V Encuentro Internacional Venezuela 2012

Escribe: jimenez225
Fue en aquel lapso, entre tomar las lecturas técnicas y cambiar el lente que, escuché el inconfundible graznido de dos aves sobre los cielos del Tamanaco. Alcé los ojos y, sobre mi cabeza, surcaban con gallardía y elegancia dos enormes guacamayas verdi-azules con fulgurantes rojos encendidos en su plumífera anatomía. No lo creía. ¡Dos preciosas guacamayas graznaban felices los cielos de Caracas… DIOS SANTO…! ¡Increíble, y mil veces increíble! Las observé aletear sus alas en perfecta sincronía

 

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Los endemoniados Rinocerontes y la gran Comilona en Galipán

Caracas, Venezuela — jueves, 4 de octubre de 2012

Mientras la mayoría eligió bajar a Galipán sobre los “rinocerontes”, un reducido grupo de nosotros decidimos hacerlo suavemente sobre nuestros pies. Sería un panorámico descenso y serviría para entablar profundos y fraternales lazos de amistad.  Sabíamos que los primeros en bajar a Galipán lograrían los mejores restaurantes, los mejores puestos y la mejor vista de Galipán, y sobre todo, un rápido menú, pero nosotros, estábamos dispuestos a sacrificar todo aquello por aquel idílico descenso a pie.
Detrás de unos portones metálicos  vemos un puñado de  enormes todoterrenos aparcados como rebaños de bestias esperando soltura. Parecen rinocerontes. Mariana organiza el descenso sobre estas bestias y en la medida que se llenan salen bramando cuesta abajo levantando una estela de tierra a su paso por aquellos sinuosos caminos. Uno a uno desciende con su carga humana de viajeros.

               En cambio,  ocho viajeros empezamos  el descenso idílico a Galipán acariciados por los vientos que recorren los callejones  de este inmenso cerro, un abrasante sol nos daba de frente pero no quemaba, nos hechizaba el cántico de aves que no se dejan ver, y en medio de aquel bullicio sobresalen amenas conversaciones de nuevos amigos viajeros. Nos acompañaba Gabriel, quién sazonó la tarde relatando anécdotas de Galipán, y otros hermosos lugares de su patria y de las tantas veces que ha subido al cerro Ávila buscando aquella belleza del paisaje y el silencio, y no menos importante, aquella  sopa “galipana” que tanto anhelábamos. Con él al mando no tendríamos preocupación alguna pues Gabriel sabía  donde servían aquellas angelicales sopas. Que los demás se fueran volando sobre aquellas infernales máquinas no nos preocupaba. Teníamos al Gabriel y el estómago anhelando aquella sopa prometida y el alma en completa paz.

                Descender a paso lento, despreocupado, al ritmo de las amenas conversaciones y al melodioso canto de las aves fue gratificante. Iba adelante con el Charro hablando temas al vuelo hasta que en una cerrada curva vimos una hermosa casita de piedra de canto rodado con un letrerito  de “Virgen Milagrosa”. Gabriel nos relato sobre esta casita y corrimos a sacarnos la consabida foto grupal con aquella casita de fondo.  Seguimos nuestro ameno periplo y al cabo de  algunos metros de descenso, el Charro me pregunta con jocosa inocencia  si había olvidaba algo y doy cuentas que no y él insiste con denodada insistencia haciendo que me detenga y me esculque minuciosamente el cuerpo y vuelvo a negar  que no y el Charro entonces suelta la carcajada y yo el asustado grito de.., ¡LA MOCHILA DE MI CAMARA..! Salgo corriendo y el Charro me ataja sacándola de su espalda con un rápido pase de mago aquella mochila donde guardo costosos lentes intercambiables, baterías de repuesto, chips de memoria y filtros que parecen lupas. Cómo nos reímos de aquello. 

               Cuando vimos las primeras casitas de Galipán apuramos el paso y fue como entrar a un maravilloso cuadro de Renoir. El clima templado, el viento que enfría tenuemente el cuerpo, las nubes que huyen y las personas que deambulan en silencio por doquier fue inesperado. El único ruido que resonaba en aquel ámbito era las de las endemoniadas máquinas que llegaban y se iban con su carga humana. Yo apague aquel latoso rugido de mi cabeza y me circunscribí a dejarme llevar por mis sentidos.

                Seguimos ciegamente a Gabriel. Eventualmente saludábamos a los viajeros que estaban almorzando y departiendo amenamente. Otros ya habían terminado y uno que otro deambulaba entre los montones de ventorrillos de Galipán. El pueblo se estaba acabando y no llegábamos a ningún restaurante. El camino se fue haciendo pedregoso cada vez más. Gabriel nos  pedía paciencia. Cuando ya parecía el fin del camino arribamos al un restaurante donde solo había dos parroquianos. Nos acomodamos mientras Gabriel  conversaba amenamente con el dueño del local a quien parecía conocer y lo primero que llegó fue la anhelada sopa que tanto promovía. Aquello era de dioses. A todos se nos fue la boca cuando Gabriel llevó la primera cucharada a la boca. Terminamos pidiendo sopas. No podíamos seguir velando la sopa de Gabriel. Moríamos en aquel suplicio.

               Pedimos abrebocas, bocadillos, enjundiosos platos, emparedados y cuanta comida sugería Gabriel o lo que los ojos simplemente se antojaban. Aquello era una gran comilona. Hubo hasta un largo momento para departir y cuando menos supimos entrabamos y salíamos de todos los locales de artesanía. El grupo se disgrego y por todos los rincones veías a un viajero. Yo busque algo para mis dos mujeres, mi esposa e hija. Luego me uní al grupo que ya esperaba la llegada de los “rinocerontes”. Los galipenos son gente hacendosa y creativa. Vi licores de frutas caseros, fabricados en el patio de sus casas, añejadas en barricas igualmente caseras, probé ricas mermeladas cocinadas al calor del fogón de sus propias casas de frutas cosechadas en sus floridos patios y vi flores por doquier adornando las casitas, el pueblo y la ladera entera que muere a la orilla del mar Caribe. Todo aquello me trajo el vívido recuerdo de un pueblito en mi país que es el espejo de este.

               Cuando los infernales rinocerontes arribaron la contienda por conseguir un pedacito de asiento fue demencial. Apretujados metieron unos diez pasajeros en dos duras hileras de bancas de madera. Dos vehículos llegaron y anunciaron que eran los últimos y aquello fue el pandemonio. Supe luego que fue un ardid para negociar el costo pues todavía quedaban algunos carros. Al finalizar la tarde y escaseaban los turistas arribó lo que se creía era el último de las ruidosas máquinas. Fue un inmisericorde forcejeo subirse al vagón. Literalmente sacamos a unos desperdigados chinos que intentaban vanamente subir en aquellos carros suicidas. Fuimos el último grupo de viajeros remanente, por lo que el conductor aseguro su cobro antes de partir. Fue otra penosa faena sacar de entre aquel amasijo de viajeros el pasaje de entre los bolsillos con tantas caderas chocando. Arribamos a la cima en medio de suspiros por la velocidad que aquel conductor le imprimía en aquellas peligrosas curvas. Una vez arriba Mariana increpaba a todos que formaran fila para tomar el funicular. La fila era larguísima y desordenada hasta que obligaron que formaran filas de a cuatro sobre unos coloridos círculos pintados en el suelo.

Fue entonces que quedé con tres viajeras a las que empecé relatando la odisea de mi poco usual noviazgo e inusitado y fallido primer intento por casarme. En cada colorido círculo relataba alguna jocosa anécdota de mi loco noviazgo al punto que a mí alrededor empezaba a aglomerarse otras viajeras cautivadas por mis relatos. Incluso ocasionamos un tranque en la fila cuando el relato alcanzaba  niveles intensos. Entonces pidieron que apretáramos el paso hasta que llegamos a la rotatoria cabina del teleférico a la que había que saltar literalmente dentro. Mientras descendíamos en aquel paradisiaco paraje yo intentaba hilvanar las anécdotas entre aquel follaje boscoso bajo mis pies y la deslumbrante aparición de Caracas que crecía a pasos agigantados en la medida que descendíamos. Entre tratar de terminar mis anécdotas y saciarme de la belleza panorámica de Caracas tocamos suelo. Tres viajeras me sacaron a fuerza de juramento  la promesa que en la noche terminaría de contar cómo terminó mi noviazgo. Esa noche me esperaba otra sorpresa.


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Últimos comentarios

Aleleani dice:

He sonreído al leer cómo cuentas el paseo al Ávila. Ahora sé que viajé a Galipán en la barriga de un rinoceronte!!!
Fui de la audiencia del relato de tu noviazgo y matrimonio. Muy entretenido escucharte.
Saludos desde Santiago.

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B_E_L_E_N dice:

Voy siguiendo tus pasos... y comidas jejejeje. Saludos desde Chiapas, México

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asunalla dice:

un relato que cautiva al lector o por lo menos a mi , me ha picado también la curiosidad,jjejejejejeje, un saludo.

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Angy-martinez dice:

Muy lindo diario ,bastante información y lindas fotos ,mil gracias un abrazo

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Entyy dice:

Buen diario Jimenez

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CHARLYPOA dice:

Como siempre muy sabroso tu diario, no conozco galipán.

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gseque dice:

recuerdo ese momento... jajaja

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Marcechikita dice:

Se me hizo agua la boca con esa sopa galipana, jajaja.

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Her_2004 dice:

Muy buen diario. Felicitaciones por tu viaje.
Saludos.

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dorisgonza dice:

Ayy cuantos recuerdos y anecdotas de ese dia¡ Fui una de las que bajo en la barriga de los rinocerontes y conseguimos u restaurant al final del camino y mas alla¡ La historia de tu noviazgo, del comienzo fue para no perderserla¡¡¡ saludos Sr Jimenez¡

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arioeste dice:

Que lindo es poder compartir con amigos viajeros..
Te felicito amigo...
Un fuerte abrazo para todos...

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gerardo63 dice:

mi estimado amigo jose a. lo estoy lellendo poco a poco ((( gracias mil ))) por mandarmelo saludos desde puebla pue mexico ,, ¡¡¡¡¡¡ mi voto numero 5

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juniordiazr dice:

Que magia con la que cuentas tus relatos!. Creo que soy un poco como ud. que se deja llevar por los paisajes e ir más allá de lo que está al alcance de la vista. Saludos.

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ruthangell dice:

Me encanta tu diario, en cuanto a esos rinocerontes, te dire la ultima vez que subi a galipan, observe como han aumentado sus cantidades de unidades, y quede preocupada por pensar que contribuiran en un futuro al daño ambiental y contaminación del magico avíla y su galipan,, del resto la comida es de dioses,

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mel_ss dice:

Muy lindo y entretenido diario del paseo a Galipán! Me parece mentira lo rápido que paso todo.

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Jasmin53 dice:

Gracias por ser tan minucioso en tus relatos....haces que queden escrito detalles que la memoria puede olvidar...como ese de tu bolso que quien sabe donde dejaste olvidado.. Si, lo recuerdo. Y la historia de tu noviazgo no me la perdí tampoco así como el evento acontecido para pedir su mano. Con la esperanza de volver a vernos....Abrazo y saludos a X.

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sami12 dice:

Tus relatos me encantan!!! Gracias por compartirlos!

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jimenez225 dice:

Agradezco infinitamente todos aquellos que han leido este capitulo y mas aun los que han colgado sus comentarios. Para ellos un abrazote.

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adelphos dice:

sii es verdad estaba bueena la sopa

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tengue47 dice:

un relato que disfruté desde inicio a fin

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sandra_fernandez dice:

Fue gracioso cuando sacamos a los pobres chinos del rustico... jejeje! Gran relato Sr. Jimenez, saludos!

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cristinadiaz dice:

Como siempre da gusto leer tus relatos, simpaticos , entretenidos y buenas fotos

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walter99 dice:

Muy interesante tu relato del viaje al cero Avila y luego la bajada en Rinocerontes jaja! a Galipan. Ya hemos recorrido esos caminos y tu relato está muy acorde con la realidad. Gracias por recordarnos de esos momentos tan alegres. Un fuerte abrazo..!

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marieldc69 dice:

ja ja! Qué lindo leerte José!! Creo que ahora las historias de tu noviazgo las tenés que compartir con todos los viajeros de la red!! Si no, no vale!! ja ja!!

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MagneM dice:

Como siempre, es un placer leer tus diarios - gracias por compartirlos!

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juajosfer dice:

José, es un GRAN PLACER leer tus diarios, muchas gracias, te vuelvo a repetir, dedícate a escribir.
Tendrías buenas ventas, porque tu lectura ATRAPA, por lo menos a mi.

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Terelu dice:

Muy realista, gracias José, es muy interesante leerte.

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marlil dice:

Buenos recuerdos. Un abrazo

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Mis amigas viajeras. Tres de las cuales escuchaban mis relatos.

   

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