Experiencias en Chillán (Chile)
Chillán, Chile — martes, 23 de noviembre de 2010
Les dijimos a las autoridades: ‘necesitamos un radiotransmisor, con dos equipos: uno para nosotros y otro para Patricio, el jefe del SAMU’. El SAMU es el Sistema de Atención Médica de Urgencia, la variante chilena del SIUM cubano (Sistema Integral de Urgencia Médica). Ellos contestaron: ‘¿Radio? Eso es una tecnología obsoleta. Nadie aquí usa eso.’ Pero nosotros insistimos, porque cuando se desataron el terremoto y el tsunami las redes de telefonía celular se cayeron y el moderno sistema de comunicación del país colapsó. Nosotros no queríamos vivir esa experiencia.
Se dieron por vencidos y nos dieron un radio. El otro lo tenía Patricio.” Pronto llegaría la hora de probar que aquello no era un capricho. El 11 de marzo, día del traspaso de Gobierno -Michelle Bachelet entregó la Banda Presidencial a su sucesor, Sebastián Piñera-, el Dr. Juan Carlos asistía a una cirugía compleja, una fractura. “De momento dice la anestesista: ‘El paciente está convulsionando, está convulsionando’. Bueno, y nosotros con él, porque también se estaban moviendo fuertemente las carpas. Y responde un compañero: ‘No, no es una convulsión; es que está temblando’.”Se armó un corre corre infernal entre los que estaban en las edificios próximos al hospital, presos del pánico. “Hay un gran alboroto y, por supuesto, los celulares dejaron de funcionar instantáneamente…
En eso se escucha por la radio: ‘Hospital de campaña, hospital de campaña, ¿está operativo?’ Respondo: ‘Sí, operativo, esperando para recibir pacientes’. Al día siguiente, las autoridades de Salud y todo el personal de atención médica de urgencias disponían de radios, que sirvieron para comunicarnos rápidamente cuando se producía una réplica”, comenta con cierta picardía el Jefe de la Brigada.
Al día siguiente del cambio de gobierno, el 12 de marzo, el nuevo Ministro de Salud de Chile le solicitó a Cuba otro hospital de campaña. Tres días después ya estaban los cubanos llegando a Chillán, que en lengua autóctona quiere decir “Silla del Sol”, ubicada a unos 319 kilómetros al sur de Rancagua.
En un reportaje publicado el 19 de marzo, la revista chilena Punto Final explica exactamente como se concretó esta solicitud: “La organización y equipamiento del hospital y la capacidad profesional de los médicos y paramédicos cubanos fue reconocida por el nuevo ministro de Salud, Jaime Mañalich, ex director de la lujosa Clínica Las Condes, que luego de conocer las condiciones de funcionamiento del hospital de campaña en Rancagua pidió públicamente al gobierno cubano que enviara otro hospital de ese tipo, para atender la emergencia en Chile.”La respuesta del gobierno cubano fue instantánea. Dos días después de esta solicitud arribaba a Chile un segundo hospital de campaña cubano y, como el otro, equipado con quirófano, terapia intensiva, sala de hospitalización, laboratorio, sala de imágenes, etc.
Si se cortaba la energía eléctrica, se activaba automáticamente un generador y el hospital seguiría funcionando normalmente. Por supuesto, también contarían con el “viejo” y eficiente sistema de radio.El Doctor Juan Carlos viajó al frente de la Brigada de Chillán. Cuando le pregunto qué era distinto en esa zona de la cordillera andina, ni lo piensa dos veces: “más lluvia, más frío y más cerca del desastre”. Con una población de 230 000 habitantes, también sufrieron el colapso de su infraestructura sanitaria.
El Hospital Regional perdió 206 camas.“Pero la gran diferencia con Rancagua es que en Chillán había toque de queda: no se podía estar en la calle desde las ocho de la noche hasta las seis de la mañana, y por tanto, a esas horas no teníamos pacientes. Cuando amanecía, ya había entre 600 y 700 personas haciendo cola en las afueras del hospital. Era muy agotador para los 36 colaboradores de la salud.”Descubrieron maravillados por qué Chillán le dicen la región de las artes. Ha sido la cuna de poetas, escritores, músicos, escultores y, particularmente, de personalidades de la cultura chilena muy entrañables para Cuba: allí nació Víctor Jara, el cantautor asesinado en el Estadio Chile, el inolvidable creador de “Te recuerdo, Amanda”, canción que todos se saben de memoria. De allí también es el gran amigo de Cuba y de Fidel, el escritor y luchador comunista Volodia Teitelboim. Violeta Parra nació en esa zona.
A los chilenos no les resultó extraño que los cubanos supieran de memoria las canciones de Violeta y Víctor Jara. Ellos también podían cantar decenas de Silvio y Pablo, de modo que era lógico que se encontraran para escuchar música y bailar. “Y una cosa llevó a la otra. Ellos querían bailar salsa y nosotros tratamos de aprender a bailar la cueca”, afirma Juan Carlos. No me imagino como pueden bailar un cubano la cueca: “Bueno, ellos tuvieron más éxito que nosotros en el aprendizaje. Nosotros bailando la cueca somos malísimos”.
Se dieron por vencidos y nos dieron un radio. El otro lo tenía Patricio.” Pronto llegaría la hora de probar que aquello no era un capricho. El 11 de marzo, día del traspaso de Gobierno -Michelle Bachelet entregó la Banda Presidencial a su sucesor, Sebastián Piñera-, el Dr. Juan Carlos asistía a una cirugía compleja, una fractura. “De momento dice la anestesista: ‘El paciente está convulsionando, está convulsionando’. Bueno, y nosotros con él, porque también se estaban moviendo fuertemente las carpas. Y responde un compañero: ‘No, no es una convulsión; es que está temblando’.”Se armó un corre corre infernal entre los que estaban en las edificios próximos al hospital, presos del pánico. “Hay un gran alboroto y, por supuesto, los celulares dejaron de funcionar instantáneamente…
En eso se escucha por la radio: ‘Hospital de campaña, hospital de campaña, ¿está operativo?’ Respondo: ‘Sí, operativo, esperando para recibir pacientes’. Al día siguiente, las autoridades de Salud y todo el personal de atención médica de urgencias disponían de radios, que sirvieron para comunicarnos rápidamente cuando se producía una réplica”, comenta con cierta picardía el Jefe de la Brigada.
Al día siguiente del cambio de gobierno, el 12 de marzo, el nuevo Ministro de Salud de Chile le solicitó a Cuba otro hospital de campaña. Tres días después ya estaban los cubanos llegando a Chillán, que en lengua autóctona quiere decir “Silla del Sol”, ubicada a unos 319 kilómetros al sur de Rancagua.
En un reportaje publicado el 19 de marzo, la revista chilena Punto Final explica exactamente como se concretó esta solicitud: “La organización y equipamiento del hospital y la capacidad profesional de los médicos y paramédicos cubanos fue reconocida por el nuevo ministro de Salud, Jaime Mañalich, ex director de la lujosa Clínica Las Condes, que luego de conocer las condiciones de funcionamiento del hospital de campaña en Rancagua pidió públicamente al gobierno cubano que enviara otro hospital de ese tipo, para atender la emergencia en Chile.”La respuesta del gobierno cubano fue instantánea. Dos días después de esta solicitud arribaba a Chile un segundo hospital de campaña cubano y, como el otro, equipado con quirófano, terapia intensiva, sala de hospitalización, laboratorio, sala de imágenes, etc.
Si se cortaba la energía eléctrica, se activaba automáticamente un generador y el hospital seguiría funcionando normalmente. Por supuesto, también contarían con el “viejo” y eficiente sistema de radio.El Doctor Juan Carlos viajó al frente de la Brigada de Chillán. Cuando le pregunto qué era distinto en esa zona de la cordillera andina, ni lo piensa dos veces: “más lluvia, más frío y más cerca del desastre”. Con una población de 230 000 habitantes, también sufrieron el colapso de su infraestructura sanitaria.
El Hospital Regional perdió 206 camas.“Pero la gran diferencia con Rancagua es que en Chillán había toque de queda: no se podía estar en la calle desde las ocho de la noche hasta las seis de la mañana, y por tanto, a esas horas no teníamos pacientes. Cuando amanecía, ya había entre 600 y 700 personas haciendo cola en las afueras del hospital. Era muy agotador para los 36 colaboradores de la salud.”Descubrieron maravillados por qué Chillán le dicen la región de las artes. Ha sido la cuna de poetas, escritores, músicos, escultores y, particularmente, de personalidades de la cultura chilena muy entrañables para Cuba: allí nació Víctor Jara, el cantautor asesinado en el Estadio Chile, el inolvidable creador de “Te recuerdo, Amanda”, canción que todos se saben de memoria. De allí también es el gran amigo de Cuba y de Fidel, el escritor y luchador comunista Volodia Teitelboim. Violeta Parra nació en esa zona.
A los chilenos no les resultó extraño que los cubanos supieran de memoria las canciones de Violeta y Víctor Jara. Ellos también podían cantar decenas de Silvio y Pablo, de modo que era lógico que se encontraran para escuchar música y bailar. “Y una cosa llevó a la otra. Ellos querían bailar salsa y nosotros tratamos de aprender a bailar la cueca”, afirma Juan Carlos. No me imagino como pueden bailar un cubano la cueca: “Bueno, ellos tuvieron más éxito que nosotros en el aprendizaje. Nosotros bailando la cueca somos malísimos”.
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Últimos comentarios
carmenparis dice:
el Samu chileno fué calcado del Samu francés (Servicio de Ayuda Medica Urgente) .Medicos chilenos fueron formados en Francia ...
muy interesante tu relato...saludos
Publicado
Alcione2 dice:
Gracias Graveran, no sabía que habías hecho estas cosas.
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Capítulos de este diario
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1
Aterrisando en Santiago de Chile
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2
Experiencias en Chillán (Chile)
-
3
Rancagua
-
4
Regreso a la habana
En Chillán...
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