Norte Argentino: Salta y Jujuy

Escribe: punger
Recorrer el norte argentino, atravesar esas ciudades y pueblos mínimos dónde la cultura ancestral de sus poblados aún permanece casi intacta - y que más allá de los hermosísimos paisajes que los circundan, resulta ser el gran diferencial a la hora de elegir un destino - era un deseo que hacía mucho tiempo se imponía en mi lista de lugares a conocer.

 

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Cafayate y la bellísima Quebrada de las Conchas

Cafayate, Argentina — martes, 30 de marzo de 2010

Salimos de Salta a las 7 am, para iniciar el viaje a Cafayate (1.683 msnm) que en total dura unas 12 horas hasta el regreso a la capital. Tomamos nuevamente la ruta 68 y atravesamos las localidades de Cerrillos, El Carril, Coronel Moldes, Talampaya y Alemanía.
Atrás van quedando las plantaciones de tabaco, olivos y viñedos.
Nos detenemos en el poblado de Alemanía, apenas un caserío que divisamos desde la altura de la carretera, habitado antiguamente por la tribu alemanaos Solo ocho familias la habitan en torno a la estación de tren que hace poco más de dos años fue reabierta por iniciativa de las mujeres del pueblo.
 
Seguimos nuestro camino y nos introducimos de lleno en la Quebrada del Río Las Conchas (nombre que obtiene por las conchas marinas fosilizadas que se encuentran en el lecho del río), declara Monumento Natural por la UNESCO por su belleza natural y extrañas formaciones rocosas que se pueden ver durante todo el trayecto. Este lugar, que millones de años atrás yacía bajo las aguas, vio emerger sus montañas por efecto del choque de las placas del suelo, y más tarde por erosión hídrica y eólica fueron adquiriendo diversas formas y colores que van desde los rojos profundo hasta los grises, amarillos y verde agua. Es un espectáculo visual que no tiene desperdicio.
Nuestro guía nos indica con anticipación qué formas se aproximan en nuestro camino, todas ellas señalizadas con el nombre que su forma le ha dado. Así podemos ver, como si hubiesen sido talladas a mano, las formaciones de La Garganta del Diablo, El Anfiteatro, El Sapo, El Fraile, El Obelisco o Los Castillos.
 
Nos detenemos en La Garganta del Diablo. Es un lugar indescriptible, es preciso estar allí para verlo y sentirlo mientras uno se adentra entre sus paredes rojizas, estriadas, que se abren hacia el cielo. Se hace difícil fotografiarlo, encontrar un ángulo que lo abarque todo. Entonces solo resta disfrutar esos pocos minutos que pasamos allí, guardarlo en la memoria y en la piel que se estremece ante su imponente presencia.
 
Seguimos un poco más y vemos el Anfiteatro, pero el guía prefiere detenerse por la tarde, durante el regreso, ya que la ubicación del sol nos permitirá apreciarlo en sus colores óptimos.
 
Llegamos a Cafayate un rato antes del mediodía e iniciamos nuestra visita a la Bodega Domingo Hermanos. La zona es famosa por sus viñedos y excelentes vinos  y varias bodegas especializadas en el vino torrontés, pero se puede decir que todas sus variedades de vinos gozan de muy buena reputación. Es, junto a Tafí del Valle la ciudad más importante dentro del circuito turístico de los Valles Calchaquíes.
Luego de una recorrida guiada por los enólogos de la bodega, somos  invitados a degustar sus vinos acompañados de un riquísimo queso de cabra.
Durante la degustación probamos un vino torrontés y algunas variedades de vino tinto que luego fueron mis elegidos en algunas cenas durante el resto de mi viaje por el norte argentino.
 
Continuamos hacia el centro de la ciudad y el guía nos otorga el tan ansiado “tiempo libre”. Hora del almuerzo. Elijo el Bar El Cafayateño  ubicado frente a la plaza y ordeno un pollo con papas y gaseosa por $AR 25.
La plaza está tranquila, el calor es muy intenso y la gente parece haberse ido a dormir la siesta. Solo algunos lugareños pasan en sus bicicletas cada tanto, algunos chicos vestidos con uniformes de colegio se detienen frente a mí perturbando el silencio con un par de tambores que me recuerdan mucho a los usados en el barrio Sur de Montevideo. Parece que ensayan algún tipo de actuación, se ríen, bailan y siguen su camino hasta perderse por una calle despoblada y ardiente, sin árboles que ayuden a contener el sol que repicaba también sobre sus cabezas como sus manos en los tamboriles.
 
Pese al calor decido recorrer un poco esta ciudad y ver qué encuentro en ella. Pero la ciudad está dormida. Muchos comercios y casas de artesanías están cerradas. El sol me perfora, siento mi piel ardiendo. Entro en una tienda que encuentro abierta y compro un sombrero rojo. Me rió de mi misma. Me estoy atreviendo a los colores, yo, tan clásica siempre para la vestimenta. Pero qué mas da? Estoy en una ciudad que no conozco, con gente absolutamente desconocida, a miles de quilómetros de casa y a punto de partir hacia Jujuy, y luego a Bolivia, y Chile, alejándome cada vez más de mi propio mundo y de mis opacas rutinas urbanas. Qué puede importar un sombrero rojo a estas alturas?
 
No hay mucho más que hacer aquí. Camino y camino calles calurosas donde no encuentro absolutamente nada que atraiga mi atención. Es una ciudad bonita, sí. Pero si duda alguna el plato fuerte del paseo es el camino mismo, el impresionante espectáculo que significa atravesar la Quebrada de las Conchas.
 
Mientras observo la Catedral color terracota y tomo algunas fotos, el grupo se vuelve a reunir en el punto de encuentro y partimos rápidamente para poder visitar a tiempo el Anfiteatro, otra de las formaciones rocosas de la quebrada, denominada así por la excelente acústica del lugar.
 
Encontramos allí un par de músicos que bajo la alta roca se ven como dos hombrecitos diminutos abrazados a sus guitarras. Me siento junto a ellos y otros viajeros que allí estaban y me dejo llevar por la música de Sui Géneris que en ese momento sonaba como si estuviésemos en un estudio de grabación. Es un lugar mágico, en el que me hubiese quedado algunas horas solo observando y sintiendo la música que subía desde las guitarras hasta lo más alto de la roca rojiza. Junto entonces un puñado de piedras y con ellas armo mi apacheta con el sueño de poder regresar aquí, a este mismo lugar sin las presiones de un guía turístico que te espera en el bus para partir.
 
El  regreso esta vez no se me hace tan pesado. El paisaje acapara nuevamente la atención de todos mientras descubrimos más y más formas extrañas y jugamos a encontrar nuestras propias formas.
 
El día va muriendo, va quedando atrás Salta y sus encantos, sus vistas multicolores, los valles, las quebradas, los pueblitos coloniales que volvemos a atravesar para internarnos una vez más en la ciudad que comienza a brillar con las luces amarillas de sus faroles callejeros, sus edificios antiguos perfectamente conservados, su Catedral hermosa, su plaza rodeada de barcitos que a esta hora comienzan a prepararse para la cena.
 
Regreso al hostal a preparar mi equipaje. Mañana parto hacia Jujuy, y mi ansiedad por llegar a Purmamarca no me deja dormir, deberé llegar a un nuevo lugar, buscar un alojamiento, ver nuevos rostros, explorar otros lugares de esta tierra maravillosa que ya comienza a enamorarme.

Tips:

Si vas a Cafayate, no puedes dejar de visitar alguna de las tantas bodegas que la rodean. Generalmente ofrecen un paseo guiado por los viñedos y la bodega que incluye una degustación de los mejores vinos. Esta zona se destaca por la producción del vino torrentés.

Tiene que ver con: Imperdibles
En Cafayate, Argentina

Lo mejor, sin duda alguna, del tour a Cafayate desde Salta, es la Quebrada de las Conchas. El paisaje y las formaciones rocosas que en ella se pueden ver, es el verdadero atractivo de la zona. Te quitan el aliento. Un lugar mágico como pocos. Lo bueno que tiene hacerlo con un tour, en lugar de viajar directamente en un bus de linea, es que vas parando en lugares como la Garganta del Diablo y el Anfiteatro. Si dispones de tiempo suficiente para quedarte en Cafayate, también podras visitar estos lugares contratándolo directamente en Cafayate o incluso, alquilar una bicis y pedalear por la quebrada.

Tiene que ver con: Imperdibles
En Cafayate, Argentina


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