Escribe: jimenez225
Fue en aquel lapso, entre tomar las lecturas técnicas y cambiar el lente que, escuché el inconfundible graznido de dos aves sobre los cielos del Tamanaco. Alcé los ojos y, sobre mi cabeza, surcaban con gallardía y elegancia dos enormes guacamayas verdi-azules con fulgurantes rojos encendidos en su plumífera anatomía. No lo creía. ¡Dos preciosas guacamayas graznaban felices los cielos de Caracas… DIOS SANTO…! ¡Increíble, y mil veces increíble! Las observé aletear sus alas en perfecta sincronía
Mi primera desbandada en la Plaza Simón Bolívar
Caracas, Venezuela — domingo, 26 de agosto de 2012
Luego de tomar las festivas fotos grupales, fuera de la Casa de Bolívar, nos fuimos directo para el Museo Bolívar el cual me pareció un recorrido visual valioso en una edificación de corte republicano. Había mucho que ver en un corto tiempo. Donde quedé con algunas interrogantes fue en la sala del catafalco de Bolívar donde vi perturbadoras fotografías donde los médicos forenses estaban enfundados en ropajes y mascarillas como si estuvieran ante el mortal ántrax. Luego supe que el Libertador había muerto de una mortífera y contagiosa infección que los médicos temían fueran a contagiarse. Sepulté aquella interrogante hasta que Jasmín la resucitó con espeluznantes relatos sobre la maldición de la muerte del Libertador. Hasta hoy recuerdo con resquemor e incertidumbre esos escalofriantes relatos.
Volvimos a la calle y otra vez volvimos a posar para las fotos grupales, y pensé, “Dios.., la fiebre por fotos grupales está en la calle”. Fue entonces que Mariana recordó a todos no separarse para nada del grupo por aquello de la seguridad en las calles. Yo miraba a mí alrededor y no percibía aquel temor de Mariana. Pero por algo insistía. Desde entonces el pequeño grupo se mantuvo apretado como una bola de acero. Adonde Frank caminaba, allá íbamos como los pollitos siguen a mamá gallina. Así fue como arribamos a la Plaza de Simón Bolívar, que me pareció muy acogedora, como todas las plazas de corte colonial, arbolado, con frondosos y centenarios árboles cuyas ramas cobijan casi toda la plaza. En todo el eje central está el imponente y gran monumento ecuestre de Simón Bolívar. Igual al de Cartagena de Indias, pero más grande. No hay manera de evitar semejante estatua, no tanto por la escala, sino por lo expectante de su abarcador porte y la imponente figura del mismísimo Simón Bolívar. Quedé enamorado de aquella belleza escultórica, y, en un santiamén todos posaron para la foto grupal a los pies de Bolívar y luego levantaron carpa y se fueron, y con ellos me fui yo en esa alegre masa de viajeros. No había aún digerido mi admiración por la estatua, cuando alguien comento que había una paloma sobre la cabeza del Libertador. Volteo y la veo airosa sobre Simón Bolívar. Me pareció una maravillosa fotografía y me detuve junto con otros tres viajeros atraído por la irreverente paloma. Los vi tomar las fotos a las volandas, a contra sol, y corrieron a reunirse con el grupo que se alejaba. Yo decidí sacar una mejor foto. Alcancé a escuchar a uno gritarme que iban para la Catedral. Apuré el paso porque empezaba a lloviznar. Algunos corrieron a buscar refugio. Yo tape mi cámara con la palma de la mano y me encamine hacia el lado opuesto de la enorme estatua y aprovechar al máximo la poca luz que moría en la estatua. Me aposte bajo una frondosa ramada dando pasos en reversa buscando el mejor ángulo. La llovizna amainó un poco y desabrigué la cámara y la preparé para la capturar aquella insolente paloma.
Cuando logré disparar unas fotos me da por mirar a mi siniestra –el sexto sentido se me activo- y veo a un joven en pantalón jean, zapatillas rojas y camiseta de manga corta ceñida, escrutándome milimétricamente. No movía un solo músculo facial. Luego giro la órbita de los ojos hacia otro joven a mis espaldas. Bajé la cámara, giro sobre el eje de mi cintura y veo al compinche detrás que realiza igual gesto con su carnal. Se comunicaban visualmente. Ambos se encaminaban lentamente hacia mí. Tengo la impresión de que no vienen en plan de asistencia turística por lo que enfundo rápidamente la cámara y salgo del ámbito de cerco y no veo por ningún lado el grupo. Empieza a caer una pertinaz llovizna y la plaza se despejó de la gente que pululaba. Aprieto el paso, dejo atrás a los asesores turísticos quienes saben que estoy separado del grupo. El principal va por el flanco izquierdo, a quien pierdo de vista momentáneamente. La estatua lo cobija y el otro aprovecha mi incertidumbre e inicia el mismo trote de llovizna como todos y estoy preocupado por el sujeto que no veo. Me detuve, me ceñí la mochila en bandolera y me dirigí hacia la catedral y escucho una enérgica y replicante voz; “Jiménez, te separaste del grupo...” Un profundo alivió me invadió. Como si me hubieran lanzado un salvavidas. A distancia veo a Frank haciendo señas. La llovizna apretó. Vi a todos correr en desbandada. Miré hacia atrás buscando a mis asesores y no los veo por ningún lado. Seguí corriendo buscando cobijarme de la pertinaz lluvia cuando al lado de un frondoso árbol centenario veo a dos viajeros fotografiando una ardilla que ha bajado al pie del árbol a comer algo que alguien abandonó a propósito. Me sentí aliviado de verlos. Me detuve y le pregunto dónde está el grupo y me responden al vuelo que en la catedral. Sigo corriendo. Llegó a la cobijada puerta de la catedral y me topo con algunos viajeros y les pregunto por el resto. Responden que dentro de la Catedral. Sacó mi cámara y entro al sagrado recinto y me impresiona de inmediato la paz espiritual reinante.
Entre justo al final de la misa. Cantan en aquel latín ya olvidado. Me siento poseído. Hacia años, muchos años que no escuchaba oficiar una misa en latín y cerré los ojos buscando capturar toda aquella letanía pero me saca del trance una señora tapada en una preciosa mantilla tejida para espetarme que respete el recinto. No le entiendo y ella me señala el sombrero y caigo en razón y me descubro ante el santo lugar. Ella me entonces me bendice y se fue cobijada por la paz del lugar. La seguí hasta que se perdió y fue entonces que toda la iglesia me habló. Mostraba su particular personalidad. Había un abarcador halo de luz amarilla mortecina que iluminaba la iglesia completa. A la izquierda estaban unos primorosos recintos que al principio pensé era el transepto de la catedral, pero no tenia su contraparte por lo que concluí eran capillas. Contaba con varios delicadamente decorados, particularmente aquel donde yacían tres estatuas recostadas en un exquisito mármol rosado y otra angustiosa estatua de oscuro mármol a los pies de los difuntos. El escultor logró transmitir aquel dolor, no solo en las expresiones y anatomía, sino también en el color de las mismas. Allí me quedé extasiado largo rato hasta que descubro que estoy solo en la catedral, salvo por el personal propio de la catedral limpian la sala. Fue entonces que recordé que andaba en grupo. Miro la hora. Ha transcurrido media hora desde que entre en la catedral. Es tarde. Corro a la puerta. Ha cesado la lluvia. No veo el grupo. Veo a mis dos asesores apostados en una banca del parque. Ellos no me ven. Tampoco anhelo que sepan que estoy aislado. Veo a un policía en el perímetro del parque, pero no me atrevo a exponerle mi aislamiento por las aprehensiones y chistes del staff sobre pedir ayuda a un Policía. No vaya a ser que terminé arrestado. Recuerdo el documento de Mariana donde están todos los teléfonos del staff y lo saco, pero no cargo celular ni veo teléfono cerca. Aún me mantengo en calma. Solo me preocupa que no me divisen los asesores. Armo una estrategia. Me iré hacia el sitio donde nos recogerá el bus, pero caigo en cuenta que no se por donde tomar hacia ese lugar. Pienso otra vez en el policía. Él podrá orientarme o cargar conmigo. No sé en qué momento de la angustia salgo al parque. Veo dos viajeros a media cuadra y salgo corriendo y en el trayecto descubro que el sol calienta mi cabeza y caigo en cuenta que no llevó puesto mi sombrero. Freno de inmediato. Doy la vuelta. Mis asesores siguen distraídos y corro hacia la catedral y busco rápidamente mi sombrero “Panamá” que cuelga sobre la puerta de acero de las tres moribundas estatuas. La tomó y salgo corriendo hacia el sitio donde dejé a los dos viajeros y en esa corredera me reconocen los asesores y se ponen de pie, pero les llevo ventaja y llego hasta los dos viajeros que felizmente fotografían los últimos recuerdos del parque de Simón Bolívar. Pregunto por el resto y me señalan que se dirigen hacia la Asamblea. A lo lejos veo la compacta masa de viajeros y apresuro el paso a fin de juntarme con aquel grupo que les place sacar fotos grupales. Cuando me integro al grupo esperaba algún reclamo pero no habían percibido siquiera mi larga ausencia por que algunos viajeros seguían dispersos en las proximidades. ¡Yo era uno de ellos!
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El Agobiante Dilema de los Nombres, y la Engañosa Restauración de la Casa de Simón Bolívar
Un Inoportuno Caraqueño y yo soñando en la Plaza de los Líderes
Últimos comentarios
Tuviste tus aventuras en Caracas! Mauro y yo también nos distrajimos un momento y nos fuimos caminando detrás de unas personas que no eran viajeros. Marianita nos pegó el grito y volvimos junto al rebaño, y desde ese momento no nos despegamos de Hecell. No queríamos perdernos en Caracas!
Como siempre, fue muy entretenido leerte, y volver a recordar los lindos momentos vividos en el Encuentro.
Saludos desde Stgo.
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incluso si soy italiano sé perfettamnnte aquel que era Simom Bolívar"""Padre de la Patria """ Lo sé porque he estado muchos años en la Ameica del Sur!!!!! lo que se cuenta en este hermoso diario de viaje sirve tambièn para aumentar mi cultura
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Sin duda un gran viaje amigo,muy buen diario,mil gracias por compartir ,aprende uno leyendo un abrazo !!
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No sabia de esta aventura!! A mi me agarró el desconcierto cuando arranco a llover, me puse a mirar una ardilla y cuando me di vuelta me quede quietita al no ver a nadie. Por suerte tengo la costumbre de mirar de que color esta vestido cada uno para identificarlo a lo lejos, y los encontré rapido jajaj
En cuanto a las fotos grupales, es cierto, que nos agarró por sacar tantas en un lugar con tanta gente acechandonos? Nos gustara el peligro? jajajaj
Que bueno que todo salio bien y hoy contemos estas cosas como anecdotas.
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que agrado leer al sr.Jimenez, famoso entre los viajeros.Tambièn nos separemos del grupo , para comprar helados,estaban deliciosos, no tomamos tan en serio las recomendaciones de los organizadores, pero si tenian mucha razòn.Para la pròxima, NO separarse del grupo.
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No sabia de su aventura Sr Jimenez en el recorrido, menos mal que a pesar de alejarse estuvo atento a lo que ocurria a su alrededor para darse cuenta de lo que sucedia¡ menos mal que es solo una anecdota de ese dia y de las fotos grupales que siempre se sacan aunque no nos dieramos cuenta del peligro¡ Saludos hasta Panama¡
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Muy buen relato...Estas aventurillas son habituales en latino-américa (y en otros lugares del mundo)...por desgracia las autoridades de ciertos países viven en un perpetuo estado conspiranoico donde le miedo es el motor que mueve a todos..es una lástima. No obstante mi experiencia me dice que el grupo es demasiado llamativo...lo mejor es viajar solo y mimetizado con el medio. Un abrazo.
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Jimenez, muy valiente tu al sacar la cámara para tomar fotos en el centro de la ciudad, Yo no lo hice, pues estaba muy predispuesto con tanta advertencia de la seguridad del lugar. Ya estaba paranoico.
Buen relato, te sigo leyendo...
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Mateo, la valentia no tenia nada que ver con la inseguridad. Habia tanto que fotografiar que sobrepuse la pasion ante la inseguridad. Y mira.., casi me cuesta. Gracias por leerme mi buen amigo.
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Muy bueno y apasionante el relato, lo leí de un saque de cuán atrapante es. menos mal y gracias a Dios ha sido una aventura sin consecuencias mayores más que el susto la suya. Va mi voto.
Saludos.
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guau que relato!!! Que susto!!! algo similar me paso en Medellin, pero siempre hay algun angelito local que me cuida. Excelente relato como siempre!!
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Juuuum José....me estoy enterando apenas de eso..
Así que eso te pasó. Sabes bien que de haberme enterado no te vuelvo a dejar solo ni un segundo en el viaje. ( a regañadientes). Que mal me hubiese sentido si te hubieran dejado sin tu llamativa cámara, o si alguna otra cosa te hubiese pasado... Bien que no me contaste. Ya sé, NO se te puede dejar solo.. igual te perdiste arriba en el Avila...y estuve preocupada por ti. Para que te enteres. Si se les decía no separarse es porque conocemos lo que significa estar en el centro...en grupo de viajeros...y cámaras, acentos, dolares...y demás que llaman la atención de los asesores como bien dices.
Bien porque nada paso.. solo fue, algo para contar...
Olvidaste decir que querías tomar la foto a Bolívar durante largo rato, pero en realidad era la parte trasera de la estatua...y solo al final cuando ya se movían todos, te llame para que la vieras de frente....te gusto esa toma...pero la paloma estaba arriba y no te dejaba hacerla...jeje...no lo olvide...jajaja.
Saludos amigo, un abrazo .....y espero próximos capítulos..
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Amigo me disculpo por tus asesores, si supieras que tambien tuve que empujerte en una oportunidad para evitar que te robaran la camara cuando intentabas tomar una foto grupal frente al muro de sinon bolivar, yo andaba tratando de tenerls a todos siempre junts
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Como siempre muy buen relato amigo, felicidades y saludos.
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Yo salí de la Catedral con la impresión que me faltaba gente, pero estaban todos tan dispersos que se me hizo imposible contarlos, cuando veía algunos los otros ya se entretenían en otra cosa. Estábamos muy prevenidos porque sabíamos todos los "asesores" que estaban alrededor. Y la lluvia ayudo a que se dispersaran más... Felizmente salimos sanos y salvos del recorrido por el centro de Caracas!
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Pues me ha parecido que has tenido suerte. Y además se te agradece el cuidado que has tenido de buscar los mejores ángulos en tus fotos. Aunque tuviste que perderte varias fotos grupales, jejejeje. Buen relato de viaje. Saludos!! ![]()
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Estoy de acuerdo con Mateo7359, a mi ademàs de la paranoia por la seguridad del sector, me preocupaba quedar preso por la guardia Venezolana.Ya que tengo entendido que el comandante Presidente
prohibió tomar fotos en lugares públicos. Muy buen relato y muy buenas fotos Felicitaciones. Esa escultura de Bolivar es espectacular.
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La verdad es que nunca me senti en peligro sino temeroso de que me invadiera el temor de que no supiera donde ir si me hubiese pasado algo. Jasmin, perdona, por los sin sabores que te expuse. Falta relatar la perdida que dicen me di en Avila. Alla arriba tambien tuve contacto cercano con un chavista tambien. Tambien me disculpo con Mariana, sé que ella nos cuidaba muchisimo.., y ahhh, Hecell, hasta ahora me entero que fuiste mi angel protector. si senti que me apurabas pero ignoraba que tenia el enemigo cerca. A todos gracias.
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Edulesan es mentira que este prohibido tomarle fotos a lugares públicos.
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José,que bueno que salistes airoso,coon la forma en la que relatas tus vivencias haces que uno se transporte a esos lugares,Felicidades!!!!
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Hola jimenez!!! es muy intreresante tus relatos,yo estaba con usted en la
Iglesia, en la calle , parques y por todos lugares que describiste tan bien.
Saludo!
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Gracias jimenez, a nosotros nos sucedió en Colombia, subimos por un lado al transporte para el monasterio de Monserrat y bajamos por otro, cuando nos dimos cuenta, nos habíamos metido donde NO debíamos, jajaja, de protno unos pasos detrás nuestro, (gracias señor), un policía turístico, ¿qué hacen ustedes aquí?, le respondo, me parece que no tendríamos que andar por acá ¿no?, no señor, me responde, los acompaño, por suerte estaba allí.
Muy buen relato.GRACIAS
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Gracias Jimenez...todo lo que relatas es muy cierto, tengo amigos en Caracas y dicen que pasan mucho miedo, por eso te entiendo perfectamente pero por una foto no merece la pena arriesgar tanto. Cuidate y gracias
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Pareciera que estás dotado de algunos sentidos adicionales que te permiten percibir gran cantidad de detalles que para algunos pasan desapercibidos....tus ojos de buen observador, y tu corazón sensible a la belleza hacen que tus relatos de viaje ayuden a completar nuestra limitada percepción...Gracias por hacerlo.
Un abrazo grande desde Bogotá.
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Que buen relato, gracias por compatirlo. Me gusta como describe sus anecdotas!
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José, excelente el relato!! Cómo me gusta leerte, impresionante. Sólo agregar, que el domingo pasado ví un programa de Venezuela, y es uno de los países con mayor delincuencia de América. Y Argentina está muy cerca. La inseguridad que nos ronda es cada vez peor. Y si bien cualquiera puede caer en manos de los chorros, como leí en alguno de los comentarios los turistas pasan a ser el blanco perfecto, porque uno está distendido, despreocupado, y no se da cuenta (generalmente) de esas cosas. Bellísimos las descripciones de la catedral!
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Típico de las fotos grupales. Uno las toma, salen muy lindas, pero no aparece uno jajajja. Un saludo!
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Muy interesante tu diario y los capítulos anteriores también.
Yo hago pocos viajes en grupo porque me pasa lo mismo que a ti, no me dejan bastante tiempo para ver a mi gusto las cosas que me interesan.
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Capítulos de este diario
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Un Panameño que encontró el Paraiso Terrenal que Cristobal Colón no conoció
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Mientras la Arquitectura esta en pausa, las Guacamayas sobrevuelan Caracas
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El Agobiante Dilema de los Nombres, y la Engañosa Restauración de la Casa de Simón Bolívar
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4
Mi primera desbandada en la Plaza Simón Bolívar
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5
Un Inoportuno Caraqueño y yo soñando en la Plaza de los Líderes
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6
Un Espectacular Ascenso a las alturas del Cerro Ávila en medio de los descalabros del Hotel Humboldt
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7
Los endemoniados Rinocerontes y la gran Comilona en Galipán
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8
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Arte y Sapiencia en la Laguna La Restinga
Isla de Margarita, Venezuela | 23 de febrero de 2013
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Se tomaron por Asalto el Fortín de la Galera
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En Caracas...
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