All inclusive en San Andrés y Cartagena

Escribe: florcazaban
Para este diario, nada de mochilas ni de carpa... Acá corre la buena vida y los beneficios del régimen AI. Relato de diez días en el país del café... A su salud!!

 

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Capítulo 1

Recorriendo Cartagena de Indias...

Cartagena de Indias, Colombia — martes, 20 de enero de 2009

Nota antes de comenzar: como este viaje lo hicimos con Walter en Febrero del 2008, voy a omitir muchos datos de precios y tarifas que me gustaría haber incluido en este texto (ya no recuerdo todos los detalles) o por lo menos, no tendrán la exactitud que deberían. Dicho esto, continuamos...
Descubrimos la magia de la ciudad de Cartagena y las playas de San Andrés, gracias a las fotos de luna de miel de unos compañeros de trabajo. Originalmente teníamos la intención de vacacionar en Brasil, pero averiguando precios nos dimos cuenta que conocer el Caribe representaba solo unos pocos dolares más. Así que no lo dudamos.... Visitamos varias agencias de viaje para pedir presupuestos, en general no había mucha diferencia porque ya estábamos reservando tarde (de Diciembre para Febrero) y quedaban solo los paquetes más caros. La buena noticia era que a partir de Febrero, en Colombia es temporada baja. Y esto significaba menos turistas y algunas ofertas.
Salíamos de Ezeiza, con vuelo de Avianca. Era mi primer viaje en avión, y fuera del país (bueno, conocía Uruguay, aunque no lo cuento porque está a poca distancia de Argentina). Para mí, emocionante!! Todo era un descubrir: la aduana, los papeleos, el interior del avión, los "pozos de aire" ( y cuantos!!!).
Después de cinco horas de sacudidas, subidas y bajadas, nuestro avión hizo escala en Bogotá. De allí haríamos trasbordo para Cartagena de Indias, a aproximadamente, 1 hora de distancia.Ya en el aeropuerto de Cartagena, iríamos a recoger las valijas. La cinta llevaba muchísimo equipaje... pasa la valija de Walter... la de unos alemanes... la de otra parejita argentina... menos la mía!!! Nos quedamos hasta que la cinta quedó vacía. Bueno, en realidad, quedaba un bolso que no lo reclamaba nadie, pero estaba  a nombre de un señor. Con caras largas, fuimos a hacer la denuncia a una oficinucha. Me trataron de tranquilizar diciendo que el vuelo a Bogotá traía demasiado equipaje, y que habían hecho dos tandas, y que tendrían que llegar más valijas por la tarde. Prometieron contactarnos al hotel... Empezábamos el viaje con ese feo trago... sería un mal augurio??? Yo ya me imaginaba comprándome un par de ojotas y una malla en un negocio para poder meterme en el mar... Nos recibieron en la puerta del hotel Decameron Cartagena. En el lobby te ponen una pulserita plástica en la muñeca y te indican que no te la quites, porque mostrando que la llevas puesta es que accedes a los servicios del hotel. Nuestro régimen era todo incluido, con lo cual la comida, las bebidas (alcohólicas también) estaban pagas: sería "una gran comilona"  la mayor parte del viaje (y de hecho, si, volvimos mas gorditos)!!! Un muchacho nos explicó el funcionamiento de las cenas y de los restaurantes del hotel (son tres: de comida italiana, cocina internacional y mariscos): se reservaba lugar por la mañana, y las mesas eran compartidas (más adelante gracias a este sistema, conoceríamos simpáticos viajeros de varias partes del mundo).Nos asignaron una habitación, con una muy linda vista de la playa y una cama enorme!!! Bajamos al bar del hotel, y mientras que tomábamos algo tuve una epifanía: ¿y qué con ese bolso que no tenía dueño? ¿no sería el mío con una etiqueta equivocada? Pedimos usar el teléfono en la recepción, me contacto con la aerolínea. Les planteo mi idea, y para que ellos lo corroborasen, les digo que abran la valija que yo les digo lo que tiene adentro. Por suerte era mi equipaje!! Me lo revolvieron de arriba abajo (muy honrados los empleados, no me faltó nada) pero se encargaron de alcanzarlo hasta el hotel! Ahora sí... podía relajarme y disfrutar!!!!!!!!! Los días siguientes repitieron la consigna: desayuno americano con mil variedad de cosas (omelettes, medialunas, café con leche, jugo, frutas, fiambre, etc, etc...) y salida temprano para alguna playita. La que estaba en frente del hotel no era despreciable (diría como  Mar del Plata), pero nada parecida a las de las fotos de ensueño que habíamos visto. Es que Cartagena es una ciudad continental. Tiene algunas pequeñas islitas a algunos minutos del centro. Para llegar a ellas era necesario tomarse un ferry desde el puerto de la ciudad. En nuestro caso, decidimos contratar los servicios de turismo del hotel (tenían en la entrada una división de agencia de viajes, con muchos tours y opciones distintas para hacer), que no eran caros (en promedio u$s 30 por persona para excursiones de día entero) y si confiables (recomendación: no comprar paquetes por la calle, conocimos a un turista argentino que pagó un tour y los tipos nunca aparecieron). Estábamos parando tres días en Cartagena, así que tratamos de aprovechar el tiempo para visitar la mayor cantidad de lugares de interés posibles. Así es que conocimos:


- ISLA DEL SOL: Uno de los destinos de Islas del Rosario (también ofrecían Isla del Pirata y otras). Si no recuerdo mal, la Isla del Sol era la opción menos económica (cerca de u$s 50 por persona). Sin embargo, y por lo que vimos en fotos, creo personalmente que es la mas linda del archipiélago! Empezamos a las 7.30 de la  mañana. Un transfer del hotel nos llevó hasta el puerto. Al bajar de la combi nos interceptó un grupo de vendedores ambulantes ofreciéndonos agua, fruta, comida, ropa. En Cartagena hay que saber dos cosas respecto de la venta callejera: 1) salen vendedores por todos lados y a todo momento. 2) si a uno le interesa un producto, la clave es regatear. Lo hacen los nativos y los turistas, es una costumbre incorporada.

Ahí mismo se nos presentó el guía, que pagó los boletos (tarifa ya incluida) y nos acompañó al ferry. Desde la lanchita nos fue mostrando los fuertes y murallas de la ciudad (Cartagena es también conocida como "la ciudad amurallada"). Tardamos 20 minutos  en llegar. Increíble el color turquesa del agua!! En la isla, una playita con reposeras, una especie de quincho, una pasarela que terminaba en una choza (casi casi que  flotaba en el mar). Corriendo dejamos las cosas y al agua!!! Se veía el fondo, peces, algas, caracoles... Al salir, a tomar sol y escuchar música (reggae, a tono con la energía del lugar). Almorzamos pescado, arroz con coco y ensalada (la comida estaba incluida en la tarifa).En Isla del Sol existe la posibilidad de visitar un museo marino con tortugas, delfines y tiburones. Por el día de la semana en que viajamos, no pudimos entrar (estaba cerrado por mantenimiento). Pero eso posibilitó que pudiésemos hacer otra actividad, que sin dudas, fue alucinante: snorkel. El guía juntó a los que se animaban, nos cargó en la lancha y entramos un mar adentro (no mucho en realidad). Para los que no sabían nadar (como yo) había flotadores, y mirábamos desde la superficie... no puedo contar la cantidad de peces, algas y bichos de mar que vimos!!! Realmente maravilloso, tantos colores y todo ahí cerca (en esa parte, el fondo del mar estaba a 3 metros)!!! Alrededor de las 4 de la tarde, hay que emprender la vuelta. El mar se pica mucho desde las 5, así que piden a todos los barcos y transportes que estén en puerto antes de esa hora (además anochece a las 6 pm). 


- ISLA BARÚ: La playa de esta isla está concesionada por el hotel Decameron. Con esto, sus huéspedes pagan una módica suma (u$s 5 por persona) por el bote hasta allí y además, siguen con la modalidad de comida y bebida libre durante la excursión. El que quiera visitarla debe si o si, reservar un día antes su lugar (va mucha gente). Son, como en el caso anterior, 20 minutos de viaje.Si bien Barú es preciosa, está mucho mas poblada, y por momentos el que haya tanto turista te saca de la "escena paradisíaca" (en Isla del Sol seríamos 10 como máximo). Se puede hacer snorkel y kayak (sin cargo), conocer los manglares (con guía local - para esto hay que pagar aparte-) y naturalmente bañarse en el mar y tomar sol. Nosotros hicimos kayak y pudimos ver bastantes estrellas de mar. Almorzamos pinchos de pescado y calamar.Lo mismo que para Isla de Sol, se vuelve temprano para la ciudad. 


- LA CIUDAD VIEJA DE DIA: Contratamos el servicio turístico del hotel. El city tour incluía una recorrida por la ciudad antigua (con sus imponentes iglesias), una visita a un negocio de esmeraldas (piedra típica Colombiana, los hay de diversos precios, tonos y formas) y un paseo por el fuerte San Felipe de Barajas, el Monumento a las Botas Viejas y el Convento de la Popa. La verdad? No tuvo desperdicio!! Las calles coloniales de Cartagena son hermosas, con sus balcones y farolitos característicos. Conocimos La Catedral, el Convento de Santo Domingo y la Iglesia y Monasterio de San Pedro Claver. Desde el Convento de la Popa (construida en el siglo XVII, tiene un patio interno con aljibe y ejemplares de Santa Rita), el punto más alto de la ciudad, es posible ver una panorámica impactante de Cartagena de Indias.Además de visitar la ciudad con un guía, no dejamos de recorrerla por nuestra cuenta. Así también es que conocimos el Teatro Heredia y algunos mercados artesanales. Por la avenida posterior al hotel, uno puede encontrar la mayoría de los negocios y comercios, es lo que los cartageneros llaman "la ciudad nueva" (muy estilo Miami). 


- LA CIUDAD VIEJA DE NOCHE: Caminar la ciudad vieja de noche es tan pintoresco como hacerlo de día. Los faroles se encienden cuando baja el sol,  provocando que las fotos se capturen con un tinte teatral. Uno de los paseos que hicimos fue en mateo (carroza tirada a caballo). Inolvidable y recomendado para parejas! Otra de las veces, la visitamos en Chiva Rumbera: un colectivo sin puertas, donde se viaja al compás de la rumba y el merengue (hay músicos en vivo) y tomando mucho Cuba Libre!!   


A excepción de la mala pasada del equipaje, Cartagena nos encantó por la calidez de su gente y los rincones de su ciudad. Muchos colombianos, ecuatorianos y venezolanos la tienen como SU destino de vacaciones, así que uno conoce no sólo a viajeros europeos sino también a latinoamericanos (se arma un lindo crisol de razas). Nunca falta el grupo de argentinos pícaros o los recién casados. El lugar tiene mucha infraestructura turística, los precios son intermedios. Imprescindible comprar café en Juan Valdez antes de partir y probar las arepas y los patacones!! Hasta aquí, la primer parte del viaje... en el próximo capítulo, ya desde San Andrés.



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