Encantadora... Guatemala
Escribe: Bertuco
Este es uno de los mejores viajes que he realizado, por lo maravilloso del país, por las gentes que lo habitan y por las personas que me acompañaban.
Hice en su día un diario del viaje y, ahora, para estrenarme en este blog, os le muestro.
Chichicastenago
Chichicastenango, Guatemala — domingo, 4 de mayo de 2003
Amaneció otro día radiante y, después de desayunar nos acomodamos en el busito para emprender otra de las etapas del viaje, Chichicastenango, lugar conocido por su famoso y apreciado mercado. Durante el trayecto nos encontramos con un grupo de personas con trajes típicos de la región que avanzaban en procesión en dirección a Chichi, algo habitual los días que hay mercado, los jueves y sobre todo los domingos. Después de aproximadamente dos horas por una sinuosa pero atractiva carretera llegamos al pueblo, en el que había un gran apogeo de gente. Entramos en un aparcamiento que estaba repleto de autobuses de otros turistas y nos despedimos de Antonio hasta la una que teníamos prevista la comida en un restaurante cerca de allí.
La primera parte de la visita fue el mercado de frutas y verduras. Estaba situado en una nave a la que llegamos tras deambular por las estrechas y abarrotadas calles. Nada mas entrar el impacto de olores y colores que nos produjo, fue tremendo. Subimos al piso de arriba, en el que un balcón rodeaba todo la planta de abajo y pudimos disfrutar de una vista fantástica, era como contemplar un cuadro vivo de Van Gogh.
La siguiente parada y después de seguir a Emilio entre los puestos, dando y recibiendo algún que otro empujón (práctica consentida y necesaria para poder transitar medianamente bien), nos situó frente a una de sus profesadas iglesias. En sus centenarias escaleras de acceso, sus fieles nativos celebraban ritos y plegarias, abstraídos del entorno. Acompañaban a sus ceremonias velas y artesanos quemadores de incienso u otras hierbas que impregnaban el ambiente de un profundo misticismo. La presencia de extranjeros en estas escaleras no era de su agrado, algo que nosotros respetamos religiosamente (otros no debían de estar enterados).
Entramos por una de sus puertas laterales y observamos las diferentes ceremonias que realizaban, especialmente me llamo la atención una viejecita que arrodillada junto a un altar improvisado repleto de velas, arrojaba pétalos de flores y rezaba fervorosamente.
Sensiblemente impresionados nos dirigimos a contemplar un rito maya.
De camino entramos en una fábrica de máscaras, originales, las que usan en los bailes rituales. Como estaban en venta, Juan Carlos y yo nos quedamos regateando con el vendedor. Finalmente, adquirí una que representaba un leopardo y salimos a buscar a la peña, la cual, para nuestra sorpresa había desaparecido. Caminamos un trecho y preguntamos a un paisano a ver si les había visto, a lo que nos respondió negativamente.
Volvimos a la fábrica y les buscamos por los alrededores sin éxito por lo que regresamos al aparcamiento donde estaba el bus. Preguntamos a Antonio pero no tenía noticias del grupo y tampoco podíamos llamar a Emilio porque no tenía su teléfono grabado, circunstancia que a Juan Carlos no le hizo nada de gracia.
Dada la actual situación decidimos encontrar por nosotros mismos el lugar donde se celebraba el famoso rito. Preguntando y callejeando llegamos hasta el pie de un monte desde el partían un laberinto de caminos. Solicitamos ayuda a un chavaluco que trabajaba en una huerta y nos situó en la senda principal. Le dimos una propina y continuamos la breve, pero dura ascensión.
Una vez arriba contemplamos la ceremonia que un chaman realizaba a uno de los muchos adeptos que imploraban su ayuda. El calor era de justicia y decidimos, dada la hora, ir al restaurante y esperar allí al resto del grupo. De camino, entramos en una tienda de máscaras y estuvimos charlando con su amable dueño, que nos contó que nuestros compañeros estuvieron esperándonos aquí al lado un buen rato. Nos despedimos, le dimos las gracias (le compré una máscara) y continuamos la marcha.
El restaurante era precioso, con un patio repleto de floridas plantas y varios papagayos de llamativos colores. Había cantidad de gente por todos lados, muchos de ellos españoles, que como nos enteramos mas tarde, formaban parte de una excursión organizada por seguros Winthertur.
Nos acomodamos en los rústicos sillones de su distinguido bar, pedimos unas gallos y nos quedamos allí, disfrutando del ir y venir de la gente. Sobre la una llegaron los demás y nos acompañaron en la catación de cerveza.
Acto seguido pasamos al comedor a degustar la manduca que elegimos de un amplio, pero poco atractivo, buffet. Y estaba yo en plena captación, entre fuentes y cazuelas, cuando percibo que alguien me está mirando. Le miro, me mira, nos frotamos los ojos, no puede ser...., si, es él.... ¡¡¡ Valentín !!!. Es increíble, hacía unos días, estaba tomando un cubata en su pub, en Maliaño, y ahora nos encontrábamos en Guatemala a mas de 9000 kms de distancia. Me contó que acompañaba a su hermana en un viaje que organizaba la entidad aseguradora ya mencionada. Eran un grupo de 200 personas y seguían un itinerario al revés que el nuestro y, por supuesto, no tan completo.
Después de comer Amparo, Diana, Darío y yo fuimos a ver a un chaman, mientras el resto realizaba las últimas compras. Nos acompañó Emilio hasta una iglesia utilizada para su obtener sus predicciones. Hablamos con él y, aunque el rito requería mas tiempo del que disponíamos, acordamos hacerle dos preguntas a diez quetzales cada una. La primera que entró fue Amparo y estuvo algo mas de media hora. No se que la contó pero salió radiante y con una urgencia fisiológica de la que se alivió en un hotel próximo de donde estábamos. A continuación, entró Diana y mientras esperábamos Darío se puso malo del estómago y Emilio desapareció por unos minutos, regresando con unos sobres de algún tipo de laxante y una botella de agua que ofreció al enfermo. Inmediatamente después, salió disparado al mismo sitio que, anteriormente, había sido honrado con la visita de Amparo. Cuando terminó Diana, que estuvo mas de una hora, volvimos al autobús ya que se habíamos quedado en regresar antes de las 5:00 para reemprender la marcha, camino de Guatemala City.
El trayecto resultó muy entretenido. Darío requirió una especial atención dada su actual condición, físicamente disminuido, aunque mentalmente, mas adelante, nos demostraría, que estaba perfectamente. Después de recibir unos masajes relajadores por mediación de Esther, le suministramos unos chupitos de whisky para fortalecer su maltrecho estómago. A partir de aquí, no se a raíz de que, se abrió el debate estelar con el racing como protagonista y a Piterman como actor invitado. Partidarias (Esther y Diana) y detractores (especialmente, Darío) del actual mandatario racinguista, mantuvieron una ardua discusión que ni en las tertulias de Crónicas Marcianas. Finalmente, para mí, Darío, tras una brillante exposición de los hechos, fundamentada con una pormenorizada retrospección histórica de nuestro equipo, sería quien se llevaría el gato al agua, y como consecuencia inmediata, la inclusión de una nueva y apasionada aficionada, Amparo.
Cuando llegamos a la capital ya había oscurecido y fuimos directamente al hotel Stofella situado en una zona residencial. Era moderno y bastante lujoso. Nos tomamos el cóctel de bienvenida, concretamos una hora para cenar y nos dirigimos a la habitación a ducharnos. Estaba bien pero hacia un calor horrible, no debía de funcionar el aire acondicionado. Darío no se encontraba bien y se echó a la cama, mientras yo me duché y, como andaba algo flojo de la tripa, me acomodé en el trono y .... ya os podéis imaginar.
Mucho mas ligero baje a recepción a esperar a la peña que, mas bien, fue peñuca porque César también estaba fastidiado y Juan Carlos y Rocío habían quedado para cenar con unos amigos de allí. Total, estábamos Esther, Amparo, Diana, Keker y yo, no podía estar mejor acompañado, rodeado de damas. Salimos a la desierta calle y anduvimos hasta que encontramos un restaurante italiano y allí nos metimos. Pedimos espaguetis al gusto de cada uno (los míos sin queso), ensalada y agua, ya que a partir de las 8:00 pm entraba en vigor la ley seca y nos quedamos son poder saborear una gallo. Amablemente, nos ofrecieron un Bloody Mary (zumo de tomate con vodka) que se camufla mejor, pero rechazamos, unánimemente, la propuesta.
Terminada la suculenta cena, preparamos unas limonadas para los enfermos y regresamos al hotel. Me pasé por la habitación del trío Arnáiz a por unas aspirinas para Darío y saludé a César que estaba viendo el resumen de los partidos en la tele. En ese momento estaban emitiendo en partido del racing que había ganado 2-0 al Valencia con dos golazos de Bodipo (aupa racing). Con gran satisfacción me fui a dar la noticia a Darío y al entrar me le encuentro tapado hasta el cuello, sudoroso y delirando algo. Me acerqué y extendió su mano suplicándome que le quitara la pulsera que habíamos comprado a la viejecita el día anterior. Atendí su petición y le ofrecí el limón y la aspirina que se tomó sin rechistar y se quedo traspuesto. Y yo, también, al poco rato.
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Últimos comentarios
HORNI dice:
vaya cuanta gente mal del estomago, sospecho que tal vez el agua del lugar no sienta bien al estomago del europeo ???
Publicado
Aleleani dice:
A veces en los viajes , comemos o bebemos cosas a las que nuestros estómagos no están acostumbraddos...
Qué pena que no subiste fotos de los lugares que visitaron , principalmente del mercado.
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