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Al encuentro de Chiloé

Escribe: noritacecilia
Todo viaje nos cambia, nos renueva. Y Chiloé (esa tierra mítica...), es un ámbito que lleva a la reflexión y la meditación, los paisajes te llenan y te llegan hasta el alma... Este diario trata de los días hermosos que pasé en Chiloé y en los alrededores del Lago Llanquihue, de los lugares que visité y las personas que encontré en el camino.

 

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Día de suerte

Chacao, Chile — domingo, 10 de enero de 2010

Me desperté con tiempo, de hecho, mis ojitos estaban abiertos bastante antes de que sonara el despertador. Revisé bien que no me estuviera olvidando nada y me fui a desayunar. Compartí  la mesa con Don Raúl que seguía agradeciéndome el agua de Petrohué, y con Cristian padre y Cristian hijo, los santiaguinos con quienes cambiamos datos.

Cuando iba de salida, Don Raúl me acompañó a la puerta y me dijo que soy una persona de suerte y que me iba a ir bien. Y me apuró para que cruzara porque ya venía bajando un minibús a Puerto Montt.

Me subí con un hombre jubilado que saludó de lejos a Don Raúl, y me preguntó si había parado en su hostal. Entonces me contó que fue su compañero de trabajo, y luego empezó con las preguntas típicas: de dónde soy, a dónde voy, hace cuánto que estoy, hasta cuándo me quedo, si me gusta... Me dijo que era de Ancud y que iba para allá a una fiesta costumbrista a la que me recomendaba ir una vez que me instalara, así que viajamos todo el rato. Al llegar a Puerto Montt enganchamos justo la salida de un micro, menos mal que iba con este señor porque tuve que correrlo y con la mochilota se me complicó un poco!!

El día estaba mucho más despejado, y tras una hora más o menos de andar llegamos a Pargua, donde el micro se subió al transbordador para cruzar. Ni bien me pude bajar del micro, lo hice. El transbordador tiene capacidad para un montón de autos, micros y camiones y tarda más o menos media hora en cruzar el canal de Chacao. Ese día el mar estaba calmo, pero el viento era helado!! Se veían las costas próximas y los lobos marinos descansando en las boyas.

Está el proyecto de hacer un puente colgante que una la isla... objetivamente, va a colaborar mucho con la conectividad de la isla y va a ampliar las posibilidades de su población. Subjetivamente, ¡menos mal que pude hacerlo ahora! Quién sabe si regreso en unos años cuando tal vez ya no haya transbordador.

Una vez en el micro de nuevo, Manuel, el señor que conocí en Puerto Varas, me recomendó un hospedaje "familiar como el de Don Raúl" en Ancud. Y cuando estábamos llegando me dijo: "ahora se viene una vista espectacular", y así fue. Fue una postal de esas que te hacen sentir que estás haciendo una entrada triunfal.

Cuando llegué a la dirección, toqué timbre y tardaron en atender. Cuando salió el dueño, me dijo que tenía lugar pero que justo estaban saliendo y que pensaban regresar recién a las 8 de la noche. Le dije que no tenía problemas, que si podía dejar la mochila, me iba a caminar y luego regresaba a la noche. Así que me hizo pasar, y rapidito armé un bolso chico para salir a caminar. Cuando salí del cuarto, estaban afuera y me dijeron que iban al campo a buscar un lugar que les recomendaron y luego a una fiesta costumbrista (la que me recomendó Manuel), si no quiero ir con ellos. Iban el matrimonio con Antonella, una chica que hace 3 años se hospeda con ellos porque trabaja en Ancud. Conclusión: en un ratito estuve sentada en el auto, desandando el camino hacia Chacao, con la perspectiva de empezar a ver Chiloé por su parte menos turística, más profunda.

El lugar que andaban buscando era un camping con actividades de turismo aventura; los tres iban entusiasmados por hacer canopy; los miré desde abajo, porque me moría de miedo!! Caminando por allí comenzamos a conversar y nos fuimos conociendo; ahí me enteré que ellos los domingos salen de paseo, aunque pierdan la posibilidad de recibir algún pasajero, así que yo había llegado justo. Para almuerzo, nos servimos el plato típico de Chiloé: curanto al hoyo.

El curanto tiene toda una ceremonia; se hace el hoyo y se colocan piedras dentro, se las tapa con leña y se enciende el fuego. Cuando están bien calientes, se quita la leña y se colocan mariscos con su conchilla; se los tapa con hojas de nalca en las que se intercala carne de cerdo, longaniza, papas, y unas especie de tortillas llamadas milcao y chapalele; ambas hechas a base de puré de papa, una con harina y la otra con papa rallada cruda. Todo se cocina entre las hojas de nalca, que le dan sabor. La gente está expectante cuando se destapa el curanto y se van armando los platos.

Nunca fui buena para los mariscos, salvo en ocasiones como esta. Pese a haber comido empanadas previamente, empecé a comer los mariscos y los encontré buenísimos, ahumados... eso sí, no hay que mirarlos mucho porque al que no está acostumbrado le puede causar un poco de rechazo (como a mí)... En esos casos, ojos que no ven corazón que no siente.

Cuando llegamos a la fiesta costumbrista encontré Manuel, y como aquí todos se conocen, en seguida se pusieron a conversar, "¿así que andabas en Puerto Varas donde tu suegra? ¡gracias por mandarnos gente!" y así. Hubo unos conjuntos folclóricos, se bailó cueca, había comidas típicas, igual no estuvimos mucho. Según Manuel, llegamos tarde y nos perdimos lo mejor.

De regreso en el hospedaje, armé mi mate y compartí con la Señora Luti, la dueña del lugar, que estuvo encantada de que mateáramos juntas. También se sentó Don Dago, su marido, y conversamos de lo hecho en el día.

Esa noche miré algo de tele antes de dormirme con la sensación plena de que Don Raúl tenía razón: era una persona de suerte, o al menos, la suerte me había acompañado ese día.

Tips:

A Ancud, Castro y Quellón se llega directamente desde Puerto Montt en varias empresas de micros que salen desde la terminal; las más conocidas son Cruz del Sur y Queilen, ambas con muy buen servicio y frecuencia, habiendo entre las dos varios micros por hora. El pasaje a Ancud sale $3800 y $3500 respectivamente e incluyen el cruce del canal en transbordador.

En Chacao, Chile


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