuestro premio Nobel, Gabriel García Márquez vivió en uno de estas allá en la señorial Francia. Que bella época vivieron los bohemios. Y me invade la nostalgia cuando veo los tinacos. Cuantos no escarbe buscando estampillas cuando fue Correo. Era un apasionado coleccionista entonces. Raras estampillas de olvidados países terminaron en mis libros en aquella lejana época de mi vida. Así conocí a mi esposa. Hoy este bellísimo edificio alberga el Museo del Canal Interoceánico, donde exhibieron a Frida Kahlo.

PALACIO MUNICIPAL (1907). Sobrio edificio que arrastra mi corazón a Roma. Poquísimas veces he entrado a este edificio porque siempre quedo fascinado por su arquitectura y las estatuas que moran sobre el friso de innegable corte neoclásico. Durante mi agitada vida universitaria estuve dos días sentado sobre un duro banquito en el andén de la Plaza dibujando estas magníficas estatuas. Y fueron duramente criticado por el Maestro, una eminencia de talla mundial, e inmisericorde profesor de dibujo, Don Guillermo Trujillo. Quedó claro que no sería artista, pero en cambio me hice un apasionado admirador de esculturas. Hoy día sigo admirando este sobrio edificio por sus magníficas estatuas.

CATEDRAL METROPOLITANA (1676). Esta Catedral tiene la especial virtud de producir encontradas contradicciones visuales. Las dos torres, de un blanco inmaculado, en cuyos puntiagudos techos le incrustaron montones de conchas madreperla, tiene esa característica, nunca antes veces visto en otras catedrales, de reflejar la luz del Sol en un inusual destello iridiscente. En cambio, la fachada luce una mampostería multicolor. Como pecas. Todo este contraste le da carácter y personalidad a la Catedral. Sin embargo, sus numerosos y piadosos santitos, tallados en madera, sobrevivientes al desgaste, me producen congoja y opresión.

HOTEL CENTRAL. Muchos recuerdos guardo y atesoro de este edificio. Construido durante el Canal Norteamericano llegó a alojar presidentes, embajadores, millonarios y lo más graneado de la crema y nata nacional e internacional. Yo fui mozo de limpieza del Bar en el tardío ocaso de su fama. Atisbé el esplendor de su glorioso pasado. Admiré la detallada arquitectura de su majestuosa escalera, sentí en mis manos la tersura de sus pasamanos de madera tratada. Me tocó ver toda la grifería y cerrajería que una vez fueron relucientes piezas de bronce.

Alcancé a ver trazas de su artesonado cielo, sus abanicos de grandes aspas lentas, sus sobrias lámparas, su magnífico piso de infinitos mosaicos, sus blancas y almidonadas sábanas y la sobriedad de sus pulcras habitaciones con balcón cuyos barandales de un hierro tejido evocan su esplendor. Yo atisbé la opulencia tardía de ese hotel. Durante mis largos descansos la recorrí completa reviviendo su gloria y esplendor de antaño. Cuando cerraron el Bar –ya el hotel era un adefesio de sí mismo- lloré su largo, largo descuido y abandono. Hoy lo están restaurando, vaciándole las entrañas y amortajándolo –como si de una momia se tratase- dejando solo el maltratado cascaron de su fachada. Revivirán su pasado glorioso. Y yo estaré allí.

LA CASA GÓNGORA. Un misterioso edificio. Sin alma. Dicen que está allí, pero yo no se la encuentro. Su dueño fue un opulento español durante la época colonia y me cuenta el guía que esta Casa tuvo su propia hortaliza, caballeriza, servidumbre y esclavos. Hoy sus enlucidas paredes me siguen intrigando así como su original piso adoquinado. Admiro su diminuto patio interno, que no es mucho, pero tiene ese “yo no sé qué”. Aunque su arquitectura no me revela nada, sigue atrayéndome como un fuerte imán. Hoy es “La Casa de la Cultura del Artista Panameño”, una concurrida galería de arte, de recitales musicales, lecturas poéticas y exhibiciones fotográficas para todo aquel que tenga los deseos y ganas de exhibir su talento. Y créanme, muchas veces me he sentido tentado a exhibir las fotografías de mis andanzas por todo el país.

“LA LUNA”. Todos saben quién vive allí. Ocupó los titulares. Remozó el edificio entero, mantuvo intacta la fachada y se mudo. Fue de los primeros en creer en el Casco Antiguo y pronto el Jet Set lo siguió. Me refiero al multi premiado Grammy, cantante de talla mundial, inigualable compositor, actor y hoy Ministro de Turismo; el panameño Rubén Blades. La Luna tiene el mar Pacífico al frente y el Casco Antiguo a espaldas. Hoy cuesta un ojo vivir en estos edificios y en el sector. Ningún turista recorre el Casco Antiguo sin pasar frente a su casa. Recuerdo que por años fue un vetusto y abandonado edificio de antaño. Hoy se ha revitalizado un olvidado sector. Desde la plaza de enfrente con la bahía en medio, tenemos el Panamá Moderno, plagado de rascacielos. No hay duda que vivir allí tiene sus gratas recompensas.

TEATRO NACIONAL (1905) Me quito el sombrero ante este edificio. De una sobria arquitectura neoclásica, engalanada de sublimes estatuas. Fue el primer edificio republicano construido a prueba de fuego. Y es que antaño los incendios eran frecuentes y devastadores. Durante mi vida universitaria asistí a algunos eventos teatrales y créanme, me atraían más los refinados detalles arquitectónicos de su platea, sus balcones privados, su refinada escalera, su reluciente piso en la que puedes peinarte, incluso sacarte una espinilla. Son tantos detalles que guardo de este sobrio edificio.

IGLESIA SAN FRANCISCO NERI. Esta Iglesia me arrebata. Nunca he entrado a sus naves, pero me basta lo que enseñorea. Es de una arquitectura depurada y limpia. Nada le sobra y nada le falta. Vive custodiada de estupendas estatuas que moran en las alturas que me trae recuerdos de la Roma renacentista. Pero dudo que en Roma las aves carroñeras la irrespetan como aquí lo hacen posándose sobre las estatuas.

PASEO DE LAS BÓVEDAS. Es un paseo hacia el pasado. Este lugar me trae recuerdos encontrados. La tranquilidad y paz de su abovedado paseo, el amargo recuerdo de donde fusilaron (1903) a un campesino, al Cholo, elevado a General, Victoriano Lorenzo quien tuvo en jaque al gobierno de turno. Incluso colocaron una placa donde lo masacraron cobardemente. Todavía se conmemora su muerte. Pero si Ud. es de los quiere apurar un romance solo tiene que traer a la interesada a las Bóvedas, caminar bajo su abovedado enramado de floridas veraneras, atisbar el azul mar infinito, sentir el tibio sol que se cuela entre las veraneras y arrumacarse en una de las estratégicas bancas y espere el ansiado beso. No se les ocurra realizar esto con el sol en el cenit como hice hace muchos años.

El sol le tostó la cabeza a la pretendida y empezó a recitar a voz berreada una desconocida poesía. Los transeúntes nos esquivaron como apestados y yo me le escabullí de la pura vergüenza. Nunca más la busqué. Lo esplendoroso de Las Bóvedas es su amplio malecón, el Obelisco coronado por un gallo en la punta, las estatuas de los próceres, el paisaje divino del mar, las bóvedas mismas –hoy galerías de arte y restaurantes- la estupenda vista del Puente de las Américas, las islas allende al mar, la larga península artificial de del Canal -hoy un concurrido sitio turístico conocido como Calzada de Amador- los barcos pesqueros faenando, los vetustos edificios circundantes –como el Palacio de Justicia, la Embajada Francesa-, el florido parque coronado de frondosos árboles y la oleada de turistas que la llenan de tanto en tanto. En fin, las Bóvedas es un sitio donde puedes recorrer, deambular, pasear, soñar, filosofar, sentirte amado o solo contemplar el mar y sentir el viento marino, entonces el Paseo de las Bóvedas es el lugar.

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Últimos comentarios

maratial dice:
La verdad que no tiene desperdicio esta parte de la ciudad, y muy esta muy buena la forma en que describis cada uno de los edificios. Y coincido en lo que decis sobre La Luna. Saludos
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MARCEDIAZ dice:
Muy buen diario..me senti recorriendo esos lugares...
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Meskal dice:
Lindas fotos de la capital de Panamá, son como una invitación a visitar ese país algún día. y verlo todo por uno mismo. Saludos.
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Dimaz dice:
el diario así como las fotos es muy llamativo
saludos de Rusia)

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SEDANDOR dice:
Exelente relato ,este año regreso nuevamente a tu País .
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un viajero dice:
La puerta de la catedral no tine picaporte afuera,
parece el corazón...solo se abre desde adentro!!

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nicoba09 dice:
Me encanto tu relato, gracias por compartirlo.
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Rubendario14 dice:
Precioso relato, lleno de historia y profundidad.Voy a viajar a Ciudad de Panama en septiembre y pienso recorrer estos magicos sitios.
Felicitaciones,

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