Diarios de viaje > Calcuta, Asia
El reencuentro con Calcuta
Escribe: marapz
El tren aminoró la marcha cuando se aproximaba a Calcuta, donde morían los raíles. Desgraciadamente los documentales en los que se ven a cientos de personas junto a las vías son reales.
Esas sonrisas infantiles de Calcuta
Calcuta, India — lunes, 10 de octubre de 2005
Concluida esa labor inicial, nos fuimos a jugar con los más pequeños en la parte delantera del edificio. Pese a que el centro cuenta con un hermoso patio con juegos, los niños se ven abocados a jugar en el interior del edificio. Son tantos y tan pocas las ‘masis’ que éstas no pueden hacer más que cuidarlos. No tienen tiempo para detenerse a jugar con ellos; para eso estamos las voluntarias. De lavarlos, darles el desayuno y la comida se encargaban las masis o las sisters. Todo estaba limpio, al menos tan limpio como permite la ciudad.
En mi memoria quedó grabada la cara de dos niñas y un niño. No sé por qué. Eran muchos, pero aquellas caras y aquellos abrazos me aportaron algo especial. Aún así, jugué con todos los que reclamaron mi atención. Les dediqué mi tiempo a cambio de una simple y amplia sonrisa; de esa sonrisa limpia de un niño que carece del cariño que se merece. No tenía manos para atender a todos a la vez, pero sí muchas ganas. Recuerdo los lloros de aquel niño, recién abandonado por sus padres; la carita blanca de esa niña ciega que gateaba sorteando a duras penas los obstáculos; de ese pequeño al que una rata le había arrebatado su oreja izquierda… Todos vestidos con la ropa que generosamente alguien había donado. Limpios y aseados.
Tres horas después había concluido, desgraciadamente, nuestro turno. Cristina y yo enfilamos hacia su hotel con la esperaza de poder animar un poco a su amiga Elena. Llevaban menos de una semana en Calcuta y realmente se le estaba haciendo cuesta arriba. Pero es normal. Es humano y entendible que se humedezca la mirada ante tanta injusticia, que flaqueen las fuerzas ante tanta miseria, que mengüe el entusiasmo ante la magnitud del problema y que creamos que no somos capaces. Es normal. Como también lo es que entren ganas de huir y no seas capaz de responder a la pregunta de ¿para qué estoy aquí? En su hotel, comprobamos que nuestra intención de que Elena se relajase en ese infierno de ciudad iba a resultar ardua. Había que intentarlo.
Por Mar Peláez
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Últimos comentarios
Emerita dice:
Que tremendo lo que se vive en Calcula, pobre de esos niños, que calidad humana tienen ustedes al ir a visitar esos niños y poder ofrecerles un càlido abrazo, una atenciòn, una caricia.
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marapz dice:
Vas con la sensación de intentar ayudar a los demás y realmente los que te ayudan son ellos a tí. De otra forma, sí, pero aprendes tanto en lugares tan alejados al tuyo, que nunca se olvida esa experiencia. Ya he participado en más viajes de estas características, pero es que la India...
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un viajero dice:
Intentaré hacer lo que tu hiciste, es el mejor ejemplo de entrega hacia los que lo necesitan
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marapz dice:
Jo si puedes no lo dudes. Es una de las mejores experiencias de mi vida. No sé si tienes información sobre la India, pero una página muy buena para informarte es www.indiga.org
Suerte y disfruta de la India de los seis sentidos.
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marapz dice:
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Capítulos de este diario
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1
El reencuentro con Calcuta
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2
Orfanatos de vida en Calcuta
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3
Esas sonrisas infantiles de Calcuta
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4
La sorpresa llegó de Boolywood
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5
Aprender a ser feliz en Calcuta
-
6
Triste despedida de Calcuta
-
7
Último respiro en Calcuta
En Calcuta...
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