La ruta del sol (y la lluvia)

Escribe: rodrigomachado
Un viaje por el litoral caribeño de Colombia y la asfáltica ciudad de Panamá. Una experiencia excelente para toda persona al que le guste un viaje donde se complementen la historia, la diversion y el ocio.

 

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Capítulo 2

Cartagena, Santa Marta y Barranquilla

Cartagena de Indias, Colombia — jueves, 9 de octubre de 2008

Al igual que a San Andrés, llegamos con lluvia. Como teníamos los días contados, pedimos hacer el check in mas tarde, para poder ir a conocer la ciudad en un city tour.

Acá va otro consejo: “Tanto Cartagena como la ciudad de Panamá son ciudades grandes, que tienen sus riesgos, aunque nosotros en ningún momentos nos sentimos inseguros; les recomendamos acá si, reservar sus tours desde el hotel.

Calculo que debe haber opciones más baratas. Si se van de paseo y consultan en una agencia, en todo caso inténtenlo. Nosotros íbamos contra reloj para hacer todo lo que queríamos. Para el primer pantallazo siempre conviene hacer un tour, ya que te explican todo lo que ves. Después, si tenés mas tiempo podes recorrer todo mas tranquilo.”

La ciudad de Cartagena me impactó. 2º puerto en importancia en Colombia, y con sus barrios de contrastes, la ciudad muestra varias caras. La rica y opulenta de Bocagrande, con sus rascacielos y su Avenida San Martín; y la cara pobre de los barrios marginales cercanos a Getsemaní.

La zona antigua del centro histórico está excelentemente conservada. Visitar el fuerte de San Felipe Barajas no tiene desperdicio, y caminar por sus pasadizos, conociendo sus secretos. La ciudad amurallada, con sus casas de colores vivos y balcones de madera cargados de flores. Sus calles angostas y sus carros tirados por caballos. Hermoso tanto de día como de noche. Sobre todo el fin de semana, ya que se pueden disfrutar espectáculos en vivo, o bien solo recorrer sus calles iluminadas. Hay que visitar el Portal de los dulces, la plaza de la aduana, la plaza central, y todo rincón que se le ocurra. La "Heroica", llamada asi por resistir por varios meses el bloqueo de los ingleses, es una delicia a los ojos.

Paramos en otro hotel de la cadena Decamerón. En este caso un edificio de 23 pisos, cuyo último piso es restaurante de mariscos con vista a toda la bahía. Allí también hay que reservar para la cena; y lo único un poco incomodo es que las mesas son a compartir, o sea que tienen muchas posibilidades que los sienten con perfectos desconocidos. Otra opción que da el Decamerón, es una cena en el centro histórico, en el restó San Pedro, te llevan y traen gratis, por lo que entre un bus y el otro pueden aprovechar a caminar por el centro de noche. Si no paran en un All Inclusive, hay varias opciones sobre la avenida San Martín con precios para todos los gustos; o bien en el centro. Un taxi al centro desde Bocagrande sale más o menos 2 a 4 dólares.

Las playas de Cartagena no son tan lindas como las de San Andrés. De arenas oscuras y con varias escolleras, el problema más grande son los vendedores, que se ponen insoportables y no permiten disfrutar la estadía en la playa.

Como excursiones, hicimos 2: Una a la isla de Barú (dentro del complejo de las Islas del Rosario), no puedo decirles que tal es el agua, porque llovió durante toda la excursión. De todos modos al salir del puerto de Cartagena es muy lindo contemplar todo desde la bahía de Cartagena, con las dos fortificaciones en ambas puntas, y una virgen en el medio de la bahía que protege a las embarcaciones. Se aprecia el centro histórico desde el agua, al igual que los altos edificios de Bocagrande, y el punto mas alto de la ciudad: el cerro de la Popa, llamado así porque su reflejo en el agua parece justamente eso: la Popa de un barco.

La otra excursión fue hacia Santa Marta, pasando por Barranquilla. Es un tour largo que sale a las 6 de la mañana y vuelve a las 7 de la tarde, con un recorrido de 600 kilómetros, que a nuestro parecer no valió del todo la pena. Santa Marta es la ciudad mas vieja de Sudamérica, fundada en 1525, hogar de Carlos Vives y del Pibe Valderrama (que tiene una estatua y todo; y que el mismo suele lustrar, según nos contó la guía del tour). Quizá íbamos con demasiadas expectativas, ya que es el lugar donde se une el mar con el final de los Andes. No resulto ser gran cosa. Tiene 500000 habitantes, y es el 4º puerto de Colombia, principal en la exportación de carbón, razón por la que uno ve infinidad de barcos desde la playa, que esta sucia por el mismísimo carbón. El agua es oscura y sucia. La ciudad no esta igual de conservada que Cartagena; una lástima porque se encuentra en una ubicación privilegiada. Es, sin embargo, unos de los lugares mas visitados por los colombianos, ya que allí se encuentra la finca en la que murió Simón Bolívar.

A la vuelta pasamos por la ciudad de Barranquilla, con más de 2 millones de habitantes y con el estandarte de ser una de las ciudades más industriales de Colombia y su principal puerto, es también una ciudad de contraste marcado, con una pobreza muy grande. Avenidas con mercados en situación más que insalubre, Barranquilla sufre habitualmente de inundaciones en la parte baja, en las cercanías del principal río colombiano: el Magdalena. Ni ver la supuesta casa de Shakira (por cierto muy querida por los colombianos), nos deleitó. La imagen de la marginación es muy fuerte allí, y eso que nosotros también somos latinoamericanos con problemas similares a los que sufre ese hermoso país.

Seguimos luego nuestro recorrido hacia nuestro último destino: la ciudad de Panamá, con el sabor de no haber disfrutado la ciudad de Cartagena a fondo... un lugar para volver.


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