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Para Centroamerica

Escribe: rdiz
Nos vamos para allá escapando del agujero en la capa de Ozono de aca del Sur.

 

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Instalados en Caye Caulker

Caye Caulker, Belice — jueves, 6 de enero de 2011

Ya estábamos en el hotel (De Real Makaw), teníamos todo concretado previamente por internet, liquidamos la cuenta por los días que nos quedaríamos, contado para evitar los recargos de tarjeta.
Por los primeros 3 días de la estadía nos asignaron la parte superior de una cabaña dúplex que balconeaba al espacio interior del hotel, filtrándose en un sector del frente parte del mar que allí verde celeste se asomaba.
La habitación bien; baño, cama doble con cama sencilla arriba a modo de cucheta, heladera, mesa con dos sillas, porche con un sillón de madera y la hamaca paraguaya que no podía faltar.
La verdad que los tiempos desde la salida, tal vez por la coordinación que se nos fue dando, nos llevó desde Placencia hasta acá cinco horas y media, habiendo salido a las 6:00 de Placencia y llegado a las 11:30 a Caulker.

Ya ni bien llegamos decidimos recorrer el Cayo. Del lado en que estaba el hotel era una serie de muelles a no más de uno cada 20 o 25 metros máximo. Nos habían dicho que la playa estaba en una de las cabeceras del Cayo (del lado norte) y allá marchamos a nuestro primer disfrute de las aguas de Caulker.
Lo que es propiamente playa tiene un ancho de aproximados 20 metros enmarcada al oeste por unos árboles y al este con un Bar muy movido con música y personajes de todo tipo.
Al otro lado del bar, estaba lo que había quedado de un muelle, lleno de personas que allí se achicharraban en baños de sol y un tramo de puente hundido, el cual delimitaba un acceso de baja profundidad para quien decidía tomar los baños ahí, que para nosotros se nos transformó en el acceso a las aguas, por lo seguro claro. Seguro, hasta que se traspasaba el tramo de puente hundido, porque de en adelante ya había que flotar ya que andaba por los 2,20 metros aproximadamente.
Ese día lo que marcaba la atracción era una chica haciendo topless en la punta del muelle (puritana en su país y destapada en el extranjero) y un barco “rasta” cuyo capitán, muy rasta él se le acercó a la “toplera” para entre los dos ser la atracción del día. El Capitán, un moreno casi “azul” con peces en la mano alimentaba a albatros que en picada le robaban el bocado, la verdad parecía una rutina ya preparada. Todavía estoy por descubrir si los albatros no eran otros Beliceños disfrazados..jajjajaa

De poco creativos que éramos en lo gastronómico, nos seguimos alimentando de supermercado: fiambre, queso, pan, jugos, algo de fruta y las infaltables papas chips para generar esa sed a saciar con Coca-Cola. Los “chinos” que regenteaban todos los supermercados que visitamos en estas vacaciones (todos, todos) muy agradecidos con nosotros!! Súper que veíamos chino que te hacia la cuenta!! La verdad se la están llevando toda la que dejan los turistas en comestibles. Parece que esto es en toda Centroamérica nos comentaba un guatemalteco del lugar.
Pero bueno, no fue siempre así hubieron dos noches en que nos dimos un “lujito” una en una fast food de comida del lugar en un “carrito” frente a la playa donde comí por primera vez  langosta y otra noche una pizza que la verdad competía con las bien ponderadas muzzarellas de “mar y cielo”.

La nota de las estancia en Caye Caulker, fue el tour que decidimos hacer de esnorquel, era de medio día, con un costo de 40 Belices cada uno saliendo a las 10:00 y regresando a las  14:00 aproximadamente. Precio razonable para la revancha de la experiencia anterior que tan mal me fuera cuando fui espantado por aquel par de macro tortugas.
Esta vez, para prever percances, me llevé mi mascara para evitar aquellas molestas y ahogantes filtraciones de las mascaras de alquiler.
Este paseo tenía tres puntos: uno, la visita a un sitio llamado “el canal”  donde podría avistarse peces y corales de todo tipo, otro que era un avistamiento de rayas y tiburones y el ultimo que consistía en un tiempo libre para recorrer senderos arenosos entre corales y arrecifes(“jardín de corales")
El primer recorrido, el del canal, me dispuse a hacerlo, esta vez con mi mascara que pensaba que me iba a rendir sin filtrar. Pero no fue así. Otra vez me tuve que separar del grupo para volver al barco después de haber respirado y tragado bastante agua, cosa que me fatigó demasiado, tanto que tuve que hacer un tiempo para subir esos apenas 4 escalones que me llevarían a bordo del barco. En mi interior reinaba algo de ese sentimiento de fracaso en estas nuevas experiencias sub acuáticas, pero allá muy a lo lejos no perdía las esperanzas de poder lograrlo. El regreso del resto demoró, todo aquello me confirmaba, que por más que lleve apenas unos nueve meses sin fumar u con estos kilitos que me puse encima, muy difícil que hubiera aguantado esos 45 minutos nadando, haciendo agua por la máscara y tragándome parte del océano. Ya de vuelta todos a la lancha nos dispusimos ir al segundo punto.

El guía como en la parada anterior explicaba todo y todito, pero en ingles cosa que no entendíamos nada. Aquellos cinco minutos corridos de explicación en ingles se resumía a dos o tres frases en español cuando nos traducía para nosotros. Ya estábamos ahí en el centro de un gran grupo de “rayas” y tiburones. Las bestias aplanadas se subían unas a otras para saborear las carnadas que les tiraban para agruparlas. De vez en cuando entre tantas rayas se vislumbraba un tiburón. Si allí estaban  y teníamos que meternos, decían que no hacían nada, y a si era, pero dentro mío me quedaba el “beneficio de la duda”. Todos ya en el agua disfrutaban de cómo estos animalillos les golpeaban el cuerpo y las piernas, cosa que yo aun no estaba muy convencido de experimentar. También estaban los que se mantenían a flote para evitar tal vez esos golpes, pero comentaban de cómo eran acariciados por esos pececillos.. jejeje, pero bueno, me llego el momento de la gran decisión después de varios minutos de ver “a los demás” como lo hacían y “yo no”. Esto, comentario al margen, este conflicto ente “los otros” y “yo”, me creía que ya lo tenía resuelto con los libros de auto ayuda, pero en ellos nunca me mencionaron nadar con “rayas” y “tiburones”, creo que se podría hacer un capítulo sobre esto, porque solamente YO sé lo que se siente cuando se ve a los boludos nadar entre esas fieras y yo arriba del barco con mis tribulaciones.

Bueno pero llego el momento en que me animé, descendí los peldaños de la escalera y apenas metí la máscara en el agua sin soltadme… allí estaban “ellos” nadando uno sobre otro, algunos allá en el fondo (por lo general los tiburones) y fue
así que despacio muy despacio me deje flotar boca abajo agarrado de la escalera y pude ver a las rayas y los tiburones como “los otros”. La verdad era como un miedo ancestral, tendría que hacer una terapia regresiva a ver si me encuentro. De este paseo solo aproveche esos minutos de flotación, pero bueno, quedará para la próxima visita al Caribe.
Luego de que subiera todo el mundo fuimos al último de los tres sitios.
Era cerca de los arrecifes, ahí nos daban 45 minutos libres para bucear entre manojos de corales rodeados por blancas arenas. De vez en cuando se iban viendo peces que se asomaban entre los corales. Acá, en esta parte del paseo todo me anduvo bien, no tuve filtraciones ni respiros ni tragos de agua, el secreto estaba en poner bien pero bien tensa o apretada, la máscara contra la cara y evitar reír, porque si te reis te entra agua.
Ya en la vuelta, como gentileza de la gente del tour, salieron a circular unas frutas del lugar que cayeron estupendamente bien para el regreso.
Para este paseo hay varios que lo ofrecen, se hace en dos turnos de mañana o de tarde y los precios difieren, hay que recorrer.

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Soleándose en muelle de Caye Caulker

   

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