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Riviera Maya: cultura y naturaleza, todo en uno

Escribe: pepemanolo
La costa oriental de la Península del Yucatán esconde secretos de todo tipo, desde lugares donde los peces te envuelven como en un manto, hasta travesías por la selva entre tarántulas; desde ciudades mayas patrimonio de la UNESCO, hasta ruinas evocadoras enmedio de la jungla. Un paraíso para quien busca algo más que sol y playa, lleno de rincones auténticos, de cenotes fascinantes, de gentes hospitalarias. Un paraíso en la tierra.

 

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Chichén Itzá: encuentro con la historia

Chichén-Itzá, México — lunes, 19 de septiembre de 2011

A las 6:15 estamos en el hall, pero Raúl (el responsable de Excursiones Riviera Maya) llama diciendo que va con media hora de retraso. Finalmente nos recoge. Una van de las grandes con dos parejas de españoles jovencitos que forman un cuadro de amistad de viaje recién forjada, el conductor, Raúl y nosotros. Y así empieza la ruta.

Lo de Raúl es una casualidad: navegando por otro foro de viajes, losviajeros.com, encontré un chico que hablaba de convertir su sueño en realidad: marchar de España y asentarse en este bello rincón del Caribe, montando una empresa de turismo. Y aquí estábamos, él ya con 15 días de funcionamiento a las espaldas y nosotros apoyando la iniciativa al contratarle a él la salida. No nos arrepentiríamos. De momento, no es normal que el dueño en persona te acompañe todo el día, pero así es: dice que es la atención personalizada que quiere dar.
 
Aquí todo es llano, así que las carreteras son grandes rectas, como brechas en el verde de la selva. De cuando en cuando, un cartel indica el acceso a un cenote; algunos son una simple pieza de madera, otros son grandes carteles con fotografías a todo color. Así transcurre el camino hasta llegar a un poblado. Ahora vemos el contraste entre la amplia plaza del ayuntamiento y de la iglesia, y las casas humildes, que en el sentido estricto de la palabra son cuatro paredes y un techo. Las tienduchas no son mucho más.
 
La ruta continúa entre selva, y al final llegamos a Chichén Itzá, nuestro primer destino. Entramos, pero aunque he leído y visto fotos del lugar, no estoy preparado para lo que hay. De momento, caminamos por una senda donde decenas de vendedores están ya montando sus puestos. Pero conforme andamos, sin saberlo, nos estamos acercando a una imagen inolvidable. Al llegar a una zona cada vez menos arbolada se vislumbra la base en piedra de un gran edificio; al llegar al claro, aparece en todo su esplendor, cortando la respiración: es el Castillo, la construcción más espectacular del sitio, y hoy (con razón) con el título de Nueva Maravilla del Mundo.
 
Pero aún no es la hora de admirarla, continuamos alejándonos de la hermosa pirámide, y el conductor ahora convertido en guía nos va deshojando la historia de un pueblo antiguo, sencillo y sabio, conquistado por los guerreros toltecas y fusionadas ambas culturas en los tiempos del auge de esta ciudad. Pasamos así ante el Osario, cerca de la Casa del Venado y llegamos al Caracol, un observatorio astronómico donde los mayas demostraban sus conocimientos matemáticos y astronómicos.
 
El guía-conductor, maya descendiente orgulloso de este antiguo pueblo, también nos demuestra su conocimiento sobre el lugar y el pasado que realmente es su propio pasado. Como somos casi los primeros, nos permitimos el lujo de tomar fotografías donde no aparece nadie. El único "pero" es que no nos lleva hasta el Cuadrángulo de las Monjas, sino que nos dirige hacia el exterior de la antigua ciudad, para enseñarnos los restos de la muralla y el inicio del sac-bé o camino empedrado. Nos habla de Venus y su significado de guerra para los toltecas, de que fueron ellos los que incorporaron los sacrificios humanos a los rituales, y entendemos que las dos culturas se fusionaron porque se complementaban: los dominadores toltecas, guerreros, defendían un territorio y una sociedad sustentada en la tecnología agrícola y la ciencia maya.
 
Llegamos a un juego de pelota, y digo "un" porque aquí hay varios. Tras la explicación de cómo se jugaba y del significado ritual y social del juego, continuamos hacia una U de columnas, alineadas todas en hileras; hay más de 400, pero así dispuestas parecen más, y por ello se le llama el Grupo de las Mil Columnas; se cree que tenía un uso militar. Adosado a las columnatas hay un precioso templo, el Templo de los Guerreros. A la vista de nuevo del Castillo, el Templo tiene un Chac Mool, un altar ritual antropomorfo. Pero ya los ojos se han vuelto de nuevo hacia el Castillo.
 
La gran explanada está limpia como una patena, sin un árbol, sin una piedra que impida contemplar el edificio en todo su esplendor. Buscamos la sombra junto a la Plataforma de Venus para escuchar cómo las edificaciones mayas están salpicadas de matemáticas relacionadas en su mayor parte con el calendario y las estaciones. Así, el número de escalones, el de salientes de una cara, etc. servían para contar días, ciclos lunares, años y estaciones. Tanto conocimiento y precisión tenían, que en el Castillo, aún hoy, cada equinoccio en el ocaso, la luz del sol cuando incide en los escalones proyecta unas sombras sobre la escalinata de modo que aparece la forma de una serpiente, el dios Kukulcán que desciende a la tierra para marcar el fin de una estación y el inicio de otra. Por si esto dejase a alguien indiferente, al dar palmas frente a la escalinata, y sólo en ese punto, aparece un eco extraño, seco, como una respuesta amplificada a nuestro sonido.
 
Es fácil imaginar la escena, con el pueblo abajo, y los sacerdotes y gobernantes dirigiendo el evento-espectáculo entre nubes de incienso; cánticos, ecos, nubes aromáticas, parafernalia guerrera, tal vez algún sacrificio, y al menguar la luz, la sombra de la propia pirámide dibuja la figura del dios importado, Quetzalcóatl en la lengua nauátl, conocido y llamado entre los mayas como Kukulcán. Dicen algunos antropólogos que, por la descripción y grabados de él (alto, blanco, barbado, con ojos azules, nariz chata y labios gruesos), pudo tratarse de algún esclavo mestizo que una expedición vikinga abandonó en el norte de México para que muriera, y que por ser distinto, el primer hombre de otra raza que vieron los nativos, lo tomaron por un dios.
 
Tomamos montones de fotos, y me sorprendo por una construcción de camino al Templo de los Jaguares: una pared completamente llena de grabados de calaveras, el Tzompantli. Finalmente nos dan tiempo libre y nos vamos a la ruta de acceso, que ahora ya es un verdadero mercado, una rambla interminable de puestos de artesanías y souvenirs. Al regateo, tras ir para arriba y para abajo un par de veces, entre varios puestos conseguimos todo lo que queríamos, incluidos los detalles para nuestros compromisos, por 24 € al cambio.

Tips:

Procura llegar temprano: desde el nombramiento de Nueva Maravilla del Mundo, es una avalancha de gente. Si quieres fotos donde se vea algo más que gorros y camisetas de colores, ya sabes. En cambio, a última hora podrás obtener mejores precios en la artesanía, pues los vendedores procuran rematar.

Tiene que ver con: Ahorrar dinero
Ideal para: Parejas, Familia con hijos, Con amigos, Solos y solas, Grupos
En Chichén-Itzá, México

Opiniones:

Mi calificación promedio:
  •  
Servicio    
Responsabilidad    
Precio/calidad    

Excursiones Rivera Maya

Transporte & Servicios: Tour Operador en Playa del Carmen, México

Una agencia diferente, donde viajas con el dueño en persona, te pregunta tus gustos y preferencias y adapta la ruta y la salida a ellas. Especializada en españoles e hispanohablantes, y en el estilo de cliente que los encuentra en los foros y no en los tour operadores.


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