China de mochila

Escribe: Flopiescudero
Dónde se narran las aventuras de una mochilera que emprendió un viaje sola por el inabarcable gigante asiático; de cómo consiguió sobrevivir con un presupuesto nada razonable durante seis meses y de las peripecias que la llevaron a sostener que fue el mejor viaje de su vida.

 

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Ni bonito ni bueno, pero muy barato

Chengdu, China — jueves, 21 de septiembre de 2006

 Para hacer un paréntesis en mi viaje por China decidí cruzar la frontera y recorrer algunos de los países de Asia menor, de los que tanto había escuchado hablar.
Camboya terminó de exprimir mi presupuesto, Vietnam se puede recorrer en poco mas de un mes y las ofertas aéreas para volver a China desde Hoh Chi Min eran demasiado buenas para ser...buenas.
No me acuerdo cuánto pagué, pero salía mas barato que comer en un buen restaurant. Mi destino final era la ciudad de Chengdú, famosa por su reserva de pandas gigantes y por la pureza de su aire. Tenía 14 horas de espera en Tailandia, que yo ya conocía, asi que iba a aprovechar para dormir un poco en el aeropuerto.
Despaché todo. Si. Todo. Plata, documentos, pasaje de vuelta a mi país...todo. Ahora lo escribo y me siento una estúpida, pero en ese momento mi razonamiento fue el siguiente: Si llevo todos los papeles conmigo en el bolso de mano, corro el riesgo de que me los roben cuando me quede dormida en el aeropuerto. Sigue siendo  un razonamiento irracional, pero bueno, los viajeros inexperientes de 19 años de edad me entenderán. Lo único que tenía mi bolso era el pasaporte, una camiseta de fútbol de Vietnam que le acababa de comprar a mi papá, una barrita de cereal, un bloc de notas, y un libro recién empezado. Por las dudas me puse diez dolares en el bolsillo que no tenía pensado usar.
Después de despachar empezó la catarata de desgracias. Como en todos los aeropuertos del mundo, había que pagar tasa de embarque, y yo me había olvidado completamente. Mis diez dólares no alcanzaban, pero por suerte me sobraba carisma y le pedí a uno de los pasajeros el dinero restante a cambio de la camiseta de futbol vietnamita.
El viaje fue breve hasta Tailandia, en donde me comí la barrita de cereal y dormí en las cómodas butacas de la sala de embarque, esperando mi próximo vuelo. En ese mismo momento, por culpa de uno de esos nudos aeropuertiles que nunca voy a entender, mi mochila estaba viajando hacia Hong Kong.
Cuando volví a pisar el suelo chino me di cuenta de que mi vestimenta ya no estaba acorde con el clima: los 30 grados de Vietnam, en Chengdú pasaron a ser 10. mientras esperaba ansiosa al lado de la cinta, pensaba en el sweter azul de lana que me iba a hacer dejar de castañear los dientes.
Naturalmente, la mochila nunca llegó. El encargado me dijo que no sabía, que mil disculpas, y ahi se terminaba su inglés. Cuando entendí lo que había pasado, entré en una especie de nebulosa. No tenía plata, ni pasaje de vuelta a mi casa, ni abrigo, ni comida. La perspectiva de tener que llamar a mi papá y pedirle ayuda, después de haberme ido de casa a pesar de su negativa, me paralizaba. No conocía a nadie, nadie hablaba mi lengua, no sabía a donde estaba exactamente parada en el mapa. Dejé de tener contacto con lo que estaba pasando afuera mio, pero sentía como un guardia me empujaba delicadamente fuera del aeropuerto y me metía adentro de un taxi. "No tengo plata" repetía mecánicamente en castellano, sin la mas minima esperanza de que el taxista entienda que no le iba a poder pagar.
 El taxi avanzaba por la autopista, y yo nisiquiera sabía a donde iba. Por el espejo retriovisor, los ojos rasgados del  taxista me daban a entender que él tampoco tenía idea a dónde estaba yendo. Finalmente, cuando el metro marcaba una suma exorbitante, el taxi se paró frente a un hotel cinco estrellas, en el centro de Chengdú.
Señalando el taximetro, el taxista se dio vuelta. Yo levanté las manos en señal de desamparo y moví la cabeza para un lado y para el otro, con lagrimas en los ojos. Un amable botones abrió la puerta y quedó sorprendido con el supuesto huesped cinco estrellas desaliñado, desabrigado y pálido que seguía estático adentro del taxi.
El chofer enfureció.
El botones me ayudó a bajar y me habló en inglés.
Yo le expliqué mas o menos lo que había pasado, entre hipos y lágrimas, y él le tradujo al chofer.
El chofer empezó a gritar.
Los gritos del chofer atrayeron a una pequeña multitud.
La pequeña multitud atrajo al encargado del hotel.
El encargado llamó por teléfono al gerente.
El gerente me agarró del brazo, le pagó al taxista y me llevó a su oficina.

El gerente era un tipo alto y canoso, de riguroso traje negro, y su oficina tenía una estufa, té y galletitas. Lo primero que hizo, después de hablar con el botones, fue llamar al aeropuerto. Ahi averiguó en que vuelo había llegado y que habia pasado con mi mochila.
Cuando cortó el teléfono yo ya me había devorado todas las galletitas, y me estaba atragantando con el té. Me explicó lo mejor que puedo que probablemente no encuentren nunca mi mochila, pero que si tenía suerte y la encontraban, iban a tardar 4 días como mínimo. Antes de que pueda reaccionar, tocaron la puerta y anunciaron a mi amigo el taxista.
-Él te va a llevar a otro de mis hoteles, de menor categoría, mientras esperás novedades. Yo me encargo de los gastos.
Le di un abrazo a mi ángel guardián trajeado y salí caminando atrás del taxista, que había bajado el tono e inclusive me miraba con un poco de lástima.
Llegué al hotel y me mostraron mi cama, en un cuarto compartido con el staff del hotel. Una de las mucamas me prestó un pantalón del uniforme, me dio una toalla y un jabón. Me senté en la cama y me dispuse a esperar, hasta que me quedé dormida.
A la 1:30 de la mañana me despertó uno de los botones, que dormía en el mismo cuarto.
-Comida- me dijo en inglés.
Bajé con él hasta la recepción y vi que no había comida para mi. Cada uno tenía un platito con su nombre, y era lo único que la cocina destinaba para el staff. Una chica me ofreció una silla, y la acepté para no ser maleducada, pero la verdad es que no me divertía mirarlos comer mientras mi estómago protestaba por la falta de atención. En ese mismo momento llegó otra de las chicas con un plato vacío, y lo empezó a pasar por la ronda de los que tenían el plato lleno. En menos de un minuto ese plato vacío se llenó con la generosidad de los demás.
Esta misma escena se repitió duante 5 días.
El último día, a las seis de la mañana, me despertó uno de mis compañeritos que no habalaba inglés. Cuando abrí los ojos, lo vi con los dos pulgares hacia arriba, sonriendo y señalando para abajo, indicandome que baje a la recepción. De un salto bajé los dos pisos de escaleras y una de las chicas, con el teléfono en mano, me gritó:
- ENCONTRARON TU MOCHILA EN HONG KONG!!
Inmediatamente, mi ángel guardián trajeado se encargó de los trámites de envío y la mochila llegó abierta y revuelta a las 4 de la tarde de ese mismo día.
El corazón se me aceleró cuando vi que los cierres estaban todos abiertos, pero la plata y los pasajes estaban sanos y salvos en el "compartimiento secreto" del fondo de la mochila.
Lo primero que hice, después de abrigarme, fue salir a comprar chocolates para todos. A mi ángel guardián trajeado le quise pagar los gastos, pero no me dejó, asi que le compré un arreglo floral inmenso que salió una fortuna. Al taxista lo llamé (me habia dejado su tarjeta) y le regalé una caja de chocolates y un libro de frases útiles en inglés. No entendí nada de lo que me dijo, pero parecía emocionado. Después de abrazarme con todo el mundo y de agradecerles por su gran ayuda, fui a ver la reserva de pandas gigantes (de afuera, porque me había gastado casi tdos mis yuanes en chocolate y flores) y me tomé el primer tren que salía de Chengdú.
Chau Chengdú, nunca mas voy a volver si no es pagandole un boleto a mi mochila para que viaje conmigo en el asiento de al lado. Nunca mas compro un boleto tan sospechosamente barato, me lo prometo.
 
(Es verdad que Chengdú tiene la reserva de osos panda mas grande del mundo y que es famosa por la pureza de su aire. Pero lo mas lindo que tiene esa ciudad es la amabilidad de su gente).

Tips:

Lo barato sale caro

Tiene que ver con: Ahorrar dinero
En Chengdu, China


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