Diarios de viaje > Cartago, Africa
Cartago, Túnez
Escribe: ChicoBrasil
Estoy republicando ese diario de un tour a Cartago, en septiembre de 2008, y que había borrado, cuanod asasiné mi personaje. La intención ahora es preservar mi memória de los viajes.
Capítulo 1
Las ruínas de Cartago
Cartago, Túnez — lunes, 6 de febrero de 2012
Según la leyenda, Cartago fue fundada por la princesa Dido, hermana de Pigmalión, rey de Tiro, que ambicionaba el tesoro de Siqueo, esposo de Dido, y la obligó a que le revelase la ubicación. Dido indicó un falso lugar a Pigmalión, que asesinó a Siqueo mientras Dido desenterraba y huía con el tesoro. Navegó hasta llegar a la región de los libios, y solicitó al rey local tierras para fundar una ciudad pero el rey solo le concedió el terreno ocupado por una piel de toro. Dido, mujer ingeniosa, cortó la piel en finísimas tiras y así delimitó una gran extensión e hizo construir una fortaleza, que se convirtió en la ciudad de Cartago.
Cuando Troya cayó en poder de los aqueos, Afrodita dijo a su hijo Enéas que, según la tradición era padre de Rómulo y Remo, huyera de la ciudad para no morir. Eneas llegó a Cartago, donde la reina Dido se enamoró locamente de él, pero recibió de Júpiter la misión de partir para fundar un nuevo pueblo. Dido tentó convencerle para que no partiera, sin éxito, y ordenó levantar una gigantesca pira para quemar las pertenencias de Eneas. Al amanecer subió a la pira y, tras condenar a Eneas y a sus descendientes, hundió en el pecho la espada de Eneas y se arrojó al fuego.
Llegamos a la estación Baba Allioua, en Tunes, y mi guía me llevó para tomar un transvía, hasta la plaza Barcelona, donde salia un metro de superficie para la estación Hannibal Cartago. Yo estaba tan fascinado con las lindas chicas tunecinas de piel morena y ojos negros con la cabeza cubierta con pañuelos, que no sé como llegamos hasta la estación (había que tener cuidado, pues casi todas las estaciones se llaman Cartago, lo que cambia es el "apellido").
Llegamos a la estación Karthago, muy sencilla, como de las villas rurales. Yo pensé que las ruinas estaban reunidas en un mismo sitio, como en Pompeya, en Italia, pero se trata de una extensión de terreno muy amplia con muchos puntos de interés, distantes unos de los otros por grandes avenidas. Llegamos a la conclusión que era imposible hacer el recorrido a pie, en el calor.
Cruzamos la calle y apareció un hombre con un coche de madera pujado por dos caballos. Pedía 25 dinares tunecinos por persona, casi 15 euros. Una fortuna, con ese precio yo pensaba que compraría un caballo. Yo tenté regatear pero sin éxito. Más adelante había un taxi, y el conductor se ofreció para transportarnos por… 25 dinares! Empezamos una longa negociación y regateo, y, finalmente, mi amiga aceptó pagar 30 dinares cada uno, por un servicio de taxi por tres horas, con parada en ocho puntos turísticos.
Cartago fue una importante ciudad de la Antigüedad, fundada por los fenicios en un enclave costero del norte de África, cerca de la actual ciudad de Túnez, en el siglo XIII a.C. Tras la decadencia de Tiro, Cartago desarrolló un imperio mercantil marítimo y fue la primera potencia económica y militar en el Mediterráneo occidental, con 400.000 habitantes. Enfrentó Roma por la hegemonía, siendo derrotada y destruida en el 146 a.C. En 29. a.C. Octávio fundó la colonia, que se convirtió en la capital de la provincia romana de África, una de las zonas productoras de cereales más importantes del imperio. En el siglo III consolidase el cristianismo, crease un obispado y recibe figuras importantes de la Iglesia, como San Agustín.
En los siglos IV y V, fue refugio para los que huían de las invasiones bárbaras. En 425, los vándalos conquistaron Cartago y la convirtieron en la capital de su nuevo reino. La ciudad fue reconquistada en 534, permaneciendo bajo influencia bizantina hasta el 705, cuando un ataque musulmán la devastó nuevamente, reduciéndola a cenizas y masacrando a todos sus habitantes. Octava cruzada en el año 1270, para convertir al sultán, en la que muere el rey de Francia Luis IX. Fue conquistada por el pirata Barbarroja, dominada por la España imperial de Carlos V, subyugada por el Imperio Otomano, colonizada por Franica, invadida por los nazis.
Forma parte del territorio del Estado de Túnez desde que éste alcanzó su independencia. Es Patrimonio de la Humanidad por Unesco desde 1979. En la actualidad la península es parte de un suburbio residencial lujoso de la ciudad de Túnez, el que se han asentado varias embajadas extranjeras y la residencia del presidente de la República Tunecina. La Grande Túnez tiene 2 millones de habitantes.
El primer sitio arqueológico fue el Santuario de Tophet, antiguo templo a los dioses fenicios Baal y Tanit, donde se han descubierto un santuario de sacrificio con miles de estelas y de urnas que contenían más de 70.000 esqueletos de niños calcinados, así como una capilla del siglo VIII a. C.
Nosotros compramos el ticket (6 dinares?) pero quedamos decepcionados con el estado de conservación de las ruinas, pocas piedras diseminadas por un jardín, y pensé que el paseo era una pierda de tiempo. El segundo punto fueran los puertos púnicos, construidos artificialmente, una gran obra de ingenieria que le permitieron dominar militar y comercialmente el Mediterráneo occidental. Próximo, há un Museo Oceanográfico, que, dicen, tiene una interesante colección de barcos antiguos y modernos, pájaros y peces disecados y un pequeño acuario.
Después visitamos el Quartier Magón, donde se encontraban las grandes residencias de la aristocracia. Se descubrieron restos de casas recubiertas por las cenizas del incendio de su destrucción, en el año 146 a. C. Dispone de aseos. Proximo a la playa, el restaurante Neptuno. Visitamos el Anfiteatro Romano, el mayor Coliseo de Africa, construido en época de Adriano para 5.000 personas, escenario de las batallas del antiguo imperio. Paseamos a través de las gradas, catacumbas, el antiguo prisiones en el subterráneo y los cárceles del ganado.
Pasamos por el Teatro de Adriano, en formato circular, que fue reconstruido y es utilizado para conciertos, donde sacamos fotos. Las Termas de Antonino son monumentales y espléndidas, como las de Villa Adriana en Roma. Há un gran jardín en la entrada, con las ruinas de una cisterna, escuela, casas, una capilla paleocristiana con belos mosaicos, y, por fin, las ruinas de las termas, impresionantes columnas reconstruídas que retratán la grandeza del proyecto en su apogeo, las galerías subterráneas y una maqueta.
Seguimos para la Villa Romana, una villa soberbiamente conservada con ruinas de casas con estátuas y miles de mosaicos, alamedas, árboles. Mucho me impresionó las redes de cosecha de lluvias, cisternas y instalaciones sanitarias que los romanos construirán. Visitamos el Museo Nacional de Cartago, con mosaicos, las victorias aladas romanas, lámparas funerarias romanas, objetos de uso doméstico, sarcófagos, joyas, amuletos, etc. de los períodos cartaginés, romano y bizantino. Proximo del museo, la Catedral de S. Luis, cuya cúpula se destaca sobre la colina.
Terminamos el paseo en Sidi Bou Said, un pueblo típicamente mediterráneo, con sus casas blancas de ventanas azules, a 10 km de Túnez. Caminamos por las calles de paralelepípedos (hasta perder el camino), observando el azul de las puertas de las casas y visitando las tiendas de artesanías, y almorzamos couscous con pollo y coca cola, que nos costarán solo 7 dinares.
Cuando Troya cayó en poder de los aqueos, Afrodita dijo a su hijo Enéas que, según la tradición era padre de Rómulo y Remo, huyera de la ciudad para no morir. Eneas llegó a Cartago, donde la reina Dido se enamoró locamente de él, pero recibió de Júpiter la misión de partir para fundar un nuevo pueblo. Dido tentó convencerle para que no partiera, sin éxito, y ordenó levantar una gigantesca pira para quemar las pertenencias de Eneas. Al amanecer subió a la pira y, tras condenar a Eneas y a sus descendientes, hundió en el pecho la espada de Eneas y se arrojó al fuego.
Llegamos a la estación Baba Allioua, en Tunes, y mi guía me llevó para tomar un transvía, hasta la plaza Barcelona, donde salia un metro de superficie para la estación Hannibal Cartago. Yo estaba tan fascinado con las lindas chicas tunecinas de piel morena y ojos negros con la cabeza cubierta con pañuelos, que no sé como llegamos hasta la estación (había que tener cuidado, pues casi todas las estaciones se llaman Cartago, lo que cambia es el "apellido").
Llegamos a la estación Karthago, muy sencilla, como de las villas rurales. Yo pensé que las ruinas estaban reunidas en un mismo sitio, como en Pompeya, en Italia, pero se trata de una extensión de terreno muy amplia con muchos puntos de interés, distantes unos de los otros por grandes avenidas. Llegamos a la conclusión que era imposible hacer el recorrido a pie, en el calor.
Cruzamos la calle y apareció un hombre con un coche de madera pujado por dos caballos. Pedía 25 dinares tunecinos por persona, casi 15 euros. Una fortuna, con ese precio yo pensaba que compraría un caballo. Yo tenté regatear pero sin éxito. Más adelante había un taxi, y el conductor se ofreció para transportarnos por… 25 dinares! Empezamos una longa negociación y regateo, y, finalmente, mi amiga aceptó pagar 30 dinares cada uno, por un servicio de taxi por tres horas, con parada en ocho puntos turísticos.
Cartago fue una importante ciudad de la Antigüedad, fundada por los fenicios en un enclave costero del norte de África, cerca de la actual ciudad de Túnez, en el siglo XIII a.C. Tras la decadencia de Tiro, Cartago desarrolló un imperio mercantil marítimo y fue la primera potencia económica y militar en el Mediterráneo occidental, con 400.000 habitantes. Enfrentó Roma por la hegemonía, siendo derrotada y destruida en el 146 a.C. En 29. a.C. Octávio fundó la colonia, que se convirtió en la capital de la provincia romana de África, una de las zonas productoras de cereales más importantes del imperio. En el siglo III consolidase el cristianismo, crease un obispado y recibe figuras importantes de la Iglesia, como San Agustín.
En los siglos IV y V, fue refugio para los que huían de las invasiones bárbaras. En 425, los vándalos conquistaron Cartago y la convirtieron en la capital de su nuevo reino. La ciudad fue reconquistada en 534, permaneciendo bajo influencia bizantina hasta el 705, cuando un ataque musulmán la devastó nuevamente, reduciéndola a cenizas y masacrando a todos sus habitantes. Octava cruzada en el año 1270, para convertir al sultán, en la que muere el rey de Francia Luis IX. Fue conquistada por el pirata Barbarroja, dominada por la España imperial de Carlos V, subyugada por el Imperio Otomano, colonizada por Franica, invadida por los nazis.
Forma parte del territorio del Estado de Túnez desde que éste alcanzó su independencia. Es Patrimonio de la Humanidad por Unesco desde 1979. En la actualidad la península es parte de un suburbio residencial lujoso de la ciudad de Túnez, el que se han asentado varias embajadas extranjeras y la residencia del presidente de la República Tunecina. La Grande Túnez tiene 2 millones de habitantes.
El primer sitio arqueológico fue el Santuario de Tophet, antiguo templo a los dioses fenicios Baal y Tanit, donde se han descubierto un santuario de sacrificio con miles de estelas y de urnas que contenían más de 70.000 esqueletos de niños calcinados, así como una capilla del siglo VIII a. C.
Nosotros compramos el ticket (6 dinares?) pero quedamos decepcionados con el estado de conservación de las ruinas, pocas piedras diseminadas por un jardín, y pensé que el paseo era una pierda de tiempo. El segundo punto fueran los puertos púnicos, construidos artificialmente, una gran obra de ingenieria que le permitieron dominar militar y comercialmente el Mediterráneo occidental. Próximo, há un Museo Oceanográfico, que, dicen, tiene una interesante colección de barcos antiguos y modernos, pájaros y peces disecados y un pequeño acuario.
Después visitamos el Quartier Magón, donde se encontraban las grandes residencias de la aristocracia. Se descubrieron restos de casas recubiertas por las cenizas del incendio de su destrucción, en el año 146 a. C. Dispone de aseos. Proximo a la playa, el restaurante Neptuno. Visitamos el Anfiteatro Romano, el mayor Coliseo de Africa, construido en época de Adriano para 5.000 personas, escenario de las batallas del antiguo imperio. Paseamos a través de las gradas, catacumbas, el antiguo prisiones en el subterráneo y los cárceles del ganado.
Pasamos por el Teatro de Adriano, en formato circular, que fue reconstruido y es utilizado para conciertos, donde sacamos fotos. Las Termas de Antonino son monumentales y espléndidas, como las de Villa Adriana en Roma. Há un gran jardín en la entrada, con las ruinas de una cisterna, escuela, casas, una capilla paleocristiana con belos mosaicos, y, por fin, las ruinas de las termas, impresionantes columnas reconstruídas que retratán la grandeza del proyecto en su apogeo, las galerías subterráneas y una maqueta.
Seguimos para la Villa Romana, una villa soberbiamente conservada con ruinas de casas con estátuas y miles de mosaicos, alamedas, árboles. Mucho me impresionó las redes de cosecha de lluvias, cisternas y instalaciones sanitarias que los romanos construirán. Visitamos el Museo Nacional de Cartago, con mosaicos, las victorias aladas romanas, lámparas funerarias romanas, objetos de uso doméstico, sarcófagos, joyas, amuletos, etc. de los períodos cartaginés, romano y bizantino. Proximo del museo, la Catedral de S. Luis, cuya cúpula se destaca sobre la colina.
Terminamos el paseo en Sidi Bou Said, un pueblo típicamente mediterráneo, con sus casas blancas de ventanas azules, a 10 km de Túnez. Caminamos por las calles de paralelepípedos (hasta perder el camino), observando el azul de las puertas de las casas y visitando las tiendas de artesanías, y almorzamos couscous con pollo y coca cola, que nos costarán solo 7 dinares.
|
Publicado |
|
Capítulo 1
Últimos comentarios
Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o inicia sesión aquí
Capítulos de este diario
En Cartago...
¡Compártelo con tus amigos!
¿Quieres compartir tu capítulo “Las ruínas de Cartago” con tus amigos en Facebook?