Capurganá, un pequeño paraíso

Escribe: pattyg
Todo comenzó cuando mi amigo Federico me contó de su viaje a Capurganá, una población en el Caribe colombiano, que deseábamos conocer desde hace algún tiempo. Así empecé a planear el mio...

 

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Capítulo 1

Capurganá, un pequeño paraíso

Capurganá, Colombia — miércoles, 3 de enero de 2007

Todo comenzó cuando mi amigo Federico me contó de su viaje a Capurganá, una población en el Caribe colombiano, que deseábamos conocer desde hace algún tiempo. Así empecé a planear el mio con mi esposo y mis dos hijos. Salimos el lunes 11 de diciembre a las 6:30 de la mañana, rumbo a la ciudad de Medellín. Después de varias horas de viaje, habiendo desayunado y almorzado por el camino, llegamos a esta ciudad a las 4:30 de la tarde, en medio de un fuerte aguacero. Nos quedamos en un hotel esa noche, y al día siguiente partimos a la población de Turbo, un puerto bastante grande y con un gran movimiento comercial, donde el tránsito de motos es bastante alto. Pasamos allí la noche, para madrugar a tomar una lancha que nos llevaría a nuestro destino final, Capurganá. Duramos dos horas, gran parte atravesando el Golfo de Urabá, del departamento de Antioquia al departamento del Chocó. El viaje fue agradable porque el mar estaba tranquilo y el paisaje precioso. Cuando llegamos, encontramos gente muy cálida y playas muy lindas. Allí no hay autos ni motos. El principal medio de transporte son los coches, que son carretas haladas por un caballo. Tomamos uno para dirigirnos a las cabañas donde nos alojaríamos. Allí nos recibió Lina, la administradora. Esa tarde estuvimos en una playa cercana al pueblo, disfrutando de la vista tan espectacular. Al día siguiente y con la compañía de Luis, nuestro guía de 15 años, hicimos el primer paseo a un pueblo llamado Sapzurro. Fue una caminata agotadora puesto que tocaba pasar dos montañas. De allí subimos otra loma en la frontera con Panamá, en donde hay un puesto fronterizo. Bajamos y encontramos el pueblo panameño llamado La Miel. Es un pequeño pueblecito con unas playas preciosas. Al día siguiente, Luis nos guió hasta un sector llamado El Cielo. El camino es plano, se pasa por el Jardín Botánico, se atraviesa un rio 13 veces y se llega a un sector de cascadas. Muy hermosas. Es una delicia estar allí. Al regreso visitamos el restaurante de don Agustín, quien nos preparó unos patacones exquisitos. El tercer día hicimos el paseo a un sector llamado El Aguacate. Su nombre se debe a la forma de su bahía. El trayecto fue un poco agotador ya que tocaba subir una loma muy empinada y pasar por un sitio de muchas piedras enormes. Fue maravilloso porque casi toda la caminata era por la orilla del mar. El cuarto y último paseo fue muy cerca al pueblo. A un sitio llamado La Piscina de los dioses. Es un acantilado donde el paisaje que se observa es espectacular. Las olas pegando fuertemente contra las piedras y el sonido que produce, es muy agradable. Provoca quedarse sentado en una de esas piedras gigantescas por un largo tiempo y en silencio.
Nos produjo nostalgia partir de esa población tan bella, con sus gentes tan amables, con sus hermosas playas, con sus platos típicos tan deliciosos, con sus cielos despejados por las noches donde se podían ver claramente algunas constelaciones, con doña Nazaria, quien preparaba unas deliciosas carimañolas, y nos dio aún más nostalgia despedirnos de dos personas muy especiales: De Luis nuestro guía, a quien le dijimos que lo habíamos adoptado por 4 días y de Lina quien nos atendió tan esmeradamente. Fue nostálgico partir y esperamos volver algún día porque pasamos unos días inolvidables.


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