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Malí- burkina faso

Escribe: ropavieja
“África, su realidad actual es tan desesperanzada y trágica que, a pesar de la fascinación que siento por ella, no puedo evitar el sentimiento aciago de volver a casa derrotado, abrumado por su miseria, sin alegría y sin acabar de entenderla; pero añorando regresar a ella a la menor oportunidad.”

 

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Capítulo 1
 

Malí - Burkina Faso

Burkina Faso — miércoles, 19 de agosto de 2009

Burkina

"África, su realidad actual es tan desesperanzada y trágica que, a pesar de la fascinación que siento por ella, no puedo evitar el sentimiento aciago de volver a casa derrotado, abrumado por su miseria, sin alegría y sin acabar de entenderla; pero añorando regresar a ella a la menor oportunidad."

Este párrafo pertenece al escritor Manuel Villar y ha sido extraído de su libro: "África en silencio", la reproduzco aquí por que me identifico con ella al cien por cien.

Inicio un nuevo viaje por África: Malí y Burkina Faso. Una experiencia profunda y transformadora en un continente mítico.

Un capricho de la compañía aérea hace que se incluya una nueva etapa; debo pasar un día en Casablanca (Marruecos). Esta histórica y cinematográfica ciudad me recibe con una bofetada de calor de incalculable magnitud. Me había preparado para pasar mucha..., en este itinerario africano. Al descender del avión en este importante aeropuerto marroquí parecía que me introducía en una sauna finlandesa. El calor duele, afecta al estado de ánimo.

Alguien debió escuchar mis plegarias y la temperatura descendió a lo largo  del día. Siento la brisa procedente del Atlántico mientras visito la Medina de Casablanca. Un atiborrado y laberíntico mercado desprendiendo olores del Magreb, de África. El entorno del mercado es una explosión de colores y gritos. Un buen inicio para este viaje.

A la noche reemprendo mi viaje hacia el África negra. De madrugada aterrizaré en la capital de Burkina: Ouagadogou. El país tiene once millones de habitantes, la mayoría son musulmanes y su esperanza de vida es de 53 años. El Islam impregnó toda la región del Sahel, aunque sobre la religión todo es relativo, existen cristianos polígamos y musulmanes con hijos cristianos y otras actitudes todavía más difíciles de comprender para nuestros ojos y que describiré más adelante.

Aquí iniciaré mi verdadero viaje, tan mimadamente preparado.

Después de una escala sorpresa en  Niamey capital de Níger, conseguimos aterrizar en Ouaga... en abreviatura para hacer más fácil escribir y pronunciar esta ciudad.

Los aduaneros hicieron todo lo posible e imposible para hacernos la entrada al país lo más complicada posible. Los trámites burocráticos fueron extenuantes. Aún así, tenemos que volver al día siguiente a buscar el pasaporte y el visado ya confeccionado.

Realizó una visita a un destartalado museo, no es más que una señal de la condición de modernidad y progreso de Burkina. Enclavado en un subdesarrollo primitivo.

Al mediodía abandono la capital en un colectivo, me esperan seis horas de transporte cómodo, con suficiente espacio y aire acondicionado, un elemento de primera necesidad, teniendo en cuenta la asesina temperatura del exterior.

Conforme avanzamos, el asfalto de la vía mejora. Las mujeres con sus multicolores vestidos destacan, los niños lo llenan todo, los olores me transportan  al continente africano más profundo.

En los márgenes de la carretera se sucede mercadillo tras mercadillo. Donde se puede encontrar de todo, absolutamente de todo. También observo núcleos de chozas y pequeñas casetas de adobe. Tras una comida frugal en la cuneta, alejados de las pequeñas poblaciones, pues en estos lugares los vendedores ambulantes intentan venderte de cualquier manera y a cualquier precio sus artículos variados. Llegamos a Gaona. Aquí pasaré la noche en un descuidado albergue, donde parece que viven todos los mosquitos. Duermo nueve horas casi de un tirón; después de dos noches sin apenas cerrar mis castigados ojos.

 

PAÍS LOBI

Me llevan a visitar un museo etnográfico dedicado a los lobi, importante etnia de Burkina Faso. Me ponen en antecedentes sobre la historia y cultura de este pueblo anclado en el pasado. Fieles a la tradición, forman una sociedad muy difícil de comprender y antagónica a los europeos, al mundo blanco. Tallan figuras de madera dedicadas a los espíritus protectores. Dedicados a la agricultura de subsistencia y a la fabricación artesanal de cestas y esculturas de madera. De religión animista, esta doctrina se basa en al adoración de cualquier objeto, a los que consideran que tienen un espíritu, animación propia y vida. Creen en la reencarnación. Son polígamos... de hecho, visito una unidad familiar compuesta por un hombre y sus cinco mujeres, diecisiete hijos y un número no cuantificado de nietos. También es un gran hechicero, según me informan. En estas comunidades, hasta hace no mucho tiempo se practicaba la ablación en las mujeres hoy está prohibido en todo el país. La práctica de esta operación esta castigada con la cárcel.

Prácticamente dedicó todo el día a recorrer algunos poblados lobi, los niños descalzos me salen al encuentro desde todos los lugares.

Su hospitalidad les caracteriza. Sus viviendas de barro y madera principalmente, se van ampliando conforme aumenta la familia. No disponen de ventanas. En  muchos aspectos su vida es muy primitiva, un pueblo de origen cazador y guerrero.

Ya en la ciudad entro en un banco a cambiar dinero, esta pequeña operación me llevará demasiado tiempo. Tranquilidad, lentitud, nada de prisas, algo exasperante para un europeo. Hay que cambiar el "chip" cuando te encuentras en estas culturas, para no entrar en la desesperación. Solo debes aclimatarte, adaptarte, ser uno de ellos. La noción del tiempo que tienen por aquí es distinto, no avanza si uno no lo acciona, solo corre cuando se pone en movimiento.

Es época de lluvias, todo está muy verde, las charcas y lagunas están a rebosar de agua. La zona que estoy recorriendo me sorprende por su gran vegetación. No esperaba algo así. Los árboles abundan, y en algunos sitios su grandiosidad es tal que se forman pequeñas selvas.

Como  en muchos lugares del mundo que he visitado, los niños se dedican a cuidar el ganado y las mujeres al cuidado de los campos agrícolas, al abastecimiento del agua... son cientos las mujeres y niñas acarreando en sus cabezas grandes depósitos de agua potable caminando por sendas y los márgenes de la carretera... claro los hombres pasan el mayor tiempo tumbados en la sombra de cualquier árbol frondoso.

El albergue donde me hospedo está algo lejos del lugar al que quiero ir a cenar; un numeroso grupo de niños se presta a acompañarme. Todo está muy oscuro. Todo es desconocido para mí y aunque siento seguridad, noto algunas miradas furtivas.

Una sopa de pescado, con un pez incluido en ella, pollo y una enorme cerveza fría me recompensará de todo.

Antes he visitado una asociación dedicada a la integración de las mujeres, a la concesión de micro créditos para estas y a la reeducación para erradicar en ellas la practica de la ablación.

Por supuesto también a la alfabetización y a la organización de actos lúdicos. Aquí me dan a probar la cerveza obtenida del mijo, está caliente, por lo que no consigo beber mucha. Ellas beben y beben en unos cuencos de calabaza, por cierto éstas se obtienen de un árbol muy característico de esta zona: "el árbol de la calabaza".

Al despertar por la mañana debo pedir ayuda por la ventana de mi habitación; la cerradura no se abre. El propietario del establecimiento, un libanés, ¿cómo habrá llegado un libanés hasta aquí?, me abre con la ayuda de un cerrajero.

No soy muy consciente de que estoy viajando por el país como un indocumentado, soy lo que se llama un ilegal, un sin papeles; todavía no me han devuelto mi pasaporte, ni el visado que se quedaron en el paso fronterizo del aeropuerto de Ouaga...

Hasta ahora el instrumento musical que más he podido ver en las casas ha sido el balafón, es de percusión y ésta construido  con tablas de distintos tamaños y unas calabazas huecas debajo, al golpearlas se obtiene un sonido muy característico. Algo similar al xilofón.

Acabo de levantarme, son las seis horas y cincuenta minutos, la temperatura es agradable, todavía. El calor no aprieta aún mucho, en las últimas jornadas del viaje, ya cerca del Sahel, no podré decir lo mismo.

Me estoy alimentando sobre todo de pollo; algo de buey, pescado, arroz y verdura. Muy completo y equilibrado.

No hay viajeros, no hay turismo, tan solo puedo observar algunos grupos de dos o tres personas. Será la crisis. Emprendo viaje hacia el oeste, cruzando paisajes de suaves y arboladas colinas salpicadas de algunos baobabs; pequeñas explotaciones de arroz, maíz y mijo.

Es sorprendente la limpieza del bosque, a ello contribuye la continua recolección de madera ya caída y seca, por parte de los habitantes, madera que utilizan para cocinar. También en las pequeñas poblaciones que atravieso no se ve suciedad de ningún tipo y eso que casi toda la urbe es un mercado lineal pegado a la carretera.

Las carreteras gozan de una intensa vida... ganados, camiones averiados, niños, mujeres acarreando  agua, leña... bicicletas, motos y de cuando en cuando te cruzas con un coche.

Llego al mediodía a Bobo, la segunda ciudad de Burkina, capital económica del país.

Pido un cuscus con salsa en un restaurante local, a mi lado ríen un grupo de franceses, me dicen que tocan la percusión, el djembé. En ésta ciudad este tipo de música está muy extendida y existen competiciones que duran una semana, los grupos pueden estar tocando durante horas. Los franceses son unos enamorados de la percusión en su más diversas modalidades.

Quizás falten hospitales y escuelas, pero antenas de telefonía móvil... se podría ir saltando de una a otra y recorrer el país sin tocar el suelo.

Aquí notan la crisis económica, tan en boga ahora, en que vienen menos visitantes, porque hoy son pobres, pero eso ya lo eran ayer.

Prosigo mi camino hacía Banfora, abandono de momento Bobo; mañana tengo que volver.

Me enseñan mi aposento, una cabaña de paja y madera, me ducho y cuelgo la mosquitera sobre la cama, los mosquitos comienzan a hacer acto de presencia.

Aquí es obligado visitar las cascadas Tafiguela y el lago Tengrela en el que hay hipopótamos, aunque no consigo verlos, a pesar de que lo recorro en una pinaza (canoa). Me dicen que se han escondido. El camino que me lleva hasta las cascadas esta delimitado por numerosos árboles frutales que  me ofrecen mangos, papayas, plátanos, también hay campos de maíz y mijo, pero sobretodo grandes extensiones de caña de azúcar. Consigo visitar un poblado yenunfa unos veinte niños me salen al camino gritándome ¡blanco! en su dialecto. No hay hombres, están todos en el campo, las mujeres se dedican a pelar mangos, el poblado está rodeado de verdaderas montañas de este producto, luego lo secan en hornos para envasarlo en paquetes y botes que dedicaran a la venta. Otras mujeres pelan mandioca, secan arroz, luego comerán todos juntos alrededor de un gran plato. El más anciano come el primer bocado, le sigue el siguiente en más edad, así hasta el niño más joven.

Un grupo de peules intercambia conversación y té, los tres tes típicos del ritual, el primero amargo como la muerte, el segundo denso como la vida y el tercero dulce como el amor.

A la noche asisto a cenar a un restaurante en el que ofrecen un espectáculo de un grupo de percusión, utilizan instrumentos como el balafón, la kora y los populares djembés. Al final acabo bailando bajo los ritmos africanos, no me quedaba otra alternativa.

Esto último podré disfrutarlo en toda su magnitud en Bobo, la capital del antiguo Alto Volta francés.

Ya pasé ayer por esta ciudad y en estos momentos me dirijo otra vez hacia ella para permanecer otro día más. Como decía antes... aquí se produce un peregrinaje desde todo el mundo por estudiosos  y amantes de la música y las danzas de la región. En sus calles se produce una animación continuada. Son famosos sus cabarets nocturnos donde tocan grupos locales.

Sigue sin aparecer mi pasaporte y en dos días debo cruzar la frontera de Malí. Algo del todo imposible sin ese documento.

Toda la zona, debido principalmente a la gran actividad musical, esta llena de rastafaris y otros personajes que se mueven en el gran mundo de la música.

Los hombres y mujeres de Burkina son de figura grácil, delgados, de carácter afable, aunque noto que les cuesta sonreír.

 

MALÍ

 

Al fin tengo en mi poder el pasaporte y sus correspondientes visados. Vuelvo a ser un ciudadano legal.

Una semana de viaje, estoy saliendo de Burkina mientras escribo estas líneas y todavía no me ha sido posible encontrar un punto de conexión a Internet. Burkina tiene que recorrer todavía mucho respecto a este tema de la informática. Esperaré a Malí.

Recorro la medina, el mercadillo, el zoco no sé como llamarlo, la presión de los vendedores es muy fuerte enseguida salgo de él. Quiero visitar la mezquita. Se encuentran en plena oración y no puedo acceder a ella. Su arquitectura, siglo XI, dice mucho sobre lo que me voy a encontrar en esta zona, sobre todo en Tombuctú.

Inmediatamente después penetro en el barrio antiguo de Bobo. En él han vivido siempre juntos los bobo y los diola. Pequeñas casas de adobe, tierra y piedra conforman un conglomerado de calles extrañas, por ellas, caminan niños descalzos, mujeres cargadas de bultos y algún anciano. Pero... sucede algo sorprendente, emotivo se trata de un bautizo, la celebración en plena calle con un grupo de música, percusión y guitarras expulsando sonidos de Burkina. Un centenar de personas los rodean. En el centro un numeroso grupo de mujeres con sus mejores vestidos y tocados, muy maquilladas, danzan avanzando en fila india, contorneando sus cuerpos, al unísono, un rato después aparece otro grupo similar que proviene de otro punto del barrio para unirse con el primero. No puedo contenerme y comienzo a imitar los pasos de la danza, más tarde en un grupo más reducido bailaré hasta el cansancio, la interminable melodía puede llevarte al trance. Los niños se pegan literalmente a mi piel pidiéndome caramelos y cogiéndome de las manos. Todo es sincero, espontáneo, hospitalario. Ya debo irme, tengo que descansar, por la noche asistiré a un concierto de otro grupo local. Los djembés  volverán a hacer que vibre la noche en Bobo.

Alguien me propone que le compre varios gramos de marihuana, después de un intenso y cansado regateo la compro. Jóvenes negros, muy pocos somos los de raza blanca, bailaran durante casi toda la noche bebiendo cerveza sin limite.

Amanezco sobre las ocho de la mañana, desayuno... miro la fecha ¡26 de julio!, es el aniversario de la revolución cubana, la gran fiesta de Cuba, en la embajada de este país en Burkina van a correr ríos de ron cubano, me dice mi guía, él estudio siete años en la isla caribeña, por eso domina el español impregnándolo de un atractivo acento cubano.

Cruzo la frontera con Malí, debo sortear un sin fin de controles aduaneros, documentos, visados, papeles y más papeles. Los puestos fronterizos son deprimentes, abunda la suciedad y el desorden. Alguno de ellos consta de un banco de madera bajo un árbol y una hamaca donde se tumban los policías de fronteras.

Pero esto no se queda ahí, cada unos pocos kilómetros. aparece en la carretera un nuevo control. Tres o cuatro bidones abollados y una madera carcomida taponan la vía, el funcionario exige una cantidad de dinero, sin recibo alguno, la mordida irá a parar a su bolsillo con una impunidad total.

Malí es diferente a Burkina, pero no en tantas cosas. El paisaje va cambiando, los árboles se van convirtiendo en arbustos, hace más calor, nos acercamos al Sahel. Las construcciones en los pequeños poblados han perdido las redondeces, son cuadradas, cubos perfectos. Las cunetas están menos pobladas,  van perdiendo vida. Me han señalado que los malienses son algo menos hospitalarios, más antipáticos. Deberé comprobarlo. Una última mordida de 1000 FCA me anuncia que estoy entrando a Djenne, la puerta de Djenne. Cruzo en trasbordador un afluente del Níger. El calor es sofocante. Tomo posesión de mi cama en un campamento situado en el centro de la ciudad.

La ciudad, construida totalmente en adobe, fue declarada patrimonio de la humanidad. Todos los años se debe dar una capa de barro a las fachadas, pues estas se agrietan. Los edificios los construyen sin planos y apenas herramientas, dicen que los sueñan y luego solo queda el formalismo de construirlo. No existe alumbrado en las calles, es obligatorio caminar por ellas con una linterna,  pues es muy fácil acabar dentro de una de las zanjas por donde discurren las aguas fecales, en su mayor parte descubiertas.

La población está compuesta por las etnias Boro y Bambara, de religión musulmana. Existe una mezquita principal en el centro de la urbe, puedo observar gran cantidad de madrazas (escuelas coránicas).

La cena de esa noche se convierte en una pesadilla, el restaurante carece de todo, una vez que conocen lo que deseas, se van a hacer la compra, por lo que la cena se hace interminable con el sudor empapándome y paseando bajo mis pies algunos anímales indeseables.

Otra noche más durmiendo pegado al aparato del aire acondicionado. Es lunes, día de mercado, uno de los objetivos principales de este viaje, es difícil encontrar palabras para describirlo. Los vendedores de artesanía acosan a los pocos turistas que existen, en situaciones normales debería haber una gran afluencia de viajeros, pero ya lo he citado antes, la crisis económica está poniendo en graves aprietos a muchos lugares que viven en gran parte del turismo.

Caminar por las estrechas calles de Djenne es viajar hasta muchos siglos atrás, los niños y adolescentes las animan con sus risas, todos desean saludarme, cogerme de la mano y ofrecerse como espontáneos guías para llevarte a los lugares que les citas. La pobreza, la escasez está latente, en muchos casos es cruel y desesperante. Me gritan ¡blanco! ¡blanco!

El tiempo se sucede muy rápido. No queda tiempo para el aburrimiento, las horas no dan más de sí y no alcanzo a conocer todo lo que desearía. No he podido entrar todavía a ninguna mezquita, para poder acceder a ellas debes ser musulmán acreditado.

En algún sitio había leído que el pan de Djenne contiene tierra, esto es debido a las imprevistas y enormes tormentas de arena que azotan la zona, cuando sucede esto es imposible permanecer en la calle y todavía menos caminar por ellas. Estas tormentas se denominan Harmattan, en invierno barre toda la región de África occidental, condicionando la vida de sus habitantes. Miles de millones de partículas en polvo en suspensión se introducen en los lugares más protegidos e insospechados. Durante tres meses toda la región vive bajo una nube amarilla. En algunos poblados de  Mali, el Sahara se presenta en su mayor crudeza, amenazando la vida.

Al mediodía retomo mi viaje hacía Mopti, la segunda ciudad y capital económica de Malí. En ella viven dos millones y medio de habitantes.  Aquí visito el barrio viejo y el mercado de  las mujeres. En el trayecto hacía Mopti se pueden ver caravanas de asnos conducidas por mujeres, transportando sal para intercambiarlo por mijo, azúcar o té.

En el puerto, situado en la gran Curva del Níger abordo una pinaza para remontar el río hacía un pueblo ribereño de los peúl. Este río tiene fama de perezoso, en torno a él se sucede la vida, mujeres lavando la ropa, niños jugando con sus aguas, ganados bebiendo y numerosas embarcaciones surcando el cauce, la acrisolada diversidad del Níger. Al volver hacía Mopti, el motor de la embarcación se para y deben enviar a un mecánico para repararlo. Todo se debe realizar de forma rápida pues en el horizonte amenaza una tormenta, así es, una hora después comienza a llover de forma incontrolada, las ráfagas de viento lo azotan todo.

Me alojo en un hotel regentado por una española, entre sus instalaciones existe una piscina, el castigador sol a calentado el agua como si ésta estuviera climatizada. Tras un largo baño sin ropa alguna y acompañado por las ranas, me dirijo raudo a refugiarme entre mis sábanas.

 

TOMBUCTÚ

 

Cada vez estoy más cerca de la mítica Tombuctú.

Algunas asociaciones geográficas, de viajeros..., no otorgan su carné de socio, sino has visitado alguna vez Tombuctú.

En la edad media fue un lugar importante para el comercio. El oro era uno de los principales productos, también la sal, con los que allí se comerciaba. Se construyeron numerosas leyendas en torno a Tombuctú. Pero lo que más abunda son el calor, la arena y los muros de adobe de aspecto fantasmal. Muchos viajeros salen defraudados. "A Tombuctú hay que llegar atraído por el magnetismo, anestesiado, eufórico, ante la cercanía de un último lugar fronterizo, sujeto a la tiranía del tiempo y el espacio", decía alguien.

Ahora ha perdido todo el comercio (agua, sal, oro), pero sigue siendo una ciudad misteriosa y prohibida. Meta para muchos viajeros. Los pozos se secaron y murieron millones de personas y animales, hoy vive gracias a la ayuda internacional y al escasísimo turismo. El acceso es difícil, un poco más abajo lo explico.

A las diez de la mañana es imposible caminar por sus calles sin ser fulminado por el sol. Cuando cae la noche Tombuctú despierta, no hay luz eléctrica, las calles se llenan de turbantes, doblando esquinas en busca de visitas nocturnas.

Chema Rodríguez en su libro "El diente de la ballena", escribe: "El viaje a Tombuctú es lo que cuenta, la estancia es un suplicio, calor insoportable, tuaregs que han abandonado el desierto y matan para venderte el alma, arena ardiendo en los oídos, orines rodando libres por las calles, muros de palacios derruidos, la muerte acechando a las afueras como un ejército de dunas implacables... ese es el Tombuctú que se ve, el otro hay que ganárselo". ¡Ay!, los tuaregs..., los hombres azules, merecen un capítulo aparte. Durante mi estancia en Tombuctú tuve a varios pegados a mí piel casi las veinticuatro horas del día.

Me esperan nueve horas de pista en muy malas condiciones, los últimos días ha estado lloviendo y la carretera esta inundada de agua en muchas de sus partes. El calor cada vez es más acuciante, el Sahel está ahí al lado. Esto merma mis condiciones físicas y me agoto más de lo debido.

El paisaje es semidesértico, aunque las acacias abundan. Algunos pastores peules con sus típicos sombreros cuidan de sus rebaños. También se ven algunos camellos algo famélicos, lo mismo sucede con las vacas, puedo ver alguna agonizando al borde de la carretera. La pobreza de los pocos habitantes que alcanzo a  ver en el trayecto es extrema.

Se van trazando nuevos caminos, la carretera original está del todo inservible, de hay la frase... "todos los caminos llevan a Tombuctú". Cruzo el río Níger en un trasbordador, y ya atardeciendo penetró en esta milenaria ciudad.

Sólo me queda tiempo para dar un paseo nocturno en las oscuras calles y dirigirme a descansar después de una agotadora jornada de viaje Tombuctú habitada por tuaregs, beréberes, árabes... musulmanes, animistas...

Tres mezquitas importantes dominan Tombuctú. La universidad, hoy en deshuso, las casas de los primeros exploradores que llegaron a la ciudad... y algunos edificios oficiales más que ignoro. Una vez que he visitado estos lugares me dedico a descubrir la Tombuctú real, la de la pobreza, la marginación, no olvido que me encuentro en uno de los países más pobres de África. Tombuctú a veces se queda aislada debido a las fuertes crecidas del río Níger.

Siempre se habla que Tombuctú no te deja indiferente, de ninguna manera, claro.  Ya no es lo que era, todo se encuentra en un abandono total, la suciedad y las aguas residuales la invaden por completo. La falta de viajeros, no veo apenas a  nadie, por difícil de creer que parezca, va en detrimento en lo anteriormente descrito. De cualquier rincón aparecen oleadas de niños descalzos y semidesnudos. Me pregunto ¿dónde va el dinero que envían desde la UNESCO para la recuperación de la ciudad al estar en la lista de las ciudades que han sido declaradas patrimonio de la humanidad? ¡Podría haber varias respuestas!

Hay un lado bueno..., varios... seria más justo decir. Las casas y muros de Tombuctú rezuman historia, caminar por ellas es un privilegio. Ni la máquina más perfecta para viajar al pasado, a cientos de años atrás, alcanzaría la realidad tan perfecta que siento  ahora en mí al pisar la arena de sus calles, asomarme a sus mezquitas, sus casas, sus gentes.

Los niños van detrás de mí, al lado, me dan la mano, me saludan en un perfecto francés y me piden caramelos: "¡bombón, bombón!", me sonríen siempre. Los adultos se ofrecen para enseñarme la ciudad, para acompañarme.

Salvo las horas centrales del día que las calles se quedan desiertas debido al intenso calor, camino durante toda la jornada.

Al atardecer sus moradores salen de sus humildes casas de adobe y se tumban sobre alfombras o en la arena de la calle, las llamadas de las mezquitas provocan que muchos hagan sus oraciones en dirección a la Meca. Hago fotos, nadie parece molestarse. Salgo de la ciudad hasta unas dunas cercanas, el desierto va penetrando poco a poco en Tombuctú, allí observaré por un buen rato la puesta de sol. No es necesario repetirlo, en ningún lugar del mundo se pueden observan ocasos como en el continente africano.

¿Qué difícil me resulta describir todo lo que siento ahora?, tumbado sobre mi cama, después de vivir un día de mi vida tan intenso, tan emocionante. Había visto cosas parecidas en otros países, pero no de forma tan fuerte, tan extraña, tan penetrante. Todos mis sentidos han quedado saturados, me resultará complicado asimilar y guardar en mi memoria todo lo visto y vivido.

 

PAÍS DOGÓN

 

Once horas me separan del país Dogón, una maltrecha carretera me acercara hasta sus fronteras, un verdadero suplicio, ya no sé dónde poner mis piernas dentro de la furgoneta, el calor nos asedia.

Esta región está situada en la falla de Bandiagara de más de doscientos kilómetros, un acantilado que ha mantenido aislados y desconocidos a los dogón hasta bien entrado el siglo veinte. Un mundo de cuento, tierra de magia y arena; donde muy pocos se atreven a bajar hasta la base de la falla para convivir con ellos durante unos días. Son animistas y los fetiches abundan en los poblados. Quiero destacar algunas particularidades sobre este pueblo: consideran que los hombres tienen su parte femenina en el prepucio y las mujeres su parte masculina en el clítoris, con la circuncisión y la escisión, hombre y mujer se convierten en adultos. Por eso es tan difícil separar  el ritual de la ablación de sus tradiciones. Existen una serie de edificios dedicados a las mujeres cuando se encuentran con la menstruación, donde son aisladas del resto de la población. Los tellem (hombrecillos rojos), viven en unas habitaciones excavadas en el acantilado.

Atravieso poblados de las etnias sonrai y peul. Al atardecer llego a Bandiagara, capital del país Dogón. Me alojo en un hotel fiel a la arquitectura de la zona, aunque se le ha dado un aire vanguardista, tiene su encanto.

Aquí me dedico a preparar las marchas senderistas que debo hacer en los próximos días por el país Dogón, mientras reflexiono sobre lo acontecido en el día. Estoy molesto... existen demasiados controles policiales que te exigen dinero para poder continuar tu viaje. Son actos viles y corruptos que siempre quedan impunes, además lo hacen con una actitud prepotente y chulesca.

Existe un pájaro diminuto en el país, que al atardecer forman como grandes nubes en el cielo, formadas por cientos de miles de ellos que se mueven al unísono danzando en todas las direcciones.

Ya es noche cerrada, la ciudad ha estado en ebullición desde muy temprano. Ya solo se ven sombras, ruidos extraños y los gritos de algunos niños incansables. Pasaran aún varias horas hasta que todo se quede dormido.

Ayer intenté conectarme a Internet, sin resultado, cuando llegué al ciber-café ya estaba cerrado, solo eran las siete de la tarde. Y completamente de noche.

En los próximos días esta acción  será un objetivo imposible de llevar a cabo, dentro de un par de horas voy a internarme en la falla de Bandiagara, con los dogones, y solo voy a disponer de lo más básico para la vida, comida, agua y una colchoneta al aire libre para dormir.

Abandono este hotel de iglú de piedra que pertenece a una misteriosa dama suiza.

Hace ya una semana que perdí mis gafas de lectura. Este hecho me está causando problemas para poder escribir y ya no digo leer. Debo estar vigilante, mi despiste va en aumento, estoy perdiendo demasiadas cosas, algunas de vital importancia para sobrevivir a este viaje.

Me levanto muy temprano, deseo recorrer algunas calles suburbiales de Bandiagara. Todos están ya despiertos buscándose la vida. Sobre todo decenas  y decenas de niños con un pequeño cubo de plástico en la mano buscando el desayuno, el alimento del día. Parto hacia la tierra de los dogones, antes debo comprar comida y la famosa nuez de cola: un fruto seco con propiedades eufóricas y alucinógenas, será un obsequio para ellos.

Un paisaje idílico, la pista va alternando entre la tierra y la piedra, en forma de calzada. Árboles de gran envergadura y pequeños ríos formando alguna catarata. ¡Qué distinto es todo! Nada es comparable hasta lo conocido.

Mi primera etapa se produce en Sanga, a partir de aquí debo caminar con mi mochila desciendo desde la falla, en el alto del acantilado hasta el valle,  después...  tras una caminata de cinco kilómetros dormiré en Banani. La modernidad, aunque de forma moderada ha penetrado en este pueblo milenario. Antiguamente convivían con los pigmeos, pero entraron en conflicto y estos últimos abandonaron la zona, para instalarse en el Congo. El origen del problema fue que los dogón (agricultores), comenzaron a cortar árboles para poder desarrollar su principal actividad, los pigmeos sin embargo eran cazadores y recolectaban frutos de los árboles. Al marcharse los pigmeos, los dogón convirtieron la selva en una zona deforestada.

Ya dije antes que son animistas, aunque practican el sincretismo con la religión musulmana, por lo tanto son polígamos, fetichistas, amantes de las máscaras, de los objetos animados tallados en la madera.

Estoy bien. Nada me defrauda. Son hospitalarios, dueños de su identidad. De vida pausada, cuando me ven se sorprenden, me llaman tubabo (blanco). No es un mal lugar para apartarse, para retirarse, para pasar de todo...

Me dispongo a cenar, un gran plato de arroz con salsa de cacahuete, muy popular en el país, antes de continuar la marcha. Duermo al aire libre, la combinación de calor, sudor y algo de brisa me deja algo flojo.

Todo es sorprendente, me encanta, camino por la base de la falla, en las laderas de ésta hay varios poblados colgados, con sus construcciones características que identifican a los dogón. Puedo ver algunos fetiches, pero me advierten que no debo fotografiarlos, esto sería un agravio, un ataque frontal a sus creencias, he de señalar que he tenido algún problema al fotografiar a algunos campesinos que me han increpado, a cambio me piden nueces de cola.

En un poblado, Revelí, al que asciendo hasta sus límites me señalan una construcción particular, extraña: sobre unas columnas descansa un gran volumen de restos vegetales procedentes del mijo, "La casa de la palabra", entre estas columnas se discuten y resuelven los problemas de convivencia; a estas reuniones solo asisten hombres, las mujeres lo tienen prohibido.

La noche la paso durmiendo sobre una azotea, bajo las estrellas y una media luna que alumbra mi plato de cuscus.

La montaña y la falta de sol... alivia la temperatura. El sudor me da un descanso.

Son las seis de la mañana, casi no he dormido, los asnos, las vacas y los gallos se han encargado de ello, sus sonidos guturales se multiplican en la gran pared de la falla. En cuanto aparecen las primeras luces, las aves, sobretodo unos pájaros espectaculares, se llamaban entre si.

Es hora de preparar el desayuno. El viaje continúa por este inmenso país, tan difícil de comprender para una mente europea. Los espíritus, los ancestros del animismo asentado en el lugar me protegen. Sin duda alguna.

Una comida frugal, como casi todos los días, a base de pasta y continuo la caminata por la tierra de los dogones, las cosas cambian según se está en lo alto de la falla o debajo de ella, arriba todo es más árido y agreste.

Es primero de agosto y comienzo a ver más viajeros en ruta, ¿será por eso?, o ¿es una coincidencia?

A veces, una ráfagas de viento me abrazan me acarician, ¡qué importante es eso para mí!, ¡cuánta energía!,  ¡cuanta simbología...!

Duermo en la azotea de la choza después de subir por una escalera dogón. Visito el poblado de Begnimatou, antes en el desayuno, hablando con el guía dogón me dice que su pueblo resuelve los conflictos y actos delictivos entre ellos, bajo el techo de la Casa de la Palabra.

En las aldeas no existe luz eléctrica, el agua se debe traer en cubos desde el pozo. No existe tampoco ningún tipo de infraestructuras, aunque si parece que las escuelas funcionan... un maestro tiene en su clase noventa y un alumnos.

Los niños están en todos los lugares. Abundan las niñas de seis o siete años llevando a su hermano atado con un paño de tela y colgado a su espalda de no más de tres meses, incluso trabajando,  acarreando leña y agua.

En un campo agrícola es muy común ver a treinta personas o  quizás más, con un azadón, entrecavando o labrando, nada de arados, ni tractores, nada, nada, nada...

Todo es tan distinto para mí, escenas que dejarán en mí una huella perdurable. Todo lo que veo me plantea contradicciones, me hace reflexionar sobre las formas de vida, los comportamientos, actitudes. Todo... remueve las conciencias y cambia el orden los valores, de las prioridades. ¿Cuáles son las primeras necesidades? ¿Qué cosas tengo? ¿Qué necesito? ¿De qué me debo desprender?

Parezco más inspirado... me encuentro sentado delante de un mallo, como se dice en mi tierra, que destaca y se separa de la falla. Las aves revolotean, buscando sus nidos en la gran pared vertical, un buen lugar para los amantes de la escalada.

La brisa me acaricia, me besa. Es algo impagable. Continuo la marcha senderista, vengo observando que cada unos cuantos kilómetros, junto a los poblados, se está produciendo la construcción de pozos de agua por una ONG francesa, ésta realiza un proyecto basado en la perforación de mil pozos. El acceso al agua potable no existe para millones de personas en el mundo, cuando este problema seria uno de los objetivos a conquistar para todos los seres humanos.

Estoy comenzando a preocuparme por mis despistes, ya son demasiadas cosas las que voy olvidando, perdiendo... en el camino. Acabo de comer en un nuevo poblado, el calor es una constante, me arrincona, esperaré a que el sol esté más bajo para continuar mi caminata. Ahora es mediodía, sería una temeridad caminar por la senda de arena, además los árboles ya están escaseando. Hace tan solo tres horas atravesaba una zona selvática, un verdadero oasis. Todo un regalo. Un nuevo poblado... Ende una nueva casa local debajo de la falla, del templo dogón colgado en la vertical del acantilado, de los nidos de las cigüeñas, de los estorninos...

Aquí se encuentran las antiguas casas dogones, aquí vivieron hasta hace sesenta y cinco años que bajó la última familia, debajo estaba la selva que les impedía practicar la agricultura. Aquí vivían también los pigmeos, en las diminutas viviendas escavadas, construidas en la pared, debajo de una enorme  visera que sale de la roca.

Los graneros, las escaleras dogones, sus ancestros... tiempos atrás consiguieron rechazar a los islamistas que provenientes de Senegal intentaron convertirlos a la fuerza. Difícilmente se puede encontrar algo parecido en ningún otro lugar, es para quedarse embobado... y todo este pequeño mundo encantado... adornado por una impresionante cascada que desde lo alto cae sin remedio en un pequeño lago. Una estampa, una postal... resulta difícil de creer. Todo parece sacado de un cuento infantil.

Las calles de la población iluminadas por una creciente luna son testigo directo de una gran animación, grupos de niños y adolescentes se reúnen para cantar y danzar sin descanso, es su casi único divertimento.

La escasez los rodea. Unos minutos antes un grupo de niños desnudos devoraban una pasta a base de mijo que contenía un cuenco de calabaza, la mortalidad infantil es muy alta, prácticamente es el único alimento para el desayuno, la comida y la cena... el tó (pasta de mijo). Este no aporta las vitaminas y proteínas necesarias para un normal desarrollo por lo que se puede ver prácticamente en todos los niños sus barrigas hinchadas, consecuencia de la escasa y mala alimentación. Quiero narrar un echo que dice mucho de la situación que se vive en estas tierras: Habíamos comprado un par de melones para el desayuno de los que sobró bastante cantidad, si lo dejaba en el albergue, iría a parar a los estómagos de los bien alimentados empleados del campamento, por lo que tomé la decisión de salir a la calle y repartirlo entre los niños que por decenas merodean el lugar. Alguien intentó quitarme esa idea de la cabeza, pues albergaba algún riesgo, lo pude comprobar algunos minutos después..., al principio el reparto de las raciones del melón se desarrollaba con normalidad, pero... enseguida los niños se multiplicaron por dos, por tres..., aunque mantenía las bandejas en alto, se lanzaban literalmente sobre ellas... sobre mí, intentando coger el mayor número de porciones. Muchos conocieron por primera vez el sabor de esta fruta. Sucedía que los más pequeños no solo no alcanzaban a coger un trozo, ni el más pequeño, sino que eran aplastados y pisoteados por los más mayores. Me costaba mantener el equilibrio, más todavía ofrecer un reparto equitativo, allí se imponía la ley del más fuerte. Muy pronto las bandejas quedaron totalmente limpias, entonces me invadió una sensación de impotencia, de rabia, de rey mago malherido.

Sobre la higiene debo decir lo mismo, simplemente, no la conocen.

Mientras... los encargados, los funcionarios de repartir la ayuda humanitaria internacional circulan en lujosos coches comprados con el dinero destinado a los desposeídos.

Me toca cenar arroz con salsa y alguna sorpresa agradable, cerveza, melón, té árabe y un cigarrillo de marihuana que me hará dormir placidamente durante toda la noche de un tirón a pesar de ser el peor lugar que me ha tocado hasta el momento en todo el viaje: una delgada colchoneta sobre el suelo, calor, moscas, ruidos de animales por doquier y como guinda aparece la lluvia, que moja mi desnudo cuerpo cubierto de sudor y arena.

En todas las comidas, puedo comer pan, algo difícil cuando salgo de mi país y eso es debido a los franceses, los países de la región la heredaron, también hay algo que nunca me había sucedido en los países de religión musulmana, no he podido entrar al interior de ninguna de las mezquitas. En alguna de ellas me propusieron dar dinero al imán para poder hacerlo, desde luego no acepté.

 

HACIA BAMAKO

 

África subsiste, resiste, es algo que tengo muy claro, debido principalmente a los mecanismos de solidaridad interna. Lo puedo observar en muchos detalles allá donde me encuentro.

El minibús atraviesa Mopti en dirección a San, llego a esta ciudad al atardecer, multitud de pequeños carros tirados por asnos cargando a familias enteras; las mujeres con sus melfas multicolores contrastan con el marrón oscuro del barro que ha dejado la tormenta recién caída. El mercado me sorprende, cada uno es distinto, es como si las personas y los productos se amontonaran unas sobre otros, las calles vibran, los olores penetran, algunos se pueden cortar de espesos que son. Los colores, el bullicio, el barro, la gasolina de las motos mal quemada. Todo un conglomerado difícil de comprender, difícil de olvidar.

Me doy por vencido resulta una misión imposible encontrar un teléfono, un punto de Internet.

Duermo casi nueve horas, o sin casi. Mi estómago aparece un poco revuelto, tuve que levantarme al servicio de madrugada.

Sobre las veintidós horas la ciudadanía se va a dormir, a las cinco y media o seis de la mañana, la ciudad hierve. Todo y todos ya están funcionando. Mi leve descomposición intestinal resulta ser una nimiedad.

El guía aparece descompuesto, tembloroso, muy débil, le cuesta mantenerse de pie. Debemos buscar un médico, éste le mide las constantes y le inyecta, parece que se le ha manifestado la malaria, muchos la contrajeron en su día y deben convivir con ella de por vida.

El viaje sufrirá algunos cambios. Ahora es prioritario llegar hacia el sur hasta Segou; la tercera ciudad en importancia de Malí. Una tranquila, ¿tranquila?, ciudad sobre el Níger, con restos de arquitectura colonial. Aquí tengo alguna posibilidad de probar el pescado Gran Capitán, un plato emblemático de Malí y que hasta ahora no ha sido posible encontrar en ningún lugar.

Acabo de fijarme... la pulsera que llevaba en mi mano derecha ya no está. ¿Qué me está sucediendo?

Controles..., peajes, más controles... papeles, abusos de poder...

El guía, hasta ahora echado sobre los asientos traseros de la furgoneta, se incorpora. Le sonrió. Un alivio. Ségou no puede... no debe estar ya muy lejos.

Poblados... mercadillos, mujeres, niños, animales, autobuses atiborrados de bultos y personas. Motos, carros y asnos...

Voy  a dormir muy cerca de las orillas del Níger. Dedico mi tiempo, mi espacio a ensimismarme con la puesta de sol reflejándose sobre sus aguas, algunas barcas pescan a lo lejos mientras las mujeres lavan sus ropas, extendiéndolas en la orilla para su secado.

Recorro las principales calles de Ségou, se pueden ver algunos edificios coloniales. En la noche puedo observar algunas escenas curiosas: mientras quince o veinte hombres rezan arrodillados en la tierra con una entrega total, otros... junto a algunos adolescentes miran la TV en grupos muy numerosos, hasta treinta he llegado a contar, consumen reposiciones de partidos de fútbol, telenovelas... en sus casas no disponen del aparato televisivo, por lo que aprovechan que algunos propietarios de comercios instalan algunos en las puertas de sus tiendas.

Después de cenar ligero me siento a tomar una cerveza en un bar en el que un grupo de percusión hace tocar sus instrumentos, algunos lugareños bailan hasta la extenuación moviéndose al creciente ritmo de los tambores y el falafón. Existen momentos álgidos, en lances que parecen que se van a descoyuntar, estas sesiones pueden durar horas, pero yo no soy incansable. El viaje va dejando sus huellas sobre mi cuerpo.

Esta noche será la última en Malí en la próxima subiré a un avión con destino a España haciendo escala en Marruecos.

Llueve torrencialmente mientras duermo. Temprano... me despido del Níger y de Ségou par continuar hacia Bamako, la capital de Malí, en el camino hago un alto para visitar Ségou-koro, un poblado antiguo del impero Bambara con arquitectura del estilo sudanés. Aquí reparto mis últimos caramelos entre la multitud de niños que me salen a recibir cogiéndome de las manos. Esto ha sido una constante en todo el viaje. Me fotografió con ellos arrancándoles sonrisas. A veces me cuesta. La tristeza les acompaña.

Los suburbios de Bamako me anuncian que estoy entrando en la capital, son zonas muy deprimidas como corresponde a una capital de más de tres millones de habitantes con un nivel de subdesarrollo escandaloso. Pero el centro de la ciudad no me dice nada distinto: contaminación, atascos, suciedad, barro, desorden, caos.

Quiero evitar esta urbe en la medida de lo posible, así que descanso en un hotel construido sobre el Níger en las afueras.

Me decido por visitar su mercado, por varias horas. Esta decisión hará que el recorrido por él se convierta en una de las experiencias que más me van a impactar de todo el viaje, describirlo significaría utilizar palabras ya pronunciadas anteriormente. Me gustaría poder plasmar todo lo visto y sentido en esta pequeña aventura, pero sé que es tarea difícil y que todas esas sensaciones solo se quedaran en mí o en cualquier otra persona que conozca semejante lugar. Así que utilizare algunas palabras o frases para que aquel que las lea lleve su imaginación hasta acercarse lo más posible a lo visto y vivido en mi último día en Malí, en África: miles de personas caminando sobre una alfombra de barro, calor, color, miles de puestos de vendedores, menos compradores, artesanos trabajando como hace cientos de años, gritos, ofertas, asedios, regateos, empujones y más barro, olores, aquí están todos, miradas, palabras, mujeres, burkas, hombres, chilabas, niños descalzos, niños hambrientos, puestos desvencijados, locales siniestros, religión, trueque, misticismo, mestizaje, acoso.

Mis sentidos se calman y deseo salir de ese laberinto. He quedado sorprendido. Una experiencia que me enseñara a ver las cosas de otra forma, con distintos ojos.

A los cuatro de la madrugada mi avión despega hacia el cielo africano, rumbo otra vez, hacia Europa.

Llego a la conclusión de que vivimos en una sociedad enferma (la del mundo en que vivimos).

Todos preocupados en superar al de al lado en todo, tener más cosas y mejores... en nuestra sociedad opulenta. Cuando en el mundo en el que me encuentro ahora, la mayor preocupación que tienen, es si mañana seguirán vivos, si tendrán algo que llevarse a la boca o simplemente ahuyentar las enfermedades, porque de contraer alguna puede significar la muerte, porque  simplemente no hay médicos, solo hechiceros.

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Capítulo 1
 
 


Últimos comentarios

BENIJO74 dice:
Exelente diario, exelentes fotos, te felicito.
Un saludo desde Miami.

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argonauta2006 dice:
Gran viaje y tu relato nos transporta por los lugares que recorres. Aquí bastante bien a punto de alzar la mochila(después de un año) rumbo a La Habana. Un gran abrazo hermano Juan¡¡¡
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alele dice:
Excelente relato me gusto mucho saludos y te felicito por el excelente viaje..
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yojose dice:
Sin plabras, excelente viaje.
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centaura000 dice:
Querido Juan! Me encantó leerte como siempre...has ido perdiendo tus cosas a medidas que te ponías más cerca del sufrimiento de los demás!
Te mando un abrazo!
MARIELA

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ropavieja dice:
Gracias por vuestros comentarios: BENIJO 74, ALELE, YOJOSE.
Demo, es mi deseo que tu viaje a La Habana te llene de satisfacciones, un abrazo para ti, también para mi gran amada Habana.
MARIELA, gracias, no me había dado cuenta de esa apreciación.

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isc dice:
Gracias por hacerme vivir, a través de tu relato, el viaje.
Un abrazo compañero,
Ignacio

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Meskal dice:
Buen relato, haces a uno vivir la experiencia tan solo con leerte, aunque claro, es mucho mejor estar ahi precenciando todos los contrastes de esas lindas tierras. Felicidades por ese viaje.
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ropavieja dice:
Gracias Ignacio, amigo del alma, no sabes el gusto que me da leerte aquí.
Después de tantos años, Internet nos reencontró. Un abrazo.

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ropavieja dice:
Meskal, gracias por tu comentario. Salud.
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Acuario64 dice:
Un relato impactante. De los que llegan al corazón. Y muy, muy bien escrito.
Gracias por compartirlo.
Un saludo.

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dorisgonza dice:
Impresionate Africa¡¡ impresionante viaje y tu relato, la verdad que senti sensaciones tan distintas al leerte que en momentos sonreia y otros lloraba, tan lejos de la modernidad esos rincones de Africa¡
Felicitaciones y gracias por contar sobre este lugar tan bello y disimil.

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buvar dice:
Juan, que diario me dio unas enormes gans de llegar hasta esa parte de Africa, conozco, solo algo del norte. Marruecos y Tunez, pero mi aspiracion es llegar a la gran sabana. La puesta de sol, me emociono mucho me acntan las puestas de sol. Abrazos desde el Desierto de Atacama, recuerda que te espero por aqui.
Demo estamos esperando que tu viaje a Cuba sea muy placentero.

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Silvinita dice:
Impresionante y super interesane el relato y el viaje! Saludos desde Buenos Aires.
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ropavieja dice:
Así es África Dorys, contradictoria, gracias por tu comentario.
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ropavieja dice:
Gracias Maria, lo tengo en cuenta. Tengo pendientes de leer algunos relatos tuyos, pero ya sabes eso de la tiranía del tiempo. Un abrazo.
Gracias SILVINITA por tu comentario.

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elisabethcarreraspaz dice:
Viaje contigo..... me gustò muchisimo tu relato..... siempre me intrigò saber màs sobre el Africa.... un abrazo.
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Quela dice:
Maravilloso relato como todos los tuyos. Creo que has sabido captar muy bien el espíritu africano. Creo que si yo hubiera hecho ese viaje, me hubiera enganchado muchísimo, y hubiera hecho por volver, aunque como bien dices, la sensación de impotencia es grande.
Un gran y solidario abrazo.
Raquel

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ropavieja dice:
Un abrazo Elisabeth...
Raquel, es cierto lo que dices, lo digo al principio del relato, a pesar de todo, ya estas deseando volver. Ya me contaras si has hecho algún viaje este verano. Un abrazo, salud.

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carmenparis dice:
Africa el continente sacrificado.. gran responsabilidad le incumbe al mundo llamado civilizado. Excelente tu relato... Siempre soñé con Tumbuctú, ves como esa palabra suena a musica ?
El Africa se está muriendo y el mundo nada hace para ayudarlos. Muchas emociones al leer tu diario... me hubiera gustado ver mas fotos aun ... saludos para ti

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ropavieja dice:
Es cierto Carmen, suena a música. Mañana o pasado colgare un relato dedicado solo a Tombuctú, y más fotografías. Aquello fue algo escalofriante.
Gracias y salud.

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caber dice:
Chico , acabo de vivir lo mismo salvo que cuando comia ,solo comia capitan.Yo fui a Bamako via Casablanca con muchas demoras y me entere que Air Marroc pone a disposicion de viajeros con muchas horas de tránsito hotel y comida gratuita y la verdad es que lo hicieron en el viaje de ida y de vuelta en Casablanca. En Marruecos solo llegar un fulano me intento atracar agarrandome del cuello por una mierdecilla de colgante de plata y hubo un poco de follón .Empezaba a dudar de la idoniiedad del viaje peró tiré pa alante y fue como cualquier otro , un descubrimiento maravilloso , incluso ese cuestionarme con remordimiento que haces en el hotel Ambedjele ,con piscina y pizza cuando el resto no tiene nada , o cuando en Segou vas de birras con los cooperantes internacionales al Aubergue es bueno para el crecimiento de uno mismo , para saber de lo que no puedes prescindir y hasta donde llega tu capacidad ,tu sinceridad y tu compromiso.
La mayoria sentimos lo que tu viviste y entiendo tu desazón .
Perdona un rollo tan largo , un saludo ester

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gerle dice:
Juan
Hoy hablando con una amiga , tenemos intenciones de ir a Senegal.Entre en viajeros y lei tu relato , implecable . Me hizo viajar .me encatan las diferentes culturas
Indudablemente se necesita tanta ayuda , que uno solo podria contribuir con conocimiento y viviendo con ellos para alivio de tanta pobreza , aunque solo seria un granito de arena en tanta inmensidad de desnutriciony hambre.
Tanta desigualdad ,tan bien descriptos en tus relatos
"Cuando en el mundo en el que me encuentro ahora, la mayor preocupación que tienen, es si mañana seguirán vivos, si tendrán algo que llevarse a la boca o simplemente ahuyentar las enfermedades, porque de contraer alguna puede significar la muerte, porque simplemente no hay médicos, solo hechiceros. "
Gracias por compartir tus experiencias .

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ropavieja dice:
Hola Caber, ya ves, yo tuve más problemas para comer el Capitan. Nada de rollo, vuestro comentarios me animan a escribir. Estoy leyendo tus diarios. Gracias y salud.
Gerle quiero desearte un buen viaje en Senegal, es un país parecido y muy diferente a la vez respecto a los de su entorno, quizá más turistizado. Salud.

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un viajero dice:
Me ha encantado , tu relato me ha recordado que debo terminar el mio
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filuca dice:
Impresionante, no tengo palabras. Voy a viajar dentro de 10 dias a esas tierras y leyendo tus experiencias pensaba que estaba alli. Tu explicacion del Pais Dogon me ha gustado mucho.Respecto a Tumbuctú, a mi me aconsejaron de no ir por carretera y no lo haré, pero ya he viajado a él con tu descripción.Cada vez tengo mas ganas de que llegue el dia de partir hacia Africa.Saludos
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ropavieja dice:
Adelante Olgha, puedes acabarlo. Gracias y Salud.
Haz lo que desees Filuca, pero es toda una experiencia lo de Tombuctú, para no olvidarlo jamás. Buen viaje, y... luego nos lo cuentas, lo esperaremos. Gracias.

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omarceldran dice:
Eres muy bueno en tus comentarios, y tus fotos son buenas y eres uno de los pocos que se dan cuenta que una foto es una foto mejor o peor , lo interesante es darce cuenta que quienes vemos las fotos , y tal vez nunca estuvimos en el lugar necesitamos saber que lugar es y a que edificio corresponde si es que lo hay , es muy tonto poresentar una foto ,que pueda ser mejor o peor , lo interesante es saber de donde se trata y el edificio, un abrazo cibernetico , y reitero muy bueno lo tuyo.
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estelasenlamar dice:
Nunca pense viajar a esos sitios...bueno, me has llevado.
Gracias por contarme tanto, aun con la pena...

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    Malí - Burkina Faso

    Burkina Faso | 19 de agosto de 2009