En el 94 cuando los zapatistas comandados por Marcos tomaron varios municipios chiapanecos yo me encontraba en la preparatoria area 4, el Wally leía la Jornada, Alicia nos mostraba su libro de Jaime Sabines, sus antipoemas de Porfirio, nos contaba acerca del taller de teatro en el Chopo, sacaba su máquina de escribir portátil y se ponía a escribir no sé que cosa, unos se iban para Derecho otros recibimos con emoción nuestro boleto de entrada a la facultad de filosofía de la UNAM.
Me compré un libro rojo o naranja de la editorial ERA con los comunicados del EZLN y los leí todos, en ellos se respiraba un reclamo por los derechos de los indígenas, un reclamo por el derecho a la tierra, por el derecho a la vida.
Se decía peligroso viajar en ese momento a Chiapas, pero algunos compañeros fueron allá a ver que estaba pasando, a llevar ayuda humanitaria, otros a sacarse fotos con la pipa de Marcos, vinieron los Monos blancos y muchos se quedaron quizas porque no hallaron otro modo de vida, porque descubrieron aqui la vida o porque encontraron que otro modo de vida no existía después de haber conocido la verdad en la mirada del otro, de aquel, del indio, de la india que se enfrentaba al soldado con una piedra, con un machete, con un rifle de palo.
Hoy los zapatistas alzan orgullosos a la entrada de sus comunidades sus letreros de "Aqui el pueblo manda y el gobierno obedece", te tiran un mecate en la carretera y te cobran el paso a los diferentes ejidos, pueden ser llevados como recuerdos en forma de muñequitos de lana o como llavero.
Y uno se pregunta qué ha pasado, si se ganó algo, si la lucha no esta perdida, si sólo se ganó conciencia o si no, se pregunta se habremos de aventarnos todos por el cañon para morir libres antes de seguir viviendo secuestrados por el gobierno o si seguiremos resistiendo como se pueda y hasta donde se pueda.