No está el Parque Nacional Calilegua en el buscador. Así que ahora pongo Calilegua, que en verdad, se trata del pueblo, y no del Parque.
¿Dónde quedamos? Me parece que me quedé en Tito. En un renault 12 destartalado. Tito con sus gafas negras, sus pelos blancos al viento. Tito, Majo y un auto transitando una ruta de tierra. Hace calor. El sol pega como una trompada, o mejor dicho, en este momento me pega como una piñata llena de sorpresas coloridas. Y se abre, y estalla cuando piso la tierra, cuando observo la casa del Guardaparques, un pequeño centro de informes, una mesa de madera, carteles que hablan de Las Yungas, de los animales, de cómo la vegetación va cambiando con la altura.
El Guardaparques me acompaña al camping Aguas Negras. Hay una sola carpa. Una pareja que pregunta por un remis: minutos más tarde se irán. Mmmmm, pienso. Sola en mi carpita, esta noche, en esta selva. Mmmmm. Miedo. Mejor armar mi carpa. Mejor salir a recorrer. Mejor ponerme mucho off. Que bicho tan grande. Que zumbido extraño. Que pisada. Que colores. Que árbol tan alto.
Se va la pareja. Llega una familia. El chico consulta mi I Ching, mi gran compañero de viaje. Buena vibra. Me pongo off y me despido. Mejor recorrer.
Sendero de los Guaraníes
Un sendero muy corto, pero bellísimo. Con paradas con carteles que hablaban del Espíritu de la Selva, la Diosa del Agua, el Yaguareté.
Otra vez en la ruta de tierra. Rodeada del verde que tanto necesitaba. Ahora no me animo a abrazar a los árboles como lo hago en Buenos Aires, pero los saludo a la distancia. A veces las hojas se mueven a los costados. A veces sonidos que desconozco.
-seguiré escribiendo, ahora tengo que continuar con mi trabajo, ya que ahora, lejos de la selva, cerca del cemento, en la oficina-
Snif... snif... snif...
PD: falta mucho para que mi diario termine.