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Sin billete en la India

Escribe: marapz
Después de cinco días en Darjeeling, a los pies del Himalaya, habíamos regresado a la realidad india, y eso que no habíamos salido del país. A la hora prevista llegamos a la estación de...

 

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Capítulo 1
 

Sin billete en la India

Calcuta, India — viernes, 7 de octubre de 2005

Después de cinco días en Darjeeling, a los pies del Himalaya, habíamos regresado a la realidad india, y eso que no habíamos salido del país. A la hora prevista llegamos a la estación de Siliguri y guardamos religiosamente la larga cola para comprobar que el tren iba repleto y que era imposible adquirir billetes para Calcuta. Aún así estaba decidido: viajaríamos en ese tren. Hicimos un último intento con el jefe de estación, pero obtuvimos la misma respuesta. Eso sí, nos dio una esperanza. No habría problema en subir al tren, pagar el precio requerido y aposentarnos en el suelo del vagón. Lo mismo que nos dijo uno de los viajeros que esperaba pacientemente la llegada del tren.

Al fin hizo su aparición en la estación sobre las 19.30 horas. Ascendimos al vagón que tenían asignado Olga y Alicia, depositamos las mochilas sobre sus literas y nos fuimos a inspeccionar en segunda y primera clase para ver si había camas libres. Pero no; era cierto que el tren iba abarrotado. Contamos al revisor nuestro problema y nos tranquilizó diciendo que el billete nos costaría 500 rupias (250 más que a nuestras compañeras) pero que no tendríamos asiento. La única solución que nos aportaba era acomodarnos en el sucio suelo.

Comenzaba así una experiencia inolvidable. Por delante tendríamos toda una noche en aquel tren infectado de cucarachas, de malos olores provenientes del servicio, de agujeros por los que se colaban insectos de todo tipo; repleto de familias tradicionales, de viajeros ocasionales, de estudiantes; de la vida misma de la India concentrada en aquellos vagones. Ibamos en tercera clase y las condiciones higiénicas habían caído por debajo de nuestras mínimas exigencias, pero nuestros compañeros de viaje parecían encantados. Pertenecían a una clase media y eran conscientes de que aún existen peores condiciones de viajar en los trenes de la India. Me di una vuelta por el tren, mejor dicho por los tres vagones que conformaban esa clase. Entre uno y otro se apiñaban grupos de indios, sentados o tumbados, que pasarían así todo el viaje. Así lo hubiéramos tenido que hacer nosotras dos si Alicia y Olga no nos hubieran cedido una de sus literas.

Era difícil conciliar el sueño en aquel lugar, así que aproveché para escrutar las miradas de esa familia numerosa que cenaba arremolinada en nuestro mini compartimento. No usan utensilios para comer, se valen de la mano derecha (nunca de la izquierda, por ser la impura) para coger los alimentos. La mujer, sin mancharse su impoluto sari verde, abría fiambreras y se las pasaba a su marido, mientras la abuela hacía lo propio con uno de los más pequeños. Su alimentación de esa noche consistía en arroz, roti (pan de trigo), y pollo. Por el olor que desprendía se notaba que, de nuevo, su comida estaba muy condimentada. También contemplé a esa pareja gay que compartía litera y carantoñas, algo bastante mal visto en la India. Tuvimos que soportar que uno de ellos se 'chivara' al revisor por nuestra osadía de fumar en el servicio. El revisor, lejos de recriminarnos nuestra actitud, nos lanzó un pequeño gesto de complicidad.

En una de las incontables estaciones en las que el tren se detuvo ascendieron un grupo de eunucos, muy divertidas, que reclamaban la atención de todos los viajeros y sin sutilezas exigía unas monedas. Creo que nosotras y la pareja de 'giris' que compartían vagón fuimos los únicos que no depositamos en sus manos ninguna moneda, algo que pareció enojarlas. No conocíamos sus costumbres.

En cada estación se repetía la misma secuencia: Hombres y mujeres durmiendo bajo las estrellas, vendedores ofreciéndote te o comida muy picante... Y así a cada rato. Pese a las incomodidades y estrecheces, el viaje me resultó divertido e instructivo. Los oxidados ventiladores expulsaban más suciedad que aire y nos iban dando muestras de que Calcuta se acercaba.

Por Mar Peláez

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Últimos comentarios

Kiowa dice:
Cuando viajas a otro país y descubres su cultura, muchas veces te das cuenta de lo afortunad@ que eres no?
Aún así, es bueno salir y ver lo que hay fuera.
Me parece una experiencia increíble.
Ojalá pueda hacer un viaje a la India algún día, y espero poder hacerlo.
Saludos!

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dorisgonza dice:
Has hecho un relato preciso y calido a la vez de esta viaje, y como decis que aun existen peores condiciones en la India, he visto tus fotos y me han inundado de tristeza y alegria.
Un abrazo viajera¡

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ropavieja dice:
Cada vez me gustas más como escribes. Un abrazo.

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marapz dice:
Muchas gracias Ropavieja. Y tu me lo dices? He leído muchas de las experiencias que has compartido con nosotros, y me encanta tus reflexiones sobre lo que ves, sientes y conoces. Enhorabuena. Seguiré tus pasos.
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RICARDIBILIN dice:
Muy interesante ,espero poder com partir pensamientos u experiencias contigo,cuando próximamente conozca la india
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ara15 dice:
me encanto el relato... en uno de mis viajes, me paso algo parecido... pero al final lo que importa es lo que hemos aprendido. Saludos.::!!!

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marapz dice:
Qué razón tienes Ara. Lo mejor de todo, es que cuando llegas a tu país son las anécdotas que te llevas del vieja. Bueno, esa y otras muchas, claro.
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ara15 dice:
si cuando llegamos a casa.. aveces no podemos Cree lo que hemos vivido... solo quedan las fotos y los recuerdos....!!!! llegar a La India es Mi Objetivo...!!! as que me sirvio de referencia tu experiencia...!!!

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    Calcuta, India | 7 de octubre de 2005