Playa de Uva - Un paraíso escondido

Escribe: edarba
Una carreterita que sólo conduce a este refugio de mar y selva tropical, con Playa de Uva en frente, Chaguarama de Loero al lado izquierdo y Nivaldito al derecho, tres playas casi exclusivas para los huéspedes de este privilegio en la Península de Paria, muy cerca de Río Caribe...

 

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Capítulo 1

Playa de Uva un Paraíso Escondido

Carúpano, Venezuela — miércoles, 29 de julio de 2009

Una carreterita que sólo conduce a este refugio de mar y selva tropical, con Playa de Uva en frente, Chaguarama de Loero al lado izquierdo y Nivaldito al derecho, tres playas casi exclusivas para los huéspedes de este privilegio en la Península de Paria, muy cerca de Río Caribe. La novedad es su salón de conferencias, absolutamente orgánico, obra genial de Klaus Muller

Cómo llegar:
Deben tomar la vía de oriente, atravesar Puerto La Cruz, Cumaná, Carúpano y Río Caribe y seguir camino como quien va a Playa Medina, pero antes verán el letrero que dice Playa de Uva.

Un escondite.
Si algún día mi espíritu solicitara con urgencia un retiro para leer, tomar decisiones o estar
en silencio, Playa de Uva sería sin duda una de mis elecciones. También para un delirio romántico, un taller de pilates, una reunión de amigas del colegio o una boda hermosísima. Entras por una carreterita asfaltada, que en algún momento se convierte en tierra pero está en buenas condiciones, y al final un portón con su buena vía de cemento.
No hay más nada. Es el final del camino. A partir de este instante todo
es perfecto.

Las flores a los lados. La grama japonesa bella, verde, brillante y podadita. Una piscina cuadrada, con sus alrededores de ladrillos, unas tumbonas aquí y allá y el horizonte de mar. Al fondo el mar, una playita pequeña, con piedras en los extremos y olas fuertes
o serenas según la temporada. Si observan el mundo al sur, sólo verán verdes intensos de esa selva que es la península de Paria.

En medio de esta naturaleza generosa, se ubican casi camuflajeadas las 12 habitaciones de Playa de Uva, el restaurante y el salón de conferencias.

La actividad.
Lo que hace casi toda la visita es echarse, ya sea en las tumbonas junto a la piscina, en los chinchorros bajo las matas de uva de playa, en las sillitas frente al mar o sencillamente en sus habitaciones.

Otros caminan por un senderito hasta Nivaldito o piden que los lleven en carro, pues hay una vía perfecta de cemento.

Esta playa es una verdadera caleta. Llegas a una enorme extensión de grama japonesa, bajas por unos escaloncitos de tierra y te consigues arena más bien rojiza y una piedra gigante al fondo, como si intentara esconder aún más esta necesidad de andar en secreto.

Siempre le he dicho a Gonzalo Denis, unos de los dueños de este campamento, que
Nivaldito sería el gran frenesí nudistas de este país. Algún día que tenemos que sacarnos la pacatería de encima y declarar formalmente una playa nudista.

Ahora bien, si toma hacia la izquierda, el camino conduce a Chaguarama de Loero, una playa preciosa con cientos de matas de coco, la arena rojiza, sin kioscos ni vendedores ambulantes a no ser que vayan en Semana Santa. El mar será agitado o inmóvil según el mes.

Si quieren paseos, los ofrecen en peñero a Medina, Pui Pui, Chaguarama de Sotillo y Santa Isabel de la Costa. En carro a la fábrica de Chocolates Paria y las aguas termales de Aguasana.

Dormir y comer.
A mí me encantan esta habitaciones de Playa de Uva. Son muy caribeñas. Todo en
blanco, tela metálica, la certeza de ver los verdes del bosque tropical, las flores desatadas, el mar intenso y los cielos limpios.
Tienen ventiladores de techo, agua caliente, terraza con tela metálica donde se guinda el chinchorro y algunas un jardincito interno.

No hay aire acondicionado.

A mí me parece que no hace falta. El ventilador resulta tan sensual. Ponen mosquiteros.

Yo me siento como en las películas de África. En la parte de arriba se están construyendo siete villas, todo un lujo, cada una con su piscina, patio, terraza, habitación, saloncito y una visual que te deja sin respiración. Puro mar hasta donde alcance la mirada. Estarán listas en diciembre, pues ya hay gente que ha reservado.

El comedor queda junto a la cocina en la parte de abajo, con tela metálica para que siempre se gocen la naturaleza generosa que los rodea. La reina del lugar es Pichinga, la simpaticaza cocinera con 14 años atendiendo a la visita. Es una comida casera, criolla, sencilla y bien sabrosa. Si es Nancy, la camarera, ya tiene 12 años poniendo las habitaciones bien bellas. Ambas viven cerquita.

Llegan caminando.
El salón de Klaus. Klaus Muller es un alemán que llegó a estas tierras hace más de 30 años y se instaló para siempre.

Minucioso y resuelto a la hora de defender el medio ambiente, se ha ocupado de estudiar con afán la ventilación para que habitaciones, salones y hogares no requieran aire acondicionado. Es además un maestro en la carpintería.

Sus muebles son perfectos, hermosos, resistentes y ergonómicos. Fue Klaus quien diseñó y construyó el salón de conferencias en la parte alta de Playa de Uva. Sólo materiales nobles. Madera, techo de paja y piso de ladrillos. Los ventanales se abren
todos para que entre la brisa, el techo es alto para que circule, la ventilación es cruzada para que fluya y los vidrios muy grandes para que nada tape el mundo. Hay un aire acondicionado porque la gente se empeña, pero créanme que no es necesario. Aquí se pueden acomodar hasta 70 personas. Quienes han utilizado Playa de Uva para conferencias, talleres o seminarios han quedado prendados y repiten muchas veces.


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