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Canaima, Paz en el Fragor de los Saltos

Escribe: carlosolmo
Canaima es uno de esos lugares que todos conocemos aunque no hayamos estado allí, ya que de tanto ver la imagen típica de su laguna con las palmeras en el agua y los saltos de agua al fondo, nos parece tan familiar que es como si, aunque fuera en sueños, ya hubieramos visitado esta maravilla de la naturaleza.

 

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Canaima

Canaima, Venezuela — domingo, 29 de marzo de 2009

Canaima es uno de esos lugares que todos conocemos aunque no hayamos estado allí, ya que de tanto ver la imagen típica de su laguna con las palmeras en el agua y los saltos de agua al fondo, nos parece tan familiar que es como si, aunque fuera en sueños, ya hubieramos visitado esta maravilla de la naturaleza. Por muy vista que sea la imagen, todo el mundo se queda boquiabierto cuando pisa las blancas arenas de su playa lacustre, toca el agua de color rojizo intenso, y oye el sonido atronador del salto en la distancia.
No es extraño que la UNESCO haya nombrado al Parque Nacional Canaima Patrimonio Natural de la Humanidad.
Algunas islas en el río tienen formas caprichosas (especial San Valentín)Pero el viaje empieza antes, por el aire, la única manera de llegar a Canaima, aislada de resto de Venezuela por carretera, pero bien comunicada por via aérea, ya que hay vuelos diarios a Ciudad Bolivar, Puerto Ordaz, Caracas, y frecuentes a isla Margarita y Santa Elena de Uarién.
Desde Puerto Ordaz varias compañías vuelan a Canaima; yo volé con Serami, Servicios Aéreos Mineros, pero por el modelo de avión, un Cessna nuevo de 15 plazas, y el tipo de pasajero que viajaba, claramente era un servicio turístico y no minero.
La primera parte del vuelo sobrevuela los ríos Caroni y Oricono, donde se encuentran Puerto Ordaz y Ciudad Guyana, respectivamente, y enseguida los asentamientos urbanos empiezan a escasear dejando paso a una tupida vegetación, con el río serperteando perezosamente.

Algunas carreteras de tierra se abren camino en la jungla, y suelen terminar en explotaciones mineras o madereras, que van dejando su huella de deforestación como una espina de pescado en los espesos bosques.
Al cabo de 45 minutos de vuelo, a lo lejos empiezas a atisbar las enormes moles de los tepuyes, esas montañas de cima plana que constituyen una de las formaciones geológicas más antiguas de la tierra, que sirvieron de inspiración a Arthur Conan Doyle para su novela Lost World, el mundo perdido.
Casi siempre envueltos en nubes, a veces blancas y algodonosas, y otras grises y tormentosas, que sueltan 300 días al año su carga de agua en las cimas, los tepuyes son guardianes de su principal dios, el Wey tepuy, donde se encuentra el Salto del Ángel, una caída vertical de agua de casi 1000 metros que fue dada a conocer al mundo por Jimmy Angel, un piloto de avión que la avistó en 1935.
Dos años después, Jimmy Angel estrelló su avión en la cima del Auyán Tepuy.
El tepuy más grande, el Auyán Tepuy, tiene un descomunal tamaño de 700 km2, pero es el más accesible de todos, y se puede escalar o puede uno alojarse en el asentamiento indígena de los Kamarata, al pie del tepuy, donde hay también una misión de frailes Capuchinos. En el campamento Kavac nos pueden organizar el viaje desde Canaima.
Si el Salto del Ángel no está cubierto por las nubes, los pilotos se desvían de su ruta para volar a su altura, primero por babor, luego giran al final del valle, y dan una segunda pasada por estribor, para aterrizar diez minutos después en Canaima, con los pasajeros todavía extasiados por la visión del salto, cuya agua podré tocar al día siguiente con suerte.
En el trayecto final, vemos abajo el río y los rápidos que al día siguiente habrá que sortear, con la ayuda de los indígenas pemones, expertos en estas lides.
El aeropuerto, pequeño por no decir diminuto, con una pista no apta para reactores, es compartido por pequeños aviones de hélices y turbohélices de tamaño medio, con los aviones del ejército que son los encargados de traer los vehículos y otros materiales necesarios para la vida cotidiana en Canaima.
Hay un herrumbroso avión, militar por las enseñas y logotipos, accidentado en un lateral de la pista, que nos recuerda lo peligrosos que son los despeques y aterrizajes en pistas tan cortas y artesanales.
Hay que pagar una tasa de entrada al parque nacional, y las salidas, lllegadas, baños, puestos de artesanía y facturación comparte el mismo espacio, una cabaña de unos 60 metros cuadrados tirando por lo alto.
Canaima es una pequeña población que vive por y para el turismo, de lujo, que se aloja en un hotel con vistas a la laguna, de menos lujo, con hotelitos esparcidos por el pueblo, y de mochilero, como yo, que me alojé en el campamento Kavac, gestionado directamente por la comunidad indígena Pemón, que es la opción que recomiendo si queremos que nuestros dólares repercutan directamente en la comunidad.
El campamento, con habitaciones compartidas de hasta 5 plazas, es básico, pero está muy limpio, y se come muy bien. Mi habitación tenía la litera más curiosa que he visto en mi vida, ya que abajo era de dos plazas y arriba individual.
Los guías son fantásticos. El que nos tocó a nosotros dijo que se llamaba Carlos, pero luego en confianza confesó que su nombre indígena era Churun, pero que se ponían nombres mejor recordables por los turistas.
Después de comer, nos subimos en una barca para cruzar la laguna y visitar el salto el Hacha, que se puede caminar por detrás, eso sí, con cuidado, porque está mojado y resbaladizo, pero la imagen de la laguna de Canaima a través de la cortina de agua, y el sonido atronador que la acompaña, son inolvidables.
 Hasta 6 saltos tiene el río Carrao sobre la laguna, y su caudal depende mucho de la estación del año.
Luego caminamos durante una media hora por el parque, en la isla Anatoliy, y Carlos/Churun nos fue contando sobre los usos medicinales de las plantas y animales, concretamente las hormigas, usadas como anestésico y en los rituales de los chamanes de las tribus para probar la hombría de los pemones.
La laguna del salto Sapo tiene un color completamente rojizo, pero la arena blanca, y la transparencia y frescor del agua invitan al baño, y sin pensarlo dos veces me metí. Después de retozar un buen rato en el agua, pasamos el salto Sapo, que llevaba poca agua, por detrás, y nos dirigimos al salto Sapito, que subimos para disfrutar de una de las panorámicas más extraordinarias que jamás he visto.
Empezaba a atardecer y los mosquitos me devoraban, pero la visión de los tepuyes en la lejanía, rodeados como estábamos de agua y en la parte superior del salto de agua, me llevó directamente a la Prehistoria, al momento en que dinosaurios y otras especies de animales vivían por aquí.
Podía imaginar perfectamente a los diplodocus desplazando sus enormes y pesados cuerpos mientras ramoneaban en los árboles, a los pterodáctilos surcando los cielos con su silueta amenazadora, y a peces de extrañas formas dibujando sus contornos en el agua.
La llamada de mis compañeros me sacó de mi ensoñación, y rápidamente, escapando de los miserables mosquitos devoradores de turistas, regresamos a la laguna de Canaima.El breve viaje de cinco minutos en la barca cruzando la laguna, con las últimas luces del día dándole un brillo especial a los saltos, me ofreció una dosis extra de belleza en un día cargado de momentos únicos, y el viaje no hacía más que comenzar.
Durante la cena, Churun nos avisó que al día siguiente tendríamos un viaje largo y seguramente complicado río arriba, ya que al ser temporada seca el río bajaba con poca agua y en varias zonas de rápidos y piedras el paso sería difícil. Sus palabras fueron premonitorias de lo que nos encontraríamos al día siguiente, pero esa es otra historia que será contada

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publicado el 29/mar/2009, 18.32
modificado el 9 de febrero a las 18.53
leído 972 veces

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Últimos comentarios

beatrichea dice:
Visité Canaima hace un tiempo, y a través de tu diario reviví la emoción
y el asombro..Qué bien escribes! Me pondré en la tarea de leer los otros diarios que has publicado.
Saludos desde Colombia!!!
Beatriz.

Publicado el 30/mar/2009, 13.51 

Caribense dice:
Extraordianario tu relato Carlos, yo estuve en Canaima hace varios meses y comparto contigo la opinion de que es algo maravilloso y mágico ese lugar, yo también estaba con la boca abierta por el asombro. Por más fotos que uno haya visto antes y por más que te cuenten acerca de tan mítico lugar nunca será suficiente para describir lo que uno va a descubrir al llegar allí, las expectativas son rebasadas completamente. Yo creo que es uno de los lugares más bellos del planeta. Gracias, un abrazo.
Publicado el 30/mar/2009, 15.51 

maratial dice:
Que lindo lo que escribiste, dan unas ganas de estar ahi....Ojala se pueda pronto. Saludos!
Publicado el 31/mar/2009, 02.24 

mel_ss dice:
Excelente!!! Conozco la Gran Sabana, pero llegar a Canaima debe ser algo único en el mundo... Espero hacerlo pronto!!!
Saludos desde Venezuela...

Publicado el 1/abr/2009, 11.47 

adelphos dice:
y pensar que ya fue inspiracion de la gente de disney en UP q chevere
Publicado el 20/jul/2009, 18.11 

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