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Un mundo de maravillas

Escribe: amrazgz
Un viaje por lugares extraños y mundos asombrosos. En el primer capítulo: Amaneció de nuevo con una espesa bruma cubriendo las montañas y los bosques. Aunque la amenaza de lluvia siempre estaba presente -y, de hecho, una espesa cortina de agua nos acompañó durante nuestra salida de Kandy-, esa atmósfera misteriosa también dotaba al paisaje de una belleza especial...

 

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Gran Barrera de Coral: El Edén submarino

Cairns, Australia — domingo, 19 de abril de 2009

 La ciudad de Cairns, en la costa oeste de Queensland, nació de la nada, en mitad de un manglar no demasiado atractivo, como punto de abastecimiento de los centros de explotación, primero de oro en el norte en 1876 y luego de la madera y el estaño de la meseta de Atherton, al oeste. Su puerto continúa siendo hoy el centro del comercio de pescado y gambas del norte de Australia. El turismo no era algo que pasara por la mente de sus provincianos habitantes hasta después de la Segunda Guerra Mundial, cuando la pesca del pez espada se convirtió en una actividad popular.   

Pero lo cierto es que hasta la década de 1980, Cairns continuó siendo un aburrido reducto en mitad de un pantano tropical. Cuando el turismo de naturaleza comenzó a cobrar fuerza, los turistas empezaron a acudir en masa atraídos por su situación privilegiada respecto al arrecife de coral. La ciudad se transformó y le creció un aeropuerto internacional, restaurantes especializados en comidas de todo el mundo, enormes centros comerciales y hasta un gran casino. La estructura urbana de la población se ha venido manteniendo, con sus casas de poca altura, edificios con porches de madera y trazado en rejilla, aunque sus dimensiones y los intereses urbanísticos amenazan con llevarse por delante el bello y tranquilo entorno tropical que la rodea.  

Sea como fuere, muchos visitantes atraídos por la propaganda sufren una decepción. Cairns carece del encanto de otras poblaciones costeras de Queensland y ya no es ni mucho menos el somnoliento y exótico pueblo tropical de otros tiempos. La animación es continua y las calles del centro están tomadas por las tiendas para turistas y las agencias de tours y deportes de aventura. Quien viene a Cairns lo hace para realizar actividades, no para visitar lugares de interés: hay pocos monumentos, naturales o de otro tipo. Esto se debe a que la ciudad estaba en una zona muy alejada que no tuvo enlace de ferrocarril hasta 1924; la gente vino originalmente aquí a explotar los recursos, no para asentarse. Y desde luego, la inmensa mayoría de los visitantes acuden a Cairns por una única y enorme razón: la Gran Barrera de Coral.

Tiene más de dos mil kilómetros de longitud, desde cabo York hasta Bundaberg, una anchura que puede alcanzar los trescientos kilómetros y concentra miles de especies de animales de todo tipo. Se trata de una auténtica explosión de vida. Justamente en la región de Cains es donde esa maravillosa obra de ingeniería natural está más cerca de la costa, a unos 60 km mar adentro. No resulta extraño, por tanto, que Cairns sea, con Townsville, la mejor puerta de acceso a la Gran Barrera. Hay tantos modos de visitarla que la decisión puede ser difícil. En líneas generales, el arrecife se puede clasificar en tres regiones -interior, exterior e islas-, cada una con características diferentes. El arrecife interior, una sección protegida entre los muros exteriores y Cairns, es plano y poco profundo, por lo que es un buen lugar para los principiantes. El arrecife exterior está al borde del mar abierto, por lo que su atractivo reside en la forma de las paredes, los cañones, las aguas profundas y los peces más grandes. Los arrecifes de la isla son, en general, una mezcla entre el arrecife interior y el exterior, pero tienen un acceso muy fácil, ideal si no se está seguro de la aptitud propia como submarinista.  

Todas las regiones se visitan en cruceros de un día, con barcos que van desde viejas barcazas a yates de competición. Una manera de elegir el barco apropiado es simplemente ver los precios: los botes pequeños y sin mucho espacio para los viajeros son los más baratos, mientras que los espaciosos y rápidos catamaranes son los más caros. Desde la ciudad, se organizan viajes de un día, de dos y de cuatro. Nuestra elección fue un elegante catamarán bautizado como Passion of the Reef, con capacidad para algo más de 50 personas. Parecía un avión diseñado por Howard Hughes tras haber pasado demasiado tiempo encerrado en hoteles, sufriendo desinfecciones y leyendo cómics de superhéroes. 

 Soltamos amarras y partimos hacia nuestro objetivo. Según con quien hables, te dirá que la Gran Barrera de Arrecifes tiene una superficie de 280.000, 340.000 km2 o una cifra intermedia; mide 1.930 km de arriba abajo, o bien 2.570. Consiste en unos 3.000 arrecifes separados y más de 600 islas. Dada su naturaleza, no es fácil encontrar consenso en cuanto al punto en el que comienza y termina pero da igual. Es grande, muy grande. Mayor que países como Ecuador, Italia, Japón o el Reino Unido por citar sólo unos pocos.  Los primeros que se aventuraron por aquí fueron los aborígenes, remando en sus canoas en expediciones de pesca. Como no sabían leer ni escribir, el mérito del descubrimiento acabó atribuyéndose a alguien que sí sabía. En 1768, el navegante inglés James Cook había partido de su país rumbo al Pacífico Sur a bordo del navío Endeavour, llevando a bordo un grupo de astrónomos cuya misión era observar el movimiento de Venus alrededor del Sol. Desde Tahití, Cook se trasladó a Nueva Zelanda y desde allí navegó hasta la costa suroccidental de Australia. En abril de 1770 desembarcó en la que bautizaron como Botany Bay (Bahía Botánica) por su fascinante flora.  Continuó con rumbo norte manteniendo siempre la costa a la vista para ir cartografiando el litoral de aquellas tierras desconocidas. Sin saberlo, se introdujo en las aguas someras que separan la barrera de coral del litoral e, inevitablemente, acabó encallando. No tuvo más opción que varar el navío y proceder a repararlo, labor en la que emplearon dos meses. No fue tiempo perdido porque lo empleó en estudiar las maravillas de la Gran Barrera de Coral.Fue el primer hombre en catalogar y examinar con ánimo científico la extraordinaria formación y los animales que en ella viven. 

El nombre Gran Barrera de Coral puede llamar a engaño, porque no se trata de una hilera continua. Está compuesto, como dije, de islas, arrecifes y macizos coralinos en diferentes etapas de desarrollo que van desde frágiles líneas que apenas destacan del fondo hasta formaciones que alcanzan anchuras superiores a los 300 kilómetros. Entre unas y otras se abren lagunas, canales y estrechos, formando un increíble cuadro multicolor que sólo es posible apreciar desde el aire. Pero, ¿qué es el coral? 

Los corales fueron originalmente clasificados como plantas, porque sus exquisitos colores y formas permiten comparar al arrecife con un jardín, en el que los corales serían las flores. Y, en realidad, dado que los tentáculos del coral ondulan en las cálidas y cristalinas aguas o se abren para capturar a sus presas, no es difícil imaginar todo el arrecife como una vasta plantación. Pero ésa es la única analogía: los pólipos del coral, cuyo exoesqueleto compone la sustancia sólida del arrecife, son animales invertebrados, parientes de las anémonas de mar aunque, a diferencia de éstas, su cuerpo blando y multicéfalo posee una envoltura dura, que ellos mismos crean a la manera del caracol cuando forma su caparazón.

Así, cada crestón de coral está conformado por una base de esqueletos de pólipos muertos miles, millones de años atrás, y una cubierta de pólipos vivos, que asoman por entre los hoyuelos de sus carapachos para obtener alimento.  Un alga unicelular vive adherida al cuerpo de los corales; de ella dependen para la construcción del arrecife, en una relación de beneficio mutuo. El coral protege a las algas, que obtienen nutrientes de algunos de los fluidos del cuerpo de aquél y, dado que son plantas, pueden servirse de la luz solar para producir alimento, parte del cual absorbe el coral. Pero, sobre todo, le permiten convertir las sales de calcio del agua del mar en carbonato de calcio para su esqueleto. Sin las algas, los pólipos de los corales no pasarían de ser anémonas agrupadas en colonias, y los arrecifes no existirían. 

Se requieren unas condiciones ambientales muy específicas para que los corales se desarrollen. En primer lugar, el agua debe ser poco profunda y clara. Poco profunda para que la luz solar pueda alcanzar fácilmente el coral y sus algas. Por debajo de los 100 m de profundidad no hay arrecifes. Clara, puesto que cualquier sedimento impediría al coral atrapar con sus tentáculos el alimento que necesita. En segundo lugar, la temperatura no puede ser menor de 21ºC todo el año. Y, finalmente, el coral precisa de materia sólida para anclar su esqueleto, es decir, un fondo marítimo rocoso. Los corales pueblan todo lugar que cumpla con estas condiciones, y por eso muchas de las islas cercanas a la costa australiana poseen sus propios bordes de coral. La Gran Barrera de Coral alberga, al menos, a 350 especies de coral diferentes, con una gran variedad de forma, tamaño y color. Algunas son microscópicas; otras (como el coral cerebral, cuya forma y surcos semejan un cerebro humano) alcanzan 2 m de ancho. En los márgenes externos del arrecife se dan especies viscosas capaces de resistir el golpe del oleaje, en tanto que las delicadas variedades lanceoladas deben cobijarse en aguas tranquilas. Las hay en forma de abanico y cúpula, fusta y cornamenta, flor y bonsái.

Como las aguas que los abrigan van del blanco al azul y al índigo, los corales poseen matices lo mismo rosados que fucsias, amarillos, azules o verdes.  Sus formas vienen también dadas por la feroz competencia que tiene lugar entre las distintas especies. Puede que el lugar nos parezca un jardín del edén submarino, pero en todo momento está teniendo lugar una lucha a muerte entre los mismos corales. Algunas especies tratan de superar a sus rivales creciendo rápidamente: varias de las especies cuerno de venado, por ejemplo, se expanden hasta 26 cm2 al año. Otras cambian de forma según la profundidad en la que anclan: son planas en aguas profundas de luz escasa y se alargan como dedos donde hay sol. 

La diversidad de niveles, grados de claridad y quietud, temperaturas y tipos de alimento ofrecen las condiciones óptimas para miles de formas de vida. Se calcula que en la Gran Barrera habitan más de 1.400 especies de peces, moluscos, anémonas, gusanos, esponjas y aves, aunque nadie lo sabe con exactitud. Sencillamente, hay demasiadas especies y el área a cubrir por el escaso personal científico es inmensa. El coral representa tan sólo un 10% de la población. Y si difícil es contabilizar y clasificar a los animales, comprender la compleja interrelación de todos ellos parece una labor imposible. Un ejemplo del importante papel que todos cumplen aquí podría ser la humilde e invertebrada holoturia, esencial para la protección de la masa del arrecife, pues secreta fragmentos microscópicos de valvas y arena que, hundidos en el fondo del mar, cierran las grietas de los cimientos del coral.

Los peces han tenido que especializarse para responder a las exigencias de la vida en el arrecife. El budión ha desarrollado una larga trompa para conseguir alimento en las fisuras. El brillante labro limpiador de rayas azules cuida la salud de otras especies consumiendo sus parásitos. El pez loco olvida todo instinto predatorio y permanece en trance, boca y branquias abiertas, mientras el labro le extrae parásitos, aun del hocico mismo. La blenia es capaz de adoptar apariencia y conducta de labro, pero muerde al otro pez en vez de asearlo. Algunos peces llaman la atención por sus colores brillantes; quizá las ventajas de ser divisados por una pareja potencial son mayores que el riesgo de los predadores. Otros son expertos en camuflaje: la escorpina viste de faldón largo para pasar por piedra algosa; sin presa a la vista, permanece inmóvil, pero se abalanza veloz cuando algo comestible queda a su alcance. Los meros pueden cambiar el color y el dibujo de su piel para confundirse con el entorno. La boca y la mandíbula se abren tanto que la presa llega directamente al gaznate. 

La espectacular vida marina y su asombroso ambiente hacen del arrecife de coral australiano una de las mayores maravillas naturales del mundo. Es también una de las más jóvenes: cálculos recientes basados en análisis de muestras de su centro indican que en algunas partes tiene apenas 500.000 años -muy poco en términos evolutivos-, y aún las zonas más maduras llegan difícilmente al millón de años. La biodiversidad evolucionada en tan breve tiempo acredita las idílicas condiciones de las cristalinas aguas en que han podido adaptarse y prosperar tantas criaturas.  En una excursión a la Gran Barrera hay que tener una serie de cosas.

El clima es el primer factor a considerar: desde finales de abril hasta octubre, los cielos claros y las brisas moderadas ofrecen condiciones ideales para poder observar los corales, bucear, nadar, pescar y tomar el sol. Y aquél era uno de esos días perfectos. En un par de semanas empezarían a aparecer los primeros signos de la estación húmeda, con vientos variables y cada vez más nubes y precipitaciones.  Una vez hemos elegido el día adecuado, la primera regla es: "protégete contra el sol". La nuestra era una mañana magnífica y pasamos la mayor parte del tiempo en la cubierta, en una sólida red que colgaba entre las dos proas del buque. Era una delicia estar tumbado al aire libre, sintiendo la brisa marina y con el tranquilo océano abriéndose ante nosotros mientras la costa iba quedando atrás. Pero era necesario aplicarse de manera frecuente crema de alto factor de protección, puesto que el sol no perdona en el trópico. Ni siquiera la tripulación, un conjunto de gente joven y alegre, con una piel curtida por la vida al aire libre, descuidaban el cuidado de sus miembros y cara. 

Al cabo de una hora de navegación, la tripulación nos reúne en la amplia cabina central situada entre ambos cascos y nos explica lo que vamos a ver y cómo lo vamos a hacer. Aquellos buceadores más experimentados y con licencia PADI tendrían a su disposición el equipo necesario, desde trajes de neopreno hasta botellas de oxígeno. Los ignorantes en el arte del submarinismo pero lo suficientemente animosos, podían hacer una breve inmersión de prueba bajo estrecha supervisión de un par de monitores. Yo me encontraba en la más numerosa de las divisiones, la de los practicantes de esnórkel, pero aún había otra menos aventurera que tenía a su disposición un minibarquito con fondo de cristal desde el que poder contemplar el fondo coralino sin mojarse. No era nuestro caso, pero quien tuviera más experiencia y lo deseara podría en Cairns contratar tours para hacer submarinismo en pecios (en esta zonas se registraron más de 1.000 naufragios en el siglo XIX). 

Con el humor y la soltura que da la práctica, una atlética muchacha australiana nos explica con profusión de gestos y ademanes las medidas de seguridad que hemos de contemplar

  - Una reacción corriente entre los bañistas poco acostumbrados al océano es que se meten en el agua, se dejan llevar por las corrientes mientras disfrutan del espectáculo submarino y de repente descubren que se han alejado demasiado del barco. Se agotan y pueden llegar a desmayarse o sufrir algún ataque al corazón si están predispuestos a ello. E incluso si pasa esto último, como estaréis en el agua con los brazos y las piernas extendidos y la cara bajo la superficie, desde el barco no tenemos manera de saber quiénes bucean realmente y quiénes se han muerto. Hasta que soplamos el silbato y salís todos del agua no nos damos cuenta de que hay uno que se ha quedado flotando a la deriva. 

Para que nos sintiéramos más seguros, nos explicó que cuando el barco se detuviera y nosotros nos dedicáramos a lo nuestro, es decir desparramarnos por las aguas próximas para explorar el coral, habría de manera permanente un par de miembros de la tripulación vigilando con prismáticos para el caso de que alguien se encontrara en problemas. El sonido del mar o la distancia impediría que nos oyesen o entendiesen lo que gritáramos, por lo que nos enseñó los sencillos movimientos de brazos que debíamos hacer para indicar diferentes situaciones: "Estoy en apuros, venid a recogerme YA", "Estoy algo cansado para seguir nadando, por favor enviadme un bote para recogerme en cuanto podáis", "No pasa nada, todo va bien, seguid de guardia muchachos" , ésta última en el caso de que fueran ellos los que nos hicieran señas tras detectar nuestra misteriosa inmovilidad, incapaces de discernir si era debido a una tranquila muerte o al embelesamiento que nos producía la vida marina. 

Todo el mundo conoce la escalofriante historia de aquella pareja a la que se dejaron olvidada en el agua durante uno de esos cruceros, hace ya de esto algunos años. Cuando el barco llegó a puerto y se dieron cuenta de que faltaban, se montó una operación de rescate pero nunca se les volvió a ver. Para evitar historias como esa, ahora las compañías que se dedican a pasear turistas por la Barrera asignan a cada pasajero un número que debe memorizar. Cada vez que se regresa al barco de una inmersión o un baño y antes de poner en marcha los motores, se pasa lista concienzudamente, identificando a todo el mundo.  Nuestra tutora australiana continuó ilustrándonos acerca de lo que hacer y lo que no.  

- Las historias de ataques de tiburones, pulpos salvajes y almejas gigantes tienen mucho eco en la prensa, pero son en su mayoría ficción o exageraciones. Sin embargo, unos pocos percances en el arrecife pueden llegar a estropearles las vacaciones, por lo que deben tener en cuenta lo siguiente. Cortes con corales o conchas son los percances más habituales, y se infectan si no se tratan inmediatamente extrayendo cualquier fragmento y utilizando un antiséptico. Llevamos lo necesario a bordo para tratar ese problema.  En cuanto a los animales que hay que evitar suelen ser pequeños. Las medusas que se encuentran en el arrecife pueden causar náuseas y levantar dolorosas ampollas, pero no suponen un peligro para la vida. Aunque no es temporada de medusas, les recomendamos que para evitar problemas se pongan los monos de licra o neopreno que llevamos a bordo. Con ello estarán protegidos. Algunos corales pueden producir también una desagradable picadura.  

La muchacha concluyó con un consejo que resumía todos los anteriores, como el último mandamiento: la mejor protección en el arrecife es simplemente mirar y no tocar. Y es que aquí casi no hay nada que no pueda hacer daño. Para los visitantes extranjeros de las playas australianas, acostumbrados a nada más violento que estrellas de mar resecas y vertidos de cloacas, los mares australianos pueden resultar algo atemorizantes. Tiburones, medusas, serpientes marinas... suficiente para que alguien ligeramente paranoide se quede varado en la arena.

La criatura que resumen todo lo temido por estos paranoides es el papá de todos los tiburones, el más malo entre los malos gracias a la película "Tiburón" de Spielberg -por no mencionar los incontables documentales de trastornados sumergidos en el agua en el interior de jaulas de metal con voces en off sobreactuando-: el Tiburón Blanco. Como nadie preguntaba pero todo el mundo lo pensaba, la muchacha agregó:  

- Tiburones. Si ven algún tiburón, podrán considerarse afortunados. La caza intensiva a la que se han visto sometidos ha acabado por diezmar la población de esos peces y se han convertido en una rareza. De hecho, nosotros hace meses que no hemos visto ninguno en las inmersiones que realizamos a diario. No debe ser algo que les amargue la excursión.  Para quien esto no le baste y se pregunte cómo de peligrosos son los tiburones, la respuesta es que no mucho. Es más probable sufrir un accidente aéreo que ser atacado por un tiburón. Hay más de 166 especies de tiburones en las aguas australianas y la mayoría de ellas son demasiado pequeñas como para que pase por su diminuto cerebro atacar a un ser humano.

Esto no quiere decir, sin embargo, que uno se pueda tomar libertades con los tiburones. Como regla general, cuanto más grande es el escualo, más peligroso para el hombre. Hay excepciones, claro. El gigantesco tiburón ballena se alimenta de plancton. En la división de los grandes tiburones -y peligrosos- están el Tiburón Blanco y el Tiburón Tigre.
 La gente se come a los tiburones, no al revés. Lo que normalmente consumen en sus casas como "fish and chips" suele ser tiburón y la sopa de aleta de tiburón es muy popular en algunos países. Esto, unido a la baja tasa de reproducción de estos animales hace que la pesca comercial del tiburón esté reduciendo su número drásticamente.  Además, algunas especies de tiburón se alimentan de otras y muchos peces carnívoros incluyen en su dieta escualos más pequeños que ellos mismos. Las ballenas orcas y otros mamíferos con dientes, como los delfines, también pueden comer tiburones pequeños. Algunos moluscos se alimentan de los huevos de los tiburones y en algunas especies, la primera cría en nacer se vuelve caníbal y se come a sus hermanitos.  

Puede que nos digan que no hay muchos tiburones, pero los propios australianos prefieren no correr riesgos. Las redes para tiburones se extienden a la entrada de muchas playas de Australia. Algunas especies de tiburón deben nadar continuamente para asegurar el flujo de agua sobre sus agallas de tal manera que puedan extraer oxígeno del agua. Si el movimiento cesa, lo que ocurre si el tiburón se enreda en una de esas redes, se ahogará. Muchos grupos conservacionistas están pidiendo la eliminación de redes por esa razón. Pero no es la única: estas redes atrapan no solamente tiburones peligrosos, sino tortugas inofensivas, mantas e incluso mamíferos como dugongos o delfines. Es cierto que los ataques de los tiburones han disminuido considerablemente desde su uso, pero también lo ha hecho el número de tiburones. La educación de los bañistas y los salvavidas ojeadores han demostrado ser también eficaces, por lo que el decremento en los ataques bien puede ser debido a estos dos últimos factores más que a las redes.

 "En el hipotético caso de un encuentro con un escualo -continuó nuestra profesora- hay varias reglas generales de sentido común que pueden evitarnos un susto. En primer lugar, claro está, hacer caso de las señalizaciones que puedan avisar de la presencia de los tiburones. En segundo lugar, no nadar al amanecer o atardecer, puesto que estas son las horas en las que los escualos se muestran más activos. Nadar o bucear cerca de colonias de focas o grandes bancos de peces es arriesgarse más que hacerlo en lugares donde el alimento de los tiburones está menos concentrado. En tales circunstancias conviene no bucear solo y si está haciendo pesca submarina, no llevar las capturas colgando del cinturón. Por último, acercarse demasiado es buscarse problemas. Y, por supuesto, es de idiotas intentar alimentarlos a mano".  

Quizá el más famoso de los tiburones que pululan por las aguas australianas, como hemos dicho, es el tiburón blanco. Este animal puede superar los 6 metros de longitud y suele hallarse en aguas subtropicales, por lo que no era probable que lo encontráramos allí. Es curioso que la temperatura corporal de este tiburón suela ser algo más alta que la del agua que lo rodea. Esto hace que permanezcan activos en aguas templadas, pero que no naden en los trópicos por el riesgo de sobrecalentarse. Más tarde, mientras esperaba para almorzar, eché un vistazo a una de las guías de animales de abordo. Allí estaba, el Tiburón Blanco, con una serie de imprescindibles pistas básicas anotadas al pie: 
  • - El Gran Blanco es una criatura solitaria, lo que, obviamente, es un punto a nuestro favor ya que en el peor de los casos sólo nos las tendríamos que ver con uno.
  • - No todos los tiburones australianos son blancos
  • - Puedes identificar fácilmente a uno de ellos: ¿es enorme y te meas en el bañador al verlo? Ahí lo tienes
  • - Los grandes blancos se alimentan de carne. No pierdas el tiempo tratando de distraerlos con una galletita o una chocolatina.
  • - Las hembras son más grandes que los machos, aunque no se qué conclusión extraer de ello.
  • - Los tiburones blancos tienen hasta 3.000 dientes aserrados de forma triangular dispuestos en hileras, así que como te atrape, es imposible soltarse.
  • - "Muerde y traga" es el modus operandi del Gran Blanco. Al menos no vas a ser sádicamente masticado.
  • - Los tiburones blancos atacan desde abajo hacia arriba, así que si te pones nervioso, lo mejor es que bucees pegado al suelo del océano (conviene completar este consejo con el de no olvidar el aparato de respiración autónomo y el correspondiente cursillo de buceo).
  • - Los tiburones blancos poseen un sentido del olfato extremadamente agudo, particularmente bueno cuando se trata de oler sangre. Por esta razón se aconseja no llevar hígado de ternera o sangre de otros animales goteando del traje de buceo.
 Como luego me confirmaría un amigo viajero zaragozano aficionado al buceo y que ha hecho varias inmersiones con tiburones, incluidos los blancos, todo el mundo le tiene terror al tiburón blanco -algo por lo demás tampoco tan sorprendente- pero en realidad es el tiburón tigre, uno de los escualos más rápidos, el que está considerado como el más peligroso del mundo. Este sí que ha atacado a mucha gente y en Australia se pueden encontrar ejemplares de hasta cinco metros de longitud. 

Algo más de una hora de travesía nos separaba de un cayo de arena blanquísimo que sobresalía del mar como si fuera el lomo de algún enorme animal. La mitad del cayo estaba vallado para delimitar la zona protegida de anidación de aves. Cogimos las aletas, las gafas y el esnórkel y nos montamos en el bote que nos acercó hasta la playa. El agua estaba a una deliciosa temperatura de 26ºC, lo que hacía que el contacto con el mar fuera una experiencia de lo más placentera. Me senté en la arena de la playa, donde rompían las suaves olas, me puse las aletas y las gafas, incliné la cabeza, la metí dentro del agua y ¡zas! Allí estaban los peces.

Había pensado que tendría que internarme más en el mar para ver el mundo submarino, pero no. Allí mismo, entre mis piernas estiradas en la arena, ya nadaban peces y pececillos.  Era una maravilla. Da igual las fotos y documentales que hayas visto o los artículos que hayas leído. La experiencia sensorial será mucho más intensa de lo que uno había imaginado. Es un símil que se ha utilizado hasta la saciedad, pero ello es porque es cierto: es como asomarse a otro planeta. En cierto modo lo es. La vida ahí abajo tiene poco que ver con nuestra experiencia cotidiana e incluso nos cuesta distinguir si algo es un animal o un vegetal, si es una roca o un animal camuflado. En este entorno somos nosotros los extraños.  

Aun cuando ni siquiera bucee sino que me mantuve en la superficie simplemente mirando hacia abajo, pude ver una explosión de vida. Escarpados precipicios de coral y desfiladeros repletos de corales y peces de colores. Vi almejas gigantes, estrellas de mar, bosquecitos de anémonas ondulantes, esponjas excavadoras amarillas, esponjas tubulares, hierbas marinas, algas tortuga, budiones lunar azul, peces de medio pico, corales en plato, angelotes banda azul, arbustos de coral, corales cuerpo de venado... Peces tropicales con nombres exóticos pululan entre los corales luciendo sus colores fluorescentes: peces trompeta, plátax de cara roja, peces arilla, peces napoleón... también vi estrellas de mar rojas y pepinos de mar negros .... Fue como estar en un acuario público, pero (claro está) aquello era salvaje y natural.  

Es posible observar, entre los tentáculos de las anémonas, pequeños peces de un naranja brillante con bandas negras y blancas: son los peces payaso. Estos peces encuentran refugios entre los tentáculos venenosos de aquellas criaturas, a los que son inmunes gracias a una capa protectora de escamas. Los científicos, a partir de los componentes químicos de esa capa, han creado el SafeSea, una crema que se aplican los submarinistas y que les protege de los nematocitos o células "venenosas" de anémonas, corales o medusas.

Las sorpresas y maravillas de este nuevo universo parecen incontables. Una criatura que parece salida de la imaginación de un niño es el pez vaca, con forma de caja y un par de cuernos que sobresalen sobre sus ojos y que le dan su nombre.  No tuve esa suerte, pero no es imposible tener un encuentro con una tortuga marina. Debido a la caza despiadada que han sufrido estos animales, su número ha caído dramáticamente en los últimos años hasta el punto de que, aunque la Gran Barrera es el lugar del mundo con más ejemplares, se considera una gran suerte ver una de estas pacíficas criaturas, que se mueven por el agua como si volaran grácilmente a pesar de su pesado caparazón. Anida cada dos o cuatro años, excavando profundos agujeros en playas de arena, dentro de los cuales depositan más de un centenar de huevos. Después de haberlo hecho, se va. Así, las tortuguitas recién nacidas se tienen que valer por sí mismas cuando eclosionan del huevo. Con gran esfuerzo, se dirigen hacia el mar, donde son presa fácil de gaviotas y cangrejos. Los supervivientes volverán exactamente al mismo lugar al cabo de 20 o 30 años para repetir el ciclo y dar vida a una nueva generación de la especie. Nadie sabe cómo son capaces de encontrar de nuevo el sitio. 

Por supuesto, como ya nos dijo nuestra amable monitora, el paraíso tiene también su cara oscura y peligrosa, uno de cuyos más agresivos representantes es el pez roca, cuya boca vertical y sus ojos situados en la parte superior de su cabeza justifican su nombre científico, Synanceia horrida. Ví un par de ellos, camuflados excepcionalmente bien en cavidades del coral, esperando que una presa se acercara. El incauto que lo pise no olvidará la experiencia si consigue sobrevivir. De acuerdo con el Australian Venom Research Unit, el pez roca "puede describirse como el pez venenoso más peligroso del mundo". Las dos especies que viven en las aguas australianas lo hacen principalmente en la costa norte y el consejo a dar es: ten cuidado. Si se pisan las espinas dorsales, que están unidas a unas glándulas venenosas, se entra en un mundo de extremo sufrimiento. El pie duele y se hincha rápidamente y la víctima no tardará en debilitarse debido al dolor. Una salida inmediata del agua es esencial al igual que un tratamiento de primeros auxilios. Las buenas noticias es que las muertes son muy raras (no se ha registrado ninguna hasta la fecha) y hay antiveneno disponible. Las malas noticias son que sí puede producirse un daño permanente en los tejidos y que las espinas pueden quedarse clavadas dentro de la piel. 

Otro amable vecino de la Barrera es el pulpo de anillos azules, que se puede encontrar en aguas someras y las piscinas naturales que se forman entre las rocas y arrecifes cuando baja la marea. Es precisamente su color lo que atrae la atención del visitante; de hecho, es cuando el animalito se cabrea cuando aparecen alrededor de su cuerpo anillos de intenso color azul, tan bellos que no puede pasar desapercibido, especialmente para los niños. Su mordedura no duele, pero su saliva contiene un veneno a menudo mortal. También hay que andarse con mucho ojo con las brillantes "conchas textiles de forma cónica", porque lanzan dardos a cualquier cosa que las toque y el veneno que contienen bastaría para matar a 300 personas. Cada concha tiene 21 dardos. 

Las profundidades marinas son semejantes a una ciudad. Durante el día, hay una gran actividad, con los peces que se alimentan de otros peces y el resto de vecinos viviendo en armonía. Durante la noche, la luz se hace más brillante: los rosados neón, los verdes, y los púrpura. La alimentación se intensifica y las capturas comienzan. Es el anochecer el momento en que barracudas y tiburones se muestran más activos y, protegidos por la oscuridad, capturan sus presas completando el ciclo de vida y muerte de este espléndido lugar.  

Disfruté como un niño durante una hora, hasta que mi piel comenzó a arrugarse de un modo preocupante. Volví al barco para el almuerzo. Tomé mi plato de pasta sentado en cubierta, echando de vez en cuando trocitos de macarrones a los enormes peces ángel, del tamaño de un sillón, que nadaban alrededor del barco sabedores de que algo les caería.   Tras la comida, el catamarán puso rumbo hacia otro arrecife, en esta ocasión sin cayo de arena próximo, aunque el coral ascendía del fondo marino hasta menos de dos metros bajo la superficie en algunos puntos.  

El hábitat del arrecife de coral está perfectamente equilibrado y se resiente de inmediato ante todo cambio. En los años sesenta y setenta se vio en peligro cuando la población de estrellas corona de espinas, que matan al coral al verter en él sus jugos digestivos, se extendió más allá de sus límites normales. La causa fueron los cazadores de souvenirs, que vaciaron el arrecife de tritones, moluscos predadores que reducen la cantidad de estrellas de mar. La protección al tritón ha disminuido de nuevo los niveles de estrellas, pero partes del arrecife tardarán 40 años en recuperarse 

Para proteger esta maravilla, única en términos de diversidad, el gobierno constituyó en 1975 un parque marino que comprende tanto la superficie como las profundidades. Dicho estatus fue mejorado en 1983, cuando el gobierno de Queensland anunció la declaración de Parque Nacional para toda la Gran Barrera. Este aumento de la protección era necesario ante el incremento de la actividad turística y la amenaza de intereses industriales (sobre todo pesqueros) que planeaba sobre la zona. Las autoridades tienen ante sí una tarea poco envidiable: compatibilizar la conservación con los intereses económicos de los habitantes de la zona. El litoral paralelo a la Gran Barrera es una zona altamente desarrollada, con la presión que ello supone sobre el medio ambiente. Los fertilizantes utilizados por los agricultores de la región acaban indefectiblemente siendo arrastrados al mar durante la temporada de lluvias, donde han comenzado a afectar el ecosistema de la barrera. Los responsables del Departamento de Parques australiano mantienen reuniones con ellos para intentar encontrar soluciones, pero no resulta fácil convencerlos de que cambien sus prácticas.

 Además, Queensland cuenta con una importante industria pesquera, a cuyos barcos se suman las decenas de miles de yates particulares. A los locales se suman los millones de visitantes que acuden a la región, muchos de los cuales acuden a la Gran Barrera en tours organizados. Por supuesto, la pesca en todas sus modalidades, tanto comercial como recreativa, está controlada y sólo los aborígenes que habitan al norte del estado -la parte más inaccesible y, por tanto, menos visitada- tienen permiso para pescar libremente a la manera tradicional.  

Se da por hecho que el turismo va a causar daños, por lo que se ha intentado limitar la agresión al mínimo posible. Sólo se admite el amarre en boyas establecidas y la mayoría de las inmersiones se realizan en lugares predeterminados, que acusan el desgaste ocasionado por tantos visitantes. Efectivamente, mucha gente se queja del estado del coral y yo mismo, lego en la materia, detecté desconchados y zonas decoloradas a causa de la reunión de buceadores en los promontorios y las cicatrices de las anclas de los botes y yates en el coral. Más lejos, los tramos exteriores están en mejores condiciones, aunque está claro que los lugares más populares muestran evidentes signos de deterioro. En todo caso sólo los buceadores experimentados pueden sentirse algo decepcionados. La decisión del Departamento de Parques protege grandes porciones de la Gran Barrera a costa de que la concentración de embarcaciones en unos cuantos sitios hace que los destrozos resulten muy evidentes en esos lugares. 

Si uno llega a Cairns y decide no ir a ver la Gran Barrera de Coral, sus amigos y parientes le mortificarán por ello. Ahora bien, si no apetece o bien si viajar en barco marea, siempre se puede fabricar una mentirijilla. Todo lo que se necesita es decir que fuiste y seguir los siguientes consejos: 
  • - Comienza siempre la historia de tu visita a la Gran Barrera de Coral describiéndola como una de las "grandes maravillas del mundo". Si has estado en el Gran Cañón y las cataratas del Niágara, aquí tienes la oportunidad para hacer la comparación.
  • - Quizá podrías decir que te apuntaste a un cursillo de submarinismo y después te adentraste en la barrera con un reducido grupo de compañeros. Si crees que esto no hay quien se lo crea entre los que mejor te conocen, bastará que digas que has hecho snorkelling.
  • - Incluye siempre una historia de tiburones, pero no te pases. Nadie, ni tu abuela de 104 años, se va a creer que eres el único superviviente del ataque de un gran grupo de gigantescos tiburones blancos. Bastaría con que hubieras divisado un tiburón de arrecife a una distancia de unos 50 m. Suena más verosímil.
  • - Si has llegado hasta Cairns, lo más probable es que realices un viaje en barco. Una buena idea sería decir que has ido en uno de esos barcos con fondo de cristal, para que así puedas mentir con fundamento sobre la "asombrosa y multicolor vida marina del arrecife".
  La Gran barrera no es sólo para buceadores. De hecho, sólo el uno por ciento de sus arrecifes recibe la visita regular y permitida de submarinistas. El resto, entre los que mi incluyo, permanecemos ajenos a las botellas de aire comprimido y aletas. Pero para todos, incluso para los que sólo quieren pasar un día en el mar disfrutando de maravillosos paisajes marinos o prefieren desembarcar en alguna de las islas para caminar por la maleza o incluso los bosques, para todos, repito, la Gran Barrera ofrece una experiencia que se encuentra más allá de lo que obtiene el común de los viajeros. Volvimos a Cairns satisfechos y con la certeza de haber gozado del privilegio de disfrutar de algo muy especial, un día inolvidable en una verdadera maravilla de nuestro planeta.

Si quieres leer mas y ver las fotos, visita http://deviajestesorosyaventuras.blogspot.com/

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Últimos comentarios

elisabethcarreraspaz dice:
Buenisimo gracias estoy visitando todos estos lugares...a traves de tus relatos.....
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maurorafael dice:
hola! me voy el 10 de junio para la barrera, en Cairns, Australia, queria saber si para bucear se hace falta carnet o experiencia previa, ya que me `gustaria mucho poder bucear, pero voy a estar solo 1 dia y medio, asì que no se si llegare con el tiempo, que me sugieres?
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