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Bulgaria: un país por descubrir (Parte II)

Escribe: Naveganteinfinito
Bulgaria es uno de los países más ricos de Europa en vestigios históricos. Arrastra el enorme peso cultural de las civilizaciones griega, romana, bizantina, eslava e islámica, aquellas que en algún momento pisaron su suelo. Ahora, más que nunca, Bulgaria apuesta por mostrar al turista todo ese patrimonio, tras haberse constatado que el abandono de muchos de esos lugares y la falta de infraestructura han supuesto un problema para dar a conocer el país al turismo mundial.

 
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Bulgaria: un país por descubrir (Parte II)

Bulgaria — miércoles, 30 de marzo de 2005

Veliko Tarnovo

Edificada sobre las colinas Tsárevets, Trapézitsa y Sveta Gorá, la ciudad exhibe con orgullo los vestigios de más de 30 siglos de desarrollo material y político. Ya en el siglo X era un centro densamente poblado y con cierto peso económico y cultural. No por casualidad fue capital de Bulgaria durante los dos siglos de independencia entre el dominio bizantino y la invasión turca. Su principal atractivo en la actualidad consiste en la combinación de modernidad -es una importante ciudad universitaria- y antigüedad que ofrece. La Ciudadela Tsárevets es una sugerente 'reserva arquitectónica' que guarda edificios heredados de varias generaciones de zar (siglos XII-XIV). Muy características son las decenas de iglesias renacentistas, así como las casas del mismo periodo (siglos XVIII-XIX) -la Casa de los Monitos, la Casa de la maja Anastasia, la Casa de Petko Slavéikov, etc.-, la plaza de los artesanos Samovodska Charshía, el Museo del Renacimiento -en un edificio, construido por el genio de la arquitectura búlgara, Kolyo Fícheto (Nikola Fíchev)-, el Museo Etnográfico -en la bellísima posada de Hadzhí Nikola-, o el monumento Asenovtsi, a la dinastía de los hermanos-monarcas Asen y Petar.


Muy cerca de Veliko Tárnovo -accesibles a pie- están el espléndido parque arquitectónico Arbanasi (también bajo la protección de UNESCO) , los monasterios Preobrazhenie Gospodne (siglo XIV), Sveta Troitsa (siglo XI), Kilifárevo (siglo XIV) y Kapínovo (siglo XIII), así como –a 17 kilómetros– Nicópolis ad Istrum, la ciudad fundada en el siglo II por el imperador romano Trajano. A 40 kilómetros de Tárnovo está una de las metas preferidas de los turistas, el pueblo Bozhentsi, donde se puede alquilar una casa centenaria a la orilla del río y disfrutar de los estupendos paisajes y la paz absoluta de la localidad. También bastante cerca queda la pintoresca ciudad de Gábrovo, con su interesantísimo Museo del humor y de la sátira, único de su género en todo el mundo, y Étara, un complejo etnográfico al aire libre, donde se mantienen vivas, y a la vista de todos los presentes, tradiciones artesanales y folclóricas.

Las ciudades del mar


El mar Negro es conocido por sus decenas de kilómetros de bellas playas de arena fina, por su calma y por el buen acceso a través de las numerosas carreteras, ciudades, puertos y estaciones. La pintoresca ciudad de Sozopol fue fundada en al año 610 A.C. Las ruinas griegas y romanas aparecen por entre las casas viejas construidas de piedra y madera, decoradas suntuosamente de flores formando una encantadora mezcla de perfumes y colores. Otro fenómeno en el litoral búlgaro es el casco antiguo de Nessebar, inscrito en la lista de UNESCO como Patrimonio de la humanidad. Construida sobre una península rocosa, casi isla, unida con la tierra por un istmo muy estrecho, esa ciudad de gran importancia histórica recoge impresionantes restos arqueológicos y también 40 iglesias de distintas épocas. Los tracios fueron los primeros habitantes de ese pedazo de tierra en el mar, seguidos por los griegos que formaron aquí una colonia importante en su tiempo.

Varna es la tercera ciudad más grande de Bulgaria. Surgió como colonia griega, bajo el nombre de Odesos, y pasó a través de varios periodos de dominio: macedonio, romano, bizantino, turco. En su centro se pueden visitar las termas romanas, el Jardín Marítimo con el famoso Delfinario y el Terrario, el Teatro de verano, la Catedral de la Asunción, Sajat-kula (la 'Torre del Reloj y muchos monumentos más. La localidad más conocida en los alrededores de Varna es Pobítite kámani, una zona de escasa vegetación, diseminada de columnas pétreas de hasta siete metros de altura, parecidas a las ruinas de un templo antiguo. En realidad, se trata de formaciones rocosas naturales, algunas de las cuales tienen casi 50 millones de años.


Al norte de Varna destacan la ciudad de Balchik y el cabo Kaliakra. Balchik es famosa por el Palacio del Nido Plácido: en los años veinte del siglo pasado la reina rumana María visitó el lugar, quedó fascinada por su naturaleza, llamó a dos arquitectos de Italia y a un jardinero de Suiza e hizo construir el Nido. Este refugio romántico cuenta con unos rincones muy bonitos, entre los cuales se distingue el Jardín de Alá con su rica colección de cáctus. Kaliakra -en griego su nombre significa 'el Cabo Bonito'- dista 60 kilómetros de Varna y es una reserva de la Biosfera. Entre las otras especies, alrededor de sus rocas rojas viven cormoranes, delfines y focas.

Por población e importancia Burgás es la segunda ciudad después de Varna. En esta ciudad acogedora también merecen atención el Paseo Marítimo, los museos etnográfico e histórico y las iglesias -las ortodoxas Santos Cirilo y Metodio, Santo Iván de Rila y Virgen María, la armenia Santa Cruz y la católica-.

Cerca de Burgás hay una serie de pueblos costeros donde se pueden pasar las vacaciones no sólo de verano sino en cualquier época del año -Pomorie, Ajtópol, Tsárevo, Kiten, Primorsko-. Sin embargo, los dos más interesantes son Nesébar y Sozópol. Nesébar es una de las ciudades más antiguas en Europa, fundada por los tracios en el segundo milenio a. C. La parte vieja está ubicada en una península, en la que, no obstante sus pequeñas dimensiones, caben 41 iglesias. Sozópol también tuvo su importante pasado tracio y griego, pero fue destruido por los romanos. Renació a finales del siglo XVIII y desde entonces conserva las bonitas calles estrechas, las viejas iglesias y las típicas casas de madera. Cada año, en septiembre, allí tiene lugar el festival de las artes Apolonia. A 12 kilómetros al sur de Sozópol se hallan el río Ropotamo y la homónima reserva natural, que engloba cuatro parques menores y es muy conocida por sus nenúfares blancos.

Las ciudades del Danubio

Silistra es la ciudad danubiana más interesante cerca del Mar Negro, cuyo rico pasado está bien presentado en los museos arqueológico y etnográfico. Al sur de Silistra se puede visitar la reserva de la biosfera Srébarna, inscrita en las listas del patrimonio natural mundial de UNESCO de 1977. La unicidad del lago de Srébarna consiste en su posición y microclima: es la principal parada de las aves migratorias en su éxodo de Europa del Norte hacia África Central y viceversa, siguiendo la llamada 'Via Póntica'. En la reserva no sólo se pueden admirar más de un centenar y medio de especies de pájaros, sino también raros mamíferos, reptiles y plantas.


Ruse es una de las ciudades danubianas de mayor importancia. Está ubicada en la parte oriental del río, es conocida como 'la pequeña Viena', tiene un bonito casco histórico de aires centroeuropeos y más historia gloriosa que presente activo. Alberga uno de los eventos musicales más interesantes del país (jazz, clásica y folclore). Cerca de Ruse está el parque nacional Rúsenski lom, dividido en zona turística, histórica (con las imprescindibles iglesias rupestres de Ivánovo, patrimonio cultural de la Humanidad) y arquitectónica.

A distancia casi igual de Ruse, Silistra y Varna, en el interior, cerca de Mádara y Shumen, se encuentra otro monumento clave de los catálogos de UNESCO: el altorrelieve rupestre del Caballero de Mádara. Data de los inicios del estado búlgaro y representa a uno de los kanes protobúlgaros que gobernaban en el siglo VIII -probablemente Térvel-, a caballo, escoltado por un león atravesado con lanza y un perro.

En el extremo occidental del tramo búlgaro del Danubio está Vidin, otra ciudad con historia secular en medio de una naturaleza impactante. A 35 kilómetros de Vidin se encuentra una de las cuevas más grandes del país, Magura, con galerías de casi 2.500 metros de extensión, salas enormes y antiguas pinturas rupestres, hechas con guano de murciélagos. Cerca de Magura está el lago más grande de Bulgaria, Rabisha. En la misma zona, a unos 17 kilómetros al suroeste, se pueden ver las fantásticas Rocas de Belogradchik, cuatro grupos de formaciones naturales de piedra rojiza que llevan nombres que aluden a sus formas: Adán y Eva, El Oso, El Dervish, El Caballero, Los Monjes...

La región macedonia

En la zona entre las ciudades de Blagoevgrad, Gotse Délchev y Pétrich se encuentran los balnearios más famosos, los vinos más preciados y los santuarios más importantes de todo el país, además de uno de los paisajes más bonitos de las montañas balcánicas. Esta es la franja macedonia de Bulgaria (Macedonia, Tracia y Misia se llaman los territorios que tradicionalmente forman parte del país), que limita con la ex república yugoslava de Macedonia -actualmente una realidad administrativa, lingüística y cultural muy distinta, aunque originaria de las mismas raíces. Cerca de la acogedora Blagoevgrad, en Rila, están el pico más alto de la península, Musalá; las estaciones de esquí Bórovets y Malyóvitsa; el balneario Kóstenets; los Siete Lagos, una bellísima localidad en los montes; así como el Monasterio de Rila.

La contigua zona de Gotse Délchev ofrece un panorama bastante diferente, con Bansko, una de las ciudades más típicas de la región macedonia; la reserva natural Pirin (protegida por UNESCO); el monasterio de Rozhen; las aguas termales de Sandanski y la ciudad de Mélnik -la más pequeña de Bulgaria- famosa por su vino tinto y las 'pirámides de arena', unas extraordinarias formaciones rocosas. Belásitsa, Osogovo y Ograzhden son las montañas que adornan las cercanías de Pétrich.


A pocos kilómetros de esta ciudad se encuentra la localidad Rúpite, rica en fuentes minerales y de significado no sólo para los búlgaros, sino para centenares de personas de todo el mundo. En Rúpite, cuya iglesia Svetá Petka de Bulgaria es la meta turística más original de Bulgaria, vivía la profetisa Vanga (Vanguélia Gúshterova, 1911-1996), una mujer muy religiosa y respetadísima, que -desde que se quedó ciega en su adolescencia- 'veía' con detalles asombrosos el pasado, el presente y el futuro de la gente. Svetá Petka está construida precisamente con las donaciones de sus visitantes, porque Vanga nunca quiso lucrarse con su capacidad. Según ella, Rupite, lugar de un volcán apagado, tiene una energía especial y milagrosa.

El monasterio de Rila

Es el lugar más emblemático de Bulgaria y, si uno tuviera un solo día para visitar el país, tendría que pasarlo allí. Está situado a 1.100 metros de altura, en medio de otro espacio natural, protegido por UNESCO.
Surgió en el siglo X, cerca del lugar solitario donde vivía el venerado eremita Iván Rilski (luego santo de la Iglesia cristiana ortodoxa). La mayoría de sus edificios fueron construidos en los siglos XIII y XIV. Tras saqueos, incendios y el abandono durante el dominio otomano, a principios del siglo XIX el Monasterio de Rila resurgió en todo su esplendor. Tiene una estructura circular, con plaza central empedrada, donde se encuentran la Torre de Hrelyo (vestigio de hace siete siglos) y la iglesia de cinco cúpulas Madre de Dios, que, aparte del sofisticado iconostasio, exhibe unas de las pinturas más bonitas de la tradición cristiana oriental (un destacado ejemplo son las de Zahari Zograf, habilísimo maestro renacentista).

En los cuatro pisos del Monasterio hay 400 celdas para los monjes y los huéspedes (el ala antigua es un estupendo lugar donde alojarse), cuatro capillas, un museo, que conserva tesoros del arte sacro búlgaro y una espectacular cocina con una chimenea enorme.

Souvenirs

Un bonito regalo típicamente local puede ser el 'muskal' de aceite de rosas o el frasquito de agua de rosas. Bulgaria exporta más del 80% de la esencia de rosas del mundo y es el mayor proveedor de esta sustancia indispensable para la perfumería. El aceite se produce con los pétalos de las flores -tres toneladas y media son necesarias para extraer tan sólo un litro- que crecen en el Valle de las Rosas de Kazanlak, pero se puede comprar en todo el país. El 'muskal' es un pequeño contenedor de madera con una ampolla de esencia dentro, la que, por ser diluida y en cantidad minúscula, tiene un precio simbólico, a diferencia del aceite exportado al extranjero.


Lo más característico del mercado de souvenir búlgaro son los objetos decorativos en madera o cobre y las cerámicas (hay distintas escuelas tradicionales, entre las que destaca la de Troyán). Se pueden encontrar copias excelentes de los famosos iconos ortodoxos. Una Virgen (Bogoróditsa), un San Jorge (Sveti Gueorgui) o un San Demetrio (Sveti Dimitur) también pueden resultar un digno recuerdo del viaje a Bulgaria. De especial belleza y elegancia son los bordados tradicionales en los que prevalece el vivo color rojo, así como los encajes y todo tipo de artesanía textil.

Además, hay muchas pequeñas galerías de arte con piezas artesanales, escultura, pintura y joyería a precios muy accesibles. De particular interés son los mercadillos y las tiendas de objetos de época, donde se encuentran postales de hace un siglo, planchas antiguas, gramófonos con trompa y mucho más.

Por último, irse de Bulgaria sin por lo menos un CD de música tradicional sería una lástima: hay decenas de estilos que se pueden recomendar, desde las 'rachenitsa' y 'horó' (los bailes más característicos) hasta los coros de hombres de Bansko, las voces femeninas de la zona de Sofía, Dobrudzha, Tracia o Macedonia, los cantos épicos de los Rodopi, las gaitas ('gaidi de la misma región, los violines y acordeones gitanos o los cantos de la iglesia ortodoxa.

La Guía

    * Clima


Bulgaria tiene un clima de tipo continental, con inviernos fríos (en los últimos años se ha llegado a 12°C bajo cero, aunque la temperatura media en enero sea alrededor de 0°C) y veranos cálidos (alrededor de 30°C del aire y de 25°C del agua). En la zona suroeste del país el clima es más parecido al mediterráneo, con veranos secos y templados e inviernos con abundancia de precipitaciones. La temperatura media anual es de 12°C y la época más lluviosa es a comienzos del verano.
Décadas atrás había cuatro estaciones bien diferenciadas, pero ahora se han reducido a dos: una de calor, desde principios de mayo hasta casi el final de octubre, y otra de frío. El invierno es estupendo por las Navidades nevadas y la posibilidad de practicar deportes invernales, pero en la mayoría de las ciudades implica problemas de tráfico y de calefacción. El verano es la mejor época para disfrutar de las impresionantes montañas búlgaras o para explorar la costa del mar Negro.

Mayo y junio son una buena opción para conocer Bulgaria. En julio y agosto se reduce la oferta cultural y los viajeros que esperan algo más que una naturaleza en su esplendor se quedarán algo decepcionados. Septiembre y octubre, el llamado 'verano de los gitanos', quizás son los mejores meses para visitar este rincón de los Balcanes.

    * Moneda



La moneda oficial es el lev ('leva' al plural; significa 'león', uno de los símbolos del país). En la mayoría de las ciudades hay un suficiente número de cajeros y en buena parte de los restaurantes, hoteles y tiendas se puede pagar con tarjeta (los cheques no son tan populares). Sin embargo, si se viaja a pueblos pequeños o aldeas, conviene llevar dinero en efectivo.

No hace falta adquirir leva en el país de origen, basta saber que en Bulgaria el cambio más conveniente se hace en los bancos. En los aeropuertos, las estaciones y los hoteles conlleva una comisión importante, por lo que no es recomendable. Se tiene que evitar el cambio efectuado por personas privadas en la calle: es algo ocurre en los lugares turísticos más concurridos y siempre resulta ser una trampa.
Una buena alternativa a los bancos son las múltiples oficinas de cambio que se encuentran en los centros de todas las ciudades. Hay que tener cuidado con la comisión que aplican: basta preguntar previamente cuántos leva exactamente se van a recibir por la cantidad que se quiere cambiar.

Bulgaria es uno de los países más económicos de Europa. Una entrada de cine puede costar entre uno y tres euros; las de teatro, ópera y ballet llegan hasta seis o siete euros, como mucho. Un buen almuerzo varía desde cuatro o cinco euros, en un lugar 'casual', hasta unos 25 ó 30, en un restaurante de lujo. Un billete para el transporte urbano equivale a 25 ó 30 céntimos, mientras uno de ida y vuelta en autobús a Atenas, por ejemplo, no supera los 40 euros (al igual que el de ida y vuelta a Belgrado, en coche-cama).

En los hoteles muchas veces hay dos tarifas, una para los búlgaros y otra para los extranjeros. Esta 'discriminación' se debe al hecho de que, aunque sea económica para los que llegan de otros países, Bulgaria a veces es bastante inaccesible para sus propios ciudadanos, cuyo salario mínimo se acerca a los 100 euros al mes.

    * Transportes

El sistema de autobuses y ferrocarriles búlgaro es más barato que cómodo, pero funciona. Las grandes distancias y los destinos más comunes están muy bien comunicados y hay varias compañías de autobuses para escoger. No se puede decir lo mismo en lo que se refiere a lugares de interés algo apartados (algunos monumentos religiosos o ciertas aldeas bonitas en las montañas): muchas veces resulta difícil alcanzarlos.

Contaminantes, bastante desvencijados y algo caóticos son los autobuses urbanos, que no tienen horarios explícitamente anunciados y cuyo tráfico en invierno se ve entorpecido a causa de la nieve y el hielo.
En los últimos años las principales carreteras del país han sido restauradas, así que los viajes en coche resultan bastante placenteros (de todas formas, dado el clima riguroso de Bulgaria, es preferible no emprenderlos en invierno). Las señales de tráfico son iguales a las de toda Europa. En las carreteras los nombres de los destinos están en cirílico y en caracteres latinos. Los problemas de comprensión empiezan dentro de las ciudades, donde las placas con los nombres de las calles se ven exclusivamente en búlgaro.


En Sofía existen autobuses urbanos, tranvías, trolebuses, metro, taxis y 'marshrutki' (una especie de taxis con tarifa e itinerario fijo, que son la alternativa privada de la red de otros medios de transporte públicos). Son todos recomendables, teniendo presente que los taxis suponen un 'control' especial. Tienen que tener la tarifa exhibida en el parabrisas y es mejor negociar un precio antes de emprender el trayecto, que en Sofía, aunque largo, pocas veces puede costar más de 4 ó 5 euros. Conviene llamar a los taxis o cogerlos en la calle, con particular cuidado en las zonas de la estación de trenes y del aeropuerto: hay muchos que intentan engañar a los extranjeros con sumas absurdas.
En lo que se refiere al transporte aéreo, la compañía nacional Bulgaria Air suele tener precios más reducidos que las otras.

    * Seguridad

No es un país especialmente peligroso. Los turistas están expuestos sobre todo a dos tipos de robos: de coches y de carteras. Ambos se pueden evitar fácilmente; basta dejar el coche en un aparcamiento vigilado y tener cuidado en el transporte público y las calles concurridas, los lugares preferidos por los carteristas. Cabe recordar que en todas las ciudades hay muchas zonas mal iluminadas y no conviene emprender caminatas solitarias de noche.
El número de teléfono gratuito de los bomberos es el 160, y el de la Policía, el 166.

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publicado el 23/oct/2008, 12.37
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Últimos comentarios

anauribe dice:
navegante, me ha servido muchisimo tu informacion, gracias!!!!
Publicado el 16 de junio a las 17.14 

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