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Circuito por Marruecos
Escribe: Malogarcia
Circuito que realicé con mi esposa y mi hijo por Marruecos en octubre de 2007. Aunque los comentarios puedan parecer negativos, me lo pasé bien, tengo un recuerdo bonito de los marroquíes en general, y recomiendo este circuito para conocer culturas diferentes y aprender a ser algo más tolerantes en un momento en que nuestros políticos están creando una gran crispación cultural, étnica y religiosa.
Casablanca y Rabat
Casablanca, Marruecos — miércoles, 6 de mayo de 2009
Como no secaron los calcetines que había lavado por la noche en el hotel, me calcé unas sandalias de cuero que había comprado en nuestra visita al zoco la noche antes. El resto de la indumentaria era aterrador: los pantalones que lleve desde Asturias, ya bastante sobados, y el polo verde que había pasado por agua en el baño del hotel, es decir, un polo arrugadito y secando con el calor del cuerpo. Mi querida esposa, como ya tenía su maleta, tuvo el privilegio de escoger el modelito que más le gustó.
Para hundirnos más la moral, éramos conscientes de que cuando llegasen las maletas a Marrakech nosotros ya estaríamos en Fez, con lo que se nos avecinaba todas unas vacaciones sin equipaje.
Bajamos a desayunar muy temprano y encontramos que el buffet ya no era ni parecido al de cinco años antes, cuando había una enorme selección de mermeladas, se hacían tortas en vivo y había una selección de productos exóticos que ahora no se ven por ningún lado, quedando solamente el típico desayuno variado de cualquier hotelito.
A la hora señalada bajamos al hall, donde coincidimos un puñado de turistas (todos españoles) esperando el autocar que había de llevarnos por el circuito contratado. Es el momento de comenzar los primeros pasos de acercamiento a las personas que serán nuestros compañeros durante varios días.
Oímos como aparca un autobús en las puertas del hotel y hace entrada en el mismo un señor de apariencia muy mayor con una chilaba blanca. La primera impresión que llevé al ver a este tipo fue de desagrado, pero no podía sospechar que la suerte nos había elegido para adjudicarnos el mejor guía que jamás conocí. Se presentó como Mohammed y organizó de inmediato el embarque de maletas y personas. Una vez aposentados en unos asientos que ya en lo sucesivo consideraríamos como en propiedad, arranca el autocar y este hombrecito se presenta como Mohammed, nuestro guía para todo el viaje, nos da la bienvenida y desde este primer minuto hace gala de un buen humor que nos haría reír a todos durante una semana. Pide disculpas por la mañanita tan desagradable que tenemos y dice que es algo completamente atípico en este lugar. Me entretengo en ver el enorme indicador de temperatura que lleva el autocar en la parte delantera: marca 22 grados.
Tenemos más suerte de la que yo esperaba porque, en primer lugar, el autocar es muy bueno y cómodo, y además toma el camino a Casablanca a través de la nueva autopista de peaje (al principio un poco estrecha para lo que estamos acostumbrados) que acortó en mucho tiempo el trayecto y las molestias.
En esta autopista hay poco tráfico y me entretengo mirando el paisaje, que no es nada del otro mundo. El conductor parece muy profesional y cada día que pasamos con él aumentó mi valoración, sobre todo cuando tuvimos que atravesar el Atlas.
Nos dicen que en Casablanca ha parado de llover, lo cual nos devuelve un poco de ilusión. Al cabo de un par de horas paramos en una enorme gasolinera, idéntica a las áreas de servicio que tenemos en Europa. Se nota que están en pleno aprendizaje de estas cosas, pues el funcionamiento es fatal, aunque ponen voluntad. El concepto con que fue diseñado el complejo es magnífico, los surtidores son amplios y dispone de un buen aparcamiento; luego está el edificio acristalado donde se paga la gasolina y que dispone de una amplia cafetería. El interior es extraordinario, con una decoración en ladrillo que recuerda un poco a la arquitectura andalusí. Pero el caos también es extraordinario, y lo sería aun más si no fuese porque Mohammed toma las riendas de todo. Para tomar café hay un chico joven con cara de estar muy asustado al que le tenemos que pedir la bebida (en este caso café), Mohammed le va traduciendo las peticiones y nos indica el importe que tenemos que darle al muchacho.
Éste a cambio nos da una especie de ticket con el que debemos de ir a la barra del fondo a pedir el café. En ésta encontramos a otros dos jovencitos algo atemorizados a los que les damos el ticket y ellos sacan el café de una máquina automática y lo sirven en un vasito de plástico. El funcionamiento de todo es muy torpe, pero es posible que esta gasolinera haya abierto hace muy poco tiempo y necesitan algo de rodaje.
Nos sentamos en una mesa para tomar el café y fumar un pitillo. Se sienta Mohammed con nosotros para decirnos que está al tanto de nuestro problema con las maletas (estos moros nunca dejarán de sorprenderme).
Se ofrece a solucionarlo y me pide el comprobante que me extendieron en el aeropuerto donde figuran unos números clave, que en lo sucesivo fueron muy importantes para gestionar su localización. Con el sofisticadísimo móvil que tenía, comienza a hacer llamadas a distintos sitios (en los que nadie contestaba) y me promete que se ocupará personalmente de ello. Un diez para Mohammed por esto y por muchas otras cosas buenas que tuvo con todos nosotros.
Como la parada era técnica, pasamos al paso siguiente, que es el de buscar un cuarto de baño. Es una odisea impresionante, no me acuerdo cómo se arreglaron las mujeres, pero los hombres, sobre todo los que tenemos más escrúpulos, las pasamos canuta. En unos bonitos baños que había anexos, no podíamos entrar porque estaban llenos de musulmanes, todos con un cubito de plástico en la mano. Cuando llegué a comprender lo que pasaba (porque me lo explicaron), me di cuenta de que al estar en pleno Ramadán, estos moros (que no tenía ni idea de donde habían salido porque era como si viviesen allí) se dedicaban a hacer las abluciones en el suelo de los servicios, por lo que casi era imposible entrar en ellos. La verdad es que me dio mucho apuro ponerme a orinar de pie en un urinario donde tenía arrodillado a mi lado a un señor. Cada uno se arregló como pudo, mi hijo y yo nos apartamos unos cuantos metros y lo hicimos contra una pared en la parte de atrás del edificio. Menos mal que nuestras necesidades solo se limitaron a orinar, porque sino hubiese sido dramático.
Cuando volvemos atrás, ya estaban casi todos subidos en el autocar. Iniciamos de nuevo la ruta a Casablanca, a la que llegamos con muy buen tiempo. Lo primero que se hizo fue recoger a más viajeros de este circuito en un hotel de Casablanca, en cuya puerta nos hicieron esperar por ellos un buen rato, porque no fueron nada puntuales para desesperación del guía y de todos nosotros.
Casablanca es una enorme ciudad que me imagino que hay que conocer bien para poder circular por ella. Ni los propios marroquíes saben a ciencia cierta el censo de personas de que consta, ya que unos dicen que dos millones y otros dicen que cuatro contando los barrios. La verdad es que no me pareció del tamaño suficiente como para tener más de dos millones de personas.
Lo poco que podemos ver desde la esclavitud que genera un autocar, es una variopinta población: mujeres con la cara tapada, chicos jóvenes que siguen fielmente la moda hip-hop, chicas completamente iguales a las de cualquier país europeo, coches viejos al lado de coches impresionantes, etc. Los taxis eran de peor nivel que los de Marrakech y por otras cosas que vi, llegué a la impresión de que Marrakech está subiendo mucho en calidad de vida y modernización, mientras que estas otras ciudades están de decadencia.
Los problemas de viajar con guía es que estos nos llevan a tiro fijo al par de cositas que entran en el programa y donde pueden sacar buena tajada, y el resto de lugares interesantes nos quedamos sin conocerlos.
Me hubiese gustado enormemente poder andar por sus calles y mercados, entrar en los modernos centros comerciales para ver cómo funcionan (aunque percibí que más o menos eran como los nuestros), el poder hablar con la gente de la calle que es muy dinámica y acogedora… Claro que también me hubiese gustado poder bajarme a comprar ropa y útiles de aseo que tanta falta nos hacían.
Nos llevan directamente a la mezquita que construyó el monarca Hassan II pocos años antes de morir. Como imagino que ya es conocida por muchas personas aunque sea sólo de referencias, no voy a entrar a describirla puesto que cualquier información es fácilmente obtenible por internet; simplemente diré que nuestra impresión fue extraordinaria. Nos demoramos en la explanada para hacer un montón de fotos, mientras que el resto de compañeros del autobús fueron corriendo hacia ella como si se acabase el mundo. De todas maneras, no está permitido visitarla a los infieles, por lo que lo único que hicimos fue dar una vuelta alrededor y contemplar a la vez el hermoso paseo marítimo de La Corniche. Los viajes con guía tienen los inconvenientes de que las visitas son muy limitadas en número y en tiempo. En nuestro caso, tuvimos menos de una hora para contemplar esta maravillosa mezquita en toda su magnitud.
De vuelta al autocar nos llevaron en una especie de minicircuito rápido a ver el paseo de La Corniche, donde reside la gente más pudiente de Casablanca.
Emprendimos el camino a Rabat, para lo cual era necesario salir de esta ciudad, tarea que llevó mucho tiempo debido a la extensión que tiene. Justo en este momento comenzó a llover de forma pertinaz. El movimiento del autocar y la lluvia resbalando en los cristales provocó el sueño a la mitad de los viajeros y antes de lo previsto llegamos a Rabat.
Aquí más de lo mismo, no nos dejaron ver prácticamente nada de la ciudad, pero por lo que pude apreciar a través de la ventanilla, me gustó mucho más que Casablanca, ya que parecía más tranquila en todos los sentidos.
Lo primero que hicieron fue dejarnos en medio de una calle diciendo que tocaba comer. Aquí lo tomas o lo dejas, o entras a comer por narices en el bar al que te lleva el guía o te quedas en medio de la calle. Como no sabíamos cuando sería la próxima parada y necesitábamos ir a un cuarto de baño, entramos en el dichoso restaurante, donde reinaba un ambiente infernal de turistas, gritos y desorden. Pero los marroquíes lo tienen todo muy bien estudiado, y enseguida te colocan en una mesa y aparece al instante el plato que deseas. Pedí -con muy poca confianza- un plato que resultó magnífico: una cazuela de barro con una pechuga de pollo asada y acompañada de legumbres y patatitas. Estaba muy bueno todo. Iba por la mitad del pollo cuando el guía entra en el restaurante dando palmadas y gritando que debíamos ir al autocar. Tratamos de ir rápidamente al baño (mejor no hubiésemos entrado nunca para no estropear la digestión) y para pagar no hubo problema, pues esta buena gente está muy pendiente de que nadie se escape sin abonar lo consumido. Eso sí, cuando estaba pagando pillé al guía cobrando su porcentaje de la “operación almuerzo”.
Vuelta al autocar con la digestión sin comenzar. No habían pasado cinco minutos, cuando nos hacen bajar para ver el Palacio Real, un hermoso edificio amurallado que no pudimos ver, ya que aquí reside habitualmente la familia real. Encima nos dicen que no nos separemos mucho ya que todo su entorno está lleno de individuos de traje oscuro con muy poco sentido del humor que velan por la seguridad del rey. Además, en este momento nos adjudican un nuevo guía absolutamente machista y repulsivo que no tenía nada que ver con la educación y simpatía de que hacía gala Mohammed.
Cinco minutos de plazoleta y de nuevo al autocar. No habían pasado dos minutos más y nos hacen bajar de nuevo. Esta vez merece la pena, puesto que vamos a visitar el mausoleo de Mohammed V, donde están las tumbras de los reyes sauditas. Al lado, en la explanada, tenemos a la antiquísima mezquita Hassan, que no está permitido visitar.
Asistimos al cambio de guardia (muy bonito y tal, ver las fotos) y visitamos el mausoleo, donde nos hacemos unas fotos con los enormes guardias que están en la puerta. Casi a la carrera nos llevan por una puerta a visitar la fortaleza de los Udaia, hermosísima alcazaba donde se instalaron el el siglo XVII parte de la población extremeña de Hornachos cuando fueron expulsados de España. De este lugar tengo el peor recuerdo de mi viaje a Marruecos, puesto que aunque la alcazaba era hermosísima, prácticamente nos empujan para entrar y cerrar las puertas detrás de nosotros; no había forma de retroceder. En todo el viaje no me encontré unos personajes tan agresivos como los que vimos dentro de este recinto. A gritos nos fueron llevando por unos pasillos hasta una especie de terraza con vistas al río y al pueblo que tenemos enfrente (Salé).
El acoso aquí, en un espacio tan pequeño, se vuelve absurdo e insostenible. Hay un grupo de chicos que portan unas bandejas con frituras insistiendo en que las pruebes, pero como cojas una te montan el número si no pagas. A cada paso que daba me topaba con alguien que me agobiaba con algún producto y no había manera de poder sacar ninguna foto.
A las mujeres les dicen a gritos que tienen un cuarto de baño. Los hombre solemos salir de estos apuros en cualquier esquina, pero las mujeres lo tienen más difícil. En este caso, las pusieron en una larga fila para entrar en un cuarto de un metro cuadrado, con un agujero en el suelo que bajaba hasta el río. A cada una que entraba le reclamaban dinero (si no no había baño) y a continuación un chico joven arrimaba la desvencijada puerta detrás de ella. Si tardaba, la increpaba a voces. Los que quedamos afuera asistimos al escándalo que montaron nuestras mujeres cuando salían espantadas contando lo que habían visto. La mía me dijo que nunca en su vida había asistido a un espectáculo tan asqueroso; parece ser que el agujero del retrete estaba lleno de mierda hasta arriba, haciendo una pirámide, y en el suelo de tierra no había donde poner un pie sin mancharse.
No es exageración mía, pero ya estaban todos mis compañeros y los de otras excursiones que unieron pidiendo salir de este maldito recinto, pues todos se sentían muy agobiados y la palabra que más se utilizaba fue la de “encerrona”.
Nos volvieron a llevar a carreras por unos hermosos pasillos, siempre cerrando puertas detrás de nosotros con golpes y gritos. Menos mal que nosotros somos españoles y nuestra cultura mediterránea permite comprender bastante bien estas situaciones. Por otro lado, nos lo tomamos con relativa calma y sin hacerles mucho caso, pero imagino que unos alemanes o unos norteamericanos hubiesen sucumbido.
Una vez en la calle nos devolvieron al autocar donde nos esperaba este último guía (ya que antes había desaparecido) con la mano extendida esperando propina por la buena gestión que había hecho. Hay que tener en cuenta que todos estos guías sacan provecho de todos los lugares a donde nos llevan y no pierden el tiempo en pedir su parte de comisión a los dueños de los locales.
Al final nos vamos de Rabat sin visitar la medina que nos habían prometido enseñar. A partir de aquí, solo fue ya seguir el viaje hasta Fez por carretera, en cuyo transcurso sólo paramos una vez en un lugar en que vendían botellas de agua. Compré cuatro a un precio desorbitado para nosotros (me imagino que allí sería una fortuna) y cuando acabamos todos los viajeros de comprar, se entretuvo el guía en pedir su parte de comisión al vendedor.
Al llegar a Fez nos distribuyeron por los hoteles (una vez más nos tocó el último de la ronda) y antes de ir a la habitación tuvimos que pasar por el pesadísimo trámite de rellenar los cartoncitos con los datos personales.
La cena del hotel era de tipo buffet servida en un inmenso salón en el que no había apenas sitio para sentarse. La comida era muy corriente pero variada. Lo peor es que estaba bastante fría y fue una odisea encontrar algún cubierto limpio. Los camareros eran de lo más normal, pero tenían un encargado despótico que los trataba bastante mal, tanto a ellos como a nosotros los clientes.
Luego, en la habitación, otra noche más a improvisar arreglos con la ropa sucia y dando gracias a que las bajas temperaturas permitieron que no sudásemos a lo largo del día.
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Últimos comentarios
marifabi dice:
Con todo lo que cuentas , pienso que fue mejor que viajaras al Cairo , yo estuve alli y aunque hubo cosas que no me gusto, pero creo que fueron menos agobientes que lo que cuentas , animo lo màs importante es conocer otros paises y costumbres, muy bonito tu relato
Publicado
Malogarcia dice:
Agobiantes son en todos los países árabes y latinos, pero me encantan, los marroquíes son gente alegre y aparte de su estima por el dinero, son muy acogedores y jamás notarás sensación de peligro en ninguna de sus calles. Lo que sucede es que el turismo en muchos casos es su única fuente de ingreso y veo lógico que se haga lo que sea para dar de comer a la familia.
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pibaes dice:
Marino, me da pena leer tu diario por todas las cosas q os siguen sucediendo, pero a la vez me encanta lo bien q describes lo sucedido, este diario tuyo me recuerda mucho al mio de Sudáfrica, q tambien nos sucedieron algunas cosillas, y claro es q no es fácil acertar, no se sabe q es mejor si ir por cta propia como yo en Sudáfrica y organizado como vosotros en Marruecos, yo he viajado de todas las maneras y claro, organizado tiene la ventaja de q te olvidas de q carretera tomar, donde dormir, pero claro por lo contrario no puedes esstar en los sitios el tiempo q quisieras, ni decides q sitios visitar...pero me alegra q a pesar de los incidentes propios de un viaje organizado y los q puede mostrar el pais en sí, es muy importante q no te ha dejado sin ganas de volver, eso ya es importantísimo, hazlo en cuanto puedas y ve por tu cuenta a ser posible....
Un abrazo
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pibaes dice:
Ah queria decirte, q me ha sorpendido ese cambio brusco de temperatura, q claro no contabais con él, y quien podría esperarse eso...en q fechas estuvisteis?.
Deciros también que eso suele ocurrir, cuando se visita un mismo lugar años después y claro ya nada es como era, no es fácil encontrar ya en casi ningún pais, excepto q vayas con un auténtico conocedor sin intereses propios, lugares donde comer lo auténtico y típico del lugar, en los hoteles ya optan por la comida internacional y así no falla, pero claro, se perdió la esencia...y precisamente veo q tu eres de esos viajeros q quiere conocer las costumbres a fondo y nada de encontrarte con lo q comes en tu pais todos los dias...
Pero me alegra q tuvierais la suerte de tener ese guia Mohammed tan encantador, q os hacía reir a todas horas, q gran falta os hacía...
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Malogarcia dice:
a Marrakech fuimos un 7 de octubre, que en circunstancias normales debería de haber unos 35 grados como mínimo. Otra vez estuve en noviembre y había 30 grados. Los viajes pueden hacerse mucho mejor, pero sabes que eso representa tiempo, dinero y muchas otras cosas. Mi mujer tiene problemas de salud que le exigen antidepresivos y otros medicamentos que son muy difíciles de pasar por los aeropuertos, por este y otros temas preferimos en ciertos países llevar una cobertura que te garantice asistencia en un momento dado. Así todo, cuando fuimos en el año 2002 contratamos un guía el primer día, yo procuré memorizar la complicada medina, y luego ya nos perdimos los dos solos los siguientes días, y fue la vez que mejor lo pasé
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babydollspain dice:
Marino, te vuelvo a decir, leyendote... me haces reir... me imagino eso que dices que fueran alemanes o americanos... y me los imagino mareados y vomitando por las esquinas... jajajajaj
De verdad, me encanta tu diario (la forma de contarlo, no lo que os ocurrió)...
Bueno, voy al siguiente capítulo.
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Capítulos de este diario
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1
Primer día en Marrakech y sin equipaje
-
2
Casablanca y Rabat
Casablanca, Marruecos | 6 de mayo de 2009
-
3
Fez
-
4
De Fez a Erfoud
-
5
De Erfoud a Ouarzazate
Ouarzazate, Marruecos | 11 de mayo de 2009
-
6
De Ouarzazate a Marrakech
-
7
Todo el día paseando por Marrakech
En Casablanca...
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