La Bretagne (Bretaña francesa)

Escribe: Malogarcia
Impresiones personales de mi viaje a La Bretagne, que ha dejado una profunda huella en mi corazón y el propósito firme de volver a recorrerla lo antes posible con mucho más tiempo y dedicación

 

   Enviar a un amigo   

 
1 Capítulo 3 5 6 7 ... 17

Cancale, el paraíso de las ostras

Cancale, Francia — lunes, 5 de octubre de 2009

Paraíso de las ostras, este pueblo ya sorprende cuando se le ataca desde las alturas. Hay más de un acceso por carretera, pero el que yo tomé nos regala una panorámica impresionante de toda la bahía en cualquiera de las curvas de la considerable altura que tiene la carretera antes de llegar al puerto.

Un martes de septiembre parece sencillo aparcar en la calle principal, que es la que rodea el puerto. Como en casi toda Bretaña, los aparcamientos son de pago y se puede dejar el vehículo en la primera plaza que encontremos libre, ya que recorrer esta localidad es muy facil.

Nos sorprendió la marea baja, ofreciendo un hermoso espectáculo con las arenas al descubierto y las barcazas inclinadas de costado (en términos terrestres) esperando la leamar que les devolviese la estabilidad para la que fueron creadas. Varias personas se dedican a recorrer estas fangosas arenas en busca de tesoror marinos, es decir, marisco con el que llenar sus bolsas.

Este es el paraíso de las ostras y ello se percibe de inmediato por los numerosísimos locales de tabernas, desde la más sencilla hecha de tablones de madera, hasta las elegantes con mantel de hilo y camarero de corbata muy servicial, que al pie de la acera ofrecen sobre la marcha un menú del mar.

La taberna es el principal negocio del pueblo, aunque eso nunca lo reconocerán sus habitantes. Desde luego que oficialmente viven de la venta de ingentes cantidades de marisco al resto del país, pero el negocio de la hostelería deja aquí mucho dinero.

Estas tabernas están prácticamente en toda la larga acera que hay frente a la bahía, unidos unos a otros en un interminable rosario de locales de todo tipo, hasta el punto que resulta difícil escoger el adecuado. En nuestro caso, el adecuado era –lógicamente- al bolsillo y al dinero que estábamos dispuestos a gastar. Hay que tener paciencia y no entrar en el primero que veamos. Las terrazas muy predispuestas, con elegantes camareros y guapas mesas con flores conlleva el pagar  el doble por el mismo producto. En estas vimos que la ración de mejillones podía llegar a los 15 euros.

Utilizando la intuición, escogimos una pequeña terraza, con unas mesas y bancos de madera milenarios, donde el marisco se exhibía a la vista de los clientes y lo preparaban sus dos propietarias sobre la marcha, acompañadas de música de los años 60. En este lugar la ración de mejillones en salsa marinada nos costó 5,40 euros cada una, los cuales acompañamos de la famosa sidra bretona.

Por costumbre –al igual que en Portugal- nos ponen sin previo aviso una cesta de pan con mantequilla salada. No es un obsequio de la casa ni mucho menos, pero tampoco merece la pena rechazarlo por lo poco que nos cuesta. Además, el pan era excelente. Mientras saboreamos los mejillones, disfrutamos de la hermosísima vista de la bahía, cuya marea baja dejaba al descubierto una enorme extensión de arena.

Después de la comida, es aconsejable darse una vuelta a lo largo de toda la bahía por su cómodo paseo y gozar con la actividad de los tractores que continuamente pasan cargados de grandes bolsas de ostras camino de su exportación al resto del país.


Publicado
Modificado
Leído 5916 veces

    Enviar a un amigo

1 Capítulo 3 5 6 7 ... 17
 
 


 

Capítulos de este diario