Viajes espirituales: Virgen del Carmen en Celendín

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Por Fernando Vilchez SantistebanSi hubiera que elegir a la Virgen más venerada del Perú, sin duda, la Virgen del Carmen se llevaría dicho título. Es que son decenas los pueblos que la...

 

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Capítulo 1

Viajes espirituales: Virgen del Carmen en Celendín

Celendín, Perú — lunes, 26 de diciembre de 2005

Por Fernando Vilchez Santisteban

Si hubiera que elegir a la Virgen más venerada del Perú, sin duda, la Virgen del Carmen se llevaría dicho título. Es que son decenas los pueblos que la consideran como su patrona que no escatiman gasto alguno para celebrar su fiesta a lo grande. Celendín no es la excepción. Su gente sabe mantener a la Mamacha Carmen contenta. Todo empieza con varios meses de anticipación, donde los organizadores, conocidos como mayordomos, trabajan para que hasta el más pequeño detalle refleje la importancia de la Virgen en sus vidas. Conocida en toda América como l apatrona de las almas del purgatorio, con el escapulario como símbolo protector y el Niño entre su brazo izquierdo, transmite una sensación de grandiosidad que las devotas celendinas mantienen durante todo el año. Pero en los días de fiesta, que empieza el 15 de julio y se prolonga hasta los primeros días de agosto, la señora viste trajes bordados en hilos dorados; las flores, tules y corona adornan su cabeza y el terciopelo resalta mucho más la fineza de su figura.

Preparando la fiesta
A cuatro horas de Cajamarca (Perú), Celendín empieza a recibir el mayor número de visitantes. ES la temporada alta de turismo y los hoteles no se abastecen. Las calles se adornan con globos y serpentinas, se levantan pequeños altares en ciertas casas y el alboroto del gentío crea el ambiente festivo. En Perú, toda fiesta patronal no sería tal sin la presencia de fuegos artificiales y quema de castillos. Y esta norma se cumple también en Celendín. Con el estadillo de petardos y el cielo salpicado con luces fugaces y la población reunida en la Plaza Principal, el festejo promete no dejar a nadie indiferente. La construcción de estos castillos puede costar varios cientos de soles. Manos especializadas dan forma a las cañas, material con que se construye el castillo, que pueden alcanzar hasta diez pisos de altura, toda una obra arquitectónica.

Música por doquier
Durante las noches de fiesta, los músicos son los autores de tanto baile. Sus bandas, al ritmo de bombos, trompetas y platillos, agrupan a citadinos, campesinos y foráneos, todos prestos a mover el cuerpo al compás musical. Las bandas parecen incansables, durante las noches de fiesta, nos hacen recordar su importancia en las costumbres religiosas de todo el país. Por las esquinas de la Plaza abundan los puestos de comida, el aguardiente y el algodón dulce. Otros divierten a los pequeños con juegos de azar y tiro al blanco. Pequeñas ferias parecen armarse en cada esquina.

Festival de sangre
Los espectáculos taurinos son parte dela fiesta a la virgen. La plaza de toros del lugar es única en el mundo, pues cada año se erige una frágil estructura de madera que parece no soportar a los miles de espectadores durante los cinco días de corridas. Toreros de diversos países llegan hasta aquí. Se sacrifican quince toros en las arenas, un derroche de sangre. Al parecer la tradición es más fuerte que cualquier gasto de dinero, tanto que los celendinos niegan el uso de la plaza de toros construida con cemento, una edificación abandonada que lo reemplaza la explanada de madera, y al finalizar la fiesta se desarma hasta el próximo año.

En la Catedral la historia es otra. Sus puertas abiertas de par en par, reciben a todo el que quiera contemplar a su patrona. Peticiones, rezos, lágrimas y cánticos se mezclan en el recinto. Todo está listo para la misa principal. Las autoridades locales en primera fila. Los humildes fieles buscan un lugar donde estar, hasta el último rincón está ocupado, la devoción a la virgen es tan grande que esos detalles son de poca importancia. Ella, desde el altar, observa la congoja de su gente, pero no te todos.
Afuera el baile continúa. La quema de castillos obliga levantar el cuello a cada momento. Las "vacas locas" y los "hombres chispa" rompen con las aglomeraciones de gente. Este es un juego que consiste en encender una especie de antorcha en forma de vaca y humanoide, cubiertos con fuegos artificiales. Desde el interior de esas antorchas, un hombre se encarga de levantarlas y hacerlas correr al tiempo que las chispas ahuyentan a todo el que se cruza en el camino. En el escenario, ubicado en una esquina de la plaza, desfilan grupos musicales. La tecnocumbia y los huaynos retumban los oíos de tal forma que nadie se percata de lo que ocurre dentro del templo. Pero al alba todo cambia, pues la virgen se roba la atención de todo el pueblo. Ella saldrá en procesión.

Entre flores e incienso
Todos visten sus mejores ropas, los negocios están cerrados y las calles lucen enormes alfombras de colore y figuras religiosas. Grupos d e devotos trabajan en ello desde la noche anterior, sus manos se impregnan de colorante y aserrín con que se construyen los tapices. Para ellos es un honor que la virgen cruce por aquellas obras de arte.
El padre lee el evangelio, alza los brazos para bendecir a la señora. La banda empieza a tocar, las trompetas golpean el pecho de cientos de feligreses, hombres fornidos levantan el anda de la patrona. Por delante, las mujeres llenan el ambiente con el olor del incienso, las niñas riegan por el suelo pétalos de flores y atrás el pueblo. Los vecinos salen de sus casas. La patrona se detiene en los pequeños altares de las esquinas, recorre calles enteras hasta regresar al templo, donde se quedará hasta el próximo año.

Por Fernando Vilchez Santisteban
Fotos Eduardo Villarreal

Algunos datos:
Para legar a Celendín hay que partir de Lima a Cajamarca (en avión o por carretra). De allí se toma un bus por cuatro horas de viaje al pueblo.

Celendín es de suelo serrano. Hay frío por las noches y algunos pueden sufrir de soroche.

Hay hoteles y buen servicio de comidas.


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