Diarios de viaje > Provincia de Córdoba, América del Sur

El cuarteto cordobés

Escribe: osorojo
Esta vez pintaron unas vacaciones muy tranquilas. Camping, colchón inflable, pareja amiga y un recorrido x distintos lugares de esa provincia interminable (por su cantidad de destinos turísticos que tiene) que es Córdoba. Arranque x Cosquín, festival folclórico, la cautivante Capilla (otra subida al Uritorco), la belleza del Quilpo en San Marcos Sierra y un clima de relax serrano tan necesario en vidas porteñas con poco verde y mucha locura.

 

  Enviar a un amigo   Imprimir

 
< Anterior 1 2 3 4 5 6 7 Capítulo 8
 

El final es en donde partí

Capilla del Monte, Argentina — sábado, 29 de enero de 2011

Baggio Fresh, madalenas y una osa esperaban a este escriba para el último desayuno del viaje. Ari y Pau habían ido en busca de unos regalos, así que compartí con Maru ese delicado instante mañanero. Después llegaría el turno del desarme final, en el que terminé ocupándome de los dos “gigantes”: la carpa y el colchón, además de que cada uno acomodó su ropa lo mejor que pudo dentro de su respectiva mochila. Era necesario que todo encajase de la manera más precisa posible en el baúl del Tony, para que no hubiese demasiados sobrantes que incomodaran el regreso.
 
Almorzamos a la vera de la pileta unas hamburguesas completas, al tiempo que todos nos dimos un chapuzón final en un sábado al que, si algo no le faltaba, era sol, más allá de que afortunadamente no hiciese un calor descomunal. Ahora sí estábamos listos para partir. Casablanca quedó atrás, paramos cerca de la Plaza para bajar a comprar unos alfajores (Maru y quien escribe, dado que Pau y Ari lo habían hecho por la mañana) y ya nos metimos en la ruta a desandar los primeros tramos de un recorrido que sería más largo de lo que habíamos imaginado. Eran ya casi las 4 de la tarde.
 
A las 18:20 (aproximadamente) metimos la primera parada en una estación de servicio de Córdoba Capital. Compramos una Aquarius de Pomelo, unas papas y relajamos las piernas un pequeño rato, además de proveernos la nafta necesaria para continuar. La recientemente inaugurada autovía Córdoba-Rosario-Buenos Aires sería el camino que recorreríamos automovilísticamente. El tránsito era mínimo (buena idea la del regreso más temprano para no chocar con el cambio de quincena dominguero, sumado al desconocimiento general sobre la flamante obra), el mp3 exhibía una variada cantidad de música que se iba escuchando según las elecciones de cada quién y por el momento no había cabeceos. La despejada ruta parecía excesivamente despejada: no había nada a los costados.
 
Ya era de noche cuando metimos un nuevo freno al costado del camino. Había una preocupación generalizada: la falta de indicadores que nos hablaran de la presencia de una estación de servicio para la nueva carga y el inflado de gomas que no habíamos podido hacer anteriormente. Seguimos andando y, en lo que sería el gran error del regreso, nos desviamos frente a un cartel que anunciaba una estación en la localidad de General Roca.
 
¿Por qué sería el gran error? Porque la estación de servicio aparentemente no estaba y porque nos equivocamos al retomar la ruta. En consecuencia, anduvimos 50 km hacia atrás (sí, 50 km) hasta que pudimos retornar hacia el lado que nos correspondía. Una patada de De Jong al pecho que nos alargó el viaje sobremanera. Y a todo esto, sin estación de servicio al alcance.
 
Cuando la medianoche ya era una incontrastable realidad, recalamos en Armstrong donde, por fin, encontramos lo que buscábamos. Ahora, la nueva necesidad grupal era comer. No pudo ser en dicha localidad porque el restaurant que visualizamos estaba cerrado, pero sí conseguimos lugar en Cañada de Gómez, el pueblo vecino. Y qué lugar! Después de tanta odisea, en El Ceibo nos recibieron a lo grande y nos ofrecieron parrillada con lechón incluido (pedimos para tres). Una fiesta gastronómica a la que se sumaron papas fritas, ensalada y un par de Pepsi. El mozo, muy parecido a Gioja (el gobernador de San Juan), tuvo una dedicación extraordinaria hacia nuestra mesa que, en cierto punto, terminó virando hacia la pesadez. Pero en el fondo, un fenómeno. Y más aún por los riquísimos cortes que saboreamos en una sorpresiva panzada de madrugada. El agregado final fue la cuenta: 210 pesos. Muy barato y eso que pensamos que nos iban a acribillar.
 
El viaje estaba en su ocaso. Vendría una madrugada con un rato más de aguante, una nueva parada a las 3AM con Maru ya en vías de dormirse, unos mates para estirar la resistencia, nuevas pilas para los parlantes, Los Redondos para ponerle onda y este escriba fue vencido definitivamente por el sueño. Al despertar, descubrió un cielo límpido y porteño. Estábamos a media hora de casa. Eran las 8 de la mañana. Dieciséis eternas horas nos había tomado el regreso. De todos modos, no era momento de quejarse. La semana de disfrute con amigos había tenido grandes capítulos: desde el folclore del Festival de Cosquín hasta la calma del Quilpo en San Marcos, pasando por el asado de Capilla, los Jodetes hasta que se pudrió, las diversas piletas de los campings y el muy buen clima general - con lógicas discusiones y desencuentros, inevitables por cierto en toda convivencia grupal - que experimentó el cuarteto cordobés de principio a fin.

Publicado
Modificado el
Leído 120 veces

  Enviar a un amigo   Imprimir

< Anterior 1 2 3 4 5 6 7 Capítulo 8
 
 


Últimos comentarios

Meskal dice:
Buen relato, es siempre grato compartir con personas que uno quiere experiencias como la tuya. Saludos.
Publicado

patriciabaigorria dice:
Buena elección de lugares: San Marcos y Capilla deben ser 2 de los destinos mas lindos de la provincia. Gracias por compartir!
Publicado

JULIAN1971 dice:
Los felicito y es verdad toda convivencia tiene de todo un poco. Pero los recuerdos quedan para siempre. Suerte!!!!
Publicado

alele dice:
Buen relato....
Publicado

Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o

Capítulos de este diario