Diarios de viaje > El Mundo > Diario de viajes

Chipre: el país del mar Mediterráneo (parte I)

Escribe: Budha
África, Asia y Europa son tres monstruos que abrazan y contienen a la isla de Chipre. La proximidad con ellos hasta la hace dudar de su identidad. Todo está cerca: 103 kilómetros al Este, Siria; 70 kilómetros al Norte, Turquía; 380 al Sur, Egipto, y un extremo de Grecia, a 270 kilómetros. Por su posición geográfica pertenece a Asia. Pero, por tradición, forma de vida y costumbres, sus habitantes se consideran europeos.

 

Compartir en:        Enviar a un amigo   Imprimir

 
 

Chipre: el país del mar Mediterráneo (parte I)

Chipre — jueves, 14 de octubre de 2004

Chipre es tierra de contrastes, de dicotomías que conviven en armonía o que se excluyen y rechazan hasta el desgarro. Donde el suave ir y venir de las olas del mar azul pronto se olvida cuando los sinuosos caminos de montaña esquivan los precipicios en busca de la cima. En un abrir y cerrar de ojos, el paisaje es otro.

La arena se convierte en la áspera y grisácea piedra caliza que envuelve todo, para dejarle la posta, más allá de los mil metros de altura, a la piedra volcánica. La vida de playa se mezcla con la nieve de la montaña, que la incipiente primavera se encargará de derretir.
La historia de la isla, producto de las muchas conquistas, se funde en un cóctel de leyendas ancestrales. Religión ortodoxa y mitología griega, aunque incompatibles se unen en la cotidianidad de pueblitos perdidos en el tiempo y ciudades modernas y funcionales.

Es tierra que mutó de un pasado multicultural a un presente signado por una línea real que divide la isla en forma transversal, separando, desde hace 25 años, a los grecochipriotas de los turcos y turcochipriotas.
Es tierra colmada de iglesias y monasterios de diferentes épocas y con las formas más variadas, que reflejan la gran religiosidad del pueblo. Y, sobre todo, una profunda devoción hacia la Virgen María. No hay autos, casas o comercios que no tengan en algún lugar una estampita de la madre de Jesús. Agia (santa) y agios (san) son palabras que se oirán permanentemente. La mayoría de las iglesias y una gran cantidad de pueblos llevan nombres de santos.

La vida tranquila entre gente amable y hospitalaria transcurre entre los ecos de la música griega y toneladas de naranjas que acompañan todas las comidas.
Esta región árida, de viento seco, de polvo, de caminos que se abren paso entre almendros, cítricos, olivos y vides, que crecen con esfuerzo y dedicación, tiene un encanto especial. Fue codiciada por las grandes civilizaciones antiguas, modernas y contemporáneas, quizá por su ubicación estratégica, rodeada por tres continentes, en el extremo oriental del Mediterráneo.

De tiempos inmemoriales

Visitar Chipre es como tirarse por un tobogán al pasado, para luego ir ascendiendo en el tiempo en un ascensor que se detiene en cada siglo.
A pesar de las muchas ruinas descubiertas, todavía esconde en sus entrañas restos de las diferentes culturas que la habitaron a través del tiempo.

Primero se asentaron los aqueos, después llegaron los fenicios, los asirios, los egipcios y los persas. El rey Evágoras de Salamina fue quien hizo de Chipre un centro político y cultural del mundo griego e introdujo su alfabeto. Más tarde llegó Alejandro Magno y luego formó parte de la dinastía de los Ptolomeo de Egipto, hasta que fue anexada al Imperio Romano.

Cuando el imperio se dividió en dos, la isla quedó incluida en la parte oriental, en lo que fue el Imperio Bizantino. Durante las Cruzadas, Ricardo Corazón de León se apoderó de Chipre y lo vendió a la Orden de los Caballeros Templarios. Más tarde llegó la República Veneciana y el Imperio Otomano.

Cada pueblo dejó la marca de su paso, con trazos que perduran indelebles, aunque la cultura y costumbres griegas son las que más se destacan. Chipre es como un tapiz que se fue bordando muy lentamente con las mejores perlas de cada período. Hay objetos y pinturas prehistóricos, antiguos templos griegos, iglesias bizantinas, mezquitas turcas, monasterios, villas romanas con artísticos mosaicos en el piso, castillos de la época de las Cruzadas, tumbas antiguas, iglesias góticas y fortificaciones venecianas.

Por último, en 1878, pasó a manos de Gran Bretaña, hasta que en 1960 logró la independencia y se proclamó la República de Chipre, aunque los ingleses todavía conservan dos bases soberanas en la isla. Este es el fin de una historia y el comienzo de otra, la que puso a prueba la convivencia pacífica de grecochipriotas y turcochipriotas.

Cultura

Los chipriotas se sienten muy orgullosos de su herencia cultural, la cual tiene una tradición de más de nueve mil años. El norte de la isla copia el estilo de vida y la cultura turca, mientras que la República intenta crear una identidad independiente.

Chipre está llena de recuerdos de la historia cultural de la isla: sus templos griegos, mosaicos romanos y frescos religiosos del siglo XV, todavía sirven de inspiración a los artistas de hoy. Muchas de las aldeas están especializadas en algún tipo de artesanía, como cerámica, plata, artículos de cobre, cestas, tapices y los famosos encajes de Lefkara.
Las muestras de arte popular chipriota están en el Museo de Arte Popular (1950) en Nicosia. El Museo de Chipre (1883), también en la capital, alberga muchos de los objetos arqueológicos encontrados en la isla. Los museos en Páfos, Lárnaca y Limassol muestran otras colecciones importantes.

La música tradicional de la población greco parlante de Chipre comparte alguna de las características de otras músicas regionales griegas. Los patrones ornamentales son transmitidos oralmente y son añadidos a elección del músico.

Troodos Massif

Las montañas de la región de Troodos, al sur del país, resultan inolvidables. Popular por sus pistas de esquí y sus excursiones, Troodos está lleno de monasterios del siglo XV, aldeas que fabrican vino y senderos donde pasear tranquilamente.
El monasterio Kykkos, al oeste de Troodos, es el más conocido y el más turístico. Construido en el siglo XII, ha sido completamente restaurado y contiene un museo de iconos religiosos. Asinou es probablemente el más bellos de los monasterios de la zona, pero hay que realizar una larga caminata para llegar hasta allí. Pedhoulas, también al oeste de Troodos, es otro centro turístico a donde los visitantes acuden para ver la Iglesia de los Arcángeles.

Península de Akamas y Polis

La península de Akamas, en la costa oeste, es uno de los lugares más salvajes y menos dañados de la costa chipriota. El paisaje lo forman un mosaico de rocas estériles y una exuberante vegetación, con una amplia variedad de fauna y flora, incluyendo algunas especies raras. Es un destino ideal para los amantes del senderismo, con una red de caminos que cruzan toda la península.

Polis es la única playa al sur de la isla que abastece a los viajeros independientes. Situada entre huertos de fruta y rodeada de un escenario espectacular, Polis constituye un perfecto punto de partida para explorar los alrededores de la zona. También es el lugar ideal para alquilar una bici de montaña, una moto o un coche.

Calificación

0 de 5
  •  

0 puntos (0 votos)

publicado el 24/oct/2008, 14.24
modificado el 10 de febrero a las 06.27
leído 2782 veces

Imprimir     Enviar a un amigo
Compartir en:    

 
 


Últimos comentarios

Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o

 

Capítulos de este diario