Diarios de viaje > Provincia de Córdoba, América del Sur

El cuarteto cordobés

Escribe: osorojo
Esta vez pintaron unas vacaciones muy tranquilas. Camping, colchón inflable, pareja amiga y un recorrido x distintos lugares de esa provincia interminable (por su cantidad de destinos turísticos que tiene) que es Córdoba. Arranque x Cosquín, festival folclórico, la cautivante Capilla (otra subida al Uritorco), la belleza del Quilpo en San Marcos Sierra y un clima de relax serrano tan necesario en vidas porteñas con poco verde y mucha locura.

 

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Pie detrás de pie (No hay otra manera de caminar)

Capilla del Monte, Argentina — jueves, 27 de enero de 2011

Nos levantamos relativamente temprano en comparación con los días anteriores, pero no en el horario que habíamos planificado para iniciar mañaneramente el ascenso al Uritorco. La primera en ver la luz del sol fue la Osa, siguió el cronista y a continuación caería Ari con la data de que Paula se sentía bastante mal y no iba a asistir.
 
Sobrevinieron algunas dudas acerca de qué hacer, si postergar hasta mañana para que vaya el cuarteto, si subir igual Maruchi y quien escribe (dado que Ari se quedaría cuidando a su mujer), si aguantar a que Paula se recupere un poco e ir más tarde. Finalmente, y tras cierta insistencia de Ari acerca de que el viernes sería más complicado, fuimos los osos nomás, aunque un gran conductor nos acercó en el Tony hasta el ingreso al Cerro.
 
Recordé el instante de 4 años atrás. Nosotros nos “hospedábamos” en el camping La Toma, precisamente el que se encuentra a los pies del Uritorco. Cruzamos el puente colgante y abajo del mismo relucía un río calmo pero caudaloso el cual, siguiendo un intenso camino, desembocaba en unas fantásticas ollas. Ahora, el puente seguía intacto pero la sequía que viene alterando el ritmo normal de Córdoba provocó una de las imágenes más tristes del recorrido: donde el agua circulaba suavemente (y el mágico momento de poner los pies en remojo tras el descenso), encontramos piedras. Muchas, de variados tamaños, pero sólo piedras.
 
Habíamos llevado provisiones: bananas, barritas de cereal, atún, unos sanguchitos de vacío que nos armamos con el sobrante del asado de ayer y dos botellas de Agua de 2L para saciar la sed que iría creciendo, tanto en ascenso como en descenso. Cuarenta pesos per cápita y a subir nomás. A lo largo de 3 horas y 40 minutos, con varias paraditas, recorreríamos verticalmente el Uritorco, sin sufrir demasiado los embates de un sol apagado ni tampoco las apariciones del frío al ir acercándose a la cima. A los 1979 metros de altura, se produjo el stop, la sentada contemplativa del paisaje y el merecido vaciopan para nuestras pancitas.
 
Un rato después vendría la bajada, la cual llevaría un poco menos de tiempo: 3 horas. Aunque tendría algunas complicaciones extra en comparación con el ascenso: por un lado,  los tábanos y las abejas que se agolpaban luego de la circulación intensa de gente; por otro, el tremendo resbalón de la Osa que le produjo un candente moretón y una interesante dosis de bronca. Cuando llegamos a la base, una pasada por los respectivos baños, leves ejercicios de elongación, agua fría para dos y helado para la herida. Como ya dije, la madre naturaleza nos impidió remojar nuestros cansados pies en el agua. Sí hubo sentada y un recorrido por los puestos que hay allí. En uno de ellos compramos una vela de Citronela para regalarle a los chicos.
 
El transporte de regreso fue el Urbano al que ni tuvimos que esperarlo. Llamada a Ari para ver si querían tomarse una birra por el centro, respuesta semi-afirmativa (no ahora, pero muy probablemente en un rato), rápida llegada a la Plaza, paso por la farmacia a comprar un átomo desinflamante (Maru se haría adicta al mismo de manera notable) y nos sentamos en la pizzería Ferni – que recién abría sus puertas – a tomar una Stout. Justo en la esquina que se erige en el límite entre la calle techada y la parte que se encuentra al aire libre. Pedimos además unas empanadas. Nuestras caras pedían colchón inflable, aunque se mantenían motivadas, mientras que las piernas empezaban a solicitar un reposo horizontal con más urgencia (y qué bien hubiera venido una palangana con agua calentita y sal!).
Al tiempo que no articulábamos una conversación muy fluida (movimientos leeentos), cayeron Ari y la recuperada Paula. El compañero Palombi se sumó al espíritu cervecero y Freitor optó por algo más sanito, ya que su molestia venía del plano estomacal. Allí los cuatro, se produjo una de las conversaciones más copadas del viaje que giró en torno a los núcleos familiares, empezando desde los abuelos hasta los hermanos. Un tópico que trajo historias interesantes, divertidas y cierta catarsis a la hora de compartir determinadas sensaciones sobre la relación con los sujetos acerca de los cuales platicábamos. Ari visitó un cyber, el cronista hizo lo mismo encontrando escasas novedades tanto en el plano social general como en el individual de los mails y ya de regreso a la mesa, sólo tardamos pocos minutos en volver a levantarnos y emprender el definitivo regreso al camping.
 
No habría mucho más para contar. Improvisamos una rápida y desganada cena, consistente en una mezcla de arroz, atún (que empezaba a consumirse cada vez más aceleradamente) y verduras. La necesaria ducha relajó el cuerpo, pero al mismo tiempo agudizó el deseo de un sueño profundo, deseo que se cumpliría sin demasiados prolegómenos a pocos minutos de haber atravesado la medianoche.

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Últimos comentarios

DARTH9000 dice:
Buan diario.Un sitio interesante.saludos!!!!
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alele dice:
Esta bueno, buen relato...
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