Viajando por Mesoamérica... el día de los muertos...

Escribe: EAH
Son muy pocas las referencias de las festividades dedicadas a los muertos en la época prehispánica, si bien estas se realizaban en diferentes meses ya que al mismo tiempo se rendía culto al dios de la fiesta...

 

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5. el número de víctimas y los diferentes tipos de muerte

Ciudad de México, México — domingo, 11 de octubre de 2009

La cantidad de víctimas variaba mucho de acuerdo con la importancia de la ciudad o el pueblo.
 En algunos casos se habla de dos o tres por año y de muchos más en
ciudades poderosas. En Tenochtitlan, Tlaxcala, Chichén Itzá, se sacrificaba a
cientos o miles de víctimas en las grandes fiestas, como la del renacimiento del Sol (panquetzaliztli, yaxkín). Como es bien sabido, las fuentes en náhuatl se vanaglorian que en ocasión de una doble celebración, la entronización de Ahuítzotl y la
inauguración del gran templo de Tenochtitlan, en 1487 d.C., se inmoló a 80 400
prisioneros, lo cual parece poco probable.
Lo cierto es que las víctimas eran muchas, tal vez tantas como en la India del siglo XIX, por ejemplo, aunque debe tomarse en cuenta que en otras culturas los guerreros habrían sido muertos en el campo de batalla.

El registro de las distintas maneras de sacrificar en el Posclásico es muy rico
y muchas veces se pueden reconocer los modelos míticos:
Las más comunes eran la extracción del corazón y la decapitación; venían luego el flechamiento, el sacrificio gladiatorio, por fuego, enterrar viva a la víctima, por derribamiento desde un alto mástil o por golpes en una peña, por extracción de las entrañas, estrujamiento en una red, derrumbamiento de un techo sobre las víctimas, descuartizamiento, lapidación. En ocasiones se podían combinar dos, tres y hasta cuatro métodos de muerte ritual; por ejemplo, en honor del Sol y de la tierra, se hacía extracción del corazón y luego decapitación, o a la inversa; también podía arrojarse a la víctima al fuego y luego realizar estos dos últimos métodos. El uso de anestésicos era común en los sacrificios por fuego. Muchas víctimas iban a la muerte sin miedo –incluso había voluntarios pero otras lloraban o debían ser arrastradas hasta la piedra de sacrificio.


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