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Chinchibamaba, en los confines de Ayacucho, Perú

Escribe: Moner
La madrugada del 13 de Febrero nos dirigimos al Ovalo de la Magdalena, lugar donde se encuentran las agencias de los combis que se dirigen a los pueblos ubicados al noreste de Ayacucho. Nuestro destino era Chinchibamba, un lugar ubicado en el distrito de Chungui en cuyas cercanías se encuentra perdido la mítica capital del Valle de Mayunmarka, uno de los últimos refugios de los Incas luego de la conquista española, nuestra objetivo era llegar a Chinchibamba.

 

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Largo camino a pie

Chungui, Perú — sábado, 13 de febrero de 2010

Estábamos en un territorio totalmente desconocido, avanzamos en grupo con los otros pasajeros quienes tenían diferentes destinos, por un tramo seguimos la carretera pero nos dijeron que podía acortarse por un camino de herradura, seguimos a unos jóvenes que iban a Cuculipampa por un camino por entre campos de cacao,  la subida era muy empinada y nuestros compañeros nos dejaron rápidamente, en poco tiempo estábamos agotados y sin fuerzas para seguir caminando. Con descansos continuos alcanzamos la carretera, desorientados preguntamos a una señora que venía en sentido contrario, quien nos indicó que el pueblo estaba más arriba, de pronto llegamos a una explanada con un amplio campo de fútbol a la entrada, un letrero indicaba que estábamos a la entrada de  Cuculipampa, el último pueblo del distrito de Anco en esta ruta, pensábamos llegar en 20 minutos y lo hicimos casi en 40 minutos y estábamos totalmente agotados por la áspera subida, nos dimos un buen descanso con abundantes bebidas comprados en una tienda e hicimos una llamada por teléfono porque es el último pueblo donde podemos encontrar el servicio telefónico, preguntamos a unas personas sobre la mejor ruta para ir a Chinchibamba, nos recomendaron tomar el camino de Cachimina luego de pasar por Tixibamba.

De Cuculipampa continuamos por la carretera hacía el Río Tixibamba, la carretera desciende hasta el puente, que en efecto, estaba muy maltrecho, es hasta aquí donde debía habernos traído el combi, por lo menos, pero tuvimos mala suerte y se nos presentaba un camino de herradura muy empinada, más subida y subida. El Pueblo de Tixibamaba es el primer poblado perteneciente al distrito de Chungui, está casi a orillas del Río del mismo nombre, otro de los tributarios más importantes del Río Apurimac, en las orillas del río encontramos los preparativos de una fiesta al que venían artistas desde Ayacucho en nuestro combi, cuando subíamos hacia el pequeño poblado nos alcanzó Rildo, hermano de Leonilda, nuestro guía de aquí adelante, fue una suerte porque por los problemas de comunicación no pudimos avisarle exactamente la fecha de nuestro viaje, en compañía de él nos sentimos ya más tranquilos y dispuestos a enfrentar la larga caminata que recién habíamos iniciado.

Por recomendación de Rildo y a pedido nuestro de ir por una ruta más plana, aún siendo más larga, nos decidimos por la ruta de Villavista en lugar de Cachimina, como nos habían sugerido otros caminantes, Rildo se puso a la espalda lo más pesante de cada una de nuestras mochilas y emprendimos la subida más difícil de tantos que había hecho en mi vida, era efecto también de la primera subida que nos desgastó terriblemente, continuamos un ascenso continuo donde las piernas daban la impresión de pesar como plomo y el corazón se agitaba de fatiga opacando la vista cada cierto tramo por falta de irrigación sanguínea, cada vez eran cortos los tramos que necesitábamos descansar para recuperar fuerzas, finalmente casi a las 6 de la tarde arribamos a la primera cumbre donde estaba enclavado un pequeño caserío llamado Bálsamo, nos sentamos a descansar y beber abundante líquido. La visión desde este lugar es impresionante, aún cuando el Río Apurimac no se muestra a la vista, se vislumbra buena parte del valle hacía el sur y hacia el norte, con depresiones profundas cubiertos de una densa vegetación y para arriba las montañas de la vertiente occidental de la Cordillera de los Andes.

En esta cumbre me puse a observar la geografía agreste y rememorar todas las peripecias que contaba Samanez Ocampo en su exploración del Río Apurimac en 1883, buscando una ruta de salida hacia el Amazonas, su expedición bajó desde el Río Pampas y la mayor parte por la margen derecha, perteneciente a Cusco, por temor a ser atacado y linchado por los guerreros pobladores de Anco y Chungui que no permitían que gente desconocida crucen sus territorios, en el fondo, hacia Vilcabamba se podía vislumbrar la montaña llamado "Osambre", fuente de mitos y leyendas en la zona de Chungui. En la próxima cumbre al frente estaba el pueblo de Villavista hasta donde llega la carretera y más allá, a una distancia como para desanimarnos, una cumbre más alta aún donde se ubica el pueblo de Malvinas, detrás debería estar Chinchibamba, nuestro destino. Continuamos nuestra caminata por la carretera hasta Villavista, último lugar hasta donde llega la carretera y desde donde debíamos haber empezado recién la caminata.

La carretera bordeaba una quebrada profunda, según mis cálculos había unos 6 kilómetros y nos tomaría más de una hora, en efecto, anochecimos antes de llegar a Villavista, un pequeño letrero a la entrada al pueblo nos indicaba que habíamos llegado alrededor de las 7:20 de la noche, la noche era muy cerrada y sin luna, felizmente estábamos equipados con linternas que nos permitió avanzar sin problemas. Descansamos lo suficiente para aliviar el dolor de los pies y pantorrillas que la larga y continua caminata por terrero plano nos ocasionó, en lugar del cansancio muscular, nuestro plan inicial fue empezar aquí la caminata pero ya habíamos caminado 4 horas y estábamos casi en la mitad de camino. Rildo nos sugirió pasar la noche en Villavista, pero a pesar de nuestro cansancio todos decidimos continuar y llegar la hora a la que fuese.

De Villavista el camino es camino de herradura, por tramos es plano, algunas bajadas y varios subidas pero no tan pronunciadas como el de Cuculipampa y Tixibamba, a pesar que la marcha se puso más ligera por la frescura de la noche, mis pantorrillas y muslos daban la impresión de sufrir los efectos de un calambre en cualquier momento, cualquier paso en falso sentía los síntomas del calambre y tenia que pararme por un momento hasta que se calme y los músculos se relajen, cuando teníamos que descansar prefería quedarme parado y buscar un lugar elevado donde sentarme, porque un esfuerzo extra podría provocarme el agarrotamiento de mis músculos y no podría seguir avanzando. Avanzamos más rápido de lo previsto, casi todo el trayecto en silencio y sólo bajo la luz de las linternas, en algunas partes donde se mostraba el cielo abierto sólo podíamos ver el cielo estrellado y el resto era una oscuridad completa, cerca de las 9:30 de la noche arribamos al poblado de Malvinas, último pueblo para llegar a Chinchibamba.

Desde aquí ya no había subidas, nos alegramos por la noticia, pero al final casi nos arrepentimos por escoger el camino más corto en lugar de otro camino más plano pero más largo que iba por Moyabamba. Este último trayecto fue el más difícil de todos, empezamos con un descenso casi vertical que nos supo interminable, las canillas empezaron a doler y las rodillas ya no podían doblarse, cado paso requería un esfuerzo enorme y era doloroso. Por fin llegamos a una zona menos pronunciada que se hizo más llevadero, veníamos bajando como media hora cuando escuchamos el ruido de un río y nuestro guía nos confirmó que era el Huarmamayu, entonces vino a mi mente el recuerdo de mi niñez, tendría unos 5 ó 6 años cuando mis padres nos trajeron a este lugar, la imagen de un camino difícil por un campo recién rozado (se dice así cuando se ha talado una extensión del bosque para la siembra), el camino había sido invadido por las hormigas carnívoras que andan en tropa e invaden todo, nos subían al cuerpo en busca de carne descubierta y nuestros cerdos gritaban por el ataque de las hormigas, llegamos al anochecer a una pequeña choza y nos instalamos, algunos días después gritos horribles nos despertaron en la noche, ya en la madrugada descubrimos que un otorogo (jaguar) había matado a uno de los cerdos y los niños temblábamos de terror; ahora no sentía temor alguno, sólo el dolor en los pies y el agotamiento que trataba de ignorar concentrándome en los recuerdos.

Aún sabiendo que ya estábamos cerca de Chinchibamba y empezamos a oír el sonido mucho más fuerte de Mazumayu, el camino se nos hizo interminable, algunas bajadas y otras pequeñas subidas que nos supo a torturas, daban ganas de  echarse en el suelo y no levantarse hasta el día siguiente. Finalmente al cabo de casi una hora y media de caminata nuestro guía nos indicó que el nuevo sonido correspondía al río Taparao y nuestro destino estaba casi al frente nuestro, tratamos de distinguir luces en la oscuridad, pero sólo había algunos indicios que podían confundirse con la luz de las luciérnagas, un último esfuerzo nos costó bajar hasta el río, cruzamos un pequeño puente y entramos por una plantaciones, aparecieron las primeras casas señal de que habíamos llegado, eran las 11 de la noche cuando llegamos a la casa de Rildo. Aquí no hay duchas ni baños al estilo occidental, pero un baño en la noche abierta con una manguera y agua fría nos resucitó de un cansancio brutal, Emperatriz, la esposa de Rildo, nos esperaba con una ligera comida, recién comimos algo sólido desde el desayuno pero extrañamente no sentimos hambre durante la larga caminata, luego nos rendimos al sueño reparador sobre el entablado del segundo piso de la casa de Rildo.

Publicado el 22/abr/2010, 21.17
Modificado el 23/abr/2010, 14.26
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